Todo sobre la tele
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Este es el blog de Concepción Cascajosa Virino, Profesora Ayudante Doctor en el Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III de Madrid y autora de "Prime Time: Las mejores series americanas, de CSI a Los Soprano", "El espejo deformado: Versiones, secuelas y adaptaciones en Hollywood" y "De la TV a Hollywood: Un repaso a las películas basadas en series".
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"Daños y prejuicios", o el perverso encanto del mentorazgo
A comienzos del verano, los responsables de prensa de Canal + me hicieron llegar a mi temporal residencia estival un singular presente: una caja de donuts de esos recubiertos de glaseado que tanto me gustan acompañada de una tarjeta que, durante unos segundos, me permitió fantasear con que formaba parte de la firma legal Hewes y Asociados. Obviamente, era un esfuerzo promocional a propósito del estreno en la cadena de pago de la segunda temporada de Daños y prejuicios y el regalo anticipaba que el tema de la “dulce venganza” iba a ser una de las cuestiones recurrentes de esta nueva tanda de capítulos. Desde luego, no hacía falta tan dulce estímulo para rendirse a los encantos de una serie cuya primera temporada le había dado la vuelta como un calcetín al género judicial en televisión y que esta vez sumaba a sus protagonistas Glenn Close y Rose Byrne la participación de un par de oscarizados actores (William Hurt y Marcia Gay Harden) y una estrella televisiva en ciernes como es Timothy Olyphant. Pero, a cambio, la serie alteraba su particular estructura narrativa. La línea narrativa del presente se reducía al mínimo, avanzando apenas unos segundos en cada ocasión y, por ello, resultando a menudo insufriblemente repetitiva. Afortunadamente, los torpes comienzos eran compensados por espectacular finales en los que, casi en cada capítulo, el relato daba un giro radical que me dejaba preguntándome si verdaderamente nuestro mundo está tan podrido como el mostrado por la serie, en el que cada persona miente y manipula al dictado de sus intereses particulares.

En apariencia, el tema de la temporada ha sido realizar una aguda crítica de la mezcla de corruptelas empresariales y políticas que han llevado a la enorme crisis económica que nos azota. Pero en el fondo, lo que hemos presenciado ha sido la fase más decisiva en la labor de mentorazgo que Patty Hewes va a ejercer sobre Ellen Parsons. La apuesta más radical que ha realizado Daños y prejuicios no está en su atrevida estructura narrativa, sino en la franqueza con la aborda una figura como la del mentor, que tanto se presta a relatos edulcorados sobre ancianos sabios y jóvenes obedientes que siguen sus enseñanza. Me temo que en la realidad la cosa no funciona así. Cualquiera que haya logrado el éxito de verdad en un ámbito, sea el que sea, tiene su propia ración de cadáveres en el armario y acumula en su personalidad un buen puñado de rasgos contradictorios: ambición, inteligencia, egoísmo, capacidad de resistencia, vanidad, generosidad, arrojo… El protegido no tiene que admirar todas las facetas de su maestro e incluso en algunas ocasiones puede detestar algunas. No compartir las decisiones pero seguirlas por lealtad con la entrega de un iluminado. Pero al final, el aprendizaje lleva a sustituir el idealismo por el convencimiento de que las mismas circunstancias llevan a idénticas decisiones. Y a bombardear Dresde si es necesario: el crimen de guerra injusto para ganar la guerra justa.

Ellen Parsons realiza su mayor hazaña cuando consigue presenciar el momento en el que Patty ve las fotos que muestran a su marido con otra mujer. La hipocresía de la una y el estoicismo de la otra acrecientan la intensidad emocional de la escena. Pero no hay venganza en sentido real del término. Con ese acto Ellen certifica el triunfo de Patty sobre la personalidad insustancial que exhibió en la primera temporada y muestra que Ellen es ya una Patty en proyecto, compartiendo incluso la tragedia en la juventud que forja el carácter , el impulso a luchar por lo que justo y la determinación de hacerlo con los medios necesarios para garantizar una victoria. La ironía es completa cuando Patty filtra ella misma las fotos y salga empoderada como mujer de la situación. La escena onírica en la que se enfrenta a todos los hombres de su vida, vivos o muertos, reunidos para jugar a las cartas es un acertado recuerdo de que la serie, no por casualidad, está protagonizada por mujeres fuertes en una sociedad construida con unas reglas masculinas. Para empezar, un lugar en el que una mujer dueña y señora de su sexualidad debe pagar un alto precio por ello (véase el caso de la abogada interpretada por Marcia Gay Harden, traicionada por un mentor idealizado erróneamente). Patty sabe que el mundo (o al menos nuestra amoral sociedad contemporánea) necesita a una cruzada por los débiles y desprotegidos que no tenga miedo de luchar con las armas de los villanos y que necesita a Ellen para realizar esa tarea. Superadas las fases de negación, intuimos que en la tercera temporada, Ellen regresará convencida de que es el turno de que la alumna ocupe el lugar de su maestra.

Próxima semana: ¿Qué pasa con The Wire?
 
Comentario:
Por que Pachano ha bla toda la hora de Alfano y Pachano es maricon!!!!! a silvina escudero tiene un amante
No