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Una más en el mundo...
Pensamientos y aventuras de una expatriada en Quito, ahora en Paraguay...
Acerca de
"...arrecia el arraigo y yo sin paraguas" (Peio)

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La hora en Asunción



Sindicación
 
Disculparán cualquier cosita... 1
Tiene melena negra y rizada, cara de indio inca, nariz aguda... Parece el perfil de aquel que aparece en cierta perspectiva del Machu -Pichu. Peruano músico y moreno.

A partir del miércoles viajé a Loja, al sur de Quito y un poquito lejos en bus, unas 13 horas. Menos mal que yo iba a trabajar y el coste en tiempo sólo fueron unos quince minutos. Eso sí, me tuve que levantar a las cuatro de la mañana porque los aviones aterrizan en Catamayo (primera Loja) prontito: soplan unos vientos que muchas veces los aviones, una vez llegados allí, tienen que regresar al lugar de donde partieron por no poder aterrizar. La llegada: espectacular: entre montañas de dibujo infantil el avión hace piruetas de un lado, y de otro. Se ladea y parece que se encoge para meterse entre dos paredes que dejan aparecer el valle.

Y allí aparecí yo, donde me esperaba Paul, el conductor de la Agencia allá, para llevarme a la oficina donde estaría ese día. Reconocí a Guillermo, uno de mis compañeros de la co-operación triunfo, por la voz. Cuarenta y cinco minutos después podía hablar con él después de una larga charla con su madre...

¿El trabajo? Bien, gracias. Lo mejor, el paseo nocturno de después, un par de barecillos de los de mi rollo, tranquilos, sobre todo el Tinku, gran lugar que al día siguiente dejaría una honda huella...

Después de visitar el Centro de Formación de Zapotepamba, donde tienen unos huertos enormes con puerros que parecen esculturas, volví a Loja tras cuatro horas de autobús y mis piernas como estacas. Úna señora subió, miró y sonrió. Yo no vi si detrás de mi había más lugares vacíos, la cuestión es que se sentó a mi lado, señora tremenda, y tomó en sus piernas a su hija de unos seis años... A la media hora ya estaba la niña sentada entre nosotras dos, y como el lado izquierdo del autobús no era nada flexible, como es normal, y la señora impresionante no cabía más allá del reposabrazos, allí que terminamos niña y yo en un asiento y señorota en otro...

Viaje chungo, noche de fiesta. Mikel, agrónomo, cooperante vasco, me vino a buscar a casa de Guillermo, que se había ido a Perú a unas gestiones... Un paseo, una cerveza en un bar y ya... Pues no.
Al Tinku acudió, cual perro de caza, el moreno peruano. Si viene y dice que tiene ganas, tenemos que ser fuertes... Las palabras de Mikel ni modo, como se dice aquí... Alberto llegó, vió, bebió y venció. ¿Un roncito? Mis ojos y los de Mikel en una misma dirección... ¡Bueno, sólo uno! ¿Uno? ¡¡¡Tres!!! ¡¡¡Pero si yo con dos cervezas me muevo más que una avispilla en su guarida!!!

La imaginación llegará a cualquier mente al pensar en qué estado fui a dar la charla sobre bibliotecas a la mañana siguiente... Si es que a los dioses incas no hay que tentarles... Mira cómo lo sabía eso el populacho, ¡¡joder!!
 
Granizado caliente
El volcán de mi ventana ni se ve, caen bolitas de hielo de las nubes de Quito. Dicen que es raro que en verano llueva, pero mira, el tiempo se pone estupendo y caprichoso en cualquier lugar del mundo.

Mientras escucho a Javier Ruibal os digo que me voy el miércoles a Loja, ¡¡¡Bieeeeennn!!! Otra salida, esta vez propia, de trabajo. Lo primero que voy a hacer es visitar un proyecto binacional Ecuador / Perú que se llama Catamayo-Chira. Allí están mis compas Guillermo y Mercedes, que son dos puntos filipinos, sobre todo el primero... Tengo que ir a conocer cómo llevan la parte de comunicación del proyecto para luego hacer un informe y luego recomendaciones, yo, personajillo venido de la nada madrileña, a unos que llevan allí no sé cuánto tiempo currándose lo suyo... Pero bueno, esto es asin, como el fútbol.

