Otro año.
“Ha pasado otro año(...)
cayeron torres
pero Spiderman no pudo estar
He viajado en mi nave
he quemado periódicos
llovieron piedras
pero el tejado sigue igual
Aunque no he venido a esto
no he llegado a este lugar
No para hablar del tiempo
no para recordar
para decirte: no me dejes solo en la tormenta
no para confesarme
eso me suena mal
para pedirte otro año más sin darme cuenta
Ha pasado otro año(...)
y pese a todo
en la foto no salimos mal
he perdido neuronas
he ganado endorfinas
y en esta fiesta hubo quién se fue sin avisar
Aunque no se acaba nunca
no termina el tobogán”
Los lustros aquí pasan sin darte apenas cuenta. Y ya ha pasado otro año. Ya he vuelto a perder otro año sin darme cuenta de que he hecho.
Ahora ya soy un poco más mayor, aunque no sé si esa edad me trae más sabiduría o más dolor. No sé que debo hacer con cada año q voy añadiendo a mi saco de la edad.
Lo q sí sé es lo que hice en tan señalado día. Decidí huír de todos mis Fantasmas, decidí pasar un día de paz y para ello me fui a ver a mi Flor. Ella que siempre está cuando la necesito y cuando no, simplemente, siempre está. Me sonríe con sus pétalos y me abraza con su tallo.
Fui a verla y estuve bien, muy bien. Necesitaba observar la vida del Inframundo desde otra perspectiva.
Tenía q volver a ver algo bueno en este podrido Inframundo en el q caí.
Ahí, mirando los colores de su corola y oyendo el suave murmullo de la Laguna, pude ver aparecer el halo misterioso q rodea a mi Ángel Blanco. No sé, de nuevo, como apareció, pero esta vez no era para calmar mi dolor, pues no era día para sentir dolor. Estaba celebrando un año más en mi vida, y no quería tener dolor.
Pero el Ángel se acercó y se sentó junto a nosotros. Parecía q la luz q irradiaba iluminaba todo el Inframundo y la perspectiva era distinta. Parecía un lugar no tan malo y parecía q ahora podría estar aquí por mucho tiempo. Incluso, por un momento, creí q podría salir. Asir sus manos y escapar de este lugar bajo su protección. Fue una sensación magnífica, tan gratificante q no quería q acabase.
Fue tal el resplandor, q hasta Ella lo pudo sentir. Salió de su reclutamiento voluntario y, sin saber como, sus pasos se encaminaron hacia el lugar de donde provenía esa luz maravillosa.
También Ella se sentó a mi lado, y también para Ella, por un momento, se esfumaron los sufrimientos.
No sabría explicar pq produce este efecto mi Ángel de Luz, pero querría q fuese más a menudo y q pudiera llamarlo cuando yo quisiera, q pudiera tener una vía de comunicación más q el momento q él decida y cuando él quiera.
Pero no puedo exigirle nada, pues es un ser libre, un ser q no tiene ataduras. Es un ángel, no se te olvide.
Pero lo pasé bien a su lado. Reí cuanto podía reír, pues las mandíbulas han perdido elasticidad de no hacerlo. Inclusó recordé tiempos pasados, tiempos de alegría.
En algún momento, cerré los ojos y pensé en un buen regalo para celebrar mi día. Estaba allí, en un gran paquete, rodeado de lazos y papel de celofán. Era el regalo perfecto y sólo tenía q tomarlo. Sólo decidirme a estirar las manos y tocarlo. Pero, de nuevo, la cobardía me impidió hacerlo y en su lugar, simplemente abrí los ojos y ví q el único regalo q tenía era la compañía de ellos, mi Flor, mi Ángel y Ella.
Quería seguir así por mucho tiempo, pero, igual q llegó, volvió a partir y la luz q nos iluminaba se apagó. Ella volvió a perder su mirada en el vacío, en el recuerdo absoluto.
Mi Flor siguió a mi lado, no podía moverse, pero parecía q girase hacia el lugar por el que el Ángel desapareció. La Laguna perdió su oleaje y todo quedó de nuevo en silencio.
