Cuento de Año Nuevo... (segunda entrega)

Cuadro : Tod des Sunders - Desconocido
( Canción de Fondo : Bodies - Drowning Pool )
Nota: Esta es la continuación de una historia que hace una semana publiqué, y que por el largo de esta misma, la he dividido en tres partes.
Si usted quiere saber como comenzó este relato, favor dirijasé a mi anterior publicacion que se encuentra debajo de esta.
Buen Viento y buena Mar!!!
...Mi móvil vibró. Como invocado por mi anterior pensamiento, mi padre me estaba llamando.
-- Aja apa!
-- ¡Nojoda, hasta que por fin entró la llamada! ¡Tengo como cinco minutos de estar intentando comunicarme contigo y con tu hermana pero nada!
-- Papi tu sabes que a esta hora es un milagro que salga una llamada a un móvil.
-- Aja. ¿Hey donde estas? Acá te estamos esperando. ¿No piensas venir?
-- Estoy en la 64 con 80 en medio de un trancon ni el hijueputa, por que un hubo un choque.
-- ¡Mierda! Tu hermana Erika tampoco ha llegado.
-- ¿Cómo así? – Pregunté extrañado, mientras veía llorar a la madre de aquel joven atrapado frente al timón, desconsolada.
-- Hace veinte minutos tu mamá habló con ella, y le dijo que ya mismo se venia para acá, y que el hermano de Paola la traía, pero la he estado llamando y no me puedo comunicar con ella.
--¡Jueputa esas son las vainas que hace Erika! ¡Ella hace lo que se le da la gana es por que tu siempre le has alcahueteado todo, papi!
-- Juan José, tu mejor que tus hermanos sabes que ella es y será la niña de mis ojos, así ella se case!
-- ¡Bueno papi, pero es que sus niñerías nos afectan a todos, y siempre que...
-- Ok, deja el celo. – Me interrumpió mi papá. – Y sabes que... Feliz año hijo!
Miré mi reloj y me di cuenta que lo que decía mi papá era cierto. Eran las doce en punto. El bullicio, comandado por la canción de año nuevo de la “Billos Caracas Boys”, acompañado de los pitos y las sirenas, invadió todas las calles de la ciudad.
-- ¡Feliz año viejo Juan! – Fueron las palabras que le dije a mi papá, en medio de unos ojos llorosos, al darme cuenta que era la primera vez que pasaba un año nuevo sin abrazar a mis familiares a las doce en punto de la noche.
-- Trata de llamar a tu hermana. Te quiero. Te paso a tu mamá. – Se despidió mi papá.
-- Aló? Mami?
-- ¡Juanjo mijo, Feliz a...
Esas fueron las palabras que pude escuchar de mi mamá antes que se cayera la llamada.
No me llené de rabia, pues sabia que a esas horas estarían congestionadas las redes de telefonía celular, así que hoy seria normal que eso sucediera.
Intente llamar a mi hermana a su móvil, pero nada todo era en vano.
Me preguntaba que donde carajos estaría metida esa niña caprichosa que mi padre tanto quería y protegía.
Un policía se le acercó a la señora de los chicles y le preguntó:
-- ¿Nada mas venían en el auto los dos muchachos?
-- No señor agente. Atrás también venían dos niñas de la misma edad de los pelaos!
Después del choque una de ellas, la mas “berraca”, se bajo del carro así toda sucia de sangre, y fue a ver al pelao que se salió por el vidrio. Se acerco a él, pero como le vio todo eso afuera, se devolvió para donde estaba el que manejaba...
-- El hermano era quien venia manejando. – Interrumpió el policía en forma afirmativa.
-- Anda! Yo no sabia. Pobre señora! – Dijo impresionada la señora poniéndose la mano en la cara.
-- Continúe. – Dijo el policía mientras le bajaba el volumen a su radio comunicador.
-- Pobrecita! Entonces la niña le pegaba cachetadas y le gritaba al muchacho que le hablara. Pero nada. Luego se quito del carro y se echo a llorar. – Seguía relatando la señora mientras miraba que nadie se llevara algo de su mercancía.
