DE VISITA.>
Al igual que acostumbra hacerse de vez en cuando en radio y TV, hoy estoy de visita en otro espacio, nuevo, creado especialmente para la ocasion. Si quieres leerme, vente al enlace que sigue, te aseguro que seremos muchos los que hoy nos reuniremos aquí.
Vamos de fiesta.>
Buen vuelo.
Vamos de fiesta.>
Buen vuelo.
MAYO VENTOSO.>
Como si de una moda se tratase desde hace aproximadamente una década, a muchas grandes empresas les ha dado por pactar y prejubilar a una parte importante de sus empleados. Renovar personal viejo y costoso, como quien renueva los muebles de la casa, por jóvenes becarias/os mileuristas; por cierto, un día tengo que hablar de una ingeniera becaria nueva, morena de ropas ajustadas que me trae de cabeza, aunque esto sea otra pequeña obsesión pasajera.
Sucede que no siempre son justos estos acuerdos. En mi empresa concretamente, sucede que empleos más bien cómodos, básicamente administrativos que trabajan de lunes a viernes en turno fijo de mañana, es casualmente donde al parecer más gente prejubilable hay. Por el contrario en este mismo centro de trabajo, otro personal en otros puestos sujetos a trabajar con bastante estrés, a contrarreloj como si de un mecánico de formula 1 se tratase, con grandes responsabilidades, necesitados de habilidades que se pierden con los años, sujetos a inclemencias meteorológicas, nocturnidades y festividades, no puede optar a estas prejubilaciones por andar escasos de personal. Una primera reflexión me lleva a meditar sobre la injusticia social que supone la falta de personal en aquellos puestos en los que el trabajo es más gravoso y por el contrario, exceso evidente en puestos administrativos que tienen menos carga y jornadas laborales mas cómodas.
Hablando con un compañero mío, Eugenio, un histórico en las luchas obreras de hace tres décadas que está en edad jubilable, pero sin posibilidad de ello precisamente por ser pocos en su departamento, me decía que estaba dispuesto a llegar a los tribunales si era necesario para hacer una reclamación por agravio comparativo con otros departamentos.
Divagábamos en nuestra charla acerca de que son una generación que no debería de acabarse nunca, toda la vida han luchado por sus derechos, por aquello que consideran injusto y estos principios de lucha e igualdad lo llevan incluso hasta el momento último de sus días laborales con esa reclamación sobre su supuesto derecho a largarse antes de tiempo, al igual que otros cincuentayochoañeros. Hacíamos comparaciones con estas nuevas generaciones, (la mía en concreto, es una generación de esas que unos llaman bisagra y otros “baby boom”, algo intermedia entre estas dos); sobre cuanto se ha perdido en reivindicaciones y mejoras. Hoy día reivindicamos por ejemplo conciliación familiar, pero realmente ni la exigimos ni luchamos por ella y encima con cada convenio perdemos algún logro heredado y conseguido en la década de los 70. Creo que en las negociaciones actuales, los empresarios deben de cruzarse de brazos y esbozar con una sonrisa un “Bueno, y si no… ¿que?”
Los jóvenes de hoy día están dispuestos a luchar por el botellón, por que no baje su equipo a segunda división, por que no cierren los bares en toda la noche o por la no cancelación de un concierto, pero son incapaces de hacer muy poco por reivindicar un salario más digno, lejos de esos mil euros tomados como ejemplo. Que lejos quedan aquellas oficinas del paro, hoy día sustituidas por ETT´s. Se dejan tomar el pelo con eso de que una vivienda de 40m2 con baño adosado a la cocina y con biombo separador del sofá es igualmente digna, justo ahora que la media de las casas construidas había llegado ser de 90m2, pero… a ellos se lo han dado todo hecho, han tenido todas las libertades y no han necesitado luchar y esforzarse por casi nada.
-Ya no se ven a los antidisturbios correr por las calles porque hoy incluso las manifestaciones están reguladas y legisladas- Me decía.- Por cierto, que digo yo, que para poder jubilarme habría que ir corriendo ya el escalafón y dejándoos sitio a otros, para que dirijáis todo esto, ¿no?
-Pues yo creo que si, que va siendo hora y que por indicios creo que ese momento ha llegado.
-¿Y cuales son esos indicios?
-Pues el del compañero con el que te llevas bien desde siempre, hasta que una mañana de repente y sin motivos apenas te saluda y lo hace con desgana. El de otro que se vuelve tiquismiquis y te pone pegas a todo. El de otro que ve cosas mal hechas donde nunca las ha habido y todos le miran estupefactos con cara de no saber que está pasando,… Y la verdad, a mí con todo esto me da la risa floja, porque me indica que soy yo al que le puede tocar “pisar moqueta”.