Hasta q el silencio volvió a ser invadido por los gritos. Los eternos quejidos de los Fantasmas, q no paran nunca. Ellos ya no cumplen años y no respetan los de los demás. Sólo son almas vagando. Sólo están.
Y de nuevo, el recuerdo de quien debía estar aquí abajo y escapó. De nuevo Él.
Hubiera sido estupendo haber cogido ese regalo, haberme atrevido a estirar la mano. A acariciarlo. Malditos sueños...
Saludos desde el Inframundo.
cayeron torres
pero Spiderman no pudo estar
He viajado en mi nave
he quemado periódicos
llovieron piedras
pero el tejado sigue igual
Aunque no he venido a esto
no he llegado a este lugar
No para hablar del tiempo
no para recordar
para decirte: no me dejes solo en la tormenta
no para confesarme
eso me suena mal
para pedirte otro año más sin darme cuenta
Ha pasado otro año(...)
y pese a todo
en la foto no salimos mal
he perdido neuronas
he ganado endorfinas
y en esta fiesta hubo quién se fue sin avisar
Aunque no se acaba nunca
no termina el tobogán”
Los lustros aquí pasan sin darte apenas cuenta. Y ya ha pasado otro año. Ya he vuelto a perder otro año sin darme cuenta de que he hecho.
Ahora ya soy un poco más mayor, aunque no sé si esa edad me trae más sabiduría o más dolor. No sé que debo hacer con cada año q voy añadiendo a mi saco de la edad.
Lo q sí sé es lo que hice en tan señalado día. Decidí huír de todos mis Fantasmas, decidí pasar un día de paz y para ello me fui a ver a mi Flor. Ella que siempre está cuando la necesito y cuando no, simplemente, siempre está. Me sonríe con sus pétalos y me abraza con su tallo.
Fui a verla y estuve bien, muy bien. Necesitaba observar la vida del Inframundo desde otra perspectiva.
Tenía q volver a ver algo bueno en este podrido Inframundo en el q caí.
Ahí, mirando los colores de su corola y oyendo el suave murmullo de la Laguna, pude ver aparecer el halo misterioso q rodea a mi Ángel Blanco. No sé, de nuevo, como apareció, pero esta vez no era para calmar mi dolor, pues no era día para sentir dolor. Estaba celebrando un año más en mi vida, y no quería tener dolor.
Pero el Ángel se acercó y se sentó junto a nosotros. Parecía q la luz q irradiaba iluminaba todo el Inframundo y la perspectiva era distinta. Parecía un lugar no tan malo y parecía q ahora podría estar aquí por mucho tiempo. Incluso, por un momento, creí q podría salir. Asir sus manos y escapar de este lugar bajo su protección. Fue una sensación magnífica, tan gratificante q no quería q acabase.
Fue tal el resplandor, q hasta Ella lo pudo sentir. Salió de su reclutamiento voluntario y, sin saber como, sus pasos se encaminaron hacia el lugar de donde provenía esa luz maravillosa.
También Ella se sentó a mi lado, y también para Ella, por un momento, se esfumaron los sufrimientos.
No sabría explicar pq produce este efecto mi Ángel de Luz, pero querría q fuese más a menudo y q pudiera llamarlo cuando yo quisiera, q pudiera tener una vía de comunicación más q el momento q él decida y cuando él quiera.
Pero no puedo exigirle nada, pues es un ser libre, un ser q no tiene ataduras. Es un ángel, no se te olvide.
Pero lo pasé bien a su lado. Reí cuanto podía reír, pues las mandíbulas han perdido elasticidad de no hacerlo. Inclusó recordé tiempos pasados, tiempos de alegría.
En algún momento, cerré los ojos y pensé en un buen regalo para celebrar mi día. Estaba allí, en un gran paquete, rodeado de lazos y papel de celofán. Era el regalo perfecto y sólo tenía q tomarlo. Sólo decidirme a estirar las manos y tocarlo. Pero, de nuevo, la cobardía me impidió hacerlo y en su lugar, simplemente abrí los ojos y ví q el único regalo q tenía era la compañía de ellos, mi Flor, mi Ángel y Ella.