Lo otro que voy a hacer es dar una conferencia en un encuentro regional de bibliotecarios/as de Ecuador sobre "´La gestión de la información en las bibliotecas públicas". Nunca pensé que mi vida laboral en Libros para el Mundo diera tanto de sí... He de reconocer que hay bastantes cosas que son de cajón, pero he enviado mi ponencia al Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas, que es desde donde me invitaron, y están más felices que unas perdices, así que nada, a triunfar como Los Chichos...

Por lo demás, la tentación vino a mi en forma de libro, para seguir con el tema. Este finde fuimos Alicia, Susana (UNIFEM) y yo a la feria del libro: se llamaba Galicia y el autor Manuel Rivas... Casi caigo, pero tampoco quiero empezar a acumular libros, y quiero ir un día a un sitio de segunda mano a ver cómo va la historia allí...

Pateé Quito con mis acompañantes, fuimos al parque de El Ejido, compramos unas cositas en los puestos de artesanía, incomprensiblemente más baratas, en algunos casos,que en su lugar de origen, Otavalo. También fuimos al cine, y nos cayeron mal todas las personas que vimos al salir de ver la peli, Machuca... una historia de ayer con proyecciones diarias en cualquier lugar de Latinoamérica o de muchos lugares más. Recomendable, ahora bien, no para ir a verla a un super centro comercial de lujo porque la bofetada puede ser importante...

Además, al salir, Susana se encontró a dos señoras que no me enteré muy bien de qué las conocía, y para colmo una de ellas era de esas que te da un beso (aquí solo se da uno, no dos) poniendo la cara con gesto rancio y cuello de pavo, y sin dar tal beso, por supuesto...

Por cierto, ya estoy bien del estómago: mis tres semanas de hongos me han servido para ir al mercado de San Roque y comer hornado de chancho (un cerdo asado con cabeza y todo al que una señora le saca trozos de carne metiendo su mano entre el cuerpo del animalejo tostado) sin sufrir percance alguno... para que veais lo que hace el cuerpo humano...

 
Razones de peso
Decenas de kilos de peso se agrupan en el cuerpo de las ballenas jorobadas que, en estos días, pasean por las playas cercanas a Puerto López, en Ecuador, aprovechando la calidez de sus aguas para sus juegos de apareamiento.

Otras decenas, pero de personas, intentan verlas desde unas barquitas que no hacen más que seguir a las colas de las ballenas para ver si los turistas pueden hacer sus fotos de rigor. No es que lo critique, pero seguro que están jorobadas por la cantidad de gente que va a verlas.

Yo, al final, tenía razones de peso que me obligaron a ir a ver a otro mamífero distinto, con muchos menos kilos de peso y bastante más cercano: mi amiga Alicia.

Ella estaba a una hora y media, y 1,40 centavos de Manabí, a donde llegamos la troupe de la cooperación triunfo, como dicen otros cooperantes... La cuestión es que currar cerca, vivir, salir y todo lo demás, con la misma gente, como que cansa... Total, que abandoné el viernes la playa de Manabí para ir a Crucita, y al final volví el domingo y no el viernes por la tarde.

Crucita es un pueblillo del que no vi nada más que la playa. Una playa larga, de la que andamos unos tres kilómetros y medio para ir a otro pueblo, San Jacinto, al que no pudimos cruzar finalmente porque estaba la marea alta. De lo malo: pues que en estas playas hasta las doce de la mañana está nublado, tú te confías y no te echas crema, y vas y te quemas con el fulgor de las nubes... ?¿

En estos días en los que no he escrito, también he hecho otras cosas, como ir a visitar a Alicia a su morada temporal de Cuenca, tirarme en la vera de uno de los ríos que cruzan esa ciudad, visitar el Parque Nacional del Cajas o hacer globos voladores de papel coloreado... De lo mejor, el Cajas.

Llegamos por la mañana, en el carro de Manu, la vecina francesa de Alicia, y tras pagar un dolar las residentes y diez la pringada que aún no tiene su tarjeta, subimos con el carro para después andar un poco. Paramos el carro en un lugar donde había tres cruces con un mensaje y un montón de piedras alrededor: si no rezas un padre nuestro no llegarás muy lejos en el Cajas (o algo así). Nada más terminar de leerlo, ¡Plufff! De la parte de alante del carro salió un montón de vapor y por debajo un meadillo feo. Resultado: si viajas con ateas el manguito que va del radiador al depósito del agua se estalla... Así que nada, decidimos seguir subiendo un rato, ver las montañas y las lagunas desde arriba y volver a bajar a pedir ayuda. Nos bajó un tipo en su pick-up, vimos el Cajas de otra manera y esperamos a que viniera la grua en un chambao escondido comiendo mazorcas de maíz con ají, queso con habas y trucha con ensalada...

