Todo sobre la tele
Acerca de
Este es el blog de Concepción Cascajosa Virino, Profesora Ayudante Doctor en el Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III de Madrid y autora de "Prime Time: Las mejores series americanas, de CSI a Los Soprano", "El espejo deformado: Versiones, secuelas y adaptaciones en Hollywood" y "De la TV a Hollywood: Un repaso a las películas basadas en series".
Sindicación
 
Pildoras: La primicia de "Flash-Forward"
Interesante apuesta de dos cadenas españolas que parece indicar que algo empieza por fin a moverse para crear una estrategia que rescate a un sector de espectadores del universo de las descargas. AXN y Cuatro, en una iniciativa conjuntan, presentan esta mañana a la prensa Flash-Forward, la nueva serie de la ABC que van a emitir en España. En unos minutos comenzará el visionado del capítulo piloto para los medios acreditados, una semana antes de su estreno en Estados Unidos. Inteligente lanzamiento para un estreno de los de verdad. Y además realizado de manera conjunta, nada habitual en un país donde todo el mundo prefiere fracasar solo antes que triunfar acompañado.
 
"Daños y prejuicios", o el perverso encanto del mentorazgo
A comienzos del verano, los responsables de prensa de Canal + me hicieron llegar a mi temporal residencia estival un singular presente: una caja de donuts de esos recubiertos de glaseado que tanto me gustan acompañada de una tarjeta que, durante unos segundos, me permitió fantasear con que formaba parte de la firma legal Hewes y Asociados. Obviamente, era un esfuerzo promocional a propósito del estreno en la cadena de pago de la segunda temporada de Daños y prejuicios y el regalo anticipaba que el tema de la “dulce venganza” iba a ser una de las cuestiones recurrentes de esta nueva tanda de capítulos. Desde luego, no hacía falta tan dulce estímulo para rendirse a los encantos de una serie cuya primera temporada le había dado la vuelta como un calcetín al género judicial en televisión y que esta vez sumaba a sus protagonistas Glenn Close y Rose Byrne la participación de un par de oscarizados actores (William Hurt y Marcia Gay Harden) y una estrella televisiva en ciernes como es Timothy Olyphant. Pero, a cambio, la serie alteraba su particular estructura narrativa. La línea narrativa del presente se reducía al mínimo, avanzando apenas unos segundos en cada ocasión y, por ello, resultando a menudo insufriblemente repetitiva. Afortunadamente, los torpes comienzos eran compensados por espectacular finales en los que, casi en cada capítulo, el relato daba un giro radical que me dejaba preguntándome si verdaderamente nuestro mundo está tan podrido como el mostrado por la serie, en el que cada persona miente y manipula al dictado de sus intereses particulares.

En apariencia, el tema de la temporada ha sido realizar una aguda crítica de la mezcla de corruptelas empresariales y políticas que han llevado a la enorme crisis económica que nos azota. Pero en el fondo, lo que hemos presenciado ha sido la fase más decisiva en la labor de mentorazgo que Patty Hewes va a ejercer sobre Ellen Parsons. La apuesta más radical que ha realizado Daños y prejuicios no está en su atrevida estructura narrativa, sino en la franqueza con la aborda una figura como la del mentor, que tanto se presta a relatos edulcorados sobre ancianos sabios y jóvenes obedientes que siguen sus enseñanza. Me temo que en la realidad la cosa no funciona así. Cualquiera que haya logrado el éxito de verdad en un ámbito, sea el que sea, tiene su propia ración de cadáveres en el armario y acumula en su personalidad un buen puñado de rasgos contradictorios: ambición, inteligencia, egoísmo, capacidad de resistencia, vanidad, generosidad, arrojo… El protegido no tiene que admirar todas las facetas de su maestro e incluso en algunas ocasiones puede detestar algunas. No compartir las decisiones pero seguirlas por lealtad con la entrega de un iluminado. Pero al final, el aprendizaje lleva a sustituir el idealismo por el convencimiento de que las mismas circunstancias llevan a idénticas decisiones. Y a bombardear Dresde si es necesario: el crimen de guerra injusto para ganar la guerra justa.