Quería seguir así por mucho tiempo, pero, igual q llegó, volvió a partir y la luz q nos iluminaba se apagó. Ella volvió a perder su mirada en el vacío, en el recuerdo absoluto.
Mi Flor siguió a mi lado, no podía moverse, pero parecía q girase hacia el lugar por el que el Ángel desapareció. La Laguna perdió su oleaje y todo quedó de nuevo en silencio.
Hasta q el silencio volvió a ser invadido por los gritos. Los eternos quejidos de los Fantasmas, q no paran nunca. Ellos ya no cumplen años y no respetan los de los demás. Sólo son almas vagando. Sólo están.
Y de nuevo, el recuerdo de quien debía estar aquí abajo y escapó. De nuevo Él.
Hubiera sido estupendo haber cogido ese regalo, haberme atrevido a estirar la mano. A acariciarlo. Malditos sueños...
Saludos desde el Inframundo.
Nunca debí preguntarme dónde estás.
“Una mañana inoportuna
se me ha cruzado
en esta vida de perro,
y no recuerdo lo que quiero,
recuerdo lo que puedo.
Por llamarte perdí los dedos,
por no verte, ahora estoy ciego,
y ahora no tengo lo que quiero,
porque ahora quiero lo que no tengo.
Ahora que quiero besar tus labios,
me deja el vino un sabor amargo,
ahora que quiero estrechar
tus nalgas junto a mi cara,
me quedan lejos tus llamadas,
ahora que quiero
los caramelos que tu me dabas,
veo las fotos y me da rabia
¿Dónde estás que no te veo
en los bares que frecuento,
donde estás que no apareces
en los libros que me leo?
Aunque paso páginas y páginas
yo seguiré leyendo,
y aparece que al final te doy encuentro.”
Mientras caminaba, es arduo el trabajo de un celador, nada más pasear y ver q todo sigue igual. Pues digo, mientras caminaba, arriba y abajo en mi Inframundo, arrastrando los pies por los lugares me decía q tenía un puñado de palabras escritas pensándole, que si apagara todas las luces se las diría.
Quería pensar q todo es como era. Quería zambullirme de nuevo en la Laguna y poder así calmar mis dolores.
Pero esta vez no iba a ser posible. Cuando mis pasos, tan acostumbrados a hacer el mismo camino, iban a dirigirse hacía la Laguna, algo me impidió continuar.
La Ventana se había abierto de par en par, y esta vez no fue una bocanada de aire lo q entró. NO. Esta vez lo q entró fue un reflejo. Una risa me llegó de allí.
Las voces de mis Fantasmas callaron por un momento para escuchar también ellos esas risas. Eran risas del exterior, pero sabían q algo habían hecho en mi interior. La dura coraza había hecho un amago de romperse, de requebrajarse... pero sólo fue un amago. Es dura, como ya he dicho, y no creo q nunca se rompa por una simple risa, por una triste caricia. Tan dura dejé q se fuese formando que ya no hay nada q la rompa; las cosas pasan de largo, sin más. Ya nada duele.
Pero esas risas q oía, esas risas aún escocían. Por ello todos los Fantasmas callaron; querían q las oyese perfectamente.
Y entonces las reconocí. Eran las risas de Él. Era su carcajada final, la risa de victoria q soltó cuando se marchó. Pero ahora no eran dirigidas a mí, iban dirigidas a quien había conseguido sacarlo del Inframundo.
Incluso Ella fue capaz de alzar la cabeza y verlo. Ella q tanto había sufrido y q no quería volver a sufrir, lo vio y sufrió por mí. Sabía mi dolor por haberlo dejado escapar y leía en mis ojos ese dolor ahora.
Vi q se acercaba a la Ventana y entonces mi vista se nubló. Todas las lágrimas q nunca vertí por su partida se agolparon en mi lacrimal. Parecía q fuese a desbordar. Pero todos estaban pendientes de mi y nunca, nunca, les iba a permitir ver q puedo llorar. Así q no dejé q salieran.