En Crucita también comimos pescado: cebiche de camarón y otro del que no me acuerdo el nombre. Mientras que a mi me sentó genial, Alicia casi echa los pies por la boca de lo mal que le sentó. A lo mejor era un pez globo, pero sin colores, y claro, la hizo volar pero de lo malita que se puso.

A mi vuelta volví a ver que la playa de Manabí es como un Benidorm pero a la ecuatoriana, donde instalan una especie de tiendas de campaña para que la gente se meta dentro a resguardarse del sol, y a darse una sauna (digo yo), porque ese plastico al solete tenía su tela...

El cambio de mamíferos gigantes por mamífera chiquita funcionó muy bien, el relax pasó los días conmigo y la vuelta no ha estado tan mal... Aún así, yo ya me he buscado acompañante para una nueva incursión en el verdadero mundo de las ballenas. ¡Buenazo, como dicen por aquí!
 
3/4
Siete días sin escribir, tres cuartos de hora soltando tralla, muchas palabras escogidas... y el capullo del ciberespacio haciendo de las suyas... Se me borró el mensaje. Me voy a casa.

 
Parafraseando...
Se me viene a la cabeza la canción de una brasileña, no sé si alguna vez se la escuché a Maria Betania, que empieza con un el que no llora no mama...

Pues eso mismo me ha ocurrido a mi: llevo varios días sin escribir pero lo primero que tengo que contar es que me voy a Manabí, a la costa. En principio, aquí en Ecuador hay una fiesta que pasan al viernes, por lo que la tropa decidió ir hacia Manta, a visitar a nuestra compañera Azucena, que la pobre anda solita en un proyecto que aún ni ha empezado...

Mi idea era tomar un bus el jueves por la noche y llegar el viernes por la mañana. Así me ahorraba unos 45 dólares que iba a utilizar para la vuelta en avión. Pero ¡ah! Resulta que mi compañera Raquel se va de taller con la gente de un Proyecto de Educación Técnica y a mi me estaba dando muuuuucha envidia: así que lloré. Le comenté al director que quería ir para ver en vivo y en directo un taller de análisis de problemas y de oportunidades, tal y tal, con el Marco Lógico de por medio... Cómo deciros que ha colado, que al final vuelo a Manta por cuenta agena y que vuelvo no el domingo sino el martes en la noche...

Por lo que se refiere al taller creo que aprenderé. Por lo que se refiere a la playita y todo eso las ganas se hacen cada vez más grandes pensando en el viaje a Puerto López a ver a las ballenas aparearse, pensando en los pescaditos y los mariscos de la costa y pensando en que por fin me voy a poder poner en bikini y remojarme un poco, ¡¡¡¡que ya es hora a estas alturas de agosto español!!!

Continuando, he de contar que las coincidencias ecuatorianas no dejan de fluir. La semana pasada nuestra vecina Carmen nos llevó a un centro social no okupado. Me fijo en este detalle porque nos contaron que lo de okupar por aquí está complicadillo, así que un grupo de gente se ha juntado, con la misma filosofía autogestionaria, pero pagando una renta. Llegamos a un localito a pie de calle que parecería que en su tiempo fuese un pequeño restaurante de almuerzos a 1.50 $. Las paredes amarillo fuerte, en unos estantes de madera un montón de libros, discos y documentales de temas subversivos, interesantes, feministas, políticos... En eso que investigando me encuentro con el documental de Precarias a la Deriva, un trabajo de las mujeres de la antigua casa okupada La Karakola... ¿Y esto? Lo trajo Andrea, que estuvo cuatro años en España...

Hola, ¿tú eres Andrea? Sí. ¿Tú estuviste en La Karakola? ¡Sí! ¿Entonces conoces a Amaia y a Rosa? ¡¡¡¡Sííí!!! Y nada, que el mundo sigue siendo pequeñito y que estos días me estuve acordando de la época de la universidad, de las reuniones en el césped y las charlas en los despachos de las asociaciones... De Rosa y de Flor.

Sólo me queda deciros, compañeras pajarillas, que el mundo es nuestro, ¡¡así que a siranear...!!
 
