ABUELO.>
Mi abuelo materno se llamaba Juan Andrés. Fue un hombre al que la guerra civil le sorprendió ya en filas y que por ello entre unas cosas y otras gastó sus más preciados años de juventud en el ejército sometido a disciplina castrense y que a pesar de ello, sólo contaba las historias buenas que le sucedieron.
Su vida la dedicó a la ganadería y desde muy pequeño tuvo que dedicarse a trashumar con el ganado, costumbre esta que hoy creo que prácticamente está extinguida, recorriendo según la época tierras castellanas y extremeñas, atravesando sierras, viajando por cañadas y vías pecuarias hoy en desuso.
En los viajes le acompañaban otras familias con sus hijos y entre todos formaban una pequeña comunidad. Tanto él como mi madre y tíos nos contaban infinidad de historias, costumbres y anécdotas que a la generación de nuestros hijos les parecerá leyendas. Nos hablaban acerca de encuentros con “maquis”, con toros bravos escapados, de cómo niños con apenas diez años se quedaban solos al cargo del rebaño en mitad del campo sin más defensa y ayuda que una lumbre y unos perros mastines con collares de espinas para repeler el ataque de los lobos. Historias de penurias y de tiempos difíciles pero también de costumbres, rituales y fiestas sencillas vividas con intensidad.
De entre sus historias y costumbres una siempre pellizcó mi interés. Todos los niños que hacían el camino, se veían obligados durante temporadas a no asistir a la escuela y las veces que iban, no siempre eran la misma clase y los mismos compañeros.
Para compensar esta perdida de cultura y aprendizaje, mi abuelo reunía cuando los quehaceres lo permitían, a toda la chiquillería que podía en su a veces improvisado chozo y compensaba la ausencia de radio, televisión y playstation con lecturas de libros más o menos clásicos y repasos de aritmética, geografía, historia y el saber más elemental. Por este motivo y otros mi abuelo era una persona especial entre sus compañeros, una especie de profesor no oficial, la cúspide del saber entre muchos de los suyos, muy respetado y querido, alguien que entre su equipaje no faltaba nunca una pequeña colección de libros.
Hay varias historias muy bonitas acerca de cómo se perdieron esos libros, como los anheló mi madre durante mucho tiempo y como una de mis hermanas consiguió varios títulos de ellos después de indagar durante un par de años a través de coleccionistas de antigüedades, subastas, familiares de propietarios de las editoriales ya desaparecidas y de consultas navegando por este medio infinito que es Internet, pero estas quedan para el recuerdo familiar.
Hace unos días volví a salir a comprar libros a una cadena comercial que se dedica a tal efecto. Reconozco que desde un tiempo atrás consumo menos libros de los que compro, en fin, el comprar libros debe ser un vicio, una tara genética, reminiscencias del subconsciente que se acuerda del abuelo. Compré varios títulos dejándome aconsejar por varias amistades: Abril rojo de Santiago Roncagliolo, Cuentos de Mario Benedetti, y otro titulado Inteligencia emocional de Goleman. También compré para regalar un par de novelas que en este caso soy yo quien las aconseja para las personas a las que fueron regaladas.
He comenzado a leer a Goleman y su Inteligencia emocional y a cada página que paso no puedo dejar de acordarme del abuelo; no se si será por la relación en mi cabeza libro/abuelo, o si porque creo que debió tener mucho de lo que trata este libro: Inteligencia emocional. Alguien que tenía mucha empatía, que sabía comprender a la gente, que gustaba de ayudar y que destacaba por su forma de ser por encima de muchos otros. Por eso hoy he decidido dedicarle este post aunque nunca pueda leerlo.
Dedicado al abuelo que SIEMPRE tenía los bolsillos llenos de caramelos para todo el mundo y con el que no pasé tanto tiempo como me hubiera gustado.
Buen vuelo.
Su vida la dedicó a la ganadería y desde muy pequeño tuvo que dedicarse a trashumar con el ganado, costumbre esta que hoy creo que prácticamente está extinguida, recorriendo según la época tierras castellanas y extremeñas, atravesando sierras, viajando por cañadas y vías pecuarias hoy en desuso.
