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Navegaciones a estima
Un hombre y un destino incierto
Acerca de
LOS CAMBIOS EN LA VIDA SON COMO ESQUIAR EN UNA PISTA NEGRA; ASUSTA LA VISION DESDE ARRIBA PERO TE LLENA DE SATISFACION CUANDO LLEGAS ABAJO...A VECES CON ALGUN MORATON.
Sindicación
 
NUEVAS GENERACIONES.
  ¡No!, no es el eslogan de un partido político ahora que vamos entrando en campaña. Con él quiero referirme precisamente a eso, a la nueva sociedad que va poco a poco tomando en nuevo relevo generacional y que dentro de unos años habrá cambiado las reglas actuales de convivencia.

  Recuerdo cuando comencé a trabajar en la empresa que aún sigo, eran muchos los hombres que fumaban, prácticamente todos, y nadie levantaba la voz para pedir que se cumpliesen las normas respecto a espacios libres de humos que hoy precisamente veinte años después, los pocos fumadores que aun quedan cumplen sin rechistar. Antes, a la hora de tomar algún almuerzo o merienda era muy típico subir a un bar llamado cariñosamente “ Las guarras” entre otras cosas por desmigar con mucho mimo, cuidado y con las manos, el atún para que quedase uniformemente esparcido sobre el pan de los bocadillos. Todo el mundo pedía raciones de oreja, una de callos, panceta con pimientos y queso y yo que pedí un café con un Donuts me quedé con “el niño de los Donuts” por algún tiempo. Hoy es normal que los compis se cuiden tomando fruta, ensaladas, cereales con miel y si ven a alguien tomar simplemente un sándwich no le pregunten que si están a dieta o les pasa algo.

  Hace unos dias estando cambiándonos en el vestuario, un compañero le dijo a otro que le molaba el abrigo que llevaba. A este otro se le iluminó la cara y contestó con un:
-“Me lo ha hecho mi marido que es modisto”.
  En ese momento se hizo el silencio, alguien asomó el hocico tras alguna puerta de una taquilla y desde entonces no faltan las bromas típicas cuando alguien trabaja con él a solas del tipo:
-“Tocale el culo a ver si le duele”.
  A mi esto particularmente no parece mal, tengo otro compañero muy amigo de los gatos, súper cariñoso, que siempre se preocupa de prepararnos un café riquísimo con bollos para cuando llegamos de madrugada, aunque me lo pensaría dos veces a la hora de llevármelo de farra, aunque tambien depende del tipo de fiesta, claro.

  Tampoco faltan los compañeros que mirando al cielo y viendo que va a llover te sueltan un -“Joder, y mañana que libro tenía que hacer la colada y no se me va a secar”. Conversaciones siempre ha habido para todos los gustos pero las de este tipo no me son familiares.

  Es curioso como en ocasiones, un programa de cocina en TV acapara más la atención del público másculino que femenino y como consejos del tipo: - "Eso así no queda bien, lo mejor es darle unos minutos prévios de coción en el microondas" pululan entre los congregados junto al televisor. Tampoco faltan entre los asistentes, las recetas pintorescas con bebidas con Coca cola o tan exóticas como las que el otro día, otro pretendía hacernos probar: " Setas con nata pastelera".

  Recuerdo que antes cuando no había trabajo y estábamos a la espera de que lo hubiera, solíamos jugar al ajedrez, leer la prensa o algún libro. Hoy lo típico es ver a los más nuevos jugando a la PSP en partidas múltiples como si fueran críos, que digo, ¡como críos que son! Aunque bien pensado, eso debía ser lo mismo que pensaban de nosotros aquellos que ya están jubilados y que en su día les obligaban a barrer en ausencia de trabajo y a dejar la silla libre del jefe cuando este entraba por la puerta.

  Antes los abuelos vestían de pana, chaleco y boina. Hoy ya hay abuelos que visten con vaqueros y deportivas y siguen asistiendo a conciertos de Rolling Stones. Los abuelos del mañana seguramente vayan con los pantalones medio caídos, enseñando los calzoncillos y una gorra de sol en la cabeza.

  Y aprovechando que los tiempos han cambiado, me voy de compras con un amigo, a ver que ropa nos ponemos para las fiestas de estas navidades. Seguro que tarda menos en decidirse a comprar, que la mujer con la que habitualmente salgo de compras. Y seguro que luego no pone peros a la hora de tomarnos unas cañitas. Para que luego no digan que los hombres no somos capaces de asumir algunos papeles típicos de la mujer.

  Buen vuelo.





