Edelweis, edelweis...

Como hoy ha salido buen día, hemos decidido irnos a comer por ahí, en lugar de quedarnos para hacer la limpieza general como estaba previsto (y es que cualquier excusa es buena para librarse de las limpiezas generales...)
Hace días que nos apetecía hacer un tour por el pasado. Prizz quería enseñarme dónde acampaba con sus padres, tíos y primos varios cuando era peque. Se juntaban un montón y se lo pasaban bomba. Era en Lasaosa. Yo por mi parte, quería que fuésemos a Gésera. Dónde iba yo con mis abuelos cuándo no estábamos en la playa. La casa de los padres de mi abuelo y ahora de su tío. Un pueblo muy pequeño que casi no aparece ni en los mapas.
Los dos sitios están muy cerquita. A menos de diez kilómetros uno del otro. Y en el centro, el Molino de Villovas. Otro lugar de acampadas de Prizz & Family. Hemos estado pensando de camino, que seguro que cuando éramos niños, nos cruzaríamos más de una vez...
Lasaosa está abandonado ahora. El camino que conducía al pueblo está cubierto por una hierva alta. Como se adivinaba la senda, la hemos seguido un poco mientras Prizz señalaba dónde dejaban el comber trece, dónde cogían ranas él y sus primos, dónde había una canasta. No quedaba rastro alguno de todo esto. Yo estaba en que no veía por dónde pisaba. La hierva alta no me gusta, necesito ver dónde pongo los pies. Además, escuchaba ruidos de bichos por aquí y por allá. Tengo que decir que tengo una fobia del quince a las serpientes, así que andaba mirando a un lado y a otro esperando ver aparecer alguna en cualquier momento (siempre que estoy en el campo lo hago instintivamente) Total, que en una de esas miradas la veo. Terriblemente laaaaaaaaaaaaaaaaarga y gooooooooooooooorda. Sólo alcanzo a decir un “mira” rasposo antes de quedarme paralizada completamente. Y Prizz: “¿Qué? Yo no veo nada... ¿Dónde? ¿¿DÓNDE??” Y la ha visto (supongo que siguiendo mi mirada de terror, aunque estaba completamente camuflada. Parecía la rama de un árbol. “¡¡¡Hostias, que pedazo de bicho!!! ¡¡¡Es de las gordas!!! En estas que el bicho empieza a moverse y yo ya me veía rodeada. En realidad no me veía de ninguna manera, no me acuerdo de nada. Prizz dice que le he arañado todo el brazo y hasta que no me ha gritado no me he puesto a andar (en dirección al coche, of course). Volver con los pies metidos en la hierva, después de lo que acababa de ver casi me ha hecho perder el juicio. Me caían unos lagrimones como puños, me temblaban las manos y las rodillas. Cuándo he entrado al coche y ha pasado un rato, me he dado cuenta de que por el camino, me he arañado yo misma todo el cuello de los nervios y me escocía (y escuece) una barbaridad. Durante un buen rato, he tenido nauseas de los nervios en el estómago.
En fin...
Aclaro que no soy una tía moñas. Yo me como las ratas del tamaño de gatos y las arañas peludas del tamaño de ratas, pero con las cosas sin patas no puedo.
Total, que hemos decidido ir a Gésera. Me jode por Prizz, que estaba ilusionado enseñándomelo todo.
Gésera. El pueblo no ha crecido y sin embargo está diferente. No se parece en nada al pueblo de mis recuerdos y para no estropearlos, he decidido no parar allí hoy. Quizá otro día. Pretendía fotografiar la casa, la hera, el huerto dónde jugaba a ser como mi abuelo y dónde le ayudaba a quitar los bichos de las patatas. El jardín que cuidaba mi abuela (le encantan las flores más que cualquier otra cosa en el mundo) Pero me ha dado miedo que todo eso ya no estuviese allí. Quizá otro día...
Hemos comido cerca del desvío a Gésera. No tenemos sillas de campo y no había un sitio cómodo para sentarnos. Lo hemos intentado en el suelo (yo mirando a un lado y a otro) pero al sentarnos he tenido que salvar a Prizz de ser atacado por una caparra que trepaba astuta por sus pantalones. Y aquí sólo menciono que Prizz no tiene muy buena relación con las caparras.
Tras todo esto, tengo que decir que estaba algo chafada. No sé porqué, pero me he deprimido un poco. Menos mal que Prizz es un hombre de recursos y nada perezoso para dar la vuelta al pirineo en un día si es necesario, sólo para animarme.
-“Iremos hasta donde nos lleven las ruedas” me dice.
-“¡Oh! eso puede ser realmente lejos, no sé si llevamos suficiente gasolina” le digo yo.
-“Entonces, hasta dónde nos de la gana”
-“Pero si bajamos del coche, que haya un camino visible”
Hemos parado en “Los chocolates de la abuela” Un lugar en la carretera dónde hacen los chocolates más variados y cojonudos del mundo. Hay unas bolas de chocolate rellenas de dulce de leche... cuando las muerdes, el dulce de leche se desparrama por la boca y está de vicio. Nos hemos comido seis (el chocolate segrega no-sé-que-coño que te hace feliz. Soy feliz)
La primera parada ha sido en Torla. He comprado una postal de edelweis. La flor del pirineo. Mi flor. He hecho muchas fotos aprovechando la cámara digital. Prizz me decía que me parezco a los chinos, y yo le contestaba encogiéndome de hombros que es una cámara digital.
