El Grito incesante.
” Y tengo mis armas hechas de papel,
encuentro un camino marcado por él.
Y sigo una estrella que nunca tendré,
encuentro una huella marcada en mi piel.
Y aún así me hundo a gritos
como un barco de papel.
Y aún así me hundo a gritos
como un barco de papel.
Y existe un sendero que hay que recorrer,
y hay mil cementerios que llevan a él.
Y si al fin y al cabo que puede importar,
ganarse la gloria sin ganarse el pan. ”
Surgió de repente, nadie sabe como llegó, como apareció, pero lo invadió todo...
La quietud, que extrañamente, se respiraba se vio rota por él.
De repente, aquel Grito ensordecedor, incesante, comenzó a oírse alto y fuerte. Algo hacía ulular cada fragmento del Inframundo. Y todo, absolutamente todo, puede ser tomado como ejemplo.
Y si además añadimos que mis Fantasmas están aquí justo para eso, para atormentar y gritar, no hubo ya paz en mucho tiempo.
No podía oír ni mi respiración, no sentía el golpear de la coraza contra las costillas. Ni siquiera era capaz de ver a mi bella Flor. Sólo podía mantener las manos tapando mis oídos, para no conseguir nada (por otro lado) puesto que el Grito era insoportable. Traspasaba mis manos, mis oídos y llegaba al tímpano, donde se reproducía como una llama en un terreno baldío. En la cabeza creaba ondas tan amplias que todo la magnitud del Grito se multiplicaba en mi alocado cerebro y no podía oír, ver ni sentir nada más que aquel desgarrador Grito.
No he podido quitar mis manos de donde estaban en este tiempo. He tratado de hacerlo, de poner calma. Pero no podía. De ahí mi ausencia.
En cuanto el Grito parecía desaparecer, mis Fantasmas se encargaban de recordármelo. Cada uno, vagando libres y solos, en cuanto tenían oportunidad y se cruzaban conmigo, se sonreían por dentro y, apuesto, a que pensaban “ahora es mi oportunidad” y comenzaban a gritarme sus incesantes preguntas de siempre: “¿por qué yo? ¿por qué he de estar aquí yo? ¿cuándo seré libre? ¡cuánto te odio!”. Todas esas frases eran escupidas con maldad de sus labios. Pero ellos no las veían como una maldad. Simplemente les gustaba escupir su dolor a otro, al Encargado, a quien ha de llevar esa carga. Puesto que si pena era vagar aquí y la mía era llevar sus penas junto a las mías y no soltarlas nunca. Eres el Cancerbero, recuerda, todo entra y sale a través de ti en el Inframundo.
No podía apartarlo, era insoportable. Alguno llegó a echarme en cara que seguirían gritando tanto como quisieran puesto que yo había huido a las nubes dos veces, puesto que me había desaparecido del Inframundo en demasiadas ocasiones para lo que a mí se me está permitido.
Todo eran acusaciones y aquel Grito no dejaba de acusarme de algo. No sabía que era... no presentía que era.
Pero de repente algo se hizo tangible. Ese Grito era mi Dolor. Había regresado de mi interior para manifestarse en toda su plenitud. Estaba aburrido de que no le hiciera caso, de simplemente lo llevara como un fardo más. Quería hacerse sentir y hacerme ver que es y porqué motivo siempre lo llevaba.
El Dolor se fue haciendo más agudo a medida que concebía de donde venía. Ese Grito se hizo tan incesante que fue capaz de poner mustia a mi bella Flor. Se marchitó, dejó perder incluso algún que otro pétalo.
Ya no tenía salida, el Dolor iba a matar mi única cosa bella.
Y, sin saber como, se fue. Bueno, sí se como. Conseguí deshacer la mueca y solté una sonrisa. Mi Ángel de Luz consiguió hacerme soltar una sonrisa. Pero lo que no entiendo es donde había estado todo este tiempo. ¿Por qué yo tenía un Ángel de Luz y nunca lo había visto?
Sólo apareció, sonrió y, como ya dije que todo puede ser tomado como ejemplo, no fui capaz de hacer otra cosa que no fuese sonreír. Abrió sus alas, blancas como la nieve y cobijó mi negra túnica con ellas. Por un momento no supe donde me encontraba, sólo estaba bien. Por un momento, la sonrisa fue real y fue sonrisa como tal.
Pero era sólo para calmar mi Dolor. Cuando el Grito desapareció y los Fantasmas no sabían donde mirar para encontrar su fuente de inspiración. Cuando todo volvió a ser como era, sórdido, oscuro, lúgubre y rutinario; desapareció.
Al menos desapareció con él el Grito, pero ahora no sé como hallarlo de nuevo. ¿Cómo me encontró? ¿Cómo lo encuentro yo a él?
“Y que le importa a nadie como está mi alma, más triste que el silencio y más sola que la Luna. Y que importa ser poeta o ser basura”.
