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HOY NECESITO VELAR SU ALMA


Hoy necesito velar su alma, guarecerla, silenciarla de las nubes que la turban sofocando su temor. Necesito velar a aquella niña que en el olvido desapareció. Velar sus sueños, velar sus esperanzas, velar sus temores, y su indefensión. Ya no queda niña, el velo la engulló, su cuerpo vacío, deshabitado, magullado, sin ilusión. Se lo han robado todo y quiere perderse en su adiós.

Hoy necesito envolver en velos de caricias su cuerpo roto, marchito de amor. Un cuerpo sin encuentros anhelados, yermo y amoratado en su interior. Necesito acariciar sus soledades, sus miedos, su horror. Mecer su cuerpo indolente, desgarrado de abandonos, despreciado de odios vestidos de tu manoseado amor, golpeado con golpes indignos, lacerado, mutilado y echo añicos sin compasión.

Hoy necesito guarecer su último aliento, insuflarle de nuevo amor. Decirle que la vida es vida, devolverle una razón, razón que mantenga la llama de sus ojos, devolverle al alma su color, color que perdió a golpes de aquel que la desamó.


Hoy es el día internacional contra la violencia a la mujer. Siempre hay una esperanza, siempre hay una mano tendida.
 
VIAJE A UNA PRIMAVERA SIN FLORES



Un sonido repetitivo martillea mi alma. Una guitarra arranca acordes malditos, acordes de muerte, de ausencia, de desesperación, una nota grita con mi alma, y otra templa su voz, una nota ronca de cordura que intenta consolar mi dolor, pero el alma no entiende de corduras cuando dices adiós.

Mayo marchita las rosas que noviembre floreció. Ya no vuelan las cigüeñas en los campanarios y se deshilacha en rencores la alfombra verde que tapizaba lo que yo llamaba corazón y tú, con sonrisa amarga, llamabas tizón. La muerte se disfraza de viaje eterno, porque muero al dejarte marchar. Te abro la puerta: Escapa y deja mi corazón morir en paz.

Malos tragos de vida amarga, de suertes sin suerte, de odiar por amar. La vida la ahogo en una botella y ella decide flotar. Mala suerte la nuestra, no habrá primaveras con flor, el invierno viaja hasta el otoño y no detendrá su paso en una estación sin color, esa parada tu ausencia la borró. Se ha instalado en nosotros el hielo y el huir no te templará. No hay fin para la tortura cuando los verdugos somos los dos. Te escapas pero no puedes marcharte, no sin mí, no eres Dios.

Fui el veneno que secó las flores, el tóxico de nuestra pasión. Me embadurno de ponzoña y arremeto contra lo que huela a amor. Rompo la cuerda de la guitarra, el cordón umbilical que nos unió, y en el silencio de aromas que se fueron grito con su voz. Voces prestadas de guitarras que lamentan y se duelen hasta la extenuación, intento envolverte de notas, de gritos, de dolor, de amores perdidos y de desesperación, pero tú no estás para escucharme, no estás, dijiste adiós.


Este es un pequeño regalo para WOLFO que me hace reír todos los días. Está inspirado en una de sus composiciones musicales, "EL VIAJE" que podéis escuchar en su blog:

http://otradewolffo.blogspot.com/

Espero que te guste, hasta aquí ha dado hoy mi inspiración. Besito
 
JUEGO DE NIÑOS



Me veo en color sepia. Pupitres verdosos, coletas separadas por fronteras que alineaban el pelo en dos bandos irreconciliables, separados por un espacio que no permitía el transito. Veo patios de recreo desdibujados en la memoria, escalones que albergaban nuestros más íntimos secretos. Árboles que nos daban cobijo bajo su sombra y en cuyas ramas colgábamos los sueños que nunca serían. Los baberos que protegían los uniformes, manchados de colores de esperanzas, de deseos de edades inalcanzables donde todo sería, donde todo se escribiría en letras de oro, el amor, la diversión, los viajes a mundos lejanos… Oigo nuestros gritos, cantos de corros bulliciosos cuyo eco sólo pervive en la memoria, cuerdas que se balanceaban en las esquinas de los pocos años, libros cuyas páginas eran la puerta por la que escapábamos a otras realidades, a otros mundos venideros. Ya no había profesor en la pizarra, ya no había monja que atropellase libertades con el miedo de las llamas de infiernos diseñados para atormentar los años que comenzaban. Las ventanas nos empujaban en un vuelo hacia el infinito, hacia ese mundo que soñábamos alcanzar cuando la edad nos cogiese entre sus fauces. Porque son fauces desgarradoras, insaciables las que nos arrojan años encima, uno, otro, otro más siempre sumando que es mejor que restar.

