Todo sobre la tele
Acerca de
Este es el blog de Concepción Cascajosa Virino, Profesora Ayudante en el Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III de Madrid y autora de "Prime Time: Las mejores series americanas, de CSI a Los Soprano", "El espejo deformado: Versiones, secuelas y adaptaciones en Hollywood" y "De la TV a Hollywood: Un repaso a las películas basadas en series".
Sindicación
 
¿Quién dijo que en verano nunca pasa nada?
La televisión norteamericana no deja de producir noticias, y el verano, con la mayor parte de la series comenzando sus rodajes, no es una excepción:

- Adiós Mandy Pantinkin, hola Joe Mantegna: Justo cuando me estaba empezando a aficionar a Mentes criminales, resulta que Mandy Patinkin, maravilloso actor pero pésimo profesional, deja colgados a sus productores sin avisar. Al parecer, estar una serie de éxito es más presión de lo soportable. Ahí comenzó una caza para buscar a una estrella que pudiera sustituirlo y los nombres que sonaron, aunque poco probables, resultaban muy apetecibles: Bob Hoskins, Harvey Keitel, Geena Davis, Michael Keaton... En comparación, la verdad es que Joe Mantegna resulta un pelín serie B. Probado está que una celebridad no garantiza para nada el éxito de una serie, pero es que tampoco estoy segura de que el afable Mantegna, visto en la recordada Joan de Arcadia, sea el actor para este tipo de programa.

- 24, stop, 24, stop, stop: Lo que está ocurriendo con 24 está empezando a sonar un pelín grotesco, con el rodaje pospuesto por segunda vez después de que los planes originales de filmar en África fueran desechados. Ahora resulta que Jack Bauer, tras sobrevivir a varias explosiones nucleares y virus mortales mientras conducía unos Ford divinos, va a ser un héroe ecológico contra el calentamiento global. Obvio. Esta temporada puede ser el desastre total o la redención de la serie. Los fichajes de Janeane Garofalo y Colm Feore son prometedores, pero ésta nunca ha sido la clave de los buenos momentos de la serie.

- Verónica desoja la margarita con heroicidad: Bueno, era evidente que Kristen Bell no iba a estar en el paro durante mucho tiempo, pero nadie esperaba que su regreso a la televisión iba a ser tan rápido y ciertamente espectacular. Al parecer, los productores de Perdidos y Héroes, buenos amigos tras su trabajo en Crossing Jordan, hicieron sendas ofertas a la actriz, que finalmente se decidió por la saga superheroica en lugar de la isla ya no tan desierta. No quiero tachar a Bell de oportunista, ya que indudablemente debe tomar decisiones muy meditadas en esta etapa de su carrera en la que está al borde de alcanzar la fama, pero no se puede negar un pelín de oportunismo: Héroes tiene en el bolsillo la nominación al Emmy y está de subida, mientras que Perdidos, su victoria olvidada ya y entrando en su cuarta temporada, anda de bajada. Que comience la ronda de chistes relacionando el posible superpoder de Bell con nuestra Verónica.

- Once more, with ABC: Tim Minear es el perfecto ejemplo de que, por mucho que tus series fracasen una y otra vez, la industria televisiva siempre está dispuesta a darte una séptima u octava oportunidad si alguna vez hiciste algo bueno y tiene pinta de que, tarde o tempreno, serás capaz de crear un éxito. Nuestro admirado guionista de Ángel ya tiene nuevo proyecto después de que Fox cancelara sus últimos cinco programas: Firefly, Wonderfalls, The Inside, Los negociadores y Drive. Pero esta vez, reunido de nuevo con Todd Holland, ha aterrizado en la ABC, donde con un poco de suerte verá la luz Miracle, la historia de un telepredicador caído en desgracia. Buena suerte, Tim, alguna vez saltará la liebre.

- Buscando a Spike desesperadamente: ¿No estuvo realmente estupendo James Marsters en su paso por Smallville? Spike era un personaje icónico y aún disfrute de su trabajo sin pensar ni una vez en su alter ego vampírico. Bueno, excepto en ese capítulo con la vampiresa Buffy en el que dice que los vampiros no existen, un chiste, digamos, pelín fácil. Ahora Marsters, que se quedó con las ganas de protagonizar The Dresden Files, donde un poquito de sentido del humor no hubiera estado de más, se une a Sin rastro. La calidad de la serie ha caído en picado en los últimos tiempos, pero no pierdo la esperanza en que alguna vez remonte el vuelo.

- Qué tiempos aquellos, HBO: Qué mejor que acabar con una despedida, en este caso la de John From Cincinnati. No es la primera vez que una serie no le funciona a HBO, pero en este momento, con Los Soprano, Roma y Deadwood durmiendo el sueño de los justos, hubiera venido de perlas que le hubiera gustado a alguien, aunque fuera un poquito. O que alguien hubiera entendido de qué iba o hubiera pasado algo, al menos. El esoterismo casi nunca funciona bien en televisión, arte popular ante todo, y en HBO han reconocido por primera vez un fracaso total privando a uno de sus dramas con personajes continuos de una segunda temporada, su consolación habitual para la mercancia defectuosa como Carnivale (K Street no era exactamente un drama). Bueno, al menos, a partir de ahora sólo pueden ir hacia arriba.
 
