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Una más en el mundo...
Pensamientos y aventuras de una expatriada en Quito, ahora en Paraguay...
Acerca de
"...arrecia el arraigo y yo sin paraguas" (Peio)

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La hora en Asunción



Sindicación
 
animal endémico
Se mueve, las piernas a descompás y la cara firme, lisa... diríamos que tiesa. Yo tendría que estar escribiendo sobre mis vacaciones en la selva, pero la vuelta a al gimnasio me ha dejado dislocada... ¡¡En Ecuador hay animales endémicos que no aparecen en los libros!! Bueno, en España también, lo que pasa es que en nuestro gimnasio hay una personaja que debe tener sus cincuenta o sesenta años a la que en su día no se le ocurrió otra cosa más brillante que ir de rebajas. Lo majo es que rebajó su cara a la mitad porque la muñeca más cutre del Todo a Un Euro se queda corta frente a Miss Cara Truncada Ecuador a saber qué año...

Yo estaba subida en la bicicleta, que está un piso más arriba y se puede controlar desde el sillín todo el cotarro, porque a mi lo que en realidad me gusta es mirar... La colega siempre lleva una chaqueta de chandall amarrada a la cintura como para disimular culo (debe ser que eso no entraba en la oferta), una gorra a lo Mario Bross y unos morros cuarto y mitad plástico del bueno sumado a un estiramiento focalizado de cara que ni el más pintao de los cachalotes del gimnasio habría estirao mejor... ¡¡Vaya tela!! Si a esto le añades el descompás (no hay peor cosa que alguien oriundo que no tiene ritmo) pues entonces se comprende de qué manera yo aguanté 20 santos minutos pegada a los pedales sin pestañear siquiera y hasta con humor...

La verdad, en la selva verdadera de la buena vimos bichos muy muy feos, pero Miss Endémica se lleva la palma, pero no la de Cannes. Por cierto, esto del cuarto y mitad se lleva pero que mucho en Quito y aledaños... ¿Nos tatuamos los labios y nos ponemos un lunar?
 
la selva
Hemos estado de vacaciones... pero ya he vuelto.

En breve unas líneas más

:=)
 
la colada
La colada hace estragos. Ya no hablo de la mala impresión que tengo de las lavanderías y de cómo tratan nuestra ropa: la distancia entre el final de mis camisetas y mi ombligo cada vez se acorta más.

Ayer estaba en Ecuador Michelle Bachelet, la presidenta de Chile. Una amiga, medio chilena medio ecuatoriana, y otra chilena que vive aquí desde hace la tira de años, querían ir a un acto que había en un hotel con ella. ¿Quieres venir? ¡Por qué no! Lo que no me habían contado era la manera de entrar. Supuestamente había unas invitaciones hechas, pero por arte de magia mi dirección no debió grabarse en el ordenador de la persona que las hacía y de papelito, nada.

Una amiga de estas amigas resulta que es concejala de Quito, y a pesar de que la Bachelet iba a estar a dos minutos de mi trabajo, pues corre a cambiarte y corre al Centro Histórico (donde está el Municipio) a quedar con no se sabe quién. Tras quince minutos viene corriendo la chilena (mi amiga, no la presidenta) y nos mete en el coche de la concejala. ¡Sois mi equipo de asesoras! ¡Pues vale! Y allí que nos metemos en un salonazo a rebosar, detrás de la concejala, y nos colamos en las filas reservadas para autoridades ecuatorianas y chilenas.

Era de esperar: unos cuantos de protocolo preguntando todo el rato. ¿Y su invitación? ¿Y ustedes de dónde vienen? ¿Por qué se han sentado aquí? Somos asesoras, de la Embajada de España, de la Embajada de Chile, del equipo de la concejala... de la madre que lo parió qué pesadito se pone usted si hay sitios libres aún...

Y en esto que todos se callan y la cosa comienza, y al rato habla la Bachelet, y por un lado pienso que me la esperaba con más carisma, pero por otro pienso que ya es hora detener políticos (en este caso política) menos populistas y más entregados en América Latina.

Así que nada, unos aplusos a esta mujer que se sabe su discurso y no lo lee, que mete entre medias cositas como la equidad de género cada vez que puede y que le da mil vueltas a muchos de los machos pre-potentes-políticos que hay por estos lares...y por los otros.

Se acabó la sesión.
 
ya están aquiiiiii...
Advertencia: están llegando. Todos a la vez: me rodean.

He cumplido un año el mes pasado... Cuando llegué a esta ciudad lo hice con tres compañeros "jóvenes cooperantes" y con pocas esperanzas. El tiempo maneja el azar a su antojo: va y te sienta en una silla negra delante de una ventana que te contextualiza. Podría estar en Madrid, pero si mi mirada se levanta tres segundos de la pantalla me situa de nuevo en esta mitad del mundo...

También la pantalla me trae imágenes, como las de Coral, Isabel y Gema haciendo poses alrededor de la tripa de Eva, que esconde (escondía) a un tipo muy cachondo: si las sonrisas delatan, el señor Hugo, de 16 días de vida, va a comerse el mundo de la risa...

La otra pantalla, la de detrás, nos trajo ayer a Amaru, que es el hijo de Carmen y de Alberto, aquel de piel y nariz inca que hace un tiempo describía. Ayer, el colega, no hacía más que dormir; hoy no hacía más que abrir los ojos. ¿Estaría enterándose de que esto de las oficinas es de lo peor que puede haber? Seguro que sí: de repente se ha puesto a llorar.

Niños, niñas... ¡¡Están llegando todos a la vez!! Falta por venir Ixel. La llevamos siguiendo la pista meses y la conocemos por fotos en blanco y negro, elegantes, colgadas de la nevera... Cruzaremos los dedos: los (o él o ella) de Merche llegarán por diciembre. Vienen a través de papeles, eso sí, rellenados con mucho love... y desde Perú.

En casa, como últimamente vemos más pelis al día que todas las que echan una tarde en los Renoir, estuvimos el otro día comentando una francesa en la que una pareja se va a un país oriental y las pasa putas para por fin poder adoptar a una niña... Conclusión: parece que de momento los niños y las niñas llegan, pero la invasión no va a pasar por nuestra casa... ME QUEDO CON LAS GANAS, ¡¡jo!!