Después hemos ido a Boltaña. El pueblo no me ha gustado mucho. Creo que estuve una vez de pequeña. Es demasiado disperso... no sé. Me gusta más Aínsa. Así que para terminar el día, hemos ido allí. Estaban de fiestas y las carpas y los adornos de la bandera aragonesa por las calles lo afeaban un poco, pero me sigue pareciendo precioso. Aquí venimos todos los años al menos una vez. Tiene balcones repletos de flores y helechos, y sus casas están muy juntas, algunas unidas por arcos. Es una villa medieval que conserva parte del castillo amurallado. Os dejo un enlace a una página que tiene visita virtual.
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Sonando: Tatu - Not Gonna Get Us
Comentario:
Lady, me alegra que te hayas decidido a dejar tu comentario ;) Me gusta que lo hagáis especialmente si no nos conocemos. Es como que por lo menos, la gente imparcial se molesta en perder unos minutitos leyendo alguna tontería de las mías, y eso siempre me anima (gracias a las dos por perder esos minutitos) Mi familia y amigos me leen, pero insisten en comentármelo personalmente dejando esto la mar de desangelado (tomad nota señor@s jijiji)
A mi me encanta recordar. Soy una sentimental enamorada de las viejas fotografías familiares en blanco y negro, y guardo con cariño todo aquello que atesoraba de niña. Volver a esos lugares que un día fueron tantas cosas en la imaginación de un niño a veces es divertido y otras muy duro. Te entiendo perfectamente Girl, y es por eso de ver y sentir de manera diferente, que creo que me guardaré para mi esos recuerdos sin ensuciarlos con paredes revocadas y jardines de revistas de decoración ;)
Lo de las serpientes es que es curioso... me pasa como a ti. Si las veo en sus terrarios en las tiendas o en la tele, me fascinan y no puedo quitarles el ojo de encima (apretando los dientes, eso si). Ahora, como vea una en directo se me pone la piel de gallina, los dedos de los pies se me encogen y ya no veo vuelta buena... visualizo esa forma de moverse que tienen y para qué quieres más, Tomás.
A mi me encanta recordar. Soy una sentimental enamorada de las viejas fotografías familiares en blanco y negro, y guardo con cariño todo aquello que atesoraba de niña. Volver a esos lugares que un día fueron tantas cosas en la imaginación de un niño a veces es divertido y otras muy duro. Te entiendo perfectamente Girl, y es por eso de ver y sentir de manera diferente, que creo que me guardaré para mi esos recuerdos sin ensuciarlos con paredes revocadas y jardines de revistas de decoración ;)
Lo de las serpientes es que es curioso... me pasa como a ti. Si las veo en sus terrarios en las tiendas o en la tele, me fascinan y no puedo quitarles el ojo de encima (apretando los dientes, eso si). Ahora, como vea una en directo se me pone la piel de gallina, los dedos de los pies se me encogen y ya no veo vuelta buena... visualizo esa forma de moverse que tienen y para qué quieres más, Tomás.
Comentario:
joer!! sí, qué tiempos aquellos de cuando eramos jovencísimas de la muerte...
a mí una vez me dio el punto de llevar a los amigos de paseo a donde mi hermano y yo jugábamos a hacer cabañas... resultó que ahora eran parcelas (sin edificar) y seguridad casi llama a la guardia civil :S pensaron que queríamos robar o algo así.
mejor que no vayas, ya que cuando somos pequeños, vemos las cosas de distinta manera y las sentimos así también... bueno, entiendeme, haz lo que quieras jejeje pero eso... que será muy distinto a como lo recuerdas
a mí una vez me dio el punto de llevar a los amigos de paseo a donde mi hermano y yo jugábamos a hacer cabañas... resultó que ahora eran parcelas (sin edificar) y seguridad casi llama a la guardia civil :S pensaron que queríamos robar o algo así.
mejor que no vayas, ya que cuando somos pequeños, vemos las cosas de distinta manera y las sentimos así también... bueno, entiendeme, haz lo que quieras jejeje pero eso... que será muy distinto a como lo recuerdas
Comentario:
Conozco tu blog por un enlace desde un foro de dollfies y suelo pasarme por aquí a leer tus "aventuras", porque tienes un estilo fresco de escritura que me resulta muy simpático.
Me he animado a comentar precisamente porque el tema va por los derroteros de esos viajes que hacíamos de pequeños con nuestros padres, y los míos, más de una vez han sido a Aínsa, Torla y Boltaña.
Ha sido ver las fotos de Aínsa y echarme a reír al recordar un montón de anécdotas, como la ocasión en que paseábamos con la mala suerte de hacer la misma ruta por la que minutos antes iba pasando el camión de la basura, o el vil apropamiento de unas moneditas en el pozo (ahora ya vacío de agua, supongo) del claustro de la iglesia para poder llamar por teléfono (¡cabinas vampíricas chupa monedas de veinte duros!¡Juro que eran algo inaudito!).. a escondidas del cura, claro.
Lo tuyo con las serpientes se parece a lo mío con las arañas, salvo que además yo siento una especie de obsesión malsana que me lleva a no perderles la pista... qué cruz.
¡¡Saludos!!
Me he animado a comentar precisamente porque el tema va por los derroteros de esos viajes que hacíamos de pequeños con nuestros padres, y los míos, más de una vez han sido a Aínsa, Torla y Boltaña.
Ha sido ver las fotos de Aínsa y echarme a reír al recordar un montón de anécdotas, como la ocasión en que paseábamos con la mala suerte de hacer la misma ruta por la que minutos antes iba pasando el camión de la basura, o el vil apropamiento de unas moneditas en el pozo (ahora ya vacío de agua, supongo) del claustro de la iglesia para poder llamar por teléfono (¡cabinas vampíricas chupa monedas de veinte duros!¡Juro que eran algo inaudito!).. a escondidas del cura, claro.
Lo tuyo con las serpientes se parece a lo mío con las arañas, salvo que además yo siento una especie de obsesión malsana que me lleva a no perderles la pista... qué cruz.
¡¡Saludos!!





