Todo sobre la tele
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Este es el blog de Concepción Cascajosa Virino, Profesora Ayudante Doctor en el Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III de Madrid y autora de "Prime Time: Las mejores series americanas, de CSI a Los Soprano", "El espejo deformado: Versiones, secuelas y adaptaciones en Hollywood" y "De la TV a Hollywood: Un repaso a las películas basadas en series".
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Hasta la vista, Verónica (finales parte 2)
De todas las series norteamericanas notables estrenadas en aquella histórica temporada 2004-2005, Verónica Mars se ha quedado como la prima pobre, incapaz a lo largo de estos tres años de lograr un público significativo fuera de un grupo reducido muy fiel de seguidores. Por eso, al ver el último capítulo de su tercera temporada (se avecinan spoilers, se avisa), que ponía fin a su existencia, no sentí tristeza, sino admiración por el logro conseguido. En su momento, Verónica Mars vino a cubrir un hueco para todos aquellos que nos quedamos un poco huérfanos con la cancelación de Buffy, cazavampiros. Se trataba de un programa juvenil con una poco convencional heroína en el lugar central y que utilizaba las desventuras del instituto para ofrecer un rico retrato sobre el paso a la vida adulta. Después de un brillante capítulo piloto, una de las presentaciones más extraordinarias de un personaje principal que he visto nunca, la primera temporada de Verónica Mars desarrolló un conseguido relato de misterio con ingeniosos golpes de efecto y una montaña rusa narrativa a modo de resolución. Más discutida fue su segunda temporada, más imbricada y compleja y con menor implicación emocional para la protagonistas que, sin embargo, a mi me convenció plenamente.

El misterio central se sustituyó, en principio, en la tercera temporada por tres arcos con un misterio autónomo, y aquí es cuando las cosas comenzaron a torcerse. Como parece que se ha convertido en norma, el cambio de escenario, del instituto a la universidad, hizo perder a la serie mucho de su encanto, por no hablar de que determinados artificios comenzaron a ser evidentes: el cliffhanger al final de la segunda temporada fue un mero artificio que se demostró hueco. Además, los altibajos en la relación entre Logan y Verónica fueron repetitivos. Y para colmo, la resolución de la trama de las violaciones en serie (con ese par de criminales tan inverosímiles y esos ecos de thriller manido) fue un fiasco de grandes proporciones, una decepción teniendo en cuenta el demostrado talento de sus guionistas. Tanto es así, que durante un tiempo la única diversión que me proporcionó Verónica Mars fueron las clases de criminología de su protagonista y las humillantes apariciones del profesor asistente Tim. Aunque, reconozco, que tenía más que ver con una cuestión personal: asistente en las clases de mi jefe durante el primer cuatrimestre, Tim me servía para reírme de mis propias dudas sobre mi legitimidad ante los alumnos.

En la segunda parte de la temporada me reconcilié con el universo de Verónica Mars. El suicidio de Cyrus O`Dell, un personaje que parecía destinado a convertirse en uno de los característicos de la serie, fue un sobresaliente golpe de efecto. Como era lógico, la cosa olía a chamusquina y muy pronto nuestra detective favorita ya estaba realizando pesquisas. Y aunque en un momento llegué a pensar que la innecesaria muerte del sheriff Lamb tuvo como único propósito ahorrar dinero a la producción, me convenció ese misterio que tan bien entroncaba con el cine negro, con triángulo amoroso y femme fatale incluidos en la batidora. Fuera de la mitología central de la serie, tres capítulos de los de dos orejas, rabo e indulto del toro, me hicieron disfrutar de manera superlativa. Primero, el capítulo en el que Verónica debe encontrar al amor furtivo de, el estudiante que se está haciendo de oro con una pequeña factoría que suministra trabajos para las asignaturas ladrillo de sus compañeros. Desde los guiños a Galáctica y la cultura fandom hasta el agridulce desenlace, se trató de una hora redonda. El capítulo también permitió apreciar la capacidad de Rob Thomas para el desarrollo de irresistibles personajes recurrentes que sazonaban el relato con unas apariciones breves y que después eran perfilados cuando, tarde o temprano, les llegaba el turno de pedir ayuda a Verónica, o cuya presencia posterior daba un punto de familiaridad, desde Vinnie el detective hasta el peligroso delincuente Liam Fitzpatrick pasando por Jeff Ratner, el botones del hotel, y Leo, el amable policía. El resultado era que Neptune se configuró como un creíble y rico universo. También tuvo su miga la aparición de Paul Rudd en para interpretar a un ídolo musical en decadencia (Kristen Bell esa rodando una comedia gamberra con él, lo que quizás explica su aparición en la serie). En este caso, la mayor virtud del capítulo fue demostrar que las historias de la serie no debían ser necesariamente dramáticas para resultar solventes. Tras muchas ideas y venidas, las cintas perdidas no habían sido ni siquiera robadas, sino que una simple confusión de equipaje había sido la responsable de la crisis. Y como colofón, el penúltimo capítulo, en el que Weevil, uno de los clásicos del programa, era arrestado por falsificar tarjetas de estudiantes y Verónica tenía que resolver un caso que parecía imposible con un saludable implicación personal en ello. Su enfrentamiento final con el grupo de acomodados estudiantes responsables del fraude mostró una vez más cómo siempre caminaba en una fina línea entre el éxito y el fracaso, entre por lo que vale la pena luchar y lo que es moralmente discutible.