-- ¿ Después que hizo la muchacha? – Preguntó el policía.
--¡Espérese y le digo! Luego se abrió la puerta de atrás del carro y salió la otra muchacha arrastrándose y toda llena de sangre, tratando de hablar pero no podía.
Entonces la hermana del que venía manejando la cogió, la cargó y se montaron en un taxi que se había detenido a ver el choque.
-- ¿Recuerda algo mas? – Preguntó el policía.
-- No señor, sólo que la muchacha que salió arrastrándose del carro se veía muy mal.
En ese instante que la señora terminaba de hablar, otro oficial de policía se le acercó a su compañero.
-- Feliz año camarada. Arrancamos el año bien bonito, cierto? – Dijo el policía que acababa de llegar, mientras sacaba una pequeña libreta de notas del bolsillo de su camisa.
-- Pues así parece. ¿Que tienes de novedad?
-- El “muñeco volador” se llamaba Ramiro Palma, tenia 19 años, y al parecer era muy allegado a la familia de la señora, por que ella se refiere a él como “ramirito”.
El “muñeco” tras el volante es el hijo de la señora, y se llamaba William Gómez, tenía 20 años y venía con su hermana y otra niña en el auto. La hermana se llama... déjame y te digo... lo tengo aquí apuntado....
En fracciones de segundo mi mente al escuchar el apellido Gómez, empezó a trabajar mas rápido de lo normal. Recordé que la amiga de mi hermana Erika se llamaba Paola Gómez, y que mi papá me había dicho por teléfono que a Erika la iban a llevar a la casa Paola y su hermano.
En ese instante fui embargado por una sensación de angustia al esperar que mis sospechas fuesen ciertas cuando escuchara el nombre de la joven que viajaba con su hermano en aquel carro accidentado. Tanta era la desesperación que para no prolongar esa angustia en la espera de aquel nombre, que le grité al policía:
-- ¡Paola! ¿Paola Gómez?
Los dos policías y la gente que estaba a mi alrededor dirigieron su mirada hacia mi, algo atónitos por mi actitud. El policía volvió a clavar su mirada en aquella pequeña libreta y dijo: -- Aquí está. Gómez.... Jazmín Gómez.
Una lluvia de tranquilidad empapó mi cuerpo y mi alma. Eran las palabras, si se puede decir, mas hermosas que había escuchado yo en ese comienzo de año.
Sentí que mi ser se llenaba de una cierta energía incomprensible. No aguantaba las ganas de llegar a casa de mis abuelos y abrazar a todos los miembros de mi familia. Es mas, hasta pensaba irme caminado o corriendo, para llegar lo mas rápido posible.
-- ¿Tienes noticias de a que hospital llevó la muchacha a su amiga? – Preguntó el policía que había interrogado a la señora de los chicles, sacándome así de la burbuja de sosiego que me rodeaba.
-- No. No tengo ni el nombre, ni el hospital a que fue llevada. Imagino que en minutos nos informaran desde la central por el radio comunicador.
-- Oiga señor agente, ¿y el perro que venia manejando la camioneta? – Preguntó un señor que hacia parte de la multitud de curiosos que presenciaba el accidente.
-- Ese man ya está en la comisaría. Se llama Tomas Javier Sánchez. Venía conduciendo en estado de embriaguez, y sólo se golpeo la cabeza contra el timón, y se fracturó tres costillas. Así es la vida.
--¡Esos hijueputas son los que se deben de morir, y nunca les pasa un culo! – Exclamó la vendedora de chicles.
-- La que si resulto herida fue su acompañante. Imagino que no era su esposa.—Afirmaba uno de los policías. – Ella sufrió rotura de cuello y fractura en las...—Se apagaba la voz de aquel policía en mis oídos, mientras me apartaba de aquella multitud.
Busque entre la gente al conductor del taxi donde yo venía. Lo pude ver aún curioseando y hablando con otras personas a cerca del accidente. Sabía que ese taxista no podría hacer nada para sacar ese taxi de aquel trancon. Me dispuse a escabullirme en medio de la gente, y poco a poco me fui alejando de aquella horrible escena de fin de año.
