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La puta
Hace un par de días, Magdalena y yo fuimos al hipódromo. Pero no para apostar a los caballos, eran las 12 de la noche y ya todos los animales dormían. Ibamos a hablan con las putas para un reportaje.
Había algunas, todas negras, diseminadas por un tétrico aparcamiento iluminado con cuatro farolas. Cuando nos veían, dos chicas solas, se asustaban y la mayoría no quería dirigirnos la palabra.
Conseguimos hablar con una jamaicana, aparentemente fuerte, segura de sí misma, pero tan débil como las demás.



Parece increible que haya gente que compre el cuerpo del prójimo, y más de estas mujeres, el colmo de la vulnerabilidad. Vienen aquí engañadas, viven al margen del resto, venden su integridad todos los días obedeciendo órdenes de un proxeneta, su 'novio'. Y fue éste quién apareció en un coche a los 10 minutos de conversación: "no molestéis a las chicas", nos impetó. Ella nos había dicho que tenía un 'novio' mallorquín desde hacía 4 años, seguramente sea ese chulo que se llevó una a una en el coche a las de su rebaño.
Un 'novio' que, en más de un caso, ha transmitido el SIDA a alguna de sus múltiples 'novias'.
Qué mundo más triste e injusto y lo tenemos ahí al lado, a pocos metros de nuestras monótonas y cómodas vidas...










 
De cartón piedra
Con mi gata en el regazo y los sonidos de la plaza, pienso en la rueda de prensa a la que acabo de ir y en que mañana no trabajo. Además, me voy de tapeo al Pueblo Español. Allí se celebra Tapalma, una feria organizada en un intento de importar ese arte tan común en la Península, pero que aquí aún es un bebé.
Y el Pueblo Español es una de esas cosas que hay para guiris en Mallorca. Echadle imaginación: todo un recinto en medio de la ciudad con representaciones de edificios typical Spanish, la Giralda, er bar andalú, y muchas cosas más. Afortunadamente las construcciones no son de cartón, sino de piedra y dan bastante el pego. Calles estrechas de mentira, tiendas castizas de mentira, farolas de mentira...pero todo de verdad. Y lleno de alemanes.
Pues allí estaré mañana de vinos y tapas por un pueblo de mentira con guiris e isleños mezclados. En fin, la consecuencia es la misma: dos vinitos, dos pinchos, y ya la hemos liado.
Vivan las calles de mentira!!!

Por cierto, no se por qué extraña razón, los comentarios del blog no funcionan, si entre los lectores hay algún entendido, que me haga llegar la solución via email.

Besos de cartón piedra

 
Pedazo de tierra
Bueno, no se si mis lejanos amigos leerán mi blog, abandonado por tanto tiempo ante la falta de conexión. No es que ahora tenga internet, sigo robándosela intermitentemente al bar de moda de abajo o al vecino de al lado, pero quizás a partir de ahora me anime a escribir más.
Supongo que esta es una forma de retomar contacto con la capital, de la que sí que estoy fuera de cobertura.
La verdad, chicos y chicas, a vosotros es a lo único que echo de menos de Madrid. En Palma la vida me gusta. Más tranquilidad, mi bici, el mar, el amor...pero a veces me faltáis vosotros. Las juergas con la andaluza, las noches de televisión en su casa afrancesada, las confesiones con mi primo, las cervezas en EFE, las extravagancias de algunos...esas pequeñas cosas que dan los Madriles.
Didi, yo también me he pasado al gratuito: ADN para ser más precisos, después de rechazar una oferta del Mundo (son unos pesaos con la política local), y estoy bien contenta.
Aquí las hojas todavía no han caído, bueno, las pocas que acabarán en el suelo, porque entre olivos y pinos el paisaje no cambia mucho. Puede incluso que este fin de semana me bañe en el mar, entre concierto y concierto y alguna fiestecilla (no os creáis que aquí no hay nada de marcha, porque aunque hay que buscarla, al final aparece).
Y tengo una gatita!! Se llama Mara, a ver si os adjunto foto, es más guapa...esto y más desde la isla, qué romántico, verdad? vivir en una isla...un pedazo de tierra que a veces piensa en Madrid.

 
Madurez
Mañana no pienso soportar a estos obreros martilleando mi cerebro con sus sierras mientras me intento concentrar en mi libro, ése que acabo de empezar y que todavía no ha conseguido sembrar en mí la semilla de la curiosidad. Menos mal que tengo a mi perro que, a mi lado, se une al canto de los trabajadores con sus ladridos...y me sube el dolor de cabeza hasta el techo. Su inestimable ayuda está consiguiendo que empiece a cambiar mi frase de yo prefiero los perros a los niños por prefiero cualquier cosa a los perros y a los obreros. Veamos, su jornada acaba a los dos, a esa hora seré libre, podré cantar en alto y pasearme desnuda por la casa, podré emanciparme de ellos. Les despediré en la puerta llorando y agitando mi pañuelo blanco, con una pena infinita de no volver a ver, hasta mañana, a esos desconocidos que invaden mi espacio sin preguntar.

