Una reflexión sobre "Abducidos"
El cuarto capítulo de Abducidos me desconcertó un poco la primera vez que lo vi y me ha dejado un sabor agridulce en la segunda visión. Por un lado resume lo mejor que tiene que ofrecer la miniserie, pero también es un perfecto ejemplo de sus limitaciones. Voy primero con lo negativo, que no puede ser si no la excesivamente extensa sección dedicada a los híbridos extraterrestres que aterrorizan una pequeña localidad de Alaska. Con Abducidos Spielberg quiso tomar toda la mitología relacionada con los extraterrestres y fusionarla en un único argumento, con lo cual a nadie debe extrañar que en este aspecto no haya una sola idea original en la miniserie y que muchas de ellas estén tomadas precisamente de películas de Spielberg como Encuentros en la tercera fase. En este aspecto las aventuras del joven Crawford comienzan como un capítulo de Expediente X, continúan como El proyecto de la bruja de Blair y finalizan con un momentazo Frankenstein. Como capítulo aislado funciona a modo de homenaje al género del terror (jóvenes de ciudad bastante estúpidos descubren que la vida rural es más peligrosa que tener una cita con Jack Bauer), pero en el conjunto de la miniserie existe una falta de lógica de fundamental: Si los extraterrestres han cuidado tanto de Jacob y Jesse, ¿cómo que han dejado a sus dos híbridos defectuosos de la mano de Dios?. Es una pregunta que en algún momento se debería haber realizado, aunque la respuesta no fuera completamente convincente.
Pero este cuarto capítulo también toma forma el tema central de la serie: la herencia vital que va pasando de padres a hijos. El peso de la tradición y el pasado es un tema muy judío y rara vez lo he visto explorado con tanta riqueza y precisión en un programa de televisión (ni que decir que en una película es si cabe más difícil, aunque por ahí están gravitando las películas de Spielberg La guerra de los mundos y Munich). La segunda generación de los Keys y los Crawford llegan a la vida adulta y descubrimos que su destino está irremediablemente ligado al de sus padres. Los Keys son hombres fuertes pero también atormentados. La herencia de los Crawford es la mentira, la infelicidad y la muerte. En el capítulo anterior un personaje había preguntado a un joven Jesse Keys si quería probar la vida militar como su padre. Jesse regresa de Vietnam convertido en un héroe que utiliza el paraíso artificial de las drogas para huir de su infelicidad. Sin embargo, no toca fondo hasta que no está a punto de renunciar a su única herencia tangible (las medallas de su padre) por una dosis. Va a despreciar sus propias medallas de guerra, pero su padre ausente sigue siendo su guía: de joven quería ser mecánico como él, pero acabó siendo un soldado convertido en un vagabundo tras la guerra. Me fascina pensar la impotencia que debían sentir los extraterrestres viendo que eran capaces de salvar a Jesse del Vietcong, pero no de sí mismo. Y sobre todo me parece brillante la manera en la que Abducidos vive su momento cumbre como miniserie histórica convirtiendo a Jesse en un veterano de Vietnam fuertemente traumatizado e incapaz de adaptarse a la vida civil. No es mi guerra le contesta un hombre al que ataca en un parque en un ataque de paranoia buscando respuestas a sus experiencias en la jungla.
Por otro lado, para Owen Crawford la herencia que debe pasar a sus hijos es la Organización. Crawford ha sido el villano de la serie desde el primer momento, pero hasta capítulo no se atisba cómo su putrefacción moral va a contaminar a todos los que tiene a su alrededor. Las palabras legado y herencia son utilizadas media docena de veces en los diálogos de los Crawford a lo largo de este capítulo. El idealista Sam muere buscando respuestas devorado por el fuego junto al híbrido extraterrestre, el destino fingido que se dio a Jacob Clarke después de que Owen destrozara su existencia y la de su madre. Sam no sólo no estropea el legado de su padre, sino que lo vive en carne propia. Su cínico y manipulador hermano Eric recogerá su testigo y acabará pagando por los pecados de su padre. No hay que ser Nostradamus para anticipar el destino que aguarda a Jesse y Eric (unos magníficos Desmond Harrington y Andy Powers). Adoro a Dakota Fanning, pero en mi opinión el alma de Abducidos se encuentra en este capítulo y los dos siguientes, justo antes de que ella haga acto de presencia y robe la (bastante menos compleja) función. Para acabar, mis dos citas favoritas del capítulo:
Jesse Keys: No sé cuál fue mi experiencia, solo que mi vida entera ha sido así: avanzar por una jungla esperando algo que no puedo impedir que me pase.
