“Blade”: Heridas de guerra
El Sci-Fi Channel España está teniendo el detalle de ofrecer con bastante celeridad (se estrenó en Estados Unidos el pasado verano) la serie Blade, uno de los productos más sorprendentes surgidos de la televisión norteamericana en los últimos tiempos. Las películas me gustaron moderadamente (ganan con las repetidas visiones, aunque para ello hay que ser muy fan del género vampírico como es mi caso), pero mis expectativas con el programa eran moderadas. Claro, que no hace tantos años también una serie sobre una antigua animadora rubia que se dedica a cazar vampiros también acabó desafiando todas las ideas preconcebidas. No sé si Blade hubiera podido llegar a ser algo similar a lo que significó Buffy, pero en su única temporada hay tantas buenas ideas estupendamente planteadas que al menos la cosa se anticipaba muy notable. Y es que el problema de Blade, menuda ironía, era que se produjo para un canal masculino como Spike pero los espectadores que captó eran al menos la mitad mujeres. Tras una primera parte del piloto en el que todo parecía explotación y patadas para todos los lados, empezó a haber tramas de interés, desarrollo de personajes y una mitología fascinante. El punto que me enganchó para dar una nueva oportunidad a la serie fue la vampirización de Krista, convertida así en agente doble. Los que esperaban que la serie iba a ir del dúo formado por Blade y su compañera tía buena yendo a por el vampiro de la semana se debieron sentir decepcionados.Poco a poco Blade desarrolló un subtexto interesante sobre las relaciones de clase y raza, la corrupción empresarial y la degradación urbana. La tensión entre Blade y Marcus no es ni la mitad de interesante que la que este último mantiene con los pura sangre como Charlotte, la niña vampiresa, y Domic, el pendenciero. La promesa de Blade se convierte en realidad en Entrega, su sexto capítulo. Ejemplo perfecto de su trayectoria ascendente, el capítulo avanza la mitología central, pero lo hace además girando en torno a un motivo central ciertamente provocativo, las heridas de guerra. En una de las primeras escenas Marcus y Krista acuden a una exposición de cuadros pintados por veteranos de la guerra de Iraq evidentemente trastornados por su experiencia. Resulta interesante aprovechar la representación pictórica de este trauma para ver en las peripecias de Krista, desubicada y literalmente muerta por dentro, una historia sobre la dolorosa experiencia del veterano cuando regresa a casa. El cazador conoce al Conde Drácula.
Cuando en la parte final se deja mutilar por Blade para mantener su mascarada, lo que se muestra no deja de ser una manifestación física de sus heridas psicológicas. Una suerte de auto-mutilación liberadora, esas heridas la colocan muy cerca de Chase, que se pasa todo el capítulo recuperándose de ser quemada viva por Blade en el capítulo anterior. Su experiencia recuerda sin duda a las narraciones publicadas a menudo en los periódicos sobre soldados heridos, en su mayor parte apenas recién salidos de la adolescencia, que recuerdan el día en el que sus vidas cambiaron para siempre. Krista y Chase son soldados en una guerra que, como la que está en curso, provoca daños irreparables en los que la sufren. Sin lograr el mismo el lustre que los dibujos del genial Garry Trudeau, Blade demuestra que la ficción televisiva, incluso en los géneros más imprevistos, se nutre de la realidad y tampoco nos deja olvidarnos de ella.
Comentario:
Pues es una lástima que la hayan cancelado si, como dices, está tan bien planteada...
Y pensar que hay series como "7 en el Paraiso" que son interminables xD
Y pensar que hay series como "7 en el Paraiso" que son interminables xD