En el Monasterio de Piedra
Hoy hemos ido de excursión.
Habíamos quedado con mi hermana Rebeca y mi cuñadin David de diez y media a once. Nos hemos presentado a las once y media...
La culpa la tiene la bolsa de Prizz. En ella lleva cosas como las llaves de casa, el carnet de conducir y las lentillas. No aparecía por ninguna parte. Tras unos tres cuartos de hora de búsqueda, se le ocurrió que quizá podría ser que estuviese en el coche O_O
Nos pusimos en camino comentando lo verdes que nos pondrían por el retraso.
Resulta que mi hermana, la pobre, se había levantado muy temprano para hacernos la comida, una ensalada de pasta y tortilla de patata (ñam, ñam) Todo esto hecho con amor, que si no, no se digiere nada bien. Menos mal que para cuando la avisé de que llegábamos tarde, ya había terminado con la comida (hace ratos), porque si no, los planes amorosos se habrían torcido y hubiésemos terminado todos en urgencias con una salmonela.
Total, que nos ponemos en camino. A la una y cuarto llegábamos. Estuvimos un rato decidiendo si comíamos antes o después.
Como habíamos comprado montones de bolsas de frutos secos, nos las llevamos y así no perdíamos más tiempo.
El Monasterio de Piedra está lleno de cascadas y es muy bonito. Prizz no paraba de decir que todo era un circuito cerrado, y nosotros pensábamos que era natural. Naturalmente hecho por el hombre humano. Resulta que el Prizz, volvía a tener razón, una vez más, hay que ver que asco de tío ;)
Fotitos de algunos rincones:




Aquí nos pareció ver un cocodrilo, pero resultó que era un tronco.
Había bastantes bichos. Los más peligrosos eran los peces. Auténticas pirañas del amazonas, parecían. A Rebeca se le ocurrió que les echásemos unas bolitas que salían en los revueltos de frutos secos y se tiraron en picado envistiéndose unos a otros. Daban miedo. Después vimos un cartel que decía que sólo se alimentaban de piensos especiales. No me extraña que tuviesen tanta hambre, francamente...
Subimos y bajamos. Subimos y bajamos. Subimos y bajamos. Entramos en el interior de una cascada donde alguien dijo que se habían rodado allí nada menos que ocho películas. Seguro que una era la de “Indiana Jones” Las paredes de roca estaban cubiertas de palomas asesinas, y pasamos algún que otro momento de terror mientras acechaban cloqueando (o lo que sea que las palomas asesinas hagan)
Hubo más momentos de tensión, cuando al pasar por la entrada de una caverna, nos salió un oso devorador de cacahuetes.

Prizz dijo que no era un oso, que era culosucio. Que llevaba en vez de mano derecha un manojo de puerros y su pierna izquierda era Ricky Martin y que tejía mogollón de cestas.

No sé muy bien cómo pudimos escapar de allí, francamente...
Después de todos estos sobresaltos y algunos más (como el subir y bajar escaleras verticales con las suelas de las zapatillas mojadas sin llevar ninguna clase de equipo de espeleología), llegamos a la salida. Hora de comer.
Unos “Trae esa longaniza, suelta que ese pan es mío, dame tortilla de patata, quiero más ensalada”segundos después, todo había terminado.
Apareció por allí una gatita muy guapa, que debía ser modelo, porque estaba extremadamente delgada. “A ver si se come un trocito de longaniza, que del calor está tiernita.” Y se puso las botas la tía. Se comió la mitad y cuando los de la mesa de detrás le tiraron una pechuga enterita (así ya se puede llamar la atención de un gato) la tía la cogió en la boca y salió de allí pitando ¡Chaquetera!
Debió de dar la voz de alarma y avisar al resto de animales de que los capullos de los turistas estaban que lo tiraban y repartían comida a raudales. En menos de un minuto estábamos rodeados por otro gato (este no era modelo, pero también estaba algo escuchimiciado)

Y un pato con convulsiones.

El gato se trincó la otra media longaniza, y el pato el pan que nos quedaba mojado con agua (para que se haga un bocadillo, dijo David). Sacudía el cuello frenéticamente, salpicando a todo cristo de migajas de pan húmedo. Menos mal que la hora punta del merendero había pasado...
Total, que nos lo pasamos bomba *_*
Dejamos a Rebeca y David en su casa y como el sábado había sido mi cumple, me regalaron este kit de aseo tan chulo:

Consta de: Gel de ducha de chocolate (ñam, ñam) Pastilla de gel exfoliante, que huele a fresitas :) esponja y tres jabones artesanales que huelen muy bien también. Todo envuelto en celofán y dentro de una bañera de madera, que me encanta.
Y yo sin comprarle nada desde mayo, que fue el suyo. Ya me vale u_u
¡Muchas gracias!
Sonando: Tributo a la orquesta de burbujas – By David
Habíamos quedado con mi hermana Rebeca y mi cuñadin David de diez y media a once. Nos hemos presentado a las once y media...
La culpa la tiene la bolsa de Prizz. En ella lleva cosas como las llaves de casa, el carnet de conducir y las lentillas. No aparecía por ninguna parte. Tras unos tres cuartos de hora de búsqueda, se le ocurrió que quizá podría ser que estuviese en el coche O_O
Nos pusimos en camino comentando lo verdes que nos pondrían por el retraso.
Resulta que mi hermana, la pobre, se había levantado muy temprano para hacernos la comida, una ensalada de pasta y tortilla de patata (ñam, ñam) Todo esto hecho con amor, que si no, no se digiere nada bien. Menos mal que para cuando la avisé de que llegábamos tarde, ya había terminado con la comida (hace ratos), porque si no, los planes amorosos se habrían torcido y hubiésemos terminado todos en urgencias con una salmonela.
Total, que nos ponemos en camino. A la una y cuarto llegábamos. Estuvimos un rato decidiendo si comíamos antes o después.
Como habíamos comprado montones de bolsas de frutos secos, nos las llevamos y así no perdíamos más tiempo.
El Monasterio de Piedra está lleno de cascadas y es muy bonito. Prizz no paraba de decir que todo era un circuito cerrado, y nosotros pensábamos que era natural. Naturalmente hecho por el hombre humano. Resulta que el Prizz, volvía a tener razón, una vez más, hay que ver que asco de tío ;)
Fotitos de algunos rincones:




Aquí nos pareció ver un cocodrilo, pero resultó que era un tronco.
Había bastantes bichos. Los más peligrosos eran los peces. Auténticas pirañas del amazonas, parecían. A Rebeca se le ocurrió que les echásemos unas bolitas que salían en los revueltos de frutos secos y se tiraron en picado envistiéndose unos a otros. Daban miedo. Después vimos un cartel que decía que sólo se alimentaban de piensos especiales. No me extraña que tuviesen tanta hambre, francamente...
Subimos y bajamos. Subimos y bajamos. Subimos y bajamos. Entramos en el interior de una cascada donde alguien dijo que se habían rodado allí nada menos que ocho películas. Seguro que una era la de “Indiana Jones” Las paredes de roca estaban cubiertas de palomas asesinas, y pasamos algún que otro momento de terror mientras acechaban cloqueando (o lo que sea que las palomas asesinas hagan)
Hubo más momentos de tensión, cuando al pasar por la entrada de una caverna, nos salió un oso devorador de cacahuetes.

Prizz dijo que no era un oso, que era culosucio. Que llevaba en vez de mano derecha un manojo de puerros y su pierna izquierda era Ricky Martin y que tejía mogollón de cestas.

No sé muy bien cómo pudimos escapar de allí, francamente...
Después de todos estos sobresaltos y algunos más (como el subir y bajar escaleras verticales con las suelas de las zapatillas mojadas sin llevar ninguna clase de equipo de espeleología), llegamos a la salida. Hora de comer.
Unos “Trae esa longaniza, suelta que ese pan es mío, dame tortilla de patata, quiero más ensalada”segundos después, todo había terminado.
Apareció por allí una gatita muy guapa, que debía ser modelo, porque estaba extremadamente delgada. “A ver si se come un trocito de longaniza, que del calor está tiernita.” Y se puso las botas la tía. Se comió la mitad y cuando los de la mesa de detrás le tiraron una pechuga enterita (así ya se puede llamar la atención de un gato) la tía la cogió en la boca y salió de allí pitando ¡Chaquetera!
Debió de dar la voz de alarma y avisar al resto de animales de que los capullos de los turistas estaban que lo tiraban y repartían comida a raudales. En menos de un minuto estábamos rodeados por otro gato (este no era modelo, pero también estaba algo escuchimiciado)

Y un pato con convulsiones.

El gato se trincó la otra media longaniza, y el pato el pan que nos quedaba mojado con agua (para que se haga un bocadillo, dijo David). Sacudía el cuello frenéticamente, salpicando a todo cristo de migajas de pan húmedo. Menos mal que la hora punta del merendero había pasado...
Total, que nos lo pasamos bomba *_*
Dejamos a Rebeca y David en su casa y como el sábado había sido mi cumple, me regalaron este kit de aseo tan chulo:

Consta de: Gel de ducha de chocolate (ñam, ñam) Pastilla de gel exfoliante, que huele a fresitas :) esponja y tres jabones artesanales que huelen muy bien también. Todo envuelto en celofán y dentro de una bañera de madera, que me encanta.
Y yo sin comprarle nada desde mayo, que fue el suyo. Ya me vale u_u
¡Muchas gracias!
Sonando: Tributo a la orquesta de burbujas – By David