Colega: No te ofendas, ¿pero en qué te diferencia eso de los demás?.
(...)
Amelia (futura señora Keys): Cuentámelo, soy enfermera por Dios. También sé lo que es el sufrimiento.
Pero este cuarto capítulo también toma forma el tema central de la serie: la herencia vital que va pasando de padres a hijos. El peso de la tradición y el pasado es un tema muy judío y rara vez lo he visto explorado con tanta riqueza y precisión en un programa de televisión (ni que decir que en una película es si cabe más difícil, aunque por ahí están gravitando las películas de Spielberg La guerra de los mundos y Munich). La segunda generación de los Keys y los Crawford llegan a la vida adulta y descubrimos que su destino está irremediablemente ligado al de sus padres. Los Keys son hombres fuertes pero también atormentados. La herencia de los Crawford es la mentira, la infelicidad y la muerte. En el capítulo anterior un personaje había preguntado a un joven Jesse Keys si quería probar la vida militar como su padre. Jesse regresa de Vietnam convertido en un héroe que utiliza el paraíso artificial de las drogas para huir de su infelicidad. Sin embargo, no toca fondo hasta que no está a punto de renunciar a su única herencia tangible (las medallas de su padre) por una dosis. Va a despreciar sus propias medallas de guerra, pero su padre ausente sigue siendo su guía: de joven quería ser mecánico como él, pero acabó siendo un soldado convertido en un vagabundo tras la guerra. Me fascina pensar la impotencia que debían sentir los extraterrestres viendo que eran capaces de salvar a Jesse del Vietcong, pero no de sí mismo. Y sobre todo me parece brillante la manera en la que Abducidos vive su momento cumbre como miniserie histórica convirtiendo a Jesse en un veterano de Vietnam fuertemente traumatizado e incapaz de adaptarse a la vida civil. No es mi guerra le contesta un hombre al que ataca en un parque en un ataque de paranoia buscando respuestas a sus experiencias en la jungla.
Por otro lado, para Owen Crawford la herencia que debe pasar a sus hijos es la Organización. Crawford ha sido el villano de la serie desde el primer momento, pero hasta capítulo no se atisba cómo su putrefacción moral va a contaminar a todos los que tiene a su alrededor. Las palabras legado y herencia son utilizadas media docena de veces en los diálogos de los Crawford a lo largo de este capítulo. El idealista Sam muere buscando respuestas devorado por el fuego junto al híbrido extraterrestre, el destino fingido que se dio a Jacob Clarke después de que Owen destrozara su existencia y la de su madre. Sam no sólo no estropea el legado de su padre, sino que lo vive en carne propia. Su cínico y manipulador hermano Eric recogerá su testigo y acabará pagando por los pecados de su padre. No hay que ser Nostradamus para anticipar el destino que aguarda a Jesse y Eric (unos magníficos Desmond Harrington y Andy Powers). Adoro a Dakota Fanning, pero en mi opinión el alma de Abducidos se encuentra en este capítulo y los dos siguientes, justo antes de que ella haga acto de presencia y robe la (bastante menos compleja) función. Para acabar, mis dos citas favoritas del capítulo:
Jesse Keys: No sé cuál fue mi experiencia, solo que mi vida entera ha sido así: avanzar por una jungla esperando algo que no puedo impedir que me pase.
Colega: No te ofendas, ¿pero en qué te diferencia eso de los demás?.
(...)
Amelia (futura señora Keys): Cuentámelo, soy enfermera por Dios. También sé lo que es el sufrimiento.