Saludos desde el Inframundo.
encuentro un camino marcado por él.
Y sigo una estrella que nunca tendré,
encuentro una huella marcada en mi piel.
Y aún así me hundo a gritos
como un barco de papel.
Y aún así me hundo a gritos
como un barco de papel.
Y existe un sendero que hay que recorrer,
y hay mil cementerios que llevan a él.
Y si al fin y al cabo que puede importar,
ganarse la gloria sin ganarse el pan. ”
Surgió de repente, nadie sabe como llegó, como apareció, pero lo invadió todo...
La quietud, que extrañamente, se respiraba se vio rota por él.
De repente, aquel Grito ensordecedor, incesante, comenzó a oírse alto y fuerte. Algo hacía ulular cada fragmento del Inframundo. Y todo, absolutamente todo, puede ser tomado como ejemplo.
Y si además añadimos que mis Fantasmas están aquí justo para eso, para atormentar y gritar, no hubo ya paz en mucho tiempo.
No podía oír ni mi respiración, no sentía el golpear de la coraza contra las costillas. Ni siquiera era capaz de ver a mi bella Flor. Sólo podía mantener las manos tapando mis oídos, para no conseguir nada (por otro lado) puesto que el Grito era insoportable. Traspasaba mis manos, mis oídos y llegaba al tímpano, donde se reproducía como una llama en un terreno baldío. En la cabeza creaba ondas tan amplias que todo la magnitud del Grito se multiplicaba en mi alocado cerebro y no podía oír, ver ni sentir nada más que aquel desgarrador Grito.
No he podido quitar mis manos de donde estaban en este tiempo. He tratado de hacerlo, de poner calma. Pero no podía. De ahí mi ausencia.
En cuanto el Grito parecía desaparecer, mis Fantasmas se encargaban de recordármelo. Cada uno, vagando libres y solos, en cuanto tenían oportunidad y se cruzaban conmigo, se sonreían por dentro y, apuesto, a que pensaban “ahora es mi oportunidad” y comenzaban a gritarme sus incesantes preguntas de siempre: “¿por qué yo? ¿por qué he de estar aquí yo? ¿cuándo seré libre? ¡cuánto te odio!”. Todas esas frases eran escupidas con maldad de sus labios. Pero ellos no las veían como una maldad. Simplemente les gustaba escupir su dolor a otro, al Encargado, a quien ha de llevar esa carga. Puesto que si pena era vagar aquí y la mía era llevar sus penas junto a las mías y no soltarlas nunca. Eres el Cancerbero, recuerda, todo entra y sale a través de ti en el Inframundo.
No podía apartarlo, era insoportable. Alguno llegó a echarme en cara que seguirían gritando tanto como quisieran puesto que yo había huido a las nubes dos veces, puesto que me había desaparecido del Inframundo en demasiadas ocasiones para lo que a mí se me está permitido.
Todo eran acusaciones y aquel Grito no dejaba de acusarme de algo. No sabía que era... no presentía que era.
Pero de repente algo se hizo tangible. Ese Grito era mi Dolor. Había regresado de mi interior para manifestarse en toda su plenitud. Estaba aburrido de que no le hiciera caso, de simplemente lo llevara como un fardo más. Quería hacerse sentir y hacerme ver que es y porqué motivo siempre lo llevaba.
El Dolor se fue haciendo más agudo a medida que concebía de donde venía. Ese Grito se hizo tan incesante que fue capaz de poner mustia a mi bella Flor. Se marchitó, dejó perder incluso algún que otro pétalo.
Ya no tenía salida, el Dolor iba a matar mi única cosa bella.
Y, sin saber como, se fue. Bueno, sí se como. Conseguí deshacer la mueca y solté una sonrisa. Mi Ángel de Luz consiguió hacerme soltar una sonrisa. Pero lo que no entiendo es donde había estado todo este tiempo. ¿Por qué yo tenía un Ángel de Luz y nunca lo había visto?
Sólo apareció, sonrió y, como ya dije que todo puede ser tomado como ejemplo, no fui capaz de hacer otra cosa que no fuese sonreír. Abrió sus alas, blancas como la nieve y cobijó mi negra túnica con ellas. Por un momento no supe donde me encontraba, sólo estaba bien. Por un momento, la sonrisa fue real y fue sonrisa como tal.
Pero era sólo para calmar mi Dolor. Cuando el Grito desapareció y los Fantasmas no sabían donde mirar para encontrar su fuente de inspiración. Cuando todo volvió a ser como era, sórdido, oscuro, lúgubre y rutinario; desapareció.
Al menos desapareció con él el Grito, pero ahora no sé como hallarlo de nuevo. ¿Cómo me encontró? ¿Cómo lo encuentro yo a él?
“Y que le importa a nadie como está mi alma, más triste que el silencio y más sola que la Luna. Y que importa ser poeta o ser basura”.
Saludos desde el Inframundo.





