He de salir
Ahora que me había dejado claro que la salida del Inframundo había quedado bloqueada para siempre, o al menos por su Puerta, decidió seguir adelante.
Miraba al frente, me miraba a mí, y volvía a mirar al frente. Parecía como si estuviera disfrutando de lo que veía y a la vez le doliera lo que estaba haciendo. Parecía como si alguna vez hubiese dudado en hacerme salir por esa Puerta, como si esa hubiese sido una de las opciones que barajaba, pero que al desecharla había visto que resultaba doloroso.
Sabía que su opción elegida era la correcta, pero no quería (o eso quería creer yo) hacerme daño. Trataba de explicar que esa Puerta no era el sitio adecuado para mí; me iba a llevar a un mundo que no era el mío, era la Puerta que conducía a su Mundo, que no era el Mundo. “Somos de mundos diferentes” Acertó a decir cuando vio brotar las negras lágrimas que, muy de vez en cuando, mis lacrimales dejan caer. No son lágrimas transparentes, saladas, como las vuestras. Son negras; el dolor acumulado se condensa y genera un color oscuro y un sabor amargo que no deja nada alegre en el paladar.
Seguíamos caminando, ahora no sabía cual de las dos opciones me iba a dejar probar.
Pero al seguir sus pasos, enseguida me percaté de que nos dirigíamos hacía la Ventana, esa escapatoria tan buena para Él, podía ser ahora mi desahogo.
Me acercó al quicio, me abrió el cristal y me dijo: “ahora es tu momento, grita cuanto esté a tu alcance, clama al cielo, si éste quiere escucharte, tus motivos para salir, tus deseos o anhelos por ver el mundo exterior”.
Al principio, por una vez, Thanatos, temió luchar, temió gritar y verse envuelto en una triste broma que no haría más que aumentar su regocijo. No supe como empezar, no sabía si gritar que quería mi alegría perdida, o primero recordarle al cielo que una vez me dejó oler su perfume a geosmina o tierra mojada cuando llovía. No entendía cual era el comienzo de un discurso al aire, no podía comprender que parte había sido la primera que me habían robado para poder exigirla.
Con dudas, con temor, comencé con alegorías. “Una vez alguien me dijo que podía vivir...; Le creí y me lancé hacia ese paraíso que me ofrecía y sólo consiguió hacerme caer aquí. Ahora quiero salir, creo q lo merezco, he dado todo por mis Fantasmas y al único que le quería ofrecer mi consuelo, mi poco de ternura y mis abrazos, se escapó por esta Ventana. Quiero verlo vivir su vida allá arriba, aunque yo no forme parte de ella. Quiero poder respirar sin sentir el peso de este aire denso en los pulmones.
Quiero salir. HE DE SALIR. Seré como era, prometo volver a sonreír, prometo dejar en cada rincón de sus noches un poquito de mi aliento para que respire mejor.
Prometo recoger los pedazos de su corazón y cuidarlos mucho, si alguno queda que quiera ser cuidado. Quiero llorar lo q no debo, lo q no me pertenece, aunque sea por un instante, allá arriba. Perdí mi alegría en algún lugar, enterré mi risa en una tierra extraña, dejé las carcajadas en algún baúl y no encuentro la llave aquí abajo. ¿En que caja han metido mis sonrisas? ¿Dónde han enterrado mi corazón? No quiero más incertidumbre, seas quien seas, déjame salir, aunque me cueste tiempo encontraré esa llave. Déjame ver la felicidad de Él; deja que escape del llanto de Ella.”
Grité hasta desgañitarme, mis voces se alzaron tanto que hasta los demás Fantasmas callaron. Sólo se oía mi voz llorando y sollozando. Ya no podía gritar más, sólo dejé escapar un último suspiro al aire, un último esfuerzo, un último papel mojado.
Él notó mi esfuerzo, sabía que no podía hacer más y volvió a mirarme. Esta vez sí advertí realmente que no le agradaba lo que iba a hacer. Era pena, su decisión ya había sido tomada y esto que iba a hacer le dolía.
Con un fuerte golpe cerró la Ventana. Los pestillos hicieron que las dos vidrieras que la componían se cerraran firmemente.
Entonces volvió a hablar: “Ahora ya sabes que tampoco esta es tu opción, sabes cual queda y que has de hacer. Siento ser yo quien te lo diga, pero el Mundo al que tú quieres salir, de nuevo, no es el mío. Tengo que marchar. Pero antes te acompañaré a la Caverna. Allí puedes hacer lo que creas oportuno. Allí es Donde habita el Olvido”.
“Y esta racha de amor sin apetito, los besos que perdí por no saber decir “Te necesito”
Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Una vez me contó un amigo común, que la vio Donde Habita el Olvido.”
Saludos desde el Inframundo.
Miraba al frente, me miraba a mí, y volvía a mirar al frente. Parecía como si estuviera disfrutando de lo que veía y a la vez le doliera lo que estaba haciendo. Parecía como si alguna vez hubiese dudado en hacerme salir por esa Puerta, como si esa hubiese sido una de las opciones que barajaba, pero que al desecharla había visto que resultaba doloroso.
Sabía que su opción elegida era la correcta, pero no quería (o eso quería creer yo) hacerme daño. Trataba de explicar que esa Puerta no era el sitio adecuado para mí; me iba a llevar a un mundo que no era el mío, era la Puerta que conducía a su Mundo, que no era el Mundo. “Somos de mundos diferentes” Acertó a decir cuando vio brotar las negras lágrimas que, muy de vez en cuando, mis lacrimales dejan caer. No son lágrimas transparentes, saladas, como las vuestras. Son negras; el dolor acumulado se condensa y genera un color oscuro y un sabor amargo que no deja nada alegre en el paladar.