Entonces, como si alguien se apiadase de mi allá arriba, su camino se desvió de mi Ventana. Del lugar donde está mi Ventana pero q Él no veía desde arriba. Aquí abajo es una Ventana, allá arriba no es nada, es un trozo de un muro q sólo da la sensación de ladrillos. ¿Qué le iban a importar a Él unos ladrillos si al otro lado tenía una sonrisa que lo miraba embelesada?
Ahora estaba tan cerca q casi podía acariciar sus pies. Sus andares dejaron arrastras los pasos por mi Ventana. Eran sus andares, los q durante tanto y tan poco al mismo tiempo pude disfrutar.
Y, de repente, un rayo surcó el cielo y comenzó a llover.
Gracias, debí decir en alto, y de pronto llueve sin parar y entonces lloro tanto, pero las gotas de la lluvia, sin querer, se confunde con mi llanto. Así ellos no sabrán q lloro, lloro por su partida, lloro por mi cobardía, por mi poco valor a retenerlo, porque tanto las lágrimas como la lluvia están recordándome su cara y le estoy viendo en cada gota y no sabe como empapan estas gotas.
Pero tenía q seguir hacia el lugar q buscaba. Tenía q zambullirme en la Laguna y descansar el corazón q late debajo de la coraza.
Ya estaba tan cansado de tantos altibajos q a veces quería pararse.
Continué caminando y sólo pensaba q me había equivocado tantas veces que esta vez me había pillado a contrapié, pero q quería decirle, por si le servía, q no lo dejaba de querer. Pero no pude, de nuevo el miedo y mi eterno trabajo de Cancerbero ganarón la batalla.
Solamente dejé q la Ventana se cerrara tras de mi y seguí mi camino hacia la Laguna...
Saludos desde el Inframundo.
se me ha cruzado
en esta vida de perro,
y no recuerdo lo que quiero,
recuerdo lo que puedo.
Por llamarte perdí los dedos,
por no verte, ahora estoy ciego,
y ahora no tengo lo que quiero,
porque ahora quiero lo que no tengo.
Ahora que quiero besar tus labios,
me deja el vino un sabor amargo,
ahora que quiero estrechar
tus nalgas junto a mi cara,
me quedan lejos tus llamadas,
ahora que quiero
los caramelos que tu me dabas,
veo las fotos y me da rabia
¿Dónde estás que no te veo
en los bares que frecuento,
donde estás que no apareces
en los libros que me leo?
Aunque paso páginas y páginas
yo seguiré leyendo,
y aparece que al final te doy encuentro.”
Mientras caminaba, es arduo el trabajo de un celador, nada más pasear y ver q todo sigue igual. Pues digo, mientras caminaba, arriba y abajo en mi Inframundo, arrastrando los pies por los lugares me decía q tenía un puñado de palabras escritas pensándole, que si apagara todas las luces se las diría.
Quería pensar q todo es como era. Quería zambullirme de nuevo en la Laguna y poder así calmar mis dolores.
Pero esta vez no iba a ser posible. Cuando mis pasos, tan acostumbrados a hacer el mismo camino, iban a dirigirse hacía la Laguna, algo me impidió continuar.
La Ventana se había abierto de par en par, y esta vez no fue una bocanada de aire lo q entró. NO. Esta vez lo q entró fue un reflejo. Una risa me llegó de allí.
Las voces de mis Fantasmas callaron por un momento para escuchar también ellos esas risas. Eran risas del exterior, pero sabían q algo habían hecho en mi interior. La dura coraza había hecho un amago de romperse, de requebrajarse... pero sólo fue un amago. Es dura, como ya he dicho, y no creo q nunca se rompa por una simple risa, por una triste caricia. Tan dura dejé q se fuese formando que ya no hay nada q la rompa; las cosas pasan de largo, sin más. Ya nada duele.
Pero esas risas q oía, esas risas aún escocían. Por ello todos los Fantasmas callaron; querían q las oyese perfectamente.
