logotipo

img_google
Si lo se no vengo o crónica de una separación
La memoria es frágil y algunas cosas conviene recordarlas para repetir los errores.
Acerca de
Gamberro sin acritud y educado sin empalagar. Por lo demás, bien, gracias.
Sindicación
 
Cómo pasa el tiempo
Pues sí, el tiempo pasa y nos vamos volviendo viejos, como diría el bueno de Silvio.
La última vez que entre en este blog corría el año 2005. Mucho ha llovido desde entonces ( a pesar del cambio climático) y ni siquiera estaba seguro de que siguiera activo. Pero mira por donde, aquí sigue, de modo que lo mismo hasta vuelvo a escribir en el.
Aún no estoy seguro. Tal vez necesite que alguién me anime.
Dime, ¿ que hago?
 
Un tigre dos tigres tres trigres
El viernes vi una gran película, Habana Blues, y al salir me dieron ganas de hacer 3 cosas:
a) Irme a cuba.
b) Ver un concierto cañero, que ya va siendo hora.
c) Tirarme a una mulata.


De las tres lo más posible es que realice una, con muchísima suerte tal vez haga dos y solo un milagro me permitiría completar el trío.
Y hablando de trío, mi querida Isabel tiene ideas de casquera. Ayer tuvimos una cenita con amig@s. Una de ellas, BB, debe de hacer como 4 meses que no se come un rosco y a la buena de mi Isabel no se le ocurre otra cosa que decirme, a media voz y entre los arrullos de las sábanas:
¿Sabes?, me da un poco de pena lo de BB, ¡tanto tiempo sin mojar!, la veo muy triste – me dice. He pensado si te importaría que hiciéramos un trío, ya sabes, solo sexo, sin mayores complicaciones.
Me acordé entonces de una cosa que decía una amiga, algo así como que un polvo no se le niega a un pobre. Isabel sabe perfectamente que BB no es precisamente mi tipo ideal de mujer, pero como me conoce sabe que soy un blandengue… ¡qué no haría yo por la amistad !

Y hablando de amigos: he decidido que mañana voy a declarar día de enlaces, de modo que todo aquel que me envíe un comentario (incluso desagradable) será inmediatamente enlazado ( si no lo está ya y salvo que manifieste su oposición por escrito, por triplicado y debidamente visado por la SGAE).
Oferta no acumulable
Solo hasta agotar existencias.
 
Capítulo XI
Hay quien dice que hoy en día las distancias no existen. Te puedes levantar en Madrid, almorzar en Ginebra y regresar a casa a la hora de la cena; te puedes perder en el último pueblo de Teruel, pero tu móvil sigue teniendo cobertura. Así que, desde ese punto de vista, es verdad que hoy no existen las distancias. La paradoja es que puedes vivir pegado a tus hijos o a tu ex mujer y haber puesto tanta distancia que no les ves jamás.

Digamos que en esas me encontraba yo.

Belén y yo intentábamos evitarnos. Por la poca información que me llegaba a través de amigos comunes, ella lo estaba pasando mal; me dijeron que había comenzado a visitar a un psicólogo y que estaba permanentemente deprimida.

Yo por mi parte había comenzado a salir con Isabel, mi actual pareja. Estábamos en esa etapa de tanteo y de tonteo en la que todavía no sabes muy bien si la relación se quedará solo en una buena amistad o si por el contrario podía ir a más. Isabel era una de las mejores amigas de Annie y fue la propia Annie quién me la presentó unas semanas antes.

Un sábado por la tarde Belén me llamó. No recuerdo el motivo, pero al final terminamos como siempre, discutiendo y echándonos encima toda la mierda acumulada durante 20 años.

Precisamente ese sábado había quedado con Isabel para cenar y la verdad es que estaba bastante ilusionado, pero la conversación con Belén me cambió el ánimo.
Me di una ducha y comencé a vestirme para la cita. Entonces fue cuando llamó mi hija:
Ven rápido – me dijo- creo que mamá no se encuentra bien.

