logotipo

img_google
Creer es poder?
Comentarios desde el inframundo
Acerca de
No hay nada nuevo bajo el sol, pero cuántas cosas viejas hay que no conocemos
Free counter and web stats
Sindicación
 
Mi propia felicitación
Salvando algunos detalles q he omitido, voy a dejaros aquí el toque divertido de las navidades.
Esta felicitación me la han enviado dos grandes amigos y me ha hecho tanta gracia q la he colgado aquí para q veaís q a veces también me río, y mucho, con ellos.
Espero q no me tengaís en cuenta las licencias q me he tomado eliminando ciertos datos míos q no me gustaría enseñar.
A ver q os parece.
FELIZ 2007 Y GRACIAS POR VUESTRAS PEQUEÑAS VISITAS A MI PEQUEÑO INFRAMUNDO.



Saludos desde el Inframundo.
 
Pasaba por aquí.
La verdad es q no sé que poner, es difícil verse ante una página en blanco y rellenarla de palabras incongruentes y sin sentido (o al menos así me lo parecen cuando lo leo todo junto). Pero es q pasaba por aquí y me he decidido a escribir algo.
Es difícil, insisto, rellenar línea tras línea un párrafo y así conseguir hacer un texto. Pero en este Inframundo, es lo q hago cuando tengo tiempo.
Las hojas, lo único blanco aquí, las proporciona el tiempo. A medida q pasa, como si cayeran de la Nada, se ven miles de folios blancos en el suelo deseando ser escritos. Como, según dice Istharb, las telarañas se convirtiesen en hojas q me recuerdan q tengo q deciros con palabras, como es el día a día aquí abajo.
Pero bueno, la vida aquí se ha vuelto tan monótona que hay poco q decir.
Después de volver a mis orígenes, reencontrar a quien me quiso y volver a zambullirme en la Laguna del Olvido; de nuevo todo a vuelto a su cauce.
Fantasmas q gritan sin más, sólo por el placer de gritar y parece como si entre ellos tuvieran una lucha atroz para ver cual puede causar más daño. Es como si fuera más importante discutir entre ellos q hacerlo conmigo. Quizá mis ojos tristes de días pasados hayan hecho q recapaciten y no quieran hacerme más daño (o quizá no, quien sabe).
Sigo añorando cosas q nunca tuve, idea absurda, pero así es.
Y, extrañamente, recuerdo una frase q me dijeron hace muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuucho tiempo, cuando aún vivía allá arriba: “el truco está en sonreír, si lo haces conseguirás todo lo q te propongas”. Y en aquella época sonreía, su consejo así me lo pedía y sonreía. Lo hacía delante suya y en otros lugares, pero, en un momento, la sonrisa se perdió y caí, irremisiblemente aquí. Esto me ha venido hoy a la cabeza; al ver, desde mi Ventana, vuestras luces de Navidad ya colgadas.
Sé q casi todo el mundo detesta estas fechas, pero yo, aquí abajo, sigo siendo la rareza personificada, puesto q a mí me gustan. Añoro la época en la q paseaba por las calles nevadas y podía sentir el frío en mis manos a pesar de los guantes. Añoro las risas de los niños saliendo de las tiendas tras haber visto a Papá Noel o los Reyes Magos. Es más, añoro las risas, en general, q en estas épocas (aunq sea hipócrita) la gente regala más a menudo.
Aquí no hay risas, no hay luces, no hay alegría. Aquí todo es oscuro.
Pero me reitero, añoro unas Navidades felices. Unas navidades bajo el calor de una familia q te quería y el abrigo de un brazo q te amaba. El sonreír a esa persona y ver q el año empezaría a su lado.
Añoro la intriga al ver q tendrías un regalo sorpresa o, simplemente, al ver su cara al abrir tú regalo.
Pensaba planear una Pseudo Navidad aquí abajo, pero sólo el reflejo de vuestras luces por la Ventana espanta a mis Fantasmas. ¿cómo les propongo q se regalen algo entre ellos si se odian tanto o más q a mí?
Realmente, creo q en un tiempo, allá arriba me gustaban las Navidades. Pero ahora ya no son iguales.
Ahora son añoranzas y sobre todo y por encima de todo, añoraré tu presencia y tu sonrisa.

Felices Fiestas (para quien no lo leerá jamás y nunca lo recibirá, pero me hace bien deseárselas)

Al final, llené el folio y quedó absurdo, sin pies ni cabeza. Pero quedó.

Saludos desde el Inframundo.
 