Me dirigí dos calles abajo, en busca de otro taxi que si pudiera llevarme al destino de aquel viaje que había iniciado a las 11:35 de la noche del año anterior.
Eran las 12 y 10 de la madrugada del domingo primero de enero del año 2006, y gracias a alguna fuerza extraña, había encontrado un taxi que me llevaba a donde mi familia se encontraba departiendo.
Unas ganas incontenibles de fumar invadieron mi sistema nervioso. Saqué el paquete de cigarrillos de mi chaqueta, y le pregunte al taxista que si no le molestaba que fumara en el auto. El me respondió que perdiera cuidado, que el también quería perder cinco minutos de vida también, así que se me uniría en mi pequeño rito suicida.
Mientras aquel humo asaltaba mis pulmones y relajaba mi cuerpo, mi mente no dejaba de pensar que habría pasado si las que hubiesen ido en la parte de atrás de aquel carro accidentado fuesen Erika y su amiga Paola.
Luchaba contra aquella ráfaga de pensamientos poco gratos, pero nada. Así tratase de pensar en mi novia y lo rico que la pasaríamos en las playas de Cartagena el próximo fin de semana, los dos solos, mi mente abría una puerta hacia un futuro lleno de penas y amarguras para toda mi familia.
Llegó un momento en aquel trayecto dentro del taxi que me decidí a no seguir luchando contra esos pensamientos, y comencé a imaginarme como hubiésemos vividos esos momentos de angustia y tristeza, y como hubiesen cambiado nuestras vidas.
Quería hacerme la idea de mas o menos como seria lo que le tocaría atravesar a las familias de aquellos jóvenes que habían muerto de una manera casi absurda.
Gracias a cualquier dios, sólo serian elucubraciones, y no realidades, que a mi familia, y se que a ninguna familia, por muy rica o muy pobre que sea, le gustaría que le sucediera...
...Para leer la tercera parte, de click aquí
Frase de la Semana : "Nunca he podido concebir cómo un ser racional podría perseguir la felicidad ejerciendo el poder sobre otros"
Thomas Jefferson
Cuento de Año Nuevo... (primera entrega)

Cuadro: Viejo y Nuevo Año - Pablo Picasso
“ Las campanas de la iglesia están sonando, anunciando que el año viejo se va,
Alegría del año nuevo viene ya, los abrazos se confunden sin cesar,
Faltan cinco pa` las doce, el año va a terminar, me voy corriendo a mi casa,
A abrazar a mi mamá.”
“5 pa` las 12” canción de Aníbal Velásquez
Mi reloj marcaba las 11:35, cuando salí de la casa de mi novia, rumbo a la casa de mis abuelos. Allí se había reunido toda la familia como se hacia religiosamente año tras años en esta fecha.
Esperé en una esquina que pasara un taxi desocupado, para ver si llegaba a la reunión familiar antes de los pitos de las doce en punto que anuncian el nacimiento de un año mas.
Cinco minutos, y nada de taxi. Todos llevaban pasajeros, que al igual que yo se iban a encontrar con sus seres queridos.
Como caído del cielo, a tres casas de donde yo me encontraba se detuvo uno, y dejó a una señora, que al bajarse del vehículo, fue recibida por unos niños que gritaban felices, “!Llegó la tía, llegó la tía!”.
Me abalancé sobre el taxi, evitando que alguien mas lo pudiera tomar primero que yo.
Sin preguntarle al taxista cuanto me iba a costar la carrera, abrí la puerta y subí en la parte de atrás.
--¡Señor, a la calle 123 con carrera 72!
--De aquí hasta allá son doce mil pesos (5 dólares con 45).—Dijo el taxista.
--Bueno, dele y rapidito.—Me pareció cara la tarifa, pero que podía hacer ante la extrema situación.
Volví a mirar mi reloj el cual me mostraba que a este año barbudo le quedaban solo 17 minutos de vida. Pensaba que aún había tiempo de llegar.