Me veo en blanco y negro, otros libros, otros colegios, otros sueños. La edad me va alcanzando y las ventanas cierran sus cristales evitando alzar el vuelo, pero alguna rendija olvidada me incita de nuevo a soñar, pero cada vez menos. La cuerda deja de balancearse, los corros dejan de girar, las canciones duermen olvidadas, la edad nos va alcanzando y el peso de los años nos hace olvidar. Olvidamos secretos, olvidamos ilusiones, olvidamos esperanzas... Ya no somos niños, ya no podemos jugar, las risas se tornan responsabilidades, los tableros de piezas en puzles de vida, los amores infantiles en vidas acomodadas a certezas jamás codiciadas, y los juegos de niños se tornan en cargas de adultos y su peso es el lastre que, a veces, nos impide volver a soñar.

Veo en color unos niños que juegan en la Plaza, oigo sus risas, sus canciones, sus cuerdas balanceándose y me pregunto si, al pasar los años, el color también les abandonará
 
LLUEVE


Llueve. Las gotas recorren el sendero de la eterna caída. Se desplazan dando tumbos, girando y deslizándose, recorriendo caminos efímeros que les conducirán a la tierra, esa tierra tan necesitada, tan sedienta.
Llueve. Mi mirada se funde con el infinito de tiempos que se estancan. El jardín se desdibuja en una gota que cae de una hoja. Con la nostalgia de nubes que lloran me pierdo en tu recuerdo, en tu voz. Te vi, no sé que me impulsó a dirigirte la palabra, una excusa tonta que rompería nuestros silencios. Pero no iba libre, me blindé el corazón. Supe que te encontraría tras esa esquina y fui a tu encuentro. Tú no me esperabas. Tal vez me sintieras cerca, sabes que cada día y a la misma hora paso por esa esquina, pero no esperabas oír mi voz. Algo relacionado con el trabajo, algo aséptico, algo necesario, algo que otros podían haber solucionado pero... hacía tanto que no escuchaba tu voz dirigida a mí. Me blindé, empapelé mi corazón de falsas enterezas, entoné la voz de áspera profesionalidad, sonreí con una fría sonrisa esterilizada de sentimientos, no podía dejar escapar emoción alguna. No debías entrever cómo mi corazón sangraba lágrimas de dolor.
No, tú ya no existes para mí, para mi yo externo, para ese que todos ven, la perfecta figura, el personaje recubierto de aplomo y saber estar, pero la pequeña sombra que habita en el rincón más recóndito de mí misma sabe que las fisuras rompen los grandes diques, que una simple semilla es capaz de agrietar el asfalto más duro y no lo podía permitir.
Te llamé. Por dos veces pronuncié tu nombre. Me oíste a la primera, y tu cuerpo se paralizó, sabías que era yo. Te giraste y el color había desaparecido de tus mejillas. Educación ante todo, te expliqué y me escuchaste, ya sabías del tema. La semilla intentaba germinar, debía irme, escapar rápido, no podía permitir que se descompusiera mi fachada. Vale, fue la palabra de despedida. Sí, vale. Me alejé con la dignidad del que ha cumplido su obligación y con el corazón encogido. No te vi marchar, no podía girar la cabeza, sé que no te habrías girado, pero no podía, no debía. Nadie percibió, nadie imaginó y creo que por un instante, por uno sólo, nuestras almas se encontraron. Vale.
 
BALANCEARME EN TU SONRISA



Hoy quisiera perderme en tus brazos ardorosos, balancearme en tu sonrisa aletargada de tiempos no compartidos, sumergirme en tu mirada felina evocando serenos equilibrios, caminar ingrávida sobre los pasos que tú alfombraste trazando en mi vida el camino.
.

Hoy quisiera reír tu risa melancólica, evocar tus lamentos y quejíos, borrar lutos aciagos con besos de olvido, retener entre mis dedos pesares y desvaríos, ser la música que acompasa tu senda y para ti dibujar consuelos con el fervor de un niño.

Hoy quisiera respirar de nuevo tu aroma, dormirme acunada con tu arrullo o tu delirio, requiebro ganado al pasado cuando te sentía muy adentro y te sabía mío, que esta noche te enredes en mi deseo y al amanecer se deslíen nuestros cuerpos fundidos.

