DIÁLOGO DE LOCURA

_ ¿Qué haces aquí? No te he invitado.- La voz temblorosa apenas abandonaba las cuerdas que le daban identidad.
- ¿Quién tú a mi? ¿Te has olvidado de nuevo quién es el dueño? No oses dirigirte a mí. Cuando yo hable tú sólo puedes escuchar, ¿lo entiendes estúpido incompetente?
- Tú no eres nadie, ¿me oyes? Tú no eres nadie.-gritaba a un auditorio vacío, inmerso en la quietud de una habitación sin más vida que él mismo. Tenía que echarlo, no podía permitir que de nuevo se apoderara de él.
- ¡Qué pronto olvidas! Yo soy quien te guía, quien te indica el camino.
- ¡Vete! ¡Desaparece! ¡Déjame vivir!
- ¡Pero qué sabrás tú qué es vivir! Sin mí apenas eres un estertor de vida. Yo te muevo los hilos, te digo a dónde ir, cómo llegar, con quién te puedes cruzar…
-¡No! ¡Déjame! Tú me hundes en el abismo y no quiero caer de nuevo. Por favor-decía suplicante, lloroso- por favor déjame vivir.
- Por favor, por favor… Ja, ja, ja… ¡Eres patético!
- No te oigo, no puedo oírte, no debo oírte. Pondré música. La música acallará tu voz.
- Pobre ingenuo. ¿Aún crees que estoy cerca de ti, alrededor tuyo, que puedes cerrarme la puerta con los sonidos de unas notas que nunca enmascararán mi voz? Mi voz que surge desde tu alma, mi voz que es la única realidad que te alimenta, mi voz que te ha llevado hasta…
- ¡Calla!- Las lágrimas empañaban unos ojos desvaídos, mediocres desteñidos de lucidez. Unos ojos que se borraban, que se desdibujaban en sombras y que, irónicamente, se hacían más opacos para renacer a una realidad distorsionada, dirigida desde su yo más oscuro y así alcanzar la luz mortecina de la locura.
- Pero no llores- decía complaciente desde el otro lado del engaño al que su mente irremediablemente le conducía. Tranquilízate-la voz se sosegaba su espíritu maltrecho, roto de nuevo, lleno de grietas por donde la palabra podía penetrar, acariciando con tonos callados, quietos, suaves, acunando al niño desvalido para, una vez en sus garras, destemplar de nuevo su espíritu.
- No debes sentir la angustia de mi compañía. Yo soy tú y te quiero. Ven conmigo y te transportaré a sueños infinitos, sueños reparadores donde no habrá angustia, donde la vida está más allá de tus limitaciones. Ven, sígueme. Te haré feliz…
Las lágrimas ahogaban su entereza, esa que apenas había podido brotar en un momento de lucidez. No podía más y la voz lo sabía. Había luchado contra todos y contra él mismo y había perdido. La voz le tendía su mano, no podía resistirse, no quería resistirse. ¿Por qué luchar más? De su mente apenas un brillo apagado le mostraba otros caminos y en ese camino la vio. Tal vez fuera sólo su sombra, pero fue el acicate necesario para no estrechar la mano que la voz le tendía. Recordó que una vez ella estuvo allí, junto a él y que no estaba solo. Se arrastró hacia la mesilla. Las fuerzas escapaban intentando enmudecer la voz con el sonido de las palabras de ella. Apenas un último esfuerzo y se vería libre de nuevo.
El agua discurría por el angosto cañón de su garganta arrastrando las píldoras que le liberarían de la voz. ¿Por cuánto tiempo? Ahora eso no importaba, le había vencido otra vez y ella desde sus sombras le sonreía.
Comentario:
Quien tuviera alguna de esas píldoras para de vez en cuando no escuchar voz alguna.
Comentario:
y repito, este diálogo es genial, White, mi niña.
estoooo
¿te había dicho que eres genial escribiendo?
estoooo
¿te había dicho que eres genial escribiendo?
Comentario:
Andamos que lo derrochamos, white, un gusto de letras, aunque estén en el límite de todo. Enhorabuena, éste me lo quedo.
salud
salud
Comentario:
stulticia, stulticia...
divina !
:)
un beso
divina !
:)
un beso
Comentario:
gracias, te buscare y te leere
Comentario:
Impresionante. Es la primera vez que entro aqui, por consejo de Betote, y la verdad que no será la única.