En última instancia, Neptune siempre ha sido un universo ambiguo, en el que, como se recordó al final, el antiguo sheriff siempre estaba traspasando los límites de la ley y su espabilaba hija rellenaba la solicitud para un curso en el FBI a la vez que manipulaba a sus amigos, encargaba robar coches, colocaba escuchas ilegales, mentía sobre su identidad y realizaba tratos con delincuentes. Saltar en el tiempo para mostrarnos a un Verónica como joven agente del FBI a lo Jodie Foster, era atractiva en apariencia, pero en realidad condenaba a la serie a traicionarse a sí misma. Como bien nos recordaron en el capítulo final, Verónica siempre ha sido y será una paria, siempre operando en los márgenes de la sociedad. Una Verónica en el FBI tiene tanto sentido como House de ministro de Sanidad. Sencillamente, la cosa no está en unos genes demasiado rebeldes y librepensadores. Sabiendo que el cierre del tenderete estaba próximo, hubiera deseado que Rob Thomas hubiera apostado por un capítulo de despedida un pelín menos pretencioso respecto al caso central, aunque el viaje por la memoria de la serie (incluyendo la sombra alargada de Lilly Kane y la menos alargada del ya olvidado Duncan) fue muy agradecido. Pero también lo juzgo convencida de que un buen capítulo final es aquel que nos sugiere dónde estarán los personajes diez años después, y eso lo consigue mostrando a Keith como el eterno perdedor dispuesto a darlo todo por su hija, a Wallace y como triunfadores en proyecto que no por ello van a dejar de ser los amigos más leales y a Logan inestable y enamorado, condenado a vagar por el mundo trastornado e incompleto. Y a nuestra querida Verónica sola y confusa bajo la lluvia, consciente probablemente por primera vez en mucho tiempo de que la vida tiene contradicciones que ni ella, con su infinita variedad de recursos, puede resolver, que es mucho más fácil ayudar a los demás que a sí misma y que todo lo que hace deja cicatrices y acarrea consecuencias. Hasta la vista, Verónica, es un placer poder decir que solíamos ser amigos.
 
Comentario:
Yo creo que MacGuffin ha dado en el clavo.. yo estoy segura de que todo habría sido distinto si Veronica Mars se hubiese emitido en otra cadena.. es así de triste e injusto, pero cierto.

Yo intento vender la serie a todo el que puedo y es que me parece increíble que haya pasado de largo, con más pena que gloria, una serie con esta calidad, un personaje tan genial y complejo como el de Verónica y una relación tan perfectamente llevada a todos los niveles como la de Keith y Verónica.

Una pena. La echaremos de menos
 
Comentario:
¿La gran pregunta de esta tercera temporada es por que se dejaron lo mejor para los dos capítulos finales?. Por que la sensación que han dado durante esta última temporada es que solo han reaccionado cuando la cancelación era una realidad.
 
Comentario:
Muy bueno el artículo. Ahora que VM se ha acabado da gusto leer cosas así sobre la serie. Una serie que no tuvo el éxito que merecía y a pesar de esos altibajo que ha sufrido en los últimos capítulos, seguirá siendo una perla para los amantes de las series. Un saludo!
 
Comentario:
La verdad es que hace poco que he empezado a ver Veronica Mars y ahora estoy totalmente enganchado. Al principio me costó entrar en el universo de Neptune pero acabé la primera temporada deseando coger la segunda.
El trato que se le ha dado en Estados Unidos es lamentable pero el que se le ha dado en España no es mejor. La mayoría ni siquiera no han oido hablar de Veronica y mientras nos tenemos que tragar auténticos bodrios.
 
Comentario:
No has podido resumirlo todo mejor. Sólo por ver a Verónica en toda su complejidad merecía la pena acercarse a Neptune. A mí me ha hecho disfrutar mucho, y nunca terminaré de entender por qué la serie no logró atraer a más audiencia. Quizás los toques noir eran demasiado, quizás UPN no era la cadena más adecuada (aunque es probable que, si hubiera estado en otra cadena, ni siquiera hubiera terminado la primera temporada)...
 
Comentario:
Para pasar el duelo, recomiendo el libro "Neptune Noir: Unauthorized Investigations into Veronica Mars", recopilación de ensayos de variado interés, editado cuando la cancelación aún no era oficial pero sí inevitable (basta leer la introducción de Rob Thomas).
No