Hoy quisiera estar contigo y no encuentro el camino.
 
RETRATO 6



Luce sus ochenta y pico años con canas inmaculadas y sonrisa distraída. Su bastón, apoyo de años mal vividos. Sus recuerdos lejanos anulan el olvido de imágenes venideras. Se bandea por las calles a lomos de esperanzas tardías y soledades ciertas. Habla con la sabiduría de los viejos y es escuchada por oídos principiantes de imberbes adolescentes. Infunde confianza, respeto y sobretodo cariño. Señora de tiempos antiguos, sólidas raíces, firmes creencias y ajada alegría. Cuerpo herido, mancillado por rotos de un pasado no que no cicatriza. Viuda de hombre, esposa de olvido, madre indestructible y solitaria penitente de oraciones eternas. No disculpa la mentira, desafía a los embaucadores, huye de calumnias, desenmascara codicias. El pan, pan y el vino, vino que ya no tiene edad de lisonjerías ni tiempo para halagar falsas conciencias. Complaciente con el que lo merece, amiga de sus amigos, abierta a nuevas ideas, cerrada siempre al desatino. Sus pocos años que le quedan los vive con honor del antiguo, cabeza alta siempre, que ella a nadie hirió y aunque en guerras fratricidas se perdió nunca de la venganza hizo su destino. Olvidar nunca olvidó, el perdón es don divino y ella sólo es mujer de campo y sola sigue su camino, que los hijos ya se fueron y no quiere ser estorbo ni sufrirlo. Su mente le juega pasadas y donde antes había olvido ahora surgen de nuevo batallas y le sangran las heridas con sangre de extravío, heridas que se habían cerrado y del recuerdo han renacido. Y sangra y sufre y se revela y en su desvarío llama a un padre que se quedó en el camino, en el camino de sus pocos años al que retorna en un último suspiro.
 
REMENDANDO SOLEDADES


Sus muchos años no pesan en la pista de baile. Sus arrugas se dilatan haciendo que la vida vivida renazca de las cenizas de un recuerdo que moraba, anclado, en el olvido.
Las manos se posan suavemente, acariciando su espalda herida de tiempo, huida de cariño.
La música nace de viejos bandoneones que surcan memorias lejanas, tardías , que parecían sinsentidos. Las notas se entretienen en arabescos de flautas dulces que se columpian con la dulce melancolía de un piano enmudecido y se funden con las cuerdas de un cello que acaricia las añoranzas que la memoria había diluido. Soledades, que se remiendan con pasos de tango, en el invierno postergado de los años vividos.
Danzan y giran en su baile y desaparecen dolores y pastillas y sin sentidos. Giran en la pista de la vida con paso firme, pisando omisiones, distrayendo desdenes y acercando ocasos de calles desvanecidas, de ropas ajadas y corazones heridos, de vidas en sepia que, con cada giro, extravía un viejo color. Y desaparecen los ocres, y se olvidan los sanguinos, los blancos resplandecen y surge un nuevo sentido. El color empapa la pista y abruma los sentidos.
Desbordados de música, con corazones bañados de latidos, se sonríen, se besan y con las soledades postergadas, remendadas de evocadoras melodías, se dirigen a la mesa brindando por ese baile que les rescató del desamparo del olvido.




 
ECOS


Hoy lo único que me ata a ti es el eco de tu voz reverberando en mi alma como quimera de un desaire consentido.

Sábado. Un sábado más y sólo tu eco lejano se adhiere a mis entrañas. Quizás te vea pasar bajo mi ventana, quizás se crucen nuestras miradas en un ritual de ceguera eterna. Quizás tus ojos y los míos anden de nuevo el camino y coincidan y se huyan y retrasen los sentidos, porque sin querer han visto.

Hoy sábado, como aquel otro día en que nuestras voces apagaron sus imágenes, en que nuestros cuerpos abandonaron los roces, en que nuestros ecos se enredaron en los vientos, como tortura incandescente, devolviéndonos de nuevo los sonidos para no dejarnos escapar. Odiado destino de bucles perpetuos, de ecos que renacen de valles prohibidos

Hoy sábado, y tu música, palabras de alientos que apenas simulan vahos de olvido, que remueven pasados y emanan delirios. Volveré a los oníricos valles de lunas llenas, de montañas estrelladas de dolor infinito y allí, torturándome con tu ausencia ,buscaré el eco de tu desvarío.
 