De lugares nuevos, viejos amigos y perversiones varias
Bueno, el mes de agosto está a punto de concluir y yo sigo aquí en Buenos Aires, pasando frío porque es invierno y viviendo como una persona con un nivel adquisitivo muy superior al de una profesora ayudante de universidad porque alguien, en algún sitio, decidió que un euro equivale a algo más de cuatro pesos y cenar a diario a restaurantes, comprar ropa en boutiques y pillar entradas para musicales en la fila cuatro de pronto resultan ridículamente barato. He venido aquí, aparte de para ver a una querida amiga y avanzar en mi vida académica con una estancia de investigación, con el objetivo de analizar y reflexionar sobre lo que hizo Narciso Ibáñez Serrador en Argentina entre 1957 y 1963. Aunque una idea ajena, lo cierto es que he asumido este proyecto con mi ya característica ilusión por casi todo lo que hago (lo que es un privilegio, ciertamente), feliz de encontrar cada detalle significativo que me permita completar el relato y entender el qué o el por qué, pensando en el momento en el que tenga mi portatil delante de mis dedos para empezar a poner por escrito lo que divago en la cabeza, aunque sabiendo que, cuando eso ocurra, es decir, cuando mi querido y recién comprado Compaq con el maldito Vista instalado nos reunamos de nuevo en Madrid, tendré tantas cosas que hacer pensando en las dos semanas que quedan para el comienzo de las clases que probablemente no tenga tiempo de hacerlo.

Lo cierto es que, gracias a la televisión por cable de que dispone mi departamento en Palermo Soho, he estado viendo muchas series norteamericanas en horarios no del todo honorables, algunas veces siguiendo diferentes temporadas de las mismas series como Urgencias y Smallville, lo que, aunque un poco esquizofrénico, me está sirviendo para ponerme un poco al día. Pero más allá de eso, de ninguna mejor manera se aprecian los denonados esfuerzos de los guionistas para estirar los relatos exponiendo a sus personajes a un juego de inquitudes amorosas que podríamos resumir como "todo el mundo se acuesta con todo el mundo, aunque tenga que cambiar su orientación sexual". Lo más soap y divertido que nos tiene que ofrecer la serialidad televisiva. Por fin pude ver el primer abrazo amoroso de Lana y Lex, y disfrutar del Dr. Kovac como galán con dos mujeres distintas (¿la enfermera o la enfermera convertida en doctora?). Pero si hay que recordar lo que fue Urgencias y definitivamente ya no es, sólo hay que atender a la desagelada despedida de Elisabeth Corday y su interprete Alex Kingston, que dio a la serie siete buenos años. Hasta entonces todos los personajes habían tenido excelentes capítulos de despedida con tramas que les permitían brillar. Pero Corday, arrinconada narrativamente, como en casi todos los capítulos precedentes desde la muerte de Mark Green, se va de tapadillo, quejándose de que la quieren limitar a un trabajo menor y que casi todos sus amigos ya no están. ¿No son fantásticos esos momentos en los que los personajes verbalizan su lugar en la estructura del universo del que forman parte?

Pero lo más sorprendente ha sido encontrarme a mi misma viendo con inusitado interés una serie que he criticado e insultado siempre que he tenido oportunidad, Mentes criminales. No sé si he vuelto un poco enfermiza, pero un interesante capítulo sobre una joven (la siempre excelente Nicki Aycox) que junto a sus parejas secuestra, tortura y mata a chicas parecidas a ella para exorcizar los abusos que sufrió de adolescente me pareció sensacional (reconozco que me quedé a verlo porque estaba escrito por una mujer). En combo con la estupenda The Inside, que dan en otro canal, Mentes criminales dibuja un mundo sórdido que de alguna manera reinterpreta el concepto básico de los programas de ley y orden. Cada criminal cazado deja atrás el suficiente sufrimiento para que al final haya escaso alivio, por mucho que se salve a una víctima al borde de la muerte. Como nos recuerda el personaje de Aycox en el capítulo de Mentes criminales, nunca nada será igual, el trauma la acompañará siempre. La sociedad sigue creando monstruos y sufriendo su azote. Y los encargados de dar caza a esos criminales son mentes siniestras que a duras penas canalizan sus propios impulsos. El concepto de The Inside es precisamente éste, entender al criminal desde la experiencia de la víctima que bien podría convertirse en verdugo, el caso de Rebecca Locke, secuestrada en su infancia, o su jefe Web, que no encuentra mejor manera para detener a una asesino en serie que disfrazar a una prostituta como su primera víctima y dejarla a su merced sin demasiado apasionamiento por su suerte última (un interés que comparte el relato, todo hay que decirlo). Ya sabemos porque Hotch nunca sonríe en Mentes criminales y no resulta extraño que Elle sea efectivamente una criminal que se va libre, sin castigo ni un apice de remordimiento. En estos policiacos no se reestablece el orden, se muestra una nueva faceta del caos. Quizás ello hace que sean interesantes más allá de un evidente sadismo que, obviamente, es el nuestro.