Al oir el timbre de la puerta doy un respingo. Dejo mi frustrante lectura y me asomo al pasillo con mi jersey XXL deandarporcasa y mis pantuflas azules. Será uno de los obreros, con sus gorros blancos y sus sonrisas.
No. Eres tú. Me preguntas qué tal me va la vida y yo me cuestiono cómo coño sabías dónde vivo.
-Bien -te contesto, mientras intento arreglarme el pelo si que te des cuenta-. Ya ves, aquí, de obras.
(Silencio)
(Silencio)
-¡Niñaaaaa! ¿Qu´hacemoh con lojejcombroh?
Creo que me están empezando a caer bien.
-Un momentito -te digo aliviada mientras corro en busca de mi salvador-.

Me tiro diez minutos para explicar cómo meter los trozos de mi casa en bolsas, apilarlos en el pasillo y bajarlos al contenedor. Los obreros me miran atónitos ante tanta amabilidad repentina, pero supongo que con su profesión de invasores de casas ajenas habrán visto de todo. Me doy cuenta de que ya no tengo nada más que decir y que, a no ser que empiece a picar el techo o a recoger escombros, voy a tener que ir a la puerta abierta donde me esperas.

Dudas invaden mi cabeza mientras te hago pasar con la sonrisa más radiante encuentro.
Te conocí una noche y fue mágica, demasiado mágica. Por un momento me creía de nuevo en París, paseando a la orilla del Sena y contemplando con envidia, a los bailarines de tangos.
Te encontré en un bar, a la orilla del Manzanares, bebiendo vino y mirándome descarado. Yo, como siempre, me senté de espaldas a tí, para no tener que responderte la mirada, pero tú no te diste por vencido.
Te besé en la calle, tiritando bajo el viento del otoño.
Te despedí en una fría boca de metro, rodeados del ruido del agua de los barrenderos-fregadores de calles madrileños.
- ¡Bueno niña! ¡Que ya noh vamoh!

Uno a uno los hombres escombrados salen por la puerta, dirigiéndote una mirada al pasar de complicidad, envidia tal vez. Cuando el último se va, me doy cuenta de mi situación. Sálveme quien pueda. Ni siquiera el perro ladra para ocuparme en algo que no sea mirarte. Tranquila, sobre todo, tranquila. Soy una mujer madura y se llevar las situaciones delicadas perfectamente.
Tengo dudas en torno a tí y a mí. Sólo fuiste una historia de una noche y me cuesta creer en los flechazos, pero me pones nerviosa y haces aflorar pinpilinpauxas en mi barriga. Noto como mi tic de infancia empieza a manifestarse y mis dedos manosean imparables la oreja izquierda mientras tú me das tema de conversación.
Tus proyectos.
Los míos.
Tus viajes.
Los míos.
La obra.
Los obreros.
El perro.
Los animales.
El tiempo.
Nada.

Rasgo tu camiseta de camino a la cama, tu boca llena la mía mientras avanzas conmigo en brazos, tropezándote con los escombros que los malditos obreros han dejado en medio del pasillo. ¿No les había explicado lo suficientemente bien -pienso- cómo ponerlos en bolsas y bajarlos al container?. Parece mentira -pienso mientras me besas el cuello- que después de tantos años de profesión no sean capaces de recoger unos trozos de cocina. A ver si se van a creer-pienso mientras me quitas la camiseta- que soy la barrendera de turno. No voy a limpiar ni una sola mota de polvo –pienso mientras...

Estás tumbado encima mirándome con una expresión extraña. Me doy cuenta de que tengo cara de preocupación, de cabreo, malditos obreros.
-¿Qué te pasa? Te veo rara, ¿soy yo, no lo estoy haciendo bien?
Te observo y recuerdo aquella noche, estabas tan atractivo con ese jersey azul. Tus ojos brillaban mientras paseábamos recorriendo la madrugada madrileña y viviendo, sin saberlo, momentos que luego los dos recordaríamos muchas noches en nuestras camas.
No pasa nada, son los obreros -digo, como de costumbre, sin pensar-, me ponen histérica –prosigo ante tu mirada atónita-. Yo creía que era una mujer madura que podía sobrellevar situaciones de caos en mi casa, pero veo que no, que me supera –digo mientras te abrochas el pantalón-. Y tú, aquí, en esta cama llena de polvo, así no deben ser las cosas -sollozo mientras te intentas poner la camiseta rasgada-. ¡Seguro que un día nos reencontraremos en algún bar de La Latina! –grito desde la cama al oír tus pasos en el pasillo...

¡¡¡¡Zas!!!! –suena la puerta al cerrarse-.


+++Para los curiosos, no está basado en una historia real...
 
Mar y Jomer
Tras unas vacaciones junto al mar, recargada de energía y de nuevo en la ciudad, escribo. Como algunos sabeis, por circunstancias de la vida y del amor he cambiado de casa. Así que desde hoy, adiós al chumba-chumba de la dicoteca de abajo y hola de nuevo a mi querido Jomer (arf! arf!). Mala noticia: no tengo internet...todavía, así que sólo puedo escribir desde el trabajo, entre foto y foto...pero seguiré amenizándoos (o no) con mis cositas.
Por cierto, ¿habéis visto alguna vez el fondo de un mar cristalino? Altamente recomendable, casi se te corta la respiración, el agua verde azulada y azul oscura, peces de colores y medusas urticantes, silencio...da un pelín de miedo, pero es impresionante, me he prometido a mi misma llegar más hondo y tocar un pez. Ya os contaré cuando lo consiga.