CASITA DE MUÑECAS



El sol rayaba en el horizonte y los muñecos debían volver a su ilusoria quietud. Los muñecos bebés hacía rato que descansaban en sus cunitas cubiertas de restos de puntillas y encajes antiguos. La muñeca mamá daba las últimas puntaditas a un jersey que, durante el juego, se había desgarrado con una esquina rota. El muñeco papá repasaba el discurso que al día siguiente daría en el auditorio de la universidad. Era un gran profesor de inventos y hacedor de cosas raras (así lo había dispuesto María, la dueña de la magnífica casita de muñecas que, desde su cumpleaños, adornaba junto a decenas de juguetes más, su habitación). En la casita vivían otros muñecos, que por arte de la imaginación infantil, formaban todos, una familia. Y como en toda buena familia, había secretos que ni la propia María conocía.
Los muñecos bebés no crecerían jamás y esos no daban problemas. Cuando cogían un berrinche porque se les caía el chupete, o porque el biberón se derramaba, bastaba acunarlos, acariciarlos, o llegado el caso y si no podían ser consolados, dejar que se agotasen las pilas.
El papá muñeco cada vez estaba más harto de ser un profesor de inventos y hacedor de cosas raras porque era superado día a día por sus alumnos, cuyos comportamientos prefería calificar de excentricidades propias de la edad que de la mala educación que cada día era más preocupante en el mundo de los muñecos y que nadie sabía atajar. Siempre, decía:- hay que darle una oportunidad a los muñecos del futuro, son nuestra esperanza de evolucionar-. Pero él no sabía que los muñecos del futuro no eran los alocados jovencitos, que cada vez menos, dicho sea de paso, acudían a sus clases. Los muñecos del futuro estaban por inventar y no se parecerían nada a ellos.
La mamá muñeca quería ser aviadora de nubes de colores. Nunca había visto una nube de color pero en su corazoncito de plástico sabía que allá fuera, en algún lugar de la vida que no era vida, sus nubes la esperaban.
Había una muñequita muy linda y muy inconsciente que cada día, desafiaba al amanecer, regresaba a la casa más tarde y más perdida. No quería oír a sus padres que les advertían de los peligros de las noches en el país de los muñecos. Ella se reía y con un desaire dibujado como sonrisa, se encerraba en un cuarto que comenzaba a sentir como cárcel.
Los peligros en el mundo de los muñecos podían llegar a ser muy parecidos a los de los humanos, pero además eran acrecentados porque los muñecos no tenían opción de escoger, de buscar nuevos caminos, de ser libres y vivir, no. Los muñecos vivían al dictado de los caprichos de sus amos. Si tenían suerte su vida se prolongaría de generación en generación pero si su dueño era un niño destrozón, manirroto o excesivamente caprichoso su vida sería efímera, pronto serían sustituidos por otros, o peor aún, servirían de blanco de las iras infantiles de sus amos.
Esa mañana sería de vital importancia para sus vidas. María estaba enferma y no iría al colegio. La fiebre le hacía delirar y los muñecos le hablaban, le pedían, le rogaban, como se ruega a los santos que les ayudase en sus vidas. María tenía un gran dolor de cabeza, no podía seguir oyendo tanto murmullo, tanto ruido, tantas súplicas…
- No soy Dios, no puedo hacer nada, dejadme en paz.
Su vocecita llegó hasta su madre, que asustada entró en su habitación.
- María si te dije que no te levantases de la cama, eres muy desobediente.
- Yo no…
Todos los muñecos se arremolinaban en su cama, la expresión de sus caras parecía diferente, pensó la madre, se agitó la cabeza como para dejar escapar una idea excéntrica y abrió las ventanas para que la luz del sol inundase la estancia. Todo volvió a la normalidad menos la gran cantidad de muñecos que había encima de la cama.
-¿Qué significa todo esto María?
- Mamá, llévate los muñecos, no los quiero. Yo les había creado una vida perfecta, cada uno era feliz y todos se quejan, no me gustan, son malos.
-No pequeña, no son malos. Si quieres me los llevo, pero te vas a sentir muy sola sin poder jugar con ellos. A lo mejor la vida que nosotros creemos perfecta, la que nos gustaría vivir a nosotros, no es la que le gustaría vivir a los demás y puede que a tus muñecos les ocurra eso. Yo me los llevo ahora, pero piénsalo. Lo que podemos hacer es que vayas hablando con cada uno en solitario y les preguntas cómo quieren vivir, qué necesitan para ser felices. Seguro que puedes conseguirlo. Y ahora pequeña, duerme un rato.
La casita de muñecas permaneció en el cuarto y María jamás volvió a oír las voces de sus muñecos. Ahora el papá muñeco vuela cometas en el parque mientras la mamá muñeca vuela con aviones extraños sobre las nubes de colores que nacen del techo, los bebés han dejado los biberones y comen galletas y pan y la muñeca jovencita, bueno, esa todavía tiene que encontrar su camino.



