Una canción para el recuerdo
Suele pasarme, como a mucha gente imagino, que asocio algunas canciones a momentos concretos de mi vida.
Verano de 1985:
Tengo diez años, veraneo como siempre en La Pineda, en el apartamento que mis abuelos tenían allí. Detesto el mar, pero, ¿quién detesta el mar cuándo tiene diez años y tooooodo el verano por delante?
El olor del mar en cambio, me encanta. También asocio algunos olores.
Por aquel entonces, no salía del agua. Primero en la playa, siempre bajo la atenta y vigilante mirada de mi abuelo. Después, un rato en la piscina antes de comer.
No hacía demasiados amigos, pero tampoco los necesitaba teniéndolo a él.
Después de comer me echaba la siesta. Cuando el sol se iba poniendo, mi abuela me ponía los vestidos que me había ido comprando en el mercadillo de los viernes (especias. El olor del curri destaca siempre sobre los demás allí) y salíamos a dar un paseo. Siempre el mismo recorrido bordeando la playa, hasta el pequeño puesto de la cruz roja, donde nos encantaba ver romper las olas. La Canción sonaba por todas partes aquel año. En los caballitos de Félix, en la piscina, en la radio, en la televisión. Sonaba cuando uno de los niños se cayó jugando y se abrió una pierna con el aspersor del césped mientras el agua y la sangre se mezclaban a la vista de todos los demás. Sonaba en el apartamento de enfrente por la noche, cuando yo hacía que dormía en la litera de arriba que estaba pegada a la puerta de entrada.
El olor del mar, el de las cremas bronceadoras, el cloro de la piscina. El curri en el mercadillo, el coco en las manos de mi abuela, el de las extrañas flores que adornaban la entrada de los apartamentos. A veces, suena una canción, nos llega el olor, y volvemos a tener diez años. Y nada tiene importancia cuando tienes toooodo el verano por delante.
En el 98 los Modern Talking editaron un disco con sus grandes éxitos. Lo compré exclusivamente por La Canción de aquel verano.
Verano de 1998:
Tengo veintitrés años. Trabajo en la misma peluquería en la que estoy ahora y Rebeca, mi hermana, trabaja conmigo. Al salir pasamos al kiosco de al lado y nos aprovisionamos de cosas verdes. Mi último año en la casa de Mon Mère. Su último año en la casa de Mon Mère.
La Canción suena de nuevo.
Esther, nuestra compañera, se casa. La Canción suena.
Suena en los bares el sábado noche.
Suena en el coche mientras vamos a La Pineda en vacaciones, a ver a los abuelos, que siguen pasando allí el verano.
Suena.
Modern Talking - You´re my heart, you´re my soul
Verano de 1985:
Tengo diez años, veraneo como siempre en La Pineda, en el apartamento que mis abuelos tenían allí. Detesto el mar, pero, ¿quién detesta el mar cuándo tiene diez años y tooooodo el verano por delante?
El olor del mar en cambio, me encanta. También asocio algunos olores.
Por aquel entonces, no salía del agua. Primero en la playa, siempre bajo la atenta y vigilante mirada de mi abuelo. Después, un rato en la piscina antes de comer.
No hacía demasiados amigos, pero tampoco los necesitaba teniéndolo a él.
Después de comer me echaba la siesta. Cuando el sol se iba poniendo, mi abuela me ponía los vestidos que me había ido comprando en el mercadillo de los viernes (especias. El olor del curri destaca siempre sobre los demás allí) y salíamos a dar un paseo. Siempre el mismo recorrido bordeando la playa, hasta el pequeño puesto de la cruz roja, donde nos encantaba ver romper las olas. La Canción sonaba por todas partes aquel año. En los caballitos de Félix, en la piscina, en la radio, en la televisión. Sonaba cuando uno de los niños se cayó jugando y se abrió una pierna con el aspersor del césped mientras el agua y la sangre se mezclaban a la vista de todos los demás. Sonaba en el apartamento de enfrente por la noche, cuando yo hacía que dormía en la litera de arriba que estaba pegada a la puerta de entrada.
El olor del mar, el de las cremas bronceadoras, el cloro de la piscina. El curri en el mercadillo, el coco en las manos de mi abuela, el de las extrañas flores que adornaban la entrada de los apartamentos. A veces, suena una canción, nos llega el olor, y volvemos a tener diez años. Y nada tiene importancia cuando tienes toooodo el verano por delante.
En el 98 los Modern Talking editaron un disco con sus grandes éxitos. Lo compré exclusivamente por La Canción de aquel verano.
Verano de 1998:
Tengo veintitrés años. Trabajo en la misma peluquería en la que estoy ahora y Rebeca, mi hermana, trabaja conmigo. Al salir pasamos al kiosco de al lado y nos aprovisionamos de cosas verdes. Mi último año en la casa de Mon Mère. Su último año en la casa de Mon Mère.
La Canción suena de nuevo.
Esther, nuestra compañera, se casa. La Canción suena.
Suena en los bares el sábado noche.
Suena en el coche mientras vamos a La Pineda en vacaciones, a ver a los abuelos, que siguen pasando allí el verano.
Suena.
Modern Talking - You´re my heart, you´re my soul
Comentario:
Esa tienda era la repera... Allí nos compraron nuestras primeras Barbies, el día de mi cumpleaños. A ti te querían comprar el Ken, y tu dijiste que ni en sueños juaaaaaaas
La mía era “mi primera Barbie” y llevaba un traje blanco con un lazo rosa, en plan primera comunión. No recuerdo cual era la tuya...
Pobre Sancho, con lo que nos reíamos con él Siempre con su eterna gorra de capitán sobre la calva, nos decía que ese era su barco, mientras señalaba el más grande de los que se veían en alta mar.. murió el año pasado. O el anterior, no lo recuerdo bien y el tiempo se pasa volando...
La mía era “mi primera Barbie” y llevaba un traje blanco con un lazo rosa, en plan primera comunión. No recuerdo cual era la tuya...
Pobre Sancho, con lo que nos reíamos con él Siempre con su eterna gorra de capitán sobre la calva, nos decía que ese era su barco, mientras señalaba el más grande de los que se veían en alta mar.. murió el año pasado. O el anterior, no lo recuerdo bien y el tiempo se pasa volando...
Comentario:
aveces me acuerdo del apartamento, y me entra morriña... de la tiena que habia al lado de su casa, donde tenian barbis en el escaparate y estaba todo lleno de flotadores y colchonetas, del estanco donde comprabamos postales, y de Sancho, el "gemelo" del yayo, jejeje que tiempos!