En los viajes le acompañaban otras familias con sus hijos y entre todos formaban una pequeña comunidad. Tanto él como mi madre y tíos nos contaban infinidad de historias, costumbres y anécdotas que a la generación de nuestros hijos les parecerá leyendas. Nos hablaban acerca de encuentros con “maquis”, con toros bravos escapados, de cómo niños con apenas diez años se quedaban solos al cargo del rebaño en mitad del campo sin más defensa y ayuda que una lumbre y unos perros mastines con collares de espinas para repeler el ataque de los lobos. Historias de penurias y de tiempos difíciles pero también de costumbres, rituales y fiestas sencillas vividas con intensidad.
De entre sus historias y costumbres una siempre pellizcó mi interés. Todos los niños que hacían el camino, se veían obligados durante temporadas a no asistir a la escuela y las veces que iban, no siempre eran la misma clase y los mismos compañeros.
Para compensar esta perdida de cultura y aprendizaje, mi abuelo reunía cuando los quehaceres lo permitían, a toda la chiquillería que podía en su a veces improvisado chozo y compensaba la ausencia de radio, televisión y playstation con lecturas de libros más o menos clásicos y repasos de aritmética, geografía, historia y el saber más elemental. Por este motivo y otros mi abuelo era una persona especial entre sus compañeros, una especie de profesor no oficial, la cúspide del saber entre muchos de los suyos, muy respetado y querido, alguien que entre su equipaje no faltaba nunca una pequeña colección de libros.
Hay varias historias muy bonitas acerca de cómo se perdieron esos libros, como los anheló mi madre durante mucho tiempo y como una de mis hermanas consiguió varios títulos de ellos después de indagar durante un par de años a través de coleccionistas de antigüedades, subastas, familiares de propietarios de las editoriales ya desaparecidas y de consultas navegando por este medio infinito que es Internet, pero estas quedan para el recuerdo familiar.
Hace unos días volví a salir a comprar libros a una cadena comercial que se dedica a tal efecto. Reconozco que desde un tiempo atrás consumo menos libros de los que compro, en fin, el comprar libros debe ser un vicio, una tara genética, reminiscencias del subconsciente que se acuerda del abuelo. Compré varios títulos dejándome aconsejar por varias amistades: Abril rojo de Santiago Roncagliolo, Cuentos de Mario Benedetti, y otro titulado Inteligencia emocional de Goleman. También compré para regalar un par de novelas que en este caso soy yo quien las aconseja para las personas a las que fueron regaladas.
He comenzado a leer a Goleman y su Inteligencia emocional y a cada página que paso no puedo dejar de acordarme del abuelo; no se si será por la relación en mi cabeza libro/abuelo, o si porque creo que debió tener mucho de lo que trata este libro: Inteligencia emocional. Alguien que tenía mucha empatía, que sabía comprender a la gente, que gustaba de ayudar y que destacaba por su forma de ser por encima de muchos otros. Por eso hoy he decidido dedicarle este post aunque nunca pueda leerlo.
Dedicado al abuelo que SIEMPRE tenía los bolsillos llenos de caramelos para todo el mundo y con el que no pasé tanto tiempo como me hubiera gustado.
Buen vuelo.
Comentario:
La verdadera inteligencia no es el mero conocimiento cuantitativo de la información, sino más bien es esa, la emocional,la que te hace sentir desde las visceras y se irradia por si sola. Felicidades por haber tenido un abuelo sabio...como muchos de los abuelos de antes
Por cierto...quiero un caramelito!...y no tengo abuelos que me lo regalen. buaaaaa
Un beso, o dos.
Por cierto...quiero un caramelito!...y no tengo abuelos que me lo regalen. buaaaaa
Un beso, o dos.
Comentario:
Guauuuuuuuu me has hecho recordar a mi abuelo. Muy parecido al tuyo y con sus caramelos pictolines en el bolsillo. Curioso. siiiiiiiii.
Un besote.
Un besote.
Comentario:
Me había cruzado contigo varias veces pero nunca me paré a mirarte a los ojos, digo al blog. Norabuena.Si no te importa me quedo por aquí...sin molestar...
Comentario:
Un amigo suele decirme que "Madre no hay más que una, porque todas las madres son la misma".
Y en cierta forma pasa con los abuelos. Al leer tu post yo también he recordado a un abuelo (curiosamente tambien dedicado a la ganadería durante mucho tiempo) con caramelos pictolines en sus bolsillos (aunque yo le dejaba que me hiciese creer que los sacaba de mi oreja).
No se quien dijo aquello de que la verdadera patria de un hombre es su infancia. Añado yo, que los abuelos son los reyes de esa patria.