Y entonces las reconocí. Eran las risas de Él. Era su carcajada final, la risa de victoria q soltó cuando se marchó. Pero ahora no eran dirigidas a mí, iban dirigidas a quien había conseguido sacarlo del Inframundo.
Incluso Ella fue capaz de alzar la cabeza y verlo. Ella q tanto había sufrido y q no quería volver a sufrir, lo vio y sufrió por mí. Sabía mi dolor por haberlo dejado escapar y leía en mis ojos ese dolor ahora.
Vi q se acercaba a la Ventana y entonces mi vista se nubló. Todas las lágrimas q nunca vertí por su partida se agolparon en mi lacrimal. Parecía q fuese a desbordar. Pero todos estaban pendientes de mi y nunca, nunca, les iba a permitir ver q puedo llorar. Así q no dejé q salieran.
Entonces, como si alguien se apiadase de mi allá arriba, su camino se desvió de mi Ventana. Del lugar donde está mi Ventana pero q Él no veía desde arriba. Aquí abajo es una Ventana, allá arriba no es nada, es un trozo de un muro q sólo da la sensación de ladrillos. ¿Qué le iban a importar a Él unos ladrillos si al otro lado tenía una sonrisa que lo miraba embelesada?
Ahora estaba tan cerca q casi podía acariciar sus pies. Sus andares dejaron arrastras los pasos por mi Ventana. Eran sus andares, los q durante tanto y tan poco al mismo tiempo pude disfrutar.
Y, de repente, un rayo surcó el cielo y comenzó a llover.
Gracias, debí decir en alto, y de pronto llueve sin parar y entonces lloro tanto, pero las gotas de la lluvia, sin querer, se confunde con mi llanto. Así ellos no sabrán q lloro, lloro por su partida, lloro por mi cobardía, por mi poco valor a retenerlo, porque tanto las lágrimas como la lluvia están recordándome su cara y le estoy viendo en cada gota y no sabe como empapan estas gotas.
Pero tenía q seguir hacia el lugar q buscaba. Tenía q zambullirme en la Laguna y descansar el corazón q late debajo de la coraza.
Ya estaba tan cansado de tantos altibajos q a veces quería pararse.
Continué caminando y sólo pensaba q me había equivocado tantas veces que esta vez me había pillado a contrapié, pero q quería decirle, por si le servía, q no lo dejaba de querer. Pero no pude, de nuevo el miedo y mi eterno trabajo de Cancerbero ganarón la batalla.
Solamente dejé q la Ventana se cerrara tras de mi y seguí mi camino hacia la Laguna...
Saludos desde el Inframundo.
Hay un amigo que puede ofrecer un pedazo de cielo
“Sé que existo
si me nombras tú.
Sé que alumbro
si me das tu luz.
Que si esperas
llegaré puntual
si no llegas
yo te espero igual.
Que si pides doy
si me llamas voy.
Sé que puedo
si me lo juras tú.
Sin tu cara
siempre me sale cruz.
Si me sonríes vuelo.
Si te arrodillas creo.
Si tú tropiezas, yo caeré.
Si me perdonas nazco.
Si creces yo te alcanzo,
y si me olvidas moriré.
Que si lloras
cargo con tu cruz.
Si me rindo
es que no oí tu voz.
Si te duele
me desangro yo.
Que sin ti seré
nadie en la multitud.
Si me nombras tú.”
He decidido salir, salir para ver la luz un rato, salir por vosotros. Salir para deciros lo que sois, salir para escribir lo q sabéis, pero q nunca os digo. He salido para daros un abrazo con letras, para ofreceros mi gratitud en mil líneas, para ofreceros mi amistad en grandes reglones que no dicen nada, pero os dice todo.
He salido unos días para ver el mundo, y el mundo me ha visto. El mundo, esa inmensa masa de gente, esas ciudades q aún no conocía, esas risas q aún no había dibujado en mi cara, se abrió. Se dejó pasear (si esa sintaxis se me permite)y se dejó descubrir.
Pero no fue el mundo lo q descubrí al salir. No. Fue darme cuenta de q sé quien está ahí. Sé q tengo una mano si me caigo y un brazo o dos o tres o... para ayudarme a levantar si realmente caí.