Ellen Parsons realiza su mayor hazaña cuando consigue presenciar el momento en el que Patty ve las fotos que muestran a su marido con otra mujer. La hipocresía de la una y el estoicismo de la otra acrecientan la intensidad emocional de la escena. Pero no hay venganza en sentido real del término. Con ese acto Ellen certifica el triunfo de Patty sobre la personalidad insustancial que exhibió en la primera temporada y muestra que Ellen es ya una Patty en proyecto, compartiendo incluso la tragedia en la juventud que forja el carácter , el impulso a luchar por lo que justo y la determinación de hacerlo con los medios necesarios para garantizar una victoria. La ironía es completa cuando Patty filtra ella misma las fotos y salga empoderada como mujer de la situación. La escena onírica en la que se enfrenta a todos los hombres de su vida, vivos o muertos, reunidos para jugar a las cartas es un acertado recuerdo de que la serie, no por casualidad, está protagonizada por mujeres fuertes en una sociedad construida con unas reglas masculinas. Para empezar, un lugar en el que una mujer dueña y señora de su sexualidad debe pagar un alto precio por ello (véase el caso de la abogada interpretada por Marcia Gay Harden, traicionada por un mentor idealizado erróneamente). Patty sabe que el mundo (o al menos nuestra amoral sociedad contemporánea) necesita a una cruzada por los débiles y desprotegidos que no tenga miedo de luchar con las armas de los villanos y que necesita a Ellen para realizar esa tarea. Superadas las fases de negación, intuimos que en la tercera temporada, Ellen regresará convencida de que es el turno de que la alumna ocupe el lugar de su maestra.

Próxima semana: ¿Qué pasa con The Wire?
 
Los fenómenos del verano
El verano 2009 ha sido ciertamente singular desde el punto de visto televisivo, con al menos tres puntos de interés.

- El fenómeno True Blood. Nada ha generado más artículos en la prensa que el extraordinario éxito del programa vampírico de Alan Ball, que semana tras semana ha ido batiendo sus record de audiencia hasta lograr cifras cercanas a los blockbusters de HBO por antonomasia, Los Soprano y Sexo en Nueva York. No es que precisamente nos sorprenda, ya que ocurrió algo similar en la primera temporada de la serie, que tras un comienzo titubeante tomó más velocidad con cada capítulo (algo que curiosamente también pasa con el propio ritmo narrativo de la serie). Y a ello hay que sumar las cifras de venta en DVD, casi un millón y medio de unidades en tres meses. Si todo va cómo se espera con la nueva serie de David Simon y la estimulante apuesta de Martin Scorsese, parece que la resurrección de HBO es un hecho.

- El fenómeno del cable básico. Mientras todos los amantes del drama de calidad cruzamos los dedos para que Jay Leno se dé un batacazo con su nuevo programa nocturno (véase este artículo de la revista TIME para calibrar las implicaciones de lo contrario), las series del cable básico se consolidan como una estupenda "tercera vía", más convencionales que en el cable premium pero más atrevidas que en las networks, cuyo modelo de producción empieza a perder sentido año tras año. Mientras que en las networks El mentalista ha sido el único éxito contrastado, en el cable básico se han lanzado en estos meses con buenos resultados Royal Pains, Dark Blue, Warehouse 13 y HawthoRNe.

- El fenómeno Sobrenatural. Lo sé, lo sé. No se puede poner a la misma altura que los dos anteriores, pero no deja de ser una satisfacción ver cómo dos de los críticos televisivos más destacados de los Estados Unidos, Matt Roush de TV Guide Magazine y Maureen Ryan del Chicago Tribune, se han pasado el verano poniéndose al día con Sobrenatural a rebufo de una extraordinaria cuarta temporada en la que prácticamente todo salió bien, especialmente la incorporación de un sensacional Misha Collins como el arcángel Castiel. Como admiradora de la serie desde el comienzo (comentarios aquí y aquí) esta cuarta temporada fue un estupendo premio, tanto por su notable cohesión (nunca uno de los puntos fuerte de Sobrenatural) como por una notable sucesión de grandes capítulos: "In the beginning" (Dean conoce la sorprendente verdad sobre sus padres gracias a un salto en el tiempo), "Yellow fever" (con Dean convertido en un hilarante cobarde), "I Know What You Did Last Summer" y "Heaven and Hell" (sobre profetas y sexo), "Death Takes a Holiday" (uno de los mejores monstruos de la semana de la serie), "It's a Terrible Life" (qué pasaría si los hermanos no lo fueran), "The Monster at the End of This Book" (Dean y Sam los cazademonios conocen al escritor de una serie de novelas protagonizadas por Dean y Sam los cazademonios), "Jump the Shark" (el medio hermano Winchester que nunca conocieron) y "The Rapture" (lucimiento absoluto de Mischa Collins comi Castiel y Jimmy, el propietario de su cuerpo humano). Sobrenatural, sin prisas ni hacer ruido, se han convertido en una de los programas más entretenidos y sorprendentes de la televisión. Bienvenido por fin el reconocimiento crítico.