Remington Steele, primera temporada en DVD
A veces tengo la impresión de que las distribuidoras de DVD tienen un criterio un tanto especial para elegir qué serie editar, primando aquellas que han aguantado peor el paso del tiempo pero cuyos títulos evocan nostalgia entre el público, como por ejemplo El equipo A y El coche fantástico. Pero al parecer los planetas se han alienado lo suficiente como para que vea en nuestro país la luz una de esas series que no pasan de moda porque en su momento tampoco se ajustaron a la moda. Y es que mientras la celebrada productora MTM se forjaba su lugar en la historia televisiva con elaborados dramas corales y con una fuerte conciencia social, el característico gato que presidía sus productos tambien tuvo tiempo de aparecer en un programa más clásico, una combinación de la screwball comedy y el género detectivesco protagonizado por una decidida mujer y un pícaro que se hace pasar por su inventado jefe. La serie se llamaba Remington Steele, el nombre por el que, de una manera u otra, se hacían pasar sus dos protagonistas, y el DVD nos permite rememorar su temporada fundacional en una estupenda presentación que combina un precio excelente (poco más de 30 euros en un conocido centro comercial) y los extras de los que en ocasiones nos privan en virtud de poner en el mercado ediciones lo más baratas posibles (véase el desgraciado caso de Galáctica: Estrella de combate). En este caso, aparecen comentados tres capítulos por relevantes miembros del equipo de la serie, incluyendo mi capítulo favorito, La cosecha. En este clásico absoluto del género, Laura y Remington, en una suerte de parodia de su entonces competidora en la parrilla Falcon Crest, tienen que lidiar con un cadáver que aparece y desaparece de improviso en unos viñedos y una surrealista congregación de monjes que hacen voto de silencio pero no ascos a la rica producción vinícola que produce las tierras que trabajan. También sabemos un poco más del pasado de Laura de la mano de un antiguo novio banquero, descubriendo su faceta más desenfadada cuando al grito de guerra de Acapulco los superiores del antiguo amor pretenden rememorar un episodio de desenfreno que Laura quisiera olvidar. La cosecha es la quintaesencia de Remington Steele tal y como aparece desgranado en los tres cortos pero muy informativos documentales que aparecen en el último disco de la temporada y que cuenta con la participación de Robert Butler y Michael Gleason, los creadores de la serie, el productor Glenn Gordon Caron, que tan bien aprovechó su paso en el programa para crear Luz de luna, y Pierce Brosnan, que a pesar de sus éxitos posteriores reconoce así la deuda y el cariño que siente por el programa que lo lanzó al estrellato. La aparición de Brosnan tiene especial jugo porque permite emotivos momentos cuando recuerda la gran importancia que jugó para su carrera su fallecida mujer Cassie y para alguna confesión no exenta de candidez cuando reconoce que al interpretar a Remington Steele simplemente era él mismo. Sin embargo, la presencia de Brosnan no hace sino acentuar la ausencia de Stephanie Zimbalist, que por estar no aparece ni en la carátula. Pero al contrario de que lo sería de esperar, esta cuestión no se obvia en el documental que trata de la relación entre los dos personajes protagonistas. Aunque se alaba a la actriz en varias ocasiones, también se recuerda sus problemas de adaptación con la realidad que se estaba imponiendo tras un puñado de capítulos: que al igual que ocurría con su alter ego en la ficción, su labor eficaz estaba siendo eclipsada por el lustre de su compañero de fatigas, que sólo necesitaba una mueca picarona y su sonrisa irresistible para robar la función sin esfuerzo. En el capítulo piloto habían parecido convivir sin esfuerzo la fábula feminista (con una mujer de talento teniendo que inventarse el servilismo a una figura masculina para triunfar en el mundo profesional) con la ingeniosa reflexión sobre la utilidad de las apariencias. La escena sin diálogo en la que el personaje de Pierce Brosnan descubre que Remington Steele es un invento revisando su fondo de armario es un logrado ejemplo de lo segundo, mientras que la cena de gala en la que el impostor asume la identidad ficticia y rápidamente reconoce los méritos de su subordinada, una petrificada Laura, muestra el ácido planteamiento sobre el que sustenta la serie. Pero a partir de ahí es la personalidad del Remington ficticio la que se acaba adueñando del planteamiento, hasta el punto de que es el juego con la identidad real, ficticia o fingida lo que acaba dando jugo a la comedia romántica. Y es que al final de la temporada, con su casa y su pasado destruido en un atentando criminal, es también Laura la que debe también redibujar su propia vida. Con el ingenio de sus guionistas a tope, sus dos protagonistas cómodos en sus papeles y la acertada incorporación de Mildred Krebs, que venía a sustituir el lastre narrativo que soponían Murphy y la dicharachera secretaria de la agencia, la señorita Foxe, Remington Steele emprendió un segundo año también inolvidable.
Comentario:
Qué recuerdos... Lo bien que me lo pasaba yo con Remington.