Caí, arriba en el mundo, caí. Tan bajo q creí haber pasado el Inframundo de largo. Caí sin darme cuenta q ahora me empujaban otras manos. Eran manos amigas, q creía conocer, q adivinaba amigas, pero eran manos escondidas. Eran manos q no dejaron mostrar su verdadera cara hasta que no me vieron libre de mi coraza. En el momento en q dejé de ser Thanatos y volví a ser yo; en ese justo momento, las manos dieron su empujón final.
La caída fue paulatina, en ningún momento caí de golpe, pero cuando ya no había remedio, cuando el borde era ya algo q había sobrepasado con creces, las manos sólo tuvieron q aplaudir. Sólo con ese ligero golpe de aire, los pies me fallaron y volví a caer.
Caí tanto q dolió mucho. No sabía q la vuelta a atrás o la pérdida de algunas manos amigas doliera tanto (o al menos ya no lo recordaba) pero así es.
El camino hacía el Inframundo me lo conocía de sobra, pero éste no era tan conocido para mí. Desde arriba, desde el Mundo que me expulsó una vez, no era tan fácil volver.
Pero tampoco era esa mi intención; algo me decía que esta vez sería distinto. Me armé de valor y traté de deshacer el camino andado. A duras penas, volviendo a caer, a veces, conseguí rehacer el camino y volver al punto de origen. Al lugar por el que salí, sólo por un tiempo.
¿Porqué permanecí arriba todavía si estaba ya tan abajo? Era algo q me impulsaba a hacerlo. Y entonces lo comprendí.
Vosotros, q me oís, escucháis, animáis y observáis cada mal paso que doy para luego ayudarme a salir después, sin decirme nunca, “eso ya te lo advertí”; vosotros que me dejáis errar para que consiga aprender de mis errores, pero nunca si quitarme la vista de encima para que el fallo no sea irremediable. Vosotros que sois mis risas en cada momento. Vosotros, digo, estabais esperándome y eso era lo que me empujó a permanecer algún día más allí arriba.
Llegué de mi dura caída a vosotros y así sentí abrigo, sentí amistad. Sentí que en cualquier lugar del mundo en que me encuentre, la soledad no tendrá cabida pues siempre estáis conmigo (aunque no sea de cuerpo presente).
Al sentir vuestro abrigo al contaros mi caída, sólo pude pensar que esa caída, ese lugar que tanto me había herido, no había ocurrido. Sólo había sido una pesadilla, pues era imposible que hacía unas horas estuviera fatal y ahora me sintiera como en una nube. Era como si tuviera mi trozo de cielo, como si mis amigos me ofrecieran ese trozo de cielo.
Era una sensación tan grata poder estar bien por unos momentos, q no tengo palabras para agradeceros el hecho de que siempre estéis allí. Siempre, da igual cual sea el error que haya cometido (y alguno no ha sido pequeño, verdad?). Pero siempre estáis. Y eso es lo que cuenta.
Por todo ello, por ser como sois, por estar siempre, por tener ese corazón enorme para aguantarme... Va por vosotros.
Miles de gracias por estar, sólo por ESTAR.
Dedicado a : V, L, LJ, J y D. Seguro que me dejo a alguno, pero los de siempre estáis todos aquí.
GRACIAS.
Saludos desde el Inframundo.
si me nombras tú.
Sé que alumbro
si me das tu luz.
Que si esperas
llegaré puntual
si no llegas
yo te espero igual.
Que si pides doy
si me llamas voy.
Sé que puedo
si me lo juras tú.
Sin tu cara
siempre me sale cruz.
Si me sonríes vuelo.
Si te arrodillas creo.
Si tú tropiezas, yo caeré.
Si me perdonas nazco.
Si creces yo te alcanzo,
y si me olvidas moriré.
Que si lloras
cargo con tu cruz.
Si me rindo
es que no oí tu voz.
Si te duele
me desangro yo.
Que sin ti seré
nadie en la multitud.
Si me nombras tú.”
