La familia y uno más
El sábado pasado cambió el rumbo de la historia de la televisión. O, al menos, cambió el rumbo de la historia de la televisión para mí. Tras un año de deliberaciones y preparativos, me compré un grabador de DVD con disco duro. Nada se iba a interponer en la decisión tomada, así que el sábado por la tarde me encaminé al centro comercial más mega y barroco de Madrípolis con el propósito de visitar todas las tiendas de cosas electrónicas allí reunidas y regresar con un aparatejo nuevo para la colección. Bueno, con dos, porque también tenía que reponer mi MP3 perdido en extrañas circunstancias hace unas semanas (bueno, no tan extrañas, pero no lo voy a contar). Y así regresé al hogar con lo que anticipio va a cambiar mi experiencia televisiva. Vivimos en una era en la que ver la televisión en directo es cada vez menos común gracias a las grabaciones, las descargas, los DVD. En esta televisión de conveniencia, el trabajo, la vida social y las multiplicidad de ofertas hacen que el "en vivo y en directo" sea sustituido por el "diferido y cuando me venga bien". Reconozco que a veces me gusta sentarme en frente del televisor y poder disfrutar libremente de lo que allí se propone, pero en muchas más ocasiones prefiero dedicar mi tiempo a esos programas que me interesan de verdad, no por pragmatismo, sino por salud mental. Pero en este año y pico que he estado sin ningún aparato de grabación me he dado cuenta de que, todavía al menos, la revolución digital no da para la sustitución de la televisión convencional. El material que se puede encontrar en Internet en la mayoría de los casos se ajusta a dos criterios: lo mayoritario o lo que tiene un carácter distintivo tan destacado como para erigirse en un nicho propio. Es posible encontrar al día siguiente el estreno de la serie española o americana, pero, si no hay un elemento de novedad o actualidad noticiosa, lo que no está en DVD tiene pocas posibilidades de aparecer por redes de descargas o YouTube. Al menos esa es la experiencia localizando material de los canales que de momento más están desperdiciando el fenómeno Internet, los canales temáticos que operan en España. Perdidos en el universo de la fragmentación, sus páginas web son demasiado pírricas como para propiciar el interés de este mercado paralelo de consumo/explotación. Localizar documentales o programas tras su pase por estos canales es una tarea imposible.
Sin embargo, el almacenaje en disco duro para el disfrute diferido tiene una ventaja extra: la televisión tradicional, aunque en lenta evolución, sigue siendo la fuerza dominante. Y si los que estudiamos televisión no nos podemos sustraer a las fuerzas económicas que rigen los destinos del medio, mucho menos podemos hacerlo a experimentar la manera práctica en la que los contenidos llegan a la mayor parte de los espectadores: en parrillas definidas, con horarios determinados, una competencia marcada y con las inevitables (o no, según la cadena) pausas publicitarias. Es decir, aunque nos resulte a menudo incómodo, no podemos hablar de televisión si no vemos la televisión. Y, lo siento, el DVD y las descargas no cualifican. Sí si lo que queremos es disfrutar de la ficción televisiva como experiencia estética. Pero no si queremos entender la verdadera esencia de lo que hace a la televisión ser un modo de representación distintivo. Los condicionantes de la televisión son a menudo un extorbo para disfrutar de lo que se produce en ella, pero no podemos olvidar que es también lo que ha permitido su nacimiento en primer lugar. La grabación en disco duro nos permite, mucho más que las limitadas cintas de vídeo, capturar el flujo televisivo y experimentarlo en su forma original. No quiero que se note demasiado que ahora ando liada con cuestiones de programación. Simplemente que, en nuestro esfuerzo de dar legitimidad a la televisión, no podemos subirla a una torre de marfil, encerrarla en una burbuja. No podemos hablar de televisión si no vemos la televisión, aunque sea al día siguiente o en la mañana del domingo. La ironía de todo es que lo primero que grabé con el nuevo aparato fue un capítulo de una de las series de suscripción de Imagino, la misma plataforma que se ha sacado de la manga una opción llamada "Te lo perdiste" para ver la programación propia de las cadenas durante siete días después de su emisión. Lo sé, lo sé.