Todo sobre la tele
Acerca de
Este es el blog de Concepción Cascajosa Virino, Profesora Ayudante Doctor en el Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III de Madrid y autora de "Prime Time: Las mejores series americanas, de CSI a Los Soprano", "El espejo deformado: Versiones, secuelas y adaptaciones en Hollywood" y "De la TV a Hollywood: Un repaso a las películas basadas en series".
Sindicación
 
La obra inacabada
Dediqué el pasado puente de primeros de mayo a resolver una de las asignaturas televisivas que tenía pendiente de manera más acuciante: ver la segunda parte de la miniserie de Lars Von Trier Riget. Sin ser muy aficionada al trabajo cinematográfico de su director, los cuatro capítulos iniciales de su fantasmagórica soap-opera hospitalaria danesa me parecieron un ejemplo soberbio de narración que logra hibridar géneros con una soltura inaudita, asustando a ratos, divirtiendo a menudo y entreteniendo siempre. El final de la primera temporada de Riget dejaba demasiados interrogantes abiertos como para que aquello fuera el fin de las peripecias de Helmer, el cirujano sueco que en los momentos finales de cada capítulo declamaba contra "la escoria danesa", la señora Drusse, medium aficionada, y Krogshoj, el médico rebelde que maneja desde su morada en el sotano los hilos que mantienen en funcionamiento el hospital. Pero tengo que reconocer que la primera hora de la segunda parte de Riget no me gustó demasiado, fundamentalmente por apreciar un cambio de tono demasiado radical frente a su procedente. Tardé un poco en apreciar el estilo de comedia anárquica, absurda y desbocada que en el fondo sólo servía para amplificar la crítica radical a la profesión médica que toda la obra. Sin embargo, al llegar al cuarto capítulo, el relato no ofreció ninguna resolución a la mayor parte de los misterios, más bien al contrario, casi como si los artífices de la obra los hubieran dejado de manera premeditada en la mayor de las incógnitas.

Obviamente este final suspendido tenía un importancia sobresaliente porque esos habían sido los capítulos finales de Riget, que tras su estreno en 1997 habían quedado sin conclusión. En el audiocomentario Lars Von Trier hablaba de un proyecto de tercera parte que no se realizó porque, sencillamente, nadie les pidió hacerlo, y por nadie entendemos a la televisión danesa. Y aunque finalmente esa orden hubiera llegado, las perspectivas del proyecto hubieran sido muy oscuras debido a la muerte de buena parte de los actores más relevantes de la serie, incluyendo a Ernst-Hugo Järegård (Helmer) en 1998 y Kirsten Rolffes (Sra. Drusse) en 2000. Riget permanece así como una obra inacabada, ¿pero eso desmerece en algo sus méritos?. La televisión, por su propia naturaleza como producto industrial, es el producto cultural que más expuesto está a los factores externos que pueden alterar su desarrollo. Al fin y al cabo, un escritor puede acabar una novela mientras siga con vida, y hasta las películas pueden de una manera u otra sobrevivir a la muerte de un actor o el director, o a la pérdida temporal de financiación. Cuando lo peor le ocurre a algún proyecto de entidad (como los Quijotes de Welles y Gilliam) la cosa pasa casi a la categoría de leyenda.

Sin embargo, en televisión esto no tiene nada de extraordinario. Cada año decenas de series ven la luz y la mayor parte de ellas ven sus vidas cortadas de manera abrupta por la cancelación. De hecho, como ya hemos comentado alguna vez, es precisamente en el género más dependiente de la construcción dramática, el drama, donde ello es lo más habitual. No hace falta indagar demasiado en la memoria para recordar casos como el del remake de El fugitivo, Joan de Arcadia, Wonderfalls, Carnivàle, Reunion..., por sólo citar casos de finales inesperados, en algunos casos en mitad de la orden de producción y en otros con el relato en mitad de desarrollar sus posibilidades. Tampoco me olvido de Firefly, que aunque tuvo la oportunidad de continuar a través de una películas, podemos coincidir en que no pudo completar así tampoco sus expectativas de vida. Salvadas del olvido por la revolución del DVD, estas obras inacabadas se han convertido en objeto de culto. Para algunos, su recuperación no es más que un futil intento de reproducir lo que pudo ser y no fue, y que por tanto carece de sentido dedicar tiempo a algo que ya sabemos que está incompleto y que nunca nos va a dar respuesta a sus interrogantes. Pero debemos buscar en las series algo más que tramas, y pensar si, aunque no nos han contado todo lo que se pretendía, no ha sido ya suficiente para entender lo que nos querían decir. Detesto la idea de que la experiencia televisiva sea devorada por el pragmatismo y que sólo tenga sentido en función de un hipotético final que debe contener todas las respuestas habidas y por haber. No deja de ser limitarse a los deseos de un espectador plano que equipara lo que ve a un mero producto alimenticio que aporta minutos de evasión, privado de esos elementos de riqueza en la ejecución y en el sentido que debe caracterizar a la experiencia estética. Las obras inacabadas no son por tanto recordatorios de las limitaciones del medio, sino ejemplo de sus intrincados matices. Así que, aunque me haya quedado saber qué había tras los misterios de El Reino, en sentido y forma y aunque inacabada, Riget es una obra completa. Y una excepcional.
 
Comentario:
He visto los cuatro primeros capítulos, y confirmo que son extraordinarios. El personaje del médico sueco que odia a los daneses pero tiene que trabajar allí es extraordinario...

Creo que Stephen King produjo un remake que incluía la conclusión de Lars von Trier, pero no puedo confirmarlo.
No