La trazabilidad de las cosas
Dicen que todo se puede seguir, tiene su trazabilidad. Si tiras de una hebra, darás, finalmente con el ovillo q la produjo.
Hay q encontrar el principio de las cosas, de donde salen cada una de las hebras q conducen por los diversos caminos.
Pensaba en eso mientras seguía el hilo, mientras tiraba de él por si llegaba así antes el extremo.
Había aparecido sin más. Un cordón rojo, grueso, q llegaba casi hasta a relucir en el fondo del Inframundo. Era suave al tacto, cuando lo tomé entre mis manos y, en ese momento, algo me empujó a buscar su inicio, el porqué de su aparición.
Era fácil seguir su camino, pues no había recodo q no conociera de este Inframundo. Pero era curioso el trazado q había seguido. Lo primero q me hizo visitar fue la Caverna del Olvido, el lugar del q acababa de salir. Era como empezar de cero. De lo último hacia el inicio.
En el momento de pasar frente a ella, el cordón se volvió más áspero y eso me hizo recordar los malos momentos allí pasados. Las horas de llantos no vertidos, de lágrimas contenidas, de dolores ocultados...
Así q decidí seguir. El camino conducía a La Escalera. Los peldaños parecían de nuevo intactos. Y esta vez el recuerdo fue el del esfuerzo q hice para tratar de subir y la rotura; el cese de la construcción (ay, mi ayudante de Arqueólogo, ¡cuánto dejaste por hacer!). Pero no podía quedarme allí. La curiosidad me podía, tenía q buscar el inicio. El comienzo, el principio (cuanto sinónimo para encontrar una causa). ¿Era tan necesaria encontrar esa dichosa trazabilidad? Era curiosidad, o tal vez era necesidad, no lo sé.
Continué tirando del extremo y éste seguía extendiéndose hacía ningún lugar. Ésta vez me condujo a las grandes cristaleras de La Ventana, para mostrarme lo q había en el exterior en ese momento. Y, de golpe, la visión cambió y vi lo q antes había pasado. Los buenos momentos q alguna vez pasé allá arriba, las risas y las lágrimas. Era como una película, ¿iba a morir y me estaban mostrando mi vida en pequeños tramos? No lo creía, pues me encontraba bien, pero...
Era tiempo de seguir, no quería pensar en nada más q en la madeja. El lugar al q me condujo esta vez era la fría Roca. El lugar de mis Tres Puertas. Acaricié el cordón y esto me hizo tener nuevos recuerdos. Sólo podía recordar buenos momentos. Mis paseos al Desconcierto, por cada uno de los caminos, con sus ventajas, sus bellezas y el bienestar. Empecé a pensar en cual de ellas estaba mejor, y, como siempre, ganó la Puerta número 1. La de siempre, la q causó más destrozo al desaparecer.
“Camina, continúa, no pienses, sigue...” Era lo q me repetía; así q de nuevo di un tirón del cordón granado y continué mi camino.
Eran pocos ya los lugares q me quedaban por ver. Seguí caminando a ver donde me llevaba y por fin divisé mi paz. Al fondo, la gran Laguna del Olvido me esperaba. La contemplé como hacía tiempo y pude ver sus aguas cálidas. No pude evitarlo, me zambullí como un niño. Me lancé para q ellas, sus aguas, me recogieran. Fue tan reconfortante como lo recordaba. Olvidé todo lo de la Caverna, todas las lágrimas q Ella me ayudó a verter. Olvidé el dolor por un momento. Pero sentía en la mano aún el cabo de la hebra, tenía q seguir.
Continué y al final la vi. Allí estaba la madeja. Hermosa, enorme, de terciopelo rojo. Necesitaba acariciarla, pero sabía q era lo q me había conducido allí.
Mi bella Flor estaba ansiosa por verme. Sus pétalos estaban todos girados hacia el lugar por el que yo debería a parecer. Había crecido, parecía q hubiese duplicado sus pétalos. Su corola era inmensa. Podría haberme sentado en ella y no haber roto nada el tallo.
Al acercarme, el rocío (o eso quise pensar) resbaló de sus pétalos y se posó en mis manos q se acercaron para acariciarla. No podía creerlo. La había abandonado por mi dolor, por no impregnarla con él y era ella quien me echaba de menos. Sentía más dolor al no verme, q al verme compungido.
No podía creerlo. Siempre has estado aquí esperándome y yo me he obligado a no verte. Cuanto nos hemos echado de menos sólo por mi vergüenza de no mostrar el llanto. Pero ella no sabría de su pérdida, de mi pérdida, de mi dolor. Solo quería acariciarla, abrazarla.
Me sentí tan bien.
Cuánto te eché de menos mi bella Flor. Si pudiera contarte el dolor q invade mi interior.

“Hay un hombre que no olvida: el olvidado.”

Saludos desde el Inframundo.