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The lost Boys
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"Ayer hice algunas cosas muy malas. Quiero decir muy malas. Ya sabes. Pero hoy hago algunas cosas buenas. No se. Ya sabes."
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Había una vez un gato...
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Tengo dos compañeras de trabajo:

A una de ellas le regalaron un gato. Era una preciosa bolita de pelo, color canela y con rayitas blancas. Lo llamó Cafelito.
Cafelito, como todos los gatos, era un bicho juguetón y resabiado, que hacía las delicias de su dueña. Cada día llegaba a la peluquería con fotografías en el móvil, y nuevas anécdotas que contar, y como toda madre primeriza, prácticamente no hablaba de otra cosa. Cafelito saltaba a dos patas, se subía por las paredes, los acechaba desde el sillón. ¡Estaba loco!

Y así fue como a la otra le entraron unas ganas tremendas de tener un gato. Tampoco hablaba de otra cosa. Bromeaba diciendo que lo llamaría Cafelito, porque era un nombre con mucha personalidad, muy adecuado para un gato, of course. Y pasó el tiempo. No demasiado, claro está. Y mi compañera número dos, llegó un día con una fotografía en su móvil, y en ella, una preciosa bolita de pelo, color canela y con rayitas blancas, nos miraba del revés desde el sofá con cara acechante. Y lo llamó Cafelito.

Desde luego, la exclusividad es una utopía. No se puede pretender ser único en nada, pero a mi nadie me puede impedir que me ría de ciertas... coincidencias...


Ay, lo que sufro...

Sonando: Barricada - Sean bienvenidos

No