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Islandia, tierra de hielo y fuego
Blog sobre un país espectacular y salvaje: Islandia
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14/08/2002
Cuando nos levantamos, nuestra primera mañana en Islandia, el resto de los huéspedes de la casa donde estábamos ya se habían ido. En la cocina, encontramos una gran variedad de alimentos para desayunar, aunque nada típicamente islandés. Nuestra primera misión aquel día era cambiar el coche. Afortunadamente, no hubo ningún problema, aunque nuestro nuevo coche no era un todoterreno (un todoterreno grande desequilibraba demasiado nuestro presupuesto). El coche limitaba nuestras incursiones en el interior de la isla, pero esto no suponía un grave problema, ya que la ruta que habíamos previsto no se alejaba de la principal carretera de la isla, que la rodeaba. A lo largo de esta carretera se encontraban la mayoría de poblaciones y lugares a visitar.

Salvado este contratiempo, nos dirigimos al Laugarvatn, también conocido como Blue Lagoon, una de las principales atracciones de Islandia. Se trata de un lago, cuyas fuentes afloran en pozas de distintas temperaturas, debido a la actividad volcánica del subsuelo. Este lago, elegido por los antiguos cristianos islandeses para celebrar el rito del bautismo, es hoy una especie de balneario que recibe miles de visitantes al año. Allí nos dimos un baño en las calientes aguas, que más que azules, tenían un color blanquecino, debido al barro blanco que cubría el fondo y con el que la gente se cubría la cara. El contraste entre la temperatura del agua, y la del ambiente era enorme, por lo que lo único que manteníamos fuera del agua era la cabeza.



Por la tarde, tras el reconfortante baño en aguas volcánicas que nos dejó un extraño tacto en la piel y en el pelo (que ni siquiera el champú consiguió eliminar), fuimos a otro lugar emblemático en Islandia: Thingvellir, Parque Nacional donde se pueden ver los límites de las dos placas tectónicas norteamericana y eurasiática, en forma de dos acantilados hendidos por una falla, que lenta, pero continuamente se separan un poco más cada año, en función de las leyes impuestas por la deriva continental. Thingvellir es además el enclave de mayor importancia histórica de Islandia, ya que sobre este accidente geológico se instauró la que se considera la primera asamblea popular del mundo, el Althing, órgano de gobierno local que durante casi nueve siglos continuados se reunió en Thingvellir para trazar los destinos de la nación nórdica, hasta que en 1984 la institución se reubicó el la capital.

Por lo tanto, nuestro primer día en la isla fue muy completo. Esa noche y la siguiente, dormimos en una cabañita madera que habíamos reservado por internet, junto a un río, en la pequeña población de Hella.

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