Nos reímos con complicidad y poniéndome una mano en hombro me contesta:
-Es lo que tiene el mes de mayo, que se alteran las sangres y el espíritu, tanto como hace esa nueva ingeniera, que con esa mirada pícara tras las gafas provoca traspiés al andar y me tiene alterado a todo el personal… y a mi mismo.
Y yo, con mirada de poker como no sabiendo por donde van los tiros.
Buen vuelo.
Sucede que no siempre son justos estos acuerdos. En mi empresa concretamente, sucede que empleos más bien cómodos, básicamente administrativos que trabajan de lunes a viernes en turno fijo de mañana, es casualmente donde al parecer más gente prejubilable hay. Por el contrario en este mismo centro de trabajo, otro personal en otros puestos sujetos a trabajar con bastante estrés, a contrarreloj como si de un mecánico de formula 1 se tratase, con grandes responsabilidades, necesitados de habilidades que se pierden con los años, sujetos a inclemencias meteorológicas, nocturnidades y festividades, no puede optar a estas prejubilaciones por andar escasos de personal. Una primera reflexión me lleva a meditar sobre la injusticia social que supone la falta de personal en aquellos puestos en los que el trabajo es más gravoso y por el contrario, exceso evidente en puestos administrativos que tienen menos carga y jornadas laborales mas cómodas.
Hablando con un compañero mío, Eugenio, un histórico en las luchas obreras de hace tres décadas que está en edad jubilable, pero sin posibilidad de ello precisamente por ser pocos en su departamento, me decía que estaba dispuesto a llegar a los tribunales si era necesario para hacer una reclamación por agravio comparativo con otros departamentos.
Divagábamos en nuestra charla acerca de que son una generación que no debería de acabarse nunca, toda la vida han luchado por sus derechos, por aquello que consideran injusto y estos principios de lucha e igualdad lo llevan incluso hasta el momento último de sus días laborales con esa reclamación sobre su supuesto derecho a largarse antes de tiempo, al igual que otros cincuentayochoañeros. Hacíamos comparaciones con estas nuevas generaciones, (la mía en concreto, es una generación de esas que unos llaman bisagra y otros “baby boom”, algo intermedia entre estas dos); sobre cuanto se ha perdido en reivindicaciones y mejoras. Hoy día reivindicamos por ejemplo conciliación familiar, pero realmente ni la exigimos ni luchamos por ella y encima con cada convenio perdemos algún logro heredado y conseguido en la década de los 70. Creo que en las negociaciones actuales, los empresarios deben de cruzarse de brazos y esbozar con una sonrisa un “Bueno, y si no… ¿que?”
Los jóvenes de hoy día están dispuestos a luchar por el botellón, por que no baje su equipo a segunda división, por que no cierren los bares en toda la noche o por la no cancelación de un concierto, pero son incapaces de hacer muy poco por reivindicar un salario más digno, lejos de esos mil euros tomados como ejemplo. Que lejos quedan aquellas oficinas del paro, hoy día sustituidas por ETT´s. Se dejan tomar el pelo con eso de que una vivienda de 40m2 con baño adosado a la cocina y con biombo separador del sofá es igualmente digna, justo ahora que la media de las casas construidas había llegado ser de 90m2, pero… a ellos se lo han dado todo hecho, han tenido todas las libertades y no han necesitado luchar y esforzarse por casi nada.
-Ya no se ven a los antidisturbios correr por las calles porque hoy incluso las manifestaciones están reguladas y legisladas- Me decía.- Por cierto, que digo yo, que para poder jubilarme habría que ir corriendo ya el escalafón y dejándoos sitio a otros, para que dirijáis todo esto, ¿no?
-Pues yo creo que si, que va siendo hora y que por indicios creo que ese momento ha llegado.
-¿Y cuales son esos indicios?
-Pues el del compañero con el que te llevas bien desde siempre, hasta que una mañana de repente y sin motivos apenas te saluda y lo hace con desgana. El de otro que se vuelve tiquismiquis y te pone pegas a todo. El de otro que ve cosas mal hechas donde nunca las ha habido y todos le miran estupefactos con cara de no saber que está pasando,… Y la verdad, a mí con todo esto me da la risa floja, porque me indica que soy yo al que le puede tocar “pisar moqueta”.
Nos reímos con complicidad y poniéndome una mano en hombro me contesta:
-Es lo que tiene el mes de mayo, que se alteran las sangres y el espíritu, tanto como hace esa nueva ingeniera, que con esa mirada pícara tras las gafas provoca traspiés al andar y me tiene alterado a todo el personal… y a mi mismo.
Y yo, con mirada de poker como no sabiendo por donde van los tiros.
Buen vuelo.