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Creer es poder?
Comentarios desde el inframundo
Acerca de
No hay nada nuevo bajo el sol, pero cuántas cosas viejas hay que no conocemos
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Sindicación
 
El destierro.
Parece ser que siempre hay alguien que es más poderoso que tú. Parece ser que siempre habrá alguien q tiene la última palabra, que nada importa el trabajo diario y el hacer y deshacer por tus Fantasmas.
He cuidado de ellos, he escuchado sus gritos incesantes con un estoicismo del que no creía tener posesión. He paseado incansablemente por este Inframundo. He hecho cuanto ha estado en mi mano por llevar a cabo mi trabajo de Cancerbero lo mejor que he podido.
Pero el rey del Hades, el gran señor, ha decidido que no lo he hecho demasiado bien. No me gratifica por querer acoger nuevos Fantasmas. No. Todo lo contrario. En lugar de vanagloriarse de que su fiel sirviente, el tonto de Thanatos, que todo lo aguanta sin decir nada, había decidido cargar con nuevos y, quizá, peores fantasmas; no, no hizo eso. Todo lo contrario.
Cogió todas mis cosas, como si se tratasen de basura (pero mi basura al fin y al cabo) y las lanzó lejos. Las arrojó lejos de lo que eran mis Tierras para darme a entender que el nuevo espacio que iba a ocupar en el Inframundo no iba a ser mejor que el que ya había ocupado.
Lejos del lugar donde estaban las Tres Puertas, el corazón parecía menos resentido, pero echaría de menos el Desconcierto, como siempre. No estaba lejos de la Caverna del Olvido, eso no lo soportaría. Siempre cerca de ella, puedo guarecerme cuando ya no aguante más.
Y la Laguna siempre estará allí. Ni cerca ni lejos, sólo en el lugar oportuno, en el momento adecuado.
Menos mal que mi Flor me seguirá allá donde yo vaya. Menos mal que la Ventana abarca todo el techo del Inframundo. Menos mal que lo indispensable me queda siempre a mano. Menos mal que están los de siempre animándome.
Dejaré atrás a mi Ángel Caído, mi noble Voland, se queda lejos, pues no puedo llevarlo al lugar al que voy.
Me voy alegre, pero a la vez la tristeza me ahoga por dentro. No me despiden con alegría, como pensé que lo harían en algún momento. No. En lugar de eso, me voy como si nunca hubiera hecho nada por ellos, como si todos mis desvelos y esfuerzos hubieran sido en balde.
Y al perder también a mi Ángel de Luz, el calor y el resplandor, al principio, me faltarán allá donde voy.
Sólo espero que los nuevos Fantasmas asuman que llega un Cancerbero nuevo. Sí, nuevo y más elevado. El rango sube cuando te destierran, irónico verdad?
Ahora soy más carcelero que antes pero duele la partida. Echaré de menos a las almas que vagaban por su Posada, los rincones y lugares que recorrí con Voland y las risas de mis tardes fuera del Inframundo.
Echaré de menos muchas cosas, pero sé que no echaré de menos. El desprecio del gran Jefe, el disgusto que causó cuando decidí marcharme.
A él, le dejo mi mayor disgusto. No me lo voy a llevar para que no amargue mis nuevos días. Le dejo todas y cada una de las lágrimas que me ha hecho derramar por el mal trato sufrido al final.
Y Ella, vendrá conmigo, claro. Es mi Fantasma más allegado y es mejor que quede conmigo, pues su dolor podría ser una base de escarnio para el nuevo Cancerbero que contraten.
El adiós es difícil, pero si te invitan a irte, se hace menos difícil.
“La mente humana no puede ser destruida absolutamente con el cuerpo, sino que hay alguna de sus partes que perdura eternamente.”

Saludos desde el Inframundo.
 
Con los pies en la tierra.
Ahora ya todo ha acabado, ahora ya tengo los pies en la tierra.
Durante un, no corto, período de tiempo, mis pies parecían los de Hermes y no eran capaces de pisar tierra firme. Algo les daba alas, algo les impulsaba a volar.
Y, como no, yo, de nuevo, corté esas alas.
Tenía que hacerlo. Tenía que volver a poner pies en tierra firme y fijarlos en el Inframundo. Tanto, que casi quería clavarlos en el suelo.
Corté las ínfulas de volar a mis ilusiones y las ganas de gritar a mis alegrías. Paré en seco las ganas de reír de mi corazón y apagué de un golpe la luz de mi Ángel de Luz.
Era preciso. Empezaba a creerme que yo podía tener algo parecido a la felicidad y es ahora cuando me doy cuenta de que la felicidad es tan valiosa que no tiene precio.
Pero yo lo puse. Decidí pensar únicamente en mí, pues siempre debo hacerlo, ya que mis Fantasmas no lo hacen.
Subí senderos, escalé montañas, atravesé lagos y traté de huir del Inframundo. Allá arriba, una vez llegué, me di cuenta que fue mala idea salir de mi agujero. Yo sólo tengo sitio aquí, en este lugar que me ha sido designado. Y en lugar de tratar de adaptarme al nuevo hábitat (como si quisiera mimetizarme), volví a estropearlo.
Sé que las cosas malas (o buenas) que diga aquí abajo no tienen repercusión alguna, puesto que mis Fantasmas nunca terminan de oírlas. Simplemente, miran, como si prestasen atención y, todo lo más, emiten sus ensordecedores gritos en señal de protesta.
Pero arriba, las cosas no son como parecen. Las palabras no salen como uno las piensa. Todas y cada una de las miles de palabras que debía de haber gritado, susurrado o dicho en baja voz, no quisieron salir. Formaron un nudo enorme en la garganta y sólo dejaron salir gorgoritos e incongruencias. Pero ya estaban dichas, era tarde para retirarlas. Era tarde para volver atrás.
Y arriba sí hacen daño. No el daño que se imagina uno cuando las elucubra. Pero hacen el daño no deseado. Quizá, una vez dichas, sentí que el dolor causado era unilateral. Yo, poco a poco, oía como se volvía a cerrar tras de mí una inmensa capa de hielo. Como la coraza ponía una capa de acero en la que ya tenía para no volver a abrirse nunca más.
Y la llave? Dónde dejé la llave de esa coraza? Hubiera deseado lanzarla al mar o al fondo de un abismo. Donde nadie, nunca, pueda hallarla.
Pero, entonces cometí otro error. Dejé la llave en manos de quien no debía. Y ahora, como decía el poema, a trabajos forzados me condena, mi corazón del q te di la llave.
Pero al menos, la caída fue rápida. Se pasó en un momento. Todos aquellos ascensos a montañas y lagos, no me parecieron ni la mitad de largos. Las horas que tardé en recorrerlos cuando las alas de los pies me llevaban, se convirtieron en segundos cuando el peso del corazón era el que tiraba de mí hacia abajo.
Y, también, aprovechando que salía del Inframundo, comencé a gritar que quería mi libertad. No sé en que onda de frecuencia debí hacerlo. Ahora me encuentro que hay gente que no quiere q permanezca aquí más. Y ahora, ha vuelto el miedo a salir.
Quiero quedarme un tiempo en la Caverna del Olvido de nuevo; acurrucarme y dejar pasar el tiempo.
Ya nada más, pido a los cielos un lugar para olvidar. Ya nada más pido a la Tierra, un lugar donde olvidar.

Saludos desde el Inframundo.