Seguíamos caminando, ahora no sabía cual de las dos opciones me iba a dejar probar.
Pero al seguir sus pasos, enseguida me percaté de que nos dirigíamos hacía la Ventana, esa escapatoria tan buena para Él, podía ser ahora mi desahogo.
Me acercó al quicio, me abrió el cristal y me dijo: “ahora es tu momento, grita cuanto esté a tu alcance, clama al cielo, si éste quiere escucharte, tus motivos para salir, tus deseos o anhelos por ver el mundo exterior”.
Al principio, por una vez, Thanatos, temió luchar, temió gritar y verse envuelto en una triste broma que no haría más que aumentar su regocijo. No supe como empezar, no sabía si gritar que quería mi alegría perdida, o primero recordarle al cielo que una vez me dejó oler su perfume a geosmina o tierra mojada cuando llovía. No entendía cual era el comienzo de un discurso al aire, no podía comprender que parte había sido la primera que me habían robado para poder exigirla.
Con dudas, con temor, comencé con alegorías. “Una vez alguien me dijo que podía vivir...; Le creí y me lancé hacia ese paraíso que me ofrecía y sólo consiguió hacerme caer aquí. Ahora quiero salir, creo q lo merezco, he dado todo por mis Fantasmas y al único que le quería ofrecer mi consuelo, mi poco de ternura y mis abrazos, se escapó por esta Ventana. Quiero verlo vivir su vida allá arriba, aunque yo no forme parte de ella. Quiero poder respirar sin sentir el peso de este aire denso en los pulmones.
Quiero salir. HE DE SALIR. Seré como era, prometo volver a sonreír, prometo dejar en cada rincón de sus noches un poquito de mi aliento para que respire mejor.
Prometo recoger los pedazos de su corazón y cuidarlos mucho, si alguno queda que quiera ser cuidado. Quiero llorar lo q no debo, lo q no me pertenece, aunque sea por un instante, allá arriba. Perdí mi alegría en algún lugar, enterré mi risa en una tierra extraña, dejé las carcajadas en algún baúl y no encuentro la llave aquí abajo. ¿En que caja han metido mis sonrisas? ¿Dónde han enterrado mi corazón? No quiero más incertidumbre, seas quien seas, déjame salir, aunque me cueste tiempo encontraré esa llave. Déjame ver la felicidad de Él; deja que escape del llanto de Ella.”
Grité hasta desgañitarme, mis voces se alzaron tanto que hasta los demás Fantasmas callaron. Sólo se oía mi voz llorando y sollozando. Ya no podía gritar más, sólo dejé escapar un último suspiro al aire, un último esfuerzo, un último papel mojado.
Él notó mi esfuerzo, sabía que no podía hacer más y volvió a mirarme. Esta vez sí advertí realmente que no le agradaba lo que iba a hacer. Era pena, su decisión ya había sido tomada y esto que iba a hacer le dolía.
Con un fuerte golpe cerró la Ventana. Los pestillos hicieron que las dos vidrieras que la componían se cerraran firmemente.
Entonces volvió a hablar: “Ahora ya sabes que tampoco esta es tu opción, sabes cual queda y que has de hacer. Siento ser yo quien te lo diga, pero el Mundo al que tú quieres salir, de nuevo, no es el mío. Tengo que marchar. Pero antes te acompañaré a la Caverna. Allí puedes hacer lo que creas oportuno. Allí es Donde habita el Olvido”.
“Y esta racha de amor sin apetito, los besos que perdí por no saber decir “Te necesito”
Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Una vez me contó un amigo común, que la vio Donde Habita el Olvido.”
Saludos desde el Inframundo.
Disparaban tu nombre
“Disparaban tu nombre las estrellas
o a mí, esta noche, así me lo parece.
toda mi vida, toda se estremece
buscando el modo de encontrarte en ellas.”
Tenía el alma cansada de esperar, la esperanza cansada de oler el aire para ver si llegaba. Tornó su verde esmeralda a gris, pues incluso ella, la Esperanza, comenzó a agotarse. Enfurecida conmigo, me gritó y me dijo: “es q ni siquiera puedes hacer algo por conocer ya la respuesta? Es que ni siquiera la curiosidad por saber tu destino hace q se mueva tu incertidumbre?”
Así q accedí. Grité, pataleé y lloré cuanto pude; pues sabía q ese espectáculo era el q más llamaría su atención.
Él tenía q volver, tarde o temprano, aunque ya se estaba haciendo tarde; y decirme que era lo que había decidido de mi futuro. Es curioso, no seguir deseando los deseos, es curioso que el carcelero tenga que depender del recluso que huyó. Es curioso que alguien q nunca fue tenga q decidir tu destino; pero, es así. Aquí abajo nada tiene coherencia.
Y apareció; venía como si no hubiese pasado el tiempo. Siempre aparecía con ese ligero aire de no entender el porqué de la espera, si llegaba justo a tiempo. Su sonrisa no había cambiado, era como si guardara el secreto tras ella y nunca fuese a salir. Su aspecto era impecable, impoluto, en toda su magnitud. Parecía como si nunca hubiese sido un Fantasma (realmente nunca llegó a