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VACÍA



Vacía, extrañamente vacía. Fría, como una lápida de mármol lavada por la lluvia. Hueca, como un campo estéril que jamás diera su fruto. Abandonada, como una novia dejada ante del altar. Sola, como una estrella que agosta sus días en un cielo infinito. Traicionada, como el niño al que se le promete la luna y siempre anochece nublado. Triste, como el que sabe que la felicidad está acechando pero nunca se deja tocar. Furiosa, como el que está hastiado de promesas que jamás se cumplirán. Desaliñada, como un vagabundo que nada le importa ya. Traspasada, como la carne asaeteada por una flecha ponzoñosa. Afligida, como la viuda que llora lo que nunca volverá. Atormentada por lo que nunca fue y nunca pudo haber sido. Desesperanzada, como el que perdido sigue un rumbo que a ningún lado le conducirá. Dolorida, como un perro al que no dejan de apalear. Hastiada, como el reo que sólo ve a través de las rejas su escasa libertad…
Vacía, fría, hueca, abandonada, sola, traicionada, triste, furiosa, desaliñada, traspasada, afligida, atormentada, desesperanzada, dolorida, hastiada…, y a pesar de todo me pregunto si lo volvería a intentar.

©white





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HÉCTOR
Como un héroe en el campo de batalla, como un Dios a las puertas del paraiso, como el sol del que nace la luz que nos alumbra, así te te sentí ayer. Ayer, qué lejos y qué cerca. Aún resuenan tus palabras, tus risas, tus gritos, tus silencios... Aún calientas con tu aliento los corazones de los que te escuchábamos.En el recuerdo de tu imagen, brotan lágrimas de emoción, de orgullo, de pasión.

Yo estuve allí, junto a la muchedumbre, en la soledad del que cree que tus palabras eran sólo para mí, sólo para cada uno de los que aguantábamos la respiración con la historia que nos contabas. Te crecías, cada minuto alcanzabas un centímetro más, un metro más, eras omnipresente, único, inmenso, lo llenabas todo. Apenas el tiempo pasaba a tu lado y veloz se escapaba para nuestra desdicha. Tiempo maldito que debiste detener tu alma para que manase la suya eternamente.

Cuando el telón cayó y la luz se hizo oscuridad, el Dios que nos miraba se tornó en humildad, el gigante en niño, la orgullosa rosa en delicada violeta. Nos acercábamos con respeto, no queríamos molestar, a todos atendías, a todos agradecías que hubiésemos ido y era a ti a quien debíamos agradecer tu porte, tu esfuerzo, tu bien hacer, tu entrega, tu pasión.

Vi a un Dios en escena y a un hombre excelente al caer el telón. No sabría decir cuál de los dos me impresionó más.

Gracias Héctor por llevarnos a través de ese túnel que construyó Sábato y que ahora habitas tú.




(Ayer vi el Túnel de Ernesto Sábato interpretado por Hector Alterio, si tenéis posibilidades de verlo, no os lo perdáis, merece cualquier esfuerzo para disfrutar de una gran obra y de uno de los mejores actores que hay ahora en la escena de Madrid).


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Y TE TUVE ENFRENTE


Y te tuve enfrente y no te quise mirar, no.
Tus ojos ansiaban beber de mis adentros,
y mis adentros helaban sus aguas para no saciar tu pasión.
Aunque mi corazón se coagulaba, la última gota brotó,
rojo encendido que la llama ahogó.
Y tu alma me buscaba y mi alma, herida, desertaba de nuestra unión.
Estabas tan cerca…, pero no eras para mí; no, ya no.
Destino burlón que juega con nuestras huellas, ahora las muestra, ahora no.
Y fuiste maestro de la burla y escapaste al camino que el destino planeó.
Pero nadie engaña a los Dioses si el destino ya decidió.
Y te presentas a mi vera, sin más arma que tu amor,
pero no vienes solo, ni sola estaba yo.
El amor no es arma suficiente para retar a un Dios.
Y de nuevo te tuve enfrente, y no te pude mirar, no.


©white


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11 DE SEPTIEMBRE
Sería difícil describir los sentimientos que me embargaron aquel 11 de septiembre de 2001. El horror de unas imágenes que bien podían ser los efectos especiales de una más de las películas de violencia extrema con las que nos regalan cada día, pero no, no eran efectos especiales, era la dura y cruel realidad de la maldad humana hecha película, la película más vista de la humanidad, si se hubieran empleado medidores de audiencia (que supongo que sí se hizo).

Este año he visitado Nueva York, y morbo o no, una visita a la zona cero no se la pierde casi nadie que va a ver esa extraordinaria ciudad.
Casi se intuye que estás cerca por el silencio, un extraño silencio abre paso al terrible espectáculo del horror. Un silencio inundado de ruidos de máquinas que se esfuerzan aún por devolver una normalidad que nunca llegará, pero a pesar de la máquinas, se oye el silencio y dentro de él, en sus entrañas más negras oyes el drama revivido en tu alma y te estremeces y en agosto y en plena ola de calor sientes frío. Parece que duele más, que sangras más al estar cerca. La visión de la cruz formada por las dos vigas te sobrecoge y apenas puedes contener el llanto. No debería doler más por estar más cerca, pero allí, en la gran mella, el el hueco del espanto todo parece más real, las fotos de los héroes (como ellos los llaman), la iglesia que abre sus puertas delante de lo que fueron las Torres Gemelas te rompe: las cintas de colores dejadas allí por los niños, los deseos de esperanza, de fraternidad, de dolor. No sé quizás, hoy me duele más el recuerdo de aquella barbarie. Sigo sin conocer a las víctimas, siguen estando tan alejadas de mí como en el 2001, pero oí su llanto y ya no lo puedo borrar.


©white