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Islandia, tierra de hielo y fuego
Blog sobre un país espectacular y salvaje: Islandia
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13/09/2002
Comienza la aventura. Después de despedirnos de toda la familia animal, que se iba a pasar sus propias vacaciones a la casa que mis abuelos tienen rodeada de naranjos, salimos de Valencia rumbo a Barcelona, con el maletero lleno. No sólo llevábamos la ropa (que al ser de invierno, ocupaba mucho más), sino que también llevábamos los sacos de dormir, y algunas provisiones para poder sobrevivir los primeros días. El avión salió de El Prat, rumbo a Keflavik (el único aeropuerto internacional de Islandia) con un poco de retraso. El viaje duró cuatro horas, y cuando llegamos allí ya era tarde, pero todavía había luz. Mientras el avión se aproximaba a tierra, pudimos ver un paisaje completamente inusual: se trataba de una enorme llanura formada por restos de lava, en la que no había nada: ni árboles, ni casas... Era un paisaje casi lunar.

Cuando aterrizamos, había unos chicos esperándonos para darnos las llaves del coche. Pronto descubrimos nuestro primer error. A pesar de que el coche, en teoría, era para cuatro personas, en la práctica fue casi imposible que nos metiéramos los cuatro y todo el equipaje. Una vez conseguido, nos dirigimos al núcleo urbano de Keflavik, en busca de la casa de huéspedes que habíamos reservado. Tras dar unas cuantas vueltas, la encontramos (al fin y al cabo, Keflvik tampoco era tan grande). Un amable islandés llamado Wilmar nos enseñó nuestras habitaciones, y el resto de la casa, que compartíamos con otros turistas. Una vez instalados, como ya habíamos cenado en el avión, nos fuimos enseguida a la cama.



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