Salí disparado y a medio vestir. Cuando llegué, mi hija estaba llorando y Belén se encontraba en la cama, aturdida aunque consciente. Le hice incorporarse, le di agua, le mojé la cabeza y conseguí que reaccionara. Hablaba como sonámbula y lo único que repetía era: ¿Qué haces tú aquí? ¡ Vete ! ¡ No quiero verte nunca más ! Me acerqué al cuarto de baño y sobre la repisa encontré un frasco de pastillas vacío. No recuerdo de que tipo eran, creo que algún tranquilizante; lo que si recuerdo es que me sentía como si estuviera dentro de una mala película de serie B.
Nunca había reparado en que en las instrucciones de los medicamentos figura con letras grandes un número de teléfono al que se puede llamar en caso de sobredosis o de ingestión accidental. Llamé al número indicado y una mujer muy amable me indico que el producto que Belén había ingerido solo la dejaría adormecida durante unas cuantas horas pero que no había ningún otro riesgo, al menos si solo había tomado un frasco, como así parecía.

Mis actos durante las horas posteriores son una de las cosas que por más que pasa el tiempo no consigo entender. Cuando pienso en ello siento una mezcla de vergüenza y de desprecio por mi mismo. Para justificarme me digo que estaba enfadado, en tensión, desorientado… pero creo que son meras excusas y que en el fondo pudo más la seducción de una cita que mi deber como padre, como marido y como hombre.
Aquella tarde dejé a mi ex en la cama al cuidado de mi hija de 18 años mientras yo disfrutaba de una agradable cena con una encantadora mujer. Y ni un solo segundo me acordé de ella.
 
Que duro es volver
Me he pegado una fantástica semana en Tarifa, follando, comiendo y haciendo windsurf. No le pido nada más a la vida pero hasta eso me lo niega. Por eso hoy he vuelto aquí, donde los animales llevan corbata y donde me siento como los Inuits en el Amazonas.
Hoy no estoy para bromas.
 
Capítulo X
Siempre me he preguntado como viven los ricos. ¿Comen lo mismo que nosotros? ¿Cómo son sus casas? ¿Leen los mismos libros? ¿Ven los mismos programas de televisión?
Intuyo las respuestas para la mayor parte de estas preguntas, pero para algunas de ellas tuve respuesta esa noche.

Annie era muy discreta para todo lo que tenía que ver con su hermana y con el marido de ella. Solo me había dicho que era una persona importante y que no le gustaba hablar del tema.
Ese fin de semana no estaban en casa. Habían salido de viaje y le habían encargado a Annie que se ocupara de los gatos. Con esa excusa y puesto que Annie se tenía que cambiar de ropa después de nuestro numerito en el sex shop, me invitó a subir a casa de su hermana.
La casa era una especie de palacete situado en el barrio de Salamanca. Si bien por fuera no parecía gran cosa, una vez dentro mis ojos y mi boca se quedaron abiertos y prácticamente fui incapaz de volver a cerrarlos durante el tiempo que estuve allí. La decoración era exquisita y la mezcla de colores, de estilos y de formas me cautivó. Recuerdo especialmente un salón pintado en color rojo sangre con unos sofás en color verde. En cualquier otro lugar estas combinaciones hubieran parecido chabacanas, pero aquí se veía la mano de alguien que conocía su oficio. En otro salón, un gran cuadro al óleo representaba al dueño de la casa: en efecto era un personaje conocido, aunque no podía sospechar que lo fuese tanto. Como es obvio no desvelaré su nombre, pero no puedo evitar sentir un inmenso placer al pensar que he follado con su cuñada en un sofá en el que sin duda él se sienta, me he lavado en su baño y me he secado con sus toallas. Es una especie de violación, lo reconozco, pero me produce un extraño placer…no siempre puede uno violar a un destacado miembro del PP.