Todo sobre la tele
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Este es el blog de Concepción Cascajosa Virino, Profesora Ayudante Doctor en el Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III de Madrid y autora de "Prime Time: Las mejores series americanas, de CSI a Los Soprano", "El espejo deformado: Versiones, secuelas y adaptaciones en Hollywood" y "De la TV a Hollywood: Un repaso a las películas basadas en series".
Sindicación
 
De reyes y castillos
La media temporada norteamericana, ese periodo entre enero y abril de cada año en el que las cadenas prueban nuevas series que no se consideraron lo suficientemente atractivas para el otoño, está en plena ebullición. Este año la cosecha resulta especialmente interesante por lo ecléctica y porque, francamente, la esperanza es lo último que se pierde. Los años pasan y los índices de audiencia de las series de las networks descienden a niveles preocupantes, pronto más propios del cable básico, pero la innovación sigue siendo la senda más elusiva. Quizás Kings, la serie que nos ha devuelto a Ian McShane, por siempre Al en la memorable Deadwood, en entregas semanales, sea un buen ejemplo de que, con la mayor ambición, también llegan las más altas expectativas. Con ecos bíblicos como base argumental (David contra Goliath, y todo lo que sigue), la serie se nos presenta como si los Estados Unidos, tras algún acontecimiento parecido a lo que sucede en Jericho, se hubiera convertido en un reino de taifas, con pequeños estados gobernados por reyes o dictadores militares. No importa. La cuestión aquí es contraponer las vidas paralelas del viejo rey que ve acercarse el ocaso de su vida con la del joven militar llamado a ocupar a la vez, su trono y el corazón de su hija. Por medio, una reina con afanes conspirativos, una princesa con aspiraciones de reforma social y un príncipe en el armario cuyas correrías nocturnas son pasto para la prensa sensacionalista. Y es que todo en Kings es muy parecido al mundo contemporáneo, incluyendo un magnate con intereses en la industria armamentística con poder para alargar las guerras mientras sea necesario para beneficio de la cuenta de resultados. Resulta muy poco probable que un país en permanente guerra deje que su corte se sitúe en un perfectamente atacable rascacielos, pero la metáfora del rey como presidente del consejo de dirección de una empresa funciona. Kings parece tener los mimbres (actores, lujosos valores de producción, un planteamiento atractivo) y no se puede discutir que la serie hace un esfuerzo por buscar ecos de Shakespeare, desde la inclusión de sus particulares Rosencrantz y Guildenstern al gusto con que las batallas militares funcionan como expresión de los conflictos internos de los personajes.

Pero tengo la impresión de que los guionistas contaron demasiadas cosas demasiado rápido en su doble capítulo inicial y que todo ha quedado tan perfectamente trazado (como la coronación alegórica de David presenciada por quién ha de sustituir) que como espectadores no nos queda nada que explorar y descubrir. Mientras se puede acusar a la mayor de las series con mitología de cansar al espectador aplazando una y otra vez las respuestas, Kings se quema como una cerilla con una rapidez pasmosa y tiene que cambiar la geopolítica por tramas más propias de Gossip Girl. Y es una verdadera pena, porque una de las secuencias de capítulo piloto (la asunción por parte de David Shepherd lo que verdaderamente ocurrió en su momento de gloria y su segundo enfrentamiento con los tanques blandiendo la tela manchada de sangre) me parece, estética, dramática y emocionalmente, uno de los grandes momentos televisivos de los últimos años. Sólo que me hubiera gustado mucho más en un final de temporada, como recompensa, que en el piloto, donde se deben crear sobre todo expectativas. Aunque no podemos negar a la NBC crédito por el riesgo asumido por la serie y por la oportunidad de emitir los capítulos producidos a pesar de los índices de audiencia, ridículos, conseguidos.

Quizás la opción más conservadora tomada por otras cadenas sea más rentable. La ABC nos ofrece como una de sus entregas de media temporada Castle, que a pesar del título no tiene nada que ver con dinastías reales ni la Edad Media, sino con un escritor de misterio de ese nombre al que interpreta uno de los regulares del Whedonverso, Nathan Fillion. En los últimos tiempos y de la mano de Mujeres Desesperadas, Fillion ha pasado del mundo cult a posicionarse como prometedora estrella televisiva con una serie que sigue la senda El mentalista de presentar un programa de detectives (con tensión sexual no resuelta incorporada) como un policiaco. Castle se ajusta a otro arquetipo recurrente de la televisión actual (véase Shark y Lie to Me): protagonista sobre los cuarenta con brillante carrera profesional pero vida sentimental fracasada que, mientras resuelve casos, debe cuidar de una hija adolescente. En Castle la gracia está en que al padre golfo y la hija responsable se une una abuela inconformista que, en lugar de una mamma protectora, con buenas intenciones machaca a su hijo con sus ácidos comentarios. Especialmente hilarante fue la llamada desde una librería para alertarle de que todavía no había visto a nadie comprar ejemplares de lo que promete ser su último best-seller. Mamá Castle está interpretada por Susan Sullivan, la espléndida Maggie Gioberti de ese clásico de los ochenta que es Falcon Crest. Supongo que me gusta Castle por el mismo motivo por el que se puede explicar el sobresaliente éxito de El mentalista: porque es simple y predecible, pero también sexy y divertida. Al final, en televisión, todo tiene que ver con la conexión emocional que establecemos con los personajes y en este caso me cuesta no simpatizar con Castle, que juega a las cartas con Stephen J. Cannell y al golf con el alcalde, pero está soberanamente aburrido con sus existencia y quiere un poco de emoción en su vida. Pero también con la agente Beckett, que quiere ser una buena policía pero tiene una vida privada gris y no sabe muy bien que hace con ese escritor medio chiflado que ha entrado en su vida como un elefante en una chatarrería. Cuando decide devolverle la visita a su mundo a modo de pequeña venganza durante una presentación de Castle en una librería para sus lectores fieles, lo hace de la mejor manera posible, vestida para matar exudando el erotismo que esconde bajo su contrastada profesionalidad. En última instancia, me cuesta decidir entre el digno fracaso de Kings o los modestos convencionalismos de Castle. ¿Pero acaso debería?
 
Comentario:
Bienvenida de nuevo Concepcion, siempre es una gran noticia la vuelta de una opinion inteligente sobre el mundo de las series de TV. Una recomendacion que igual te gusta "Red Riding" serie inglesa de solo 3 capitulo, a mi modesto entender buena, buena.
 
Comentario:
Buen trabajo.
No