Mientras el taxi atravesaba la ciudad, podía apreciar como en las terrazas de las casas las familias estaban reunidas, mientras bailaban al compás de la música que sonaba en sus equipos de sonido.
Recosté mi cabeza sobre el asiento del taxi, cerré los ojos, tratando de relajarme mientras retumbaba en mis oídos aquella famosa canción de Aníbal “Sensación” Velásquez.
Aquel relax se vio interrumpido por el repicar de mi teléfono móvil. Miré el identificador de llamadas. Era mi novia.
-- Aja, nena.—Contesté.
-- ¿Papi, la llegaste donde tu abue?
-- No amor. !De buenas que voy en un taxi!
-- Acuérdate de saludarme a la señora Martha y al señor Ubaldo. Les das el feliz año por mi, ok?
-- Si mami, tu tranquila que no se me olvida. Le dices a tu mamá que me guarde pavo.
-- Bueno papi cuidate. Te quiero un resto!
-- Listo mami, yo tambien te quiero mucho. Ve que me guardas pavo. ¡Nos vemos el proximo año! Je je je
-- Chao, tonto! Muaa!
Al mismo tiempo que guardaba el móvil en mi pantalón, el taxista redujo la velocidad rápidamente.
-- ¿Que pasó?
-- Parece que allá adelante hubo un choque. – Dijo el taxista de lo mas tranquilo, mientras se desabrochaba el cinturón de seguridad.
-- ¿Será que este trancon se demora?. – Pregunté un poco nervioso.
El taxista no dijo palabra alguna. Abrió la puerta y se bajó. Dio unos cinco pasos hacia el frente, y desde allá me gritó: “Huy marica, la vaina es de muerto. ¡Hay una chorrera de sangre en el suelo!
-- ¡Jueputa, esta mierda me va a retrasar!. – Exclamé dándole una patada al asiento del chofer.
Mire hacia atrás para ver si el taxista podía dar reversa, y salir de ese maldito trancon, pero para mi decepción la fila de autos lo único que hacia era aumentar.
Estábamos en una de las vías de mas afluencia de trafico vehicular de la ciudad, y por aquello de la hora, y la fecha, los cláxones de los automóviles detrás de nosotros no se hicieron esperar.
El ruido de las bocinas me empezó a fastidiar. Miré mi reloj y me quedaban diez minutos para llegar a tiempo.
Cuando me disponía a bajar del taxi y decirle a los autos de atrás que dejaran de hacer ruido, una mujer se me adelanto, se bajo del auto que estaba en el carril al lado del taxi donde me encontraba, y gritó sin pena alguna:
-- “Dejen la hijueputa bulla malparidos, no ven que hay un jueputa muerto allá tirado”.
En ese mismo instante los conductores que la escucharon dejaron de tocar la bocina, y algunos no aguantaron la curiosidad de bajarse de sus autos, e ir a ver quien era el muerto.
-- !Pasen por arriba, malparidos!. – Agregó la mujer, quien se veía un poco ebria, mientras un joven, que imagino era su hijo, la obligaba a subir al auto.
Busqué con la mirada al conductor del taxi, pero no lo pude hallar.
Me imaginé que había ido a ver al muerto.
El ruido de las bocinas de los autos cada vez se escuchaba mas lejos.
El sentimiento de curiosidad por ir a ver el cadáver de la persona que se encontraba tendida en la calle a pocos metros de donde me encontraba, opacó a la angustia e impaciencia que me gobernaba al saber que este impase retrasaría el encuentro con mis seres queridos.
Pasaban los minutos, y en mi mente me decía que estar dentro del taxi no ayudaría en nada a que la fila de autos delante de mi comenzara a moverse, así que me decidí a bajar del auto y fumarme un cigarrillo.
Abrí la puerta del taxi, salí y la deje abierta. De mi chaqueta saqué el paquete de cigarrillos. Tome uno lo lleve a mi boca, lo encendí y aspire la primera bocanada de humo, como si fuese la panacea a la impaciencia que embargaba mi cuerpo.