 
INSPIRACIÓN



Hoy he rebuscado entre los recuerdos marchitos las palabras que me acercaran de nuevo a ti y no las encuentro.

Hoy he querido rescatar del olvido los aromas que me embriagaron en las noches rezagadas de pasión y este aire frío sólo me devuelve tu extravío.

Hoy he querido revivir miradas cálidas de pupilas incandescentes, verdes llamas crepitantes, desgarradas, de pasiones fundidas y el gélido paso del tiempo ha desvanecido hasta los vestigios de las póstumas cenizas.

Hoy he querido releer las cartas amarillas de promesas rotas, de pactos incumplidos, de desdenes efímeros y las letras se quebraban deshaciéndose en polvo de olvido.

Hoy, que ya no te tengo a mi lado, evoco caricias lejanas, sonrisas perdidas, besos furtivos y los acerco a mi rostro surcado de tristeza para que amparen la frágil soledad de tu ausencia.

Hoy me arrepiento del olvido y me pierdo en el recuerdo, en palabras, en miradas y aromas tardíos mientras la inspiración me deniega la palabra prohibida que te devolverá a mi destino.
 
¿HONRAR A LOS MUERTOS O EL DISPENDIO DE LAS APARIENCIAS?


Hoy es el día de todos los santos, así que, de antemano, vaya mi felicitación para todos los que llevéis nombres recogidos en el santoral ( que los otros con el tiempo llegarán).

Días como hoy, como ayer (según fechas en el calendario), los cementerios de todas las ciudades, pueblos y aldeas se tapizan con un manto de flores que pretenden cubrir los amores, cariños u olvidos de nuestros muertos. Las mejores flores, los centros más grandes, los ramos más vistosos compiten para adecentar un panorama de lo más sombrío el resto del año.

Yo tengo unos amigos floristas y ayer fui a echarles una mano en la tienda. Todos los años me gusta ver el panorama que después se dibujará en el cementerio y comprobar cómo la gente es capaz de derrochar (para mí es derrochar, y pido disculpas si alguien se siente ofendido por mis palabras) cantidades ingentes de dinero, que a mi parecer, y siempre me puedo equivocar, estarían mejor empleados en otras cosas. Gente que sé que pasa penurias durante el resto de año y que es capaz de gastarse casi 300 euros en centros de flores para que la tumba de sus antepasados luzca mejor que la del vecino. Gente que quiere el centro más grande, el que tiene más variedades de flor, el que se diferencie de su enemigo (si fulanita se lo ha llevado así, a mí me lo haces de otra manera), flores a granel (pensando que así saldría más barato y os aseguro que en el caso de mis amigos no es cierto, ellos cobran los centros según la flor que lleven y poco más, en algunos casos incluso 1 ó 2 euros menos que la flor que ponen pues ya les parece que el precio es lo suficientemente elevado y aunque muchos piensen que se forran, no es tanto teniendo en cuenta todos los que trabajan estos días en la tienda, pero esa es otra milonga).

Me gustaría que viérais un patio enorme lleno de centros con tantas flores como podáis imaginar, lleno de color, de vida, de aromas que se extienden más allá de las añoranzas. Centros que serán entregados a las lápidas húmedas, frías y solitarias del cementerio y que seguro que jamás en vida del fallecido fueron regaladas.

¿Qué objeto tiene regalar cinco docenas de rosas a un muerto y no habérselas regalado cuando estaba vivo? ¿Qué objeto tiene adecentar tumbas, fregar lápidas, barrer hojas, bruñir los bronces en las últimas semanas de octubre y mantenerlas en el olvido el resto del año?

Sólo una vez fui al cementerio el día de los santos y el espectáculo que ví me marcó para los restos: millones y millones de pesetas depositados sobre tumbas pugnando por ser la más. Y me pregunto yo: ¿Esto es honrar a los muertos o el dispendio de las apariencias?