J.J. Abrams y "Star Trek": ¿Por qué no?

Surgida de la nada cuando la franquicia
Star Trek parecía muerta y enterrada, la noticia de que J.J. Abrams y un equipo de colaboradores procedentes de
Alias y
Perdidos están trabajando en una nueva película que retome ese universo parecía una inocentada del Día de los Tontos o del April Fool's. Lógicamente este sorprendente desarrollo de los acontecimientos ha causado expectación en
Internet y especialmente en la comunidad de
admiradores de
Star Trek. Paramount desea poder revivir su franquicia más rentable y quién mejor que hacerlo que uno de los creadores de cine y televisión de moda. Y bien sabemos todos que a Abrams se le da mejor crear grandes conceptos que mantenerlos en el tiempo. Personalmente, creo que la opinión de los fans acérrimos ha de ser tomada con prudencia. Fieles y numerosos, los
trekkies,
trekkers o como se hagan llamar ahora no hicieron ni de
Némesis ni de
Enterprise un éxito. Las franquicias viven de los fieles, pero florecen captando a nuevos espectadores con planteamientos renovados. Y si
Star Trek es lo que es hoy no es por su concepto de partida ni mucho menos por Gene Roddenberry, a quien Paramount apartó de las películas tras la primera y de las nuevas series tras la temporada inaugural de
La nueva generación. Es porque ha habido gente con mucho talento que le ha dado vida, como Harve Bennett, Nicholas Meyer, Michael Piller, René Echevarria, Ronald Moore o Brannon Braga entre otros, gente muy solvente sin conexión con encarnaciones anteriores del programa. Si
Némesis fue un fracaso no fue por introducir a alguien ajeno a la franquicia como John Logan, sino por no decirle que respetara el universo de partida (bueno, digamos que un par de actores con el ego hinchado también tuvieron algo que ver). J.J. Abrams es un nuevo comienzo desde los cimientos. Tampoco me desagrada utilizar un planteamiento de narrativa de origen.
Smalville ha funcionado mucho mejor que lo que cualquiera hubiera podido imaginar y
El secreto de la pirámide tomó un personaje gastado y lo reinventó con imaginación y humor. Los grandes personajes y conceptos son los que viven a través de numerosas revisiones. Bryan Singer y James Gunn tuvieron que aguantar amenazas de muerte y después superaron las expectativas con creces en
X-Men y
Amanecer de los muertos. Ya hay bastante fanatismo absurdo en este mundo: el arte está para ser disfrutado, no sacralizado.