Pernas longas e pretas
Ayer conocí a Madame Satá: preta, bonitinha... Diosa, burda, atractiva... Las piernas de Madame Satá me recordaron a las largas piernas de Nadja Nimri en Asfalto, cuando cruza una calle de Madrid en pantalones cortos y tacones... Llevo unos días pensando en esa película: su director dijo, cuando se estrenó, que tenía que encontrar a alguien que cruzara las calles con esa forma característica que tenemos los habitantes de Madrid... ?¿ La cuestión es que, después de ver cómo cruza aquí la gente, creo que a Daniel Calparsoro le resultaría muy interesante el observar a los quiteños; además, con ellos no le une ningún lazo sentimental, por lo que yo sé...

Mi vecina Carmen, joven cooperante del programa vasco, pero de origen cantabro, dijo el otro día que cuando llegara a España le iba a decir a su hermana que, al salir de casa, se pusiera a dar acelerones al coche delante de ella. Todo por no echar de menos la emoción de cruzar las calles en Quito. A ver si va a ser cierta la historia esa de que si atropellan a gente les dan puntos, como en los videojuegos... Tú te dispones en el borde de la acera, miras a un lado, a otro. Buscas un espacio (como cuando iba a la autoescuela y mi profe me decía ¡para incorporarte, busca un espacio, tú decides!). Pues eso, buscas tu espacio y cuando ves que no vienen casi coches empiezas a cruzar. Al momento, los conductores que te ven, empiezan a acelerar de tal modo que es imposible adivinar la trayectoria y el espacio/tiempo. ¡Cabrones! He visto pasar a un autobús a tres centímetros de una señora con su hijo colgado de un paño a la espalda... La señora ni se inmutó, a mi casi se me para el aire... Qué decir que el niño siguió durmiendo en su pañoleta...

Madame Sata también corría sus riesgos: negro de los años 30 en Lapa, Río de Janeiro, tenía entre sus sueños el triunfar en el espectáculo. Se mostraba rudo, sabía pelear, manejaba su navaja y no le importaba matar si alguien le hacía burla o se metía con él por ser negro, o maricón, o venir de lo más bajo... Su vida la conocí ayer en el Cine Blue de la calle Calama, en La Mariscal de Quito. Un gran lugar éste: tienen una pequeña sala con pantalla grande y butacas cómodas, y una lista amplia de películas. Si vas con otras cuatro personas puedes elegir película y entrar a verla por dos dólares cada uno.

Eu sou rainha porque eu quero, dice Madame Sata. Que sepas que yo también, Joao Francisco.

http://www.zinema.com/pelicula/2003/madamesa.htm
 
Dicho y hecho
¡¡¡¡AHHHHHH!!! Dicho y hecho: el cortador de césped ha aparecido en mi encuadre nada más terminar de escribir el texto anterior... ¡¡¡Y está rasurando mi naturaleza empaquetada!!!

Pensaré que es como el pelo nada más ir a la peluqiería que te recomendaron... Digo yo que volverá a crecer...
 
El verde muere
Malas noticias amig@s: el verde muere. Ese verde que se aparece en mi ventana vestido de césped domesticado no durará mucho. Ya decía yo que eso de ver la hierba moverse y notar, con ese poco, que todo se mueve, que el mundo sigue, tenía que tener truco. Ayer, después de una reunión/presentación de buenas intenciones entre PNUD y el Ministerio de Ambiente de Ecuador sobre Galápagos, mi acompañante, al ver al jardinero, le dijo: ¡Oiga maestro, por qué no nos corta el césped! Porque está la máquina estropeada...

Ahí caí yo en que la naturaleza empaquetada entre cuatro partes asfálticas tiene sus límites, y uno de ellos es la estética. ¡Con lo bien que se ve el verde así, alto y flexible, por mi ventana!

Y nada, entre estas disquisiciones pienso que ya ha pasado el límite del mes en Quito y que aún no he contado muchas cosas que todos los días veo y voy "escribiendo" por la calle: la impresión que me da el ver todas las mañanas, tras cruzar el control de la Embajada, a un guardia civil con tricornio y todo; la cantidad de pintadas feministas que hay por los muros de esta ciudad, sobre todo cerca de la zona de las universidades; el desconcierto de ver a una familia hacer vida en la acera de enfrente de casa: comer, dormir, trabajar limpiando coches, e incluso hacer sus necesidades (un gran shock ver cómo un padre coge al hijo, le lleva a la otra esquina, le baja los pantalones y le empuja la cabeza hacia abajo para que se agache a cagar, tal cual, en una alcantarilla...).

