Todo sobre la tele
Acerca de
Este es el blog de Concepción Cascajosa Virino, Profesora Ayudante Doctor en el Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III de Madrid y autora de "Prime Time: Las mejores series americanas, de CSI a Los Soprano", "El espejo deformado: Versiones, secuelas y adaptaciones en Hollywood" y "De la TV a Hollywood: Un repaso a las películas basadas en series".
Sindicación
 
El arte más popular
Hace ya unas cuantas semanas terminé de leer un libro que tenía pendiente desde hace tiempo, TV: The Most Popular Art. Escrito por Horace Newcomb, uno de los grandes nombres de los estudios sobre televisión en Estados Unidos, no es lo que se dice una obra reciente. Publicado en 1974, fue escrito en un periodo intermedio entre los inicios de la televisión y el momento actual. Es un libro que me ha fascinado de tal forma que lo he acabado citando en casi cada conversación que he tenido sobre televisión últimamente. Físicamente es pequeño, muy al estilo de los libros de bolsillo de Alianza, y tiene en su portada una caricatura de Archie Bunker, el protagonista de la acida telecomedia social All in the Family. El libro es parte reivindicación, parte análisis de géneros y parte profecía. Reivindicación de un tema de estudio que nadie tomaba en serio a pesar de su influencia social. Análisis de la evolución y funcionamiento de los diferentes géneros, del western a las soap-operas. Y profecía porque Newcomb se atreve a definir qué es lo que hace a la ficción televisiva especial y cuál es la clave para que entre en su etapa de madurez. Y acierta de plano. Para Newcomb los tres elementos elementos que definen su estética son la intimidad, la continuidad y la historia. En sus diferentes tendencias la televisión nos acerca a los sujetos y nos ofrece una estabilidad que permite la exploración dramática. Y es que Newcomb, como otros autores, no duda en analizar los seriales o soap-operas porque tienen la clave para el verdadero enriquecimiento del medio apostando por la continuidad. La densidad de contenido que ello permite demuestra que el verdadero referente de la ficción televisiva no es el cine, sino la novela. Canción triste de Hill Street marcó una mayoría de edad porque permitió a la ficción televisiva abrazar a su verdadero precedente, la novela por entregas decimonónica, y no soltarlo desde entonces. Apreciando una serie como Anatomía de Grey, los vínculos novelísticos se hacen más patentes. La ficción televisiva también se basa en nuestra realidad, aunque sea traspasada a un tiempo remoto, para crear sentido, algo que era tan cierto entonces con La ley del revólver como hoy con Deadwood. Ninguna forma de creación es capaz en la actualidad de tomar el pulso a la realidad como la televisión, tanto en inmediatez como en riqueza expositiva. Y en una época en la que las tres networks tenían un rígido oligopolio y la implantación del cable era tímida, Newcomb también aventuró que con la fragmentación de las audiencias el medio podría ofrecer contenidos más individualizados, una tímida sugerencia que anticipa lo que es la televisión hoy y será de forma más acentuada si cabe en el futuro. Aunque sea con treinta años de retraso, vaya mi homenaje a Horace Newcomb por enseñarme mucho más de la televisión que lo que me imaginaba cuando abrí por primera vez esta obra imprescindible.
No