Me senté a fumar en el muro que divide la calle del bulevar. Aspiré de nuevo aquel veneno que sabía que algún día me llevaría a la muerte, pero que por el momento me brindaba bienestar. Una voz en mi cabeza me decía: “Marica, vas a llegar tarde”.
Cerré los ojos para tratar de calmarme, y puse la cabeza entre mis manos, las cuales se apoyaban en mis rodillas.
Sólo un grito cargado de llanto, logró sacarme de la calma que estaba alcanzando.
Giré mi cabeza lentamente hacia donde se encontraba el accidente como a diez autos delante de mi. Vi mucha gente, pero no pude ver a la persona que seguía gritando.
-- ¡A las familias de los que se chocaron se les acaba de cagar el año nuevo! – Me dijo un señor que venia de observar el accidente, y se dirigía hacia su automóvil.
Con lo que el desconocido me había dicho, deduje de inmediato que no era solo una persona muerta, sino que eran varias las personas afectadas por el accidente.
Me levante del bordillo y empecé a caminar donde se encontraba la multitud presenciando la tragedia.
-- Huy marica! Se le salieron todos los sesos a ese man! – Le gritaba un joven indigente a otro, sujetando con una mano una pequeña botella de pegamento para zapatos cerca de su boca, mientras le hacia señas con el otro brazo para que se acercara a ver lo que él ya había descubierto.
Al llegar al sitio del accidente, me di cuenta que era un choque de autos. Eran una camioneta Ford 150 que había colisionado contra un Renault Twingo de color azul. La peor parte como es de imaginarse la llevó el Renault.
Como pude me hice camino en medio de la gente, tratando de apreciar mejor aquel cuadro nada agradable de fin de año.
Era cierto lo que había gritado aquel indigente en su enajenación, y no logro imaginar en su “elevación” de que color pudo haber visto la sangre de aquel muchacho, pero lo que si puedo decir es que era un reguero de sangre y sesos en el pavimento.
-- ¡Menos mal que cogieron al comemierda ese que se pasó el semáforo en rojo! –Decía al aire una señora que vendía cigarrillos y chicles en la esquina de aquel semáforo violado.—¡El es el único culpable de la desgracia de esos pobres jovencitos!
Cuando ella dijo eso me percate, que detrás del volante del Renault, se encontraba el cuerpo sin vida del joven que conducía. Tenia el cinturón de seguridad puesto, pero el impacto fue tan fuerte que ni eso lo pudo salvar. Deduzco que el golpe fue demasiado fuerte, por que en la silla de al lado del conductor, viajaba el joven que del impacto, atravesó el vidrio panorámico y fue a tener a la carretera como a siete o nueve metros del sitio de la colisión.
-- La señora que grita y llora, es la mamá del muchacho que venia manejando. Como que vive o estaba por aquí cerca por que no se demoro nada en llegar y ver a su pobre pelao allí.—Seguía diciendo aquella señora, como tratando de poner al tanto a aquellas personas que llegamos tarde, y que queríamos preguntar, pero no nos atrevíamos.
No muy lejos allí, podía escuchar Aníbal Velásquez seguir impregnando toda la atmósfera con su triste y premonitoria melodía.
Miré mi reloj y no era cierto lo que decía aquella canción. No faltaban cinco pa’ las doce. El año 2005 agonizaba, pues solo quedaban dos minutos para que hiciera su arribo el 2006... el año del mundial como le llamaba “proféticamente” mi papá.
Algo dentro de mi me hizo hacer un alto en la angustia por no llegar a tiempo a donde se encontraba mi familia, y empecé a darme cuenta que habían cosas peores que mi retrazo. Estaba presenciando el cuerpo de un joven que tenia a su madre a escasos metros de distancia, y que jamás podría volverle a desear un feliz año nuevo.
Mi móvil vibró. Como invocado por mi anterior pensamiento, mi padre me estaba llamando...
Para leer la segunda parte, de click aquí
Frase de la Semana : "Ve a menudo a la casa de tu amigo, pues la maleza prolifera en un sendero no recorrido"
Ralph Waldo Emerson