 
SUEÑOS A LA CARTA.
  Se habían conocido hacía aproximadamente un año por una coincidencia de su pasado. A esta casualidad habían seguido otras cuantas, produciendo un intercambio de correos que narraban con detalle la sorpresa que estas producían. Medio en broma ella le pidió que fuera su voyeur particular, eso la estimulaba y hacia que una corriente de placentera excitación recorriera su espalda. Quería tenerle expectante de todo lo que tenía que contar. Con sus amigas tenía fama de mujer experimentada e incluso en ocasiones, les servía de consejera erótico-sentimental.

  Ambos habían navegado en las intimidades del otro compartiendo momentos que marcaron sus vidas, pequeñas conquistas, preocupaciones, desencuentros e instantes de placer grabados en la retina de ese tercer ojo que enfoca con la perspectiva de la melancolía de los sucesos pasados.

  -Tengo curiosidad, parece como si el destino quisiera darnos a conocer- Decía ella.

  Desde esos primeros días se habían ido conociendo un poco más. Acostumbraban a buscarse para ponerse al tanto de sus correrías semanales y cuando la situación o la charla daban pie, sacaban a relucir un tema que provocara una confesión personal del otro. En no pocas ocasiones, estas confesiones traían una erección o una necesidad imperiosa de correr al baño por parte de ella; curiosa reacción de la que desconocía los mecanismos fisiológicos en los que se fundamentaba.

  Su primera cita había llegado, habían decidido dar el salto y para ello prepararon un encuentro en un hotel rural alejado del ruido y nerviosismo que las grandes ciudades contagian. El se había anticipado, quería preparar ciertas cosas que formaban parte de lo que llamaba: Set del amor.

  Descolgando su bolso de bandolera, lo abrió y comenzó a sacar de él pequeños utensilios cotidianos usados a modo de juguetes para usar en pareja. Primero un pañuelo de seda con el que podría vendarle los ojos, anular el sentido más fuerte para amplificar todos los demás. Después una cuerda muy suave para atarse de diferentes formas y ejercer alternativamente un derecho al dominio del uno sobre el otro y una necesidad de dejarse hacer sin tener que hacer nada. Velas gruesas de colores; esperaba que no se le ocurriera verter cera caliente sobre su cuerpo indefenso si llegara a encontrarse atado. Aceites aromáticos, un conjunto de lencería del que no sabría decir si era un regalo para ella o para sus propios ojos y en el que no faltaba la liga y medias como fetiche personal.- Ojala venga con zapatos de tacón alto,- pensó. Lo dejó sobre la cama a la espera de que llegase el momento de ver como se los ponía. Una caja de bombones, alguna crema hidratante para engrasar las pieles y que las manos se deslicen suavemente. Barritas de incienso, una crema lubrificante, un pequeño reproductor de música, un libro de poemas abierto al azar para hechizar sus oídos mientras descansa sobre su pecho.

  Aún quedaban cosas por sacar cuando el teléfono interrumpió ese momento mágico de preparación.

  -¿Estas arriba?
  -Si, te estoy esperando. Da dos golpes a la puerta cuando llegues.
  -Me encantaría que me recibieras vestido con nada.
  -Está bien, te daré todos los caprichos que pidas. Hoy seré tu esclavo personal y espero que no sea sólo eso lo único que me solicites.
  - ¿Quieres que le pida algo al servicio de habitaciones?
  - Como quieras. Pero pide que lo suban pronto, no soportaría interrupciones ni esperas a ser interrumpido.

  Sintió como un calor inundaba todo su cuerpo por dentro como si fuera su alma la que se quemaba. Encendió las barritas olorosas y distribuyó las velas encendidas por la estancia a la espera de que ella apareciera mirándolo con ojos de gata. Entrecerró las cortinas y se tumbó a esperar.

  Le pareció que fueron horas las que estuvo esperando su llegada, como metido en una nube que difusamente lo aísla del resto del mundo, lo ciega y no deja ver con claridad que hay más mundo fuera de la nube. Puedes salir de esa nebulosa y comprobar que hay otras experiencias, más vida, otras personas. Se había quedado dormido recostado sobre el sofá, el cansancio lo había ganado y mezcló en sueños lo mejor de dos mujeres muy próximas en el tiempo. Había creado un sueño en el que podía elegir lo mejor de sucesos reales pasados encarnados en otra mujer medio desconocida supuestamente ideal. Curiosa forma en la que trabaja la mente, los sueños son el Pepito Grillo que llevamos dentro y que nos grita eso que miramos pero nos cuesta ver.

  Y si alguien piensa que una de esas personas soy yo... no me atrevería a decirle si está o no en lo cierto.

 Buen vuelo