Y en cierta forma pasa con los abuelos. Al leer tu post yo también he recordado a un abuelo (curiosamente tambien dedicado a la ganadería durante mucho tiempo) con caramelos pictolines en sus bolsillos (aunque yo le dejaba que me hiciese creer que los sacaba de mi oreja).
No se quien dijo aquello de que la verdadera patria de un hombre es su infancia. Añado yo, que los abuelos son los reyes de esa patria.
Comentario:
Perdón... jeje
Comentario:
A mí me encanta escuchar las historias que cuentan los abuelos, ya sean los míos o los de los demás.
Desde luego es la mejor manera de aprender muchas de las cosas que en las escuelas nunca nos enseñaron.
Precioso post.
Besotes.
Desde luego es la mejor manera de aprender muchas de las cosas que en las escuelas nunca nos enseñaron.
Precioso post.
Besotes.
Comentario:
A mí me encanta escuchar las historias que cuentan los abuelos, ya sean los míos o los de los demás.
Desde luego es la mejor manera de aprender muchas de las cosas que en las escuelas nunca nos enseñaron.
Precioso post.
Besotes.
Desde luego es la mejor manera de aprender muchas de las cosas que en las escuelas nunca nos enseñaron.
Precioso post.
Besotes.
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A mí me encanta escuchar las historias que cuentan los abuelos, ya sean los míos o los de los demás.
Desde luego es la mejor manera de aprender muchas de las cosas que en las escuelas nunca nos enseñaron.
Precioso post.
Besotes.
Desde luego es la mejor manera de aprender muchas de las cosas que en las escuelas nunca nos enseñaron.
Precioso post.
Besotes.
Comentario:
Yo no llegué a conocer bien a mis abuelos, murieron todos siendo yo muy pequeña. Quizás por eso me fascinan tanto las historias ajenas de nietos y abuelos :)
Desde luego el tuyo, efectivamente, debía tener mucha de esa inteligencia emocional que debe ser tan o más importante que la otra.
Besos
Desde luego el tuyo, efectivamente, debía tener mucha de esa inteligencia emocional que debe ser tan o más importante que la otra.
Besos
Comentario:
Creo que las generaciones anteriores eran mucho mejores que la nuestra. Algo está fallando.
Comentario:
illyakin... cuando este buen hombre escribio el libro... internet era una peli de SciFi.
:))
Besitos
:))
Besitos
Comentario:
Espero que la lectura de este libro te enriquezca tanto como a mi o más.
Comentario:
Qué vida más dura y a la vez más apasionante, son esas las historias que remueven la imaginación y nos hacen desear haber vividos épocas que no nos pertenecen (tomaré nota de mis propias palabras para vivir intensamente la época que sí me ha tocado).
Tal y como prometiste, nos vas abriendo más la puerta para conocerte mejor. Yo me asomo y me gusta lo que veo.
PD: Betty, apuesto a que en tu libro no pone nada de hacer amigos por internet ;)
Tal y como prometiste, nos vas abriendo más la puerta para conocerte mejor. Yo me asomo y me gusta lo que veo.
PD: Betty, apuesto a que en tu libro no pone nada de hacer amigos por internet ;)
Comentario:
Hay personas que nacen con ese don innato, con esa "inteligencia emocional" tan desarrollada que les hace ser queridos por todos y dejar un huella profunda en la vida de los demás.
Hay un libro que me han "obligado" a leer (en el trabajo... no es un libro que yo hubiese comprado nunca) y resultó que me ha gustado, es mas antiguo que el de Goleman, es de Dale Carnegie... y tiene uno de esos títulos que procuras que la la persona que viaja a tu lado no vea... jajajaja... "Como ganar amigos".
Ahora en las multinacionales, valoran mas el coeficiente emocional que la preparación académica.
Ufff que rollo. Perdoname... yo lo que quería decir es... !que suerte tener un abuelo así!
Besos
Hay un libro que me han "obligado" a leer (en el trabajo... no es un libro que yo hubiese comprado nunca) y resultó que me ha gustado, es mas antiguo que el de Goleman, es de Dale Carnegie... y tiene uno de esos títulos que procuras que la la persona que viaja a tu lado no vea... jajajaja... "Como ganar amigos".
Ahora en las multinacionales, valoran mas el coeficiente emocional que la preparación académica.
Ufff que rollo. Perdoname... yo lo que quería decir es... !que suerte tener un abuelo así!
Besos