Ahora que me he puesto a repasar lo que he escrito veo que el título parecería una buena composición para nombrar un disco, o una canción siempre que no sea la de verde que te quiero verde... Eso no se lo diré al guardia civil de la entrada...
 
La que he montado
Poco más que especificar al título. La que he montado por poner unas fotos que no consigo subir... Bueno, también lo hice porque quería especificar, y claro, se me fue por el espacio mi anterior blog...

Quería explicar que la laguna de Cotacachi se llama LAGUNA DE CUICOCHA. Me ha dicho Iván, un ecuatoriano joven con varias hijas ya, que su niña de trece años la cruzó el otro día nadando en una competición. Para justificar que ha llegado diez minutos tarde a la oficina ha traído la medalla que le dieron.

Me ha contado que en todo Quito sólo hay diez piscinas donde puedan nadar los chicos y chicas que hacen natación con sus clubes. Hay unos cuantos que se han puesto en contra de la situación y se han llevado a sus niñas a la piscina de un colegio, poniéndole el nombre de éste al club (y dejándole por las nubes, según Iván). Hoy venía este compañero afectadillo porque ahora está cambiando la diercción del centro y les están haciendo pagar de nuevo por usar la piscina...

Me ha preguntado si en España es igual: no he sabido decirle si igual igual, ahora, en que el fútbol es el rey, hemos coincidido los dos...



 
http://blogs.ya.com/unamasenelmundo/
Compañr@s tod@s: unamasenelmundo, ha muerto. Lo siento, no ha sido culpa mía, o eso creo... Esta mañana me puse a meter unas fotillos en mi espacio para ir ilustrando el asunto y no sé qué le debió pasar a mi contraseña que se ha cruzado con otro nombre igual, pero en minúsculas, ¡y ya la hemos liado! No me aparece unamasenelmundo por ningún lado, así que lo que he hecho es crear un clon, que se lleva mucho, y le he colocado el número dos al lado, por eso de seguir un orden. He copiado todos los mensajitos y ha quedado casi tal cual, eso sí, sin los comentarios que algunas me incluísteis. Por si acaso, para no perdernos, siempre podremos visitar de vez en cuando a http://blogs.ya.com/unamasenelmundo/ . La cuestión es que ese nombre de blog tan poético ha caído bajo influjo numérico...

Lo que hace el internete, dejar el ciberespacio huérfano y lleno de basurilla a medio hacer...

 
Cotacachi cansada
Fin de semana a punto de cumplir el mes en Quito. Para salir de esta ciudad llena de autobuses chimenea nos fuimos el grupito de cuatro, más la cooperante de Manabí, a visitar Ibarra. La verdad es que es una ciudad poco tentadora después de verla, aunque menos si una de tus compañeras de viaje no hace más que decir que quiere hacer cosas. Pasear, mirar, observar, ¿no es hacer cosas? La histeria del movimiento se concretó en nuestra visita a Yaguarcocha: Ana, Azucena y yo (los otros dos se fueron a subir el volcán Imbabura) nos montamos en una lanchita OK Tourist para dar una vuelta a la lagunilla. Después de visitar al día siguiente la laguna de Cotacachi no hay otro modo de llamarla.

En Cotacachi (ciudad) hay mucho más que pasear, un pueblito agradable que vimos poco, la verdad... Después de dormir en La Esperanza, a 22 centavos de dolar de Ibarra, y después de ver las fiestas y las carrozas con las pretendientas a Belleza de Esperanza (indígenas, no indígenas, modelis teñidas de rubio...), nos dirigimos a este lugar con intención de visitar su mercado de cuero. Ya en el bus unos belgas conversaron con nosotros, y casi al vuelo, al bajar, estábamos montando con ellos en una camioneta hacia la laguna.

El lugar es increíble, en el cráter de un volcán, con unas islitas en el medio, y también otro barquito tourist: esta vez nos negamos a montar...

Comimos en un bar/mirador y otra vez hacia Quito. La desesperación y el cansancio vino, después de un mes de convivencia a cuatro, cuando hasta para hacer una tortilla de patatas los jóvenes cooperantes viajeros y aventureros en Quito te tienen que preguntar...

¡¡¡Ufff!!! ¡¡¡Eso cansa más casi que subir al Imbabura (aunque no lo haya ni intentado)!!!

P.D.: mis dos compas tampoco pudieron subir, a medio camino se les nubló el tiempo...