Los islandeses
Islandia posee alrededor de 270.000 habitantes, de los que más del 60% viven en el área metropolitana de Rekjavík, centro neurálgico, económico y político del país, a pesar de que la capital islandesa tenga el aspecto de una pequeña ciudad provinciana.
Las demás poblaciones, incluyendo las más notorias, como Eglisstadir o Akureyri, tienen unas dimensiones aún más reducidas y, por descontado, un censo de vecinos netamente inferior. De hecho, la mayoría de las aldeas o pueblos islandeses cuentan con una media de 200 habitantes, mientras que en las aisladas y diseminadas granjas suelen convivir núcleos familiares de entre 4 y 10 personas.
Los islandeses cuentan con un altísimo nivel de vida, que se manifiesta, entre otras maneras, en una esperanza de vida de 76 años para los hombres y 80 para las mujeres. Siendo un país con una densidad de habitantes tan baja, el gobierno anima y fomenta los nacimientos, se sitúan en un elevado índice de 17,4 alumbramientos por cada 1000 mujeres.
Especialmente notoria resulta la permisividad social imperante en la isla, traducida en la enorme cantidad de parejas de hecho y madres solteras del país, que por lo general, suelen tener sus primeros hijos mucho antes de contraer matrimonio, sin que esto suponga ninguna lacra en su vecindad.
Por lo demás, el pueblo islandés es objeto de una curiosa contradicción, y es que si bien su tradición, lengua y costumbres son antiquísimas y se remontan a los usos y maneras de los antiguos vikingos que inmigraron a la isla a partir del siglo IX, la pureza de sangre escandinava es bajísima, ya que, desde los orígenes de la nación los habitantes primeros se mezclaron con otros colonos celtas de cuya unión desciende la población actual.
Las demás poblaciones, incluyendo las más notorias, como Eglisstadir o Akureyri, tienen unas dimensiones aún más reducidas y, por descontado, un censo de vecinos netamente inferior. De hecho, la mayoría de las aldeas o pueblos islandeses cuentan con una media de 200 habitantes, mientras que en las aisladas y diseminadas granjas suelen convivir núcleos familiares de entre 4 y 10 personas.
Los islandeses cuentan con un altísimo nivel de vida, que se manifiesta, entre otras maneras, en una esperanza de vida de 76 años para los hombres y 80 para las mujeres. Siendo un país con una densidad de habitantes tan baja, el gobierno anima y fomenta los nacimientos, se sitúan en un elevado índice de 17,4 alumbramientos por cada 1000 mujeres.
Especialmente notoria resulta la permisividad social imperante en la isla, traducida en la enorme cantidad de parejas de hecho y madres solteras del país, que por lo general, suelen tener sus primeros hijos mucho antes de contraer matrimonio, sin que esto suponga ninguna lacra en su vecindad.
Por lo demás, el pueblo islandés es objeto de una curiosa contradicción, y es que si bien su tradición, lengua y costumbres son antiquísimas y se remontan a los usos y maneras de los antiguos vikingos que inmigraron a la isla a partir del siglo IX, la pureza de sangre escandinava es bajísima, ya que, desde los orígenes de la nación los habitantes primeros se mezclaron con otros colonos celtas de cuya unión desciende la población actual.





