SEMBLANZA DE UN AMIGO

Escondido tras unos cristales que apenas permiten ver unos ojos cansados, miopes, algo ausentes, que intentan mirar la vida desde un nuevo rincón. Cabezota, terco, bruto... así es para muchos, pero quizás solo unos pocos puedan ver su mundo interior, escondido, oculto a oídos ajenos y solo a ellos asombre cada nuevo día. Su carácter se diría algo agrio, seco, cortante. Cuando se enfada puede estallar como un volcán que a través de su boca arroja hacia el exterior afrentas, improperios, reniegos y maldiciones.
La vida nunca se comporta como uno quiere y desde muy joven guardó para él su aspecto más amargo. Perdido en la inmensidad de un mundo de tinieblas, tinieblas engañosas con brillos de colores estridentes, con sonidos envolventes que lo ahogaban en un torbellino sin salida. Un mundo de alegrías que lo mantenían eufórico, exultante, rebosante de un espíritu etílico que lo emborronaba todo. Fue arrojado a un no vivir. En su mundo no existían problemas, pero todos los que vivimos sabemos que sin problemas lo que no existe es mundo.
Esas luces que solo él veía le condujeron a un túnel del que no podía escapar. Quizás ni siquiera se percataba que estaba atrapado. No sintió la necesidad de huir hasta que un día ese túnel se derrumbó.
En la vida, a veces, para continuar hay que morir. Dormirse en una vida y despertarse en otra. Así empezó su lucha, su lucha por vivir. Se dio cuenta que en el mundo donde había despertado los problemas existían y le atrapaban, pero fueron esos problemas los que le hicieron consciente por fin, de estar vivo. En su desesperación deseó renunciar a todo y ya no pudo.
Estar vivo duele. Antes no era consciente del dolor y ahora le embarga el alma, pero como un quijote a lomos de su rocinante, se ajusta su armadura e inicia su largo recorrido por este lado de la vida. Aquí, en esta orilla, la desconfianza se erige como su mejor consejera, le acompaña allá donde va. Recela de todo y de todos. Quizás sean esos recuerdos atrapados en las vastas redes del pasado los que sobrevuelan por encima de una realidad que está aprendiendo a conocer. Se ha arrojado, aún sin creerlo, a un mundo donde la gente se preocupa de la gente, donde ahora, y como justa recompensa a su esfuerzo, se le disculpan cosas impensables para otros. Como a un hijo pródigo se le acoge de nuevo en la sociedad, aunque él, a veces, no quiere verlo así. Desde este lado se empieza a conocer su otro yo, ese que intenta ocultar a todos, ese que aparece tras unos cristales que enmascaran una dudosa timidez y allí, acurrucado en su interior, nos muestra un gran corazón, un corazón envuelto por capas de desdén, miedo, inseguridad..., pero que cuando logra sobreponerse y desnudarlo, sale al exterior irrumpiendo con una fuerza difícil de controlar.
Cuando permitiendo la entrada a su entorno se le llega a conocer, se aprende a quererle y, aunque a veces yerre, como cualquier humano, alejando de nuevo la compañía, la convivencia, cuando rechaza al que tiene a su lado, solo basta resistir el envite, esperar y el diálogo de nuevo aparecerá, pues ya forma parte de él y no quiere perderlo.
Podría cambiar, mejorar, pero debe recordar que nosotros mismos somos nuestros peores jueces y en muchas ocasiones nos infravaloramos ante alguien o ante algo. Si uno es capaz de sobreponerse a sí mismo, lo demás lo otorga el tiempo.
Tal vez por la oscuridad que reinó en su vida durante un tiempo, por su alejamiento de los que le querían, o por dejarse perder sin necesidad de reencontrar el camino, fue conducido al abandono, a la invisibilidad ajena, diluyendo, poco a poco, la escasa confianza que anidaba aún en sí.
Esa confianza olvidada, perdida en su vida de antaño, encadenada a los colores estridentes que no desea ver jamás, esa confianza, no encuentra el retorno. En su cabeza revolotean, anidan, van y vienen grandes pensamientos que casi nunca se atreve a exponer. Dice que necesita tiempo para madurar esas ideas que se arrojan sobre él como una bandada de pájaros negros dispuestos a devorar la cosecha. Quizás solo sea falta de seguridad porque a medida que se deja conocer se transluce una inteligencia que intenta ocultar, enterrar en un mar de desconfianza hacia sí mismo, porque él no confía en él y cualquier pensamiento es una nueva falta cometida, un error, un humo que debe ser disipado.
Quizás piense que el tiempo desperdiciado le ha robado esa capacidad que tan fácil ven, él en, los demás. Pero, Amigo, amigo con mayúsculas, estás equivocado, la inteligencia se nutre de conocimientos y estos no solo se adquieren en los libros. La vida ofrece conocimientos y experiencias que difícilmente pueden encontrarse encerradas entre las letras de un compendio de saber vivir torpemente encuadernado.
Tu inteligencia te puede llegar muy lejos, tan lejos como uno desea, solo hay que arriesgar y confiar en vencer. Las dificultades serán muchas, pero las metas solo las puede fijar uno mismo.
Este eres tú, mi amigo y este es mi pequeño regalo. Felicidades.
Comentario:
Jo... qué tia, qué despliegue. Y vaya un regalazo. Como dicen por arriba ¡¡yo también quiero!! :P
Comentario:
Me ha encanto pasear por tus letras bella lección de lo que es una amistad de verdad...
Un beso en la punta de la nariz
Un beso en la punta de la nariz
Comentario:
Jo, yo quiero amigas como tú, que muestran tales sentimientos tamizados por la amistad.
Nos leemos
Nos leemos
Comentario:
te dejo besos, white :)
Comentario:
buena semblanza de un Amigo, con mayúsculas, que junto a ese consejo que le das, hacen un escrito muy hermoso y excelente.
un placer leerte, white.
un placer leerte, white.






