¿Cómo surgió la idea de ir a Islandia?
A mis padres siempre les ha gustado mucho viajar, y por ello, desde pequeñas mi hermana y yo hemos recorrido Europa junto a ellos. Nuestra forma habitual de viajar es en autocaravana, un medio que te permite hacer un viaje a medida, sin necesidad de una excesiva planificación. Sin embargo, el verano de 2002 iba a ser diferente. Mis padres levaban bastante tiempo planteándose la posibilidad de cambiar nuestra autocaravana. Yo no quería, pero ya tenía 13 años y, a pesar de que la habíamos cuidado mucho, 13 años ya son muchos para un vehículo. Casualmente, unos meses antes del verano, surgieron unos compradores, a través de unos amigos que también tenían autocaravana y con los que habíamos hecho muchos viajes juntos. Muy a mi pesar, tuve que despedirme de nuestra “furgonetita”, con la que habíamos recorrido tantos kilómetros.
Como fue algo un tanto repentino, y aunque mis padres pronto se decidieron por un modelo para reemplazarla, nos encontramos con que ese verano no teníamos plan. Por primera vez, teníamos total libertad para elegir el destino (no dependíamos de que fuese un lugar al que pudiésemos llegar por carretera). Barajamos varias posibilidades, pero muy pronto surgió el nombre de Islandia, país del cual mi hermana había visto un documental. De inmediato, la idea nos sedujo a todos. El viaje más emblemático que habíamos hecho hasta el momento había sido al Cabo Norte, punto más septentrional de Noruega, y de Europa continental, y nos habían maravillado los países escandinavos. Además, en verano, siempre buscábamos destinos que nos permitiesen escapar, aunque sólo fuese durante unos días, del calor agobiante de valencia. Además, el 22 de agosto de ese año, mi padre cumpliría los 50, y nos pareció que Islandia sería un destino muy especial en el que celebrarlo. Y de hecho, lo fue.
Como fue algo un tanto repentino, y aunque mis padres pronto se decidieron por un modelo para reemplazarla, nos encontramos con que ese verano no teníamos plan. Por primera vez, teníamos total libertad para elegir el destino (no dependíamos de que fuese un lugar al que pudiésemos llegar por carretera). Barajamos varias posibilidades, pero muy pronto surgió el nombre de Islandia, país del cual mi hermana había visto un documental. De inmediato, la idea nos sedujo a todos. El viaje más emblemático que habíamos hecho hasta el momento había sido al Cabo Norte, punto más septentrional de Noruega, y de Europa continental, y nos habían maravillado los países escandinavos. Además, en verano, siempre buscábamos destinos que nos permitiesen escapar, aunque sólo fuese durante unos días, del calor agobiante de valencia. Además, el 22 de agosto de ese año, mi padre cumpliría los 50, y nos pareció que Islandia sería un destino muy especial en el que celebrarlo. Y de hecho, lo fue.