He decidido salir, salir para ver la luz un rato, salir por vosotros. Salir para deciros lo que sois, salir para escribir lo q sabéis, pero q nunca os digo. He salido para daros un abrazo con letras, para ofreceros mi gratitud en mil líneas, para ofreceros mi amistad en grandes reglones que no dicen nada, pero os dice todo.
He salido unos días para ver el mundo, y el mundo me ha visto. El mundo, esa inmensa masa de gente, esas ciudades q aún no conocía, esas risas q aún no había dibujado en mi cara, se abrió. Se dejó pasear (si esa sintaxis se me permite)y se dejó descubrir.
Pero no fue el mundo lo q descubrí al salir. No. Fue darme cuenta de q sé quien está ahí. Sé q tengo una mano si me caigo y un brazo o dos o tres o... para ayudarme a levantar si realmente caí.
Caí, arriba en el mundo, caí. Tan bajo q creí haber pasado el Inframundo de largo. Caí sin darme cuenta q ahora me empujaban otras manos. Eran manos amigas, q creía conocer, q adivinaba amigas, pero eran manos escondidas. Eran manos q no dejaron mostrar su verdadera cara hasta que no me vieron libre de mi coraza. En el momento en q dejé de ser Thanatos y volví a ser yo; en ese justo momento, las manos dieron su empujón final.
La caída fue paulatina, en ningún momento caí de golpe, pero cuando ya no había remedio, cuando el borde era ya algo q había sobrepasado con creces, las manos sólo tuvieron q aplaudir. Sólo con ese ligero golpe de aire, los pies me fallaron y volví a caer.
Caí tanto q dolió mucho. No sabía q la vuelta a atrás o la pérdida de algunas manos amigas doliera tanto (o al menos ya no lo recordaba) pero así es.
El camino hacía el Inframundo me lo conocía de sobra, pero éste no era tan conocido para mí. Desde arriba, desde el Mundo que me expulsó una vez, no era tan fácil volver.
Pero tampoco era esa mi intención; algo me decía que esta vez sería distinto. Me armé de valor y traté de deshacer el camino andado. A duras penas, volviendo a caer, a veces, conseguí rehacer el camino y volver al punto de origen. Al lugar por el que salí, sólo por un tiempo.
¿Porqué permanecí arriba todavía si estaba ya tan abajo? Era algo q me impulsaba a hacerlo. Y entonces lo comprendí.
Vosotros, q me oís, escucháis, animáis y observáis cada mal paso que doy para luego ayudarme a salir después, sin decirme nunca, “eso ya te lo advertí”; vosotros que me dejáis errar para que consiga aprender de mis errores, pero nunca si quitarme la vista de encima para que el fallo no sea irremediable. Vosotros que sois mis risas en cada momento. Vosotros, digo, estabais esperándome y eso era lo que me empujó a permanecer algún día más allí arriba.
Llegué de mi dura caída a vosotros y así sentí abrigo, sentí amistad. Sentí que en cualquier lugar del mundo en que me encuentre, la soledad no tendrá cabida pues siempre estáis conmigo (aunque no sea de cuerpo presente).
Al sentir vuestro abrigo al contaros mi caída, sólo pude pensar que esa caída, ese lugar que tanto me había herido, no había ocurrido. Sólo había sido una pesadilla, pues era imposible que hacía unas horas estuviera fatal y ahora me sintiera como en una nube. Era como si tuviera mi trozo de cielo, como si mis amigos me ofrecieran ese trozo de cielo.
Era una sensación tan grata poder estar bien por unos momentos, q no tengo palabras para agradeceros el hecho de que siempre estéis allí. Siempre, da igual cual sea el error que haya cometido (y alguno no ha sido pequeño, verdad?). Pero siempre estáis. Y eso es lo que cuenta.
Por todo ello, por ser como sois, por estar siempre, por tener ese corazón enorme para aguantarme... Va por vosotros.
Miles de gracias por estar, sólo por ESTAR.
Dedicado a : V, L, LJ, J y D. Seguro que me dejo a alguno, pero los de siempre estáis todos aquí.
GRACIAS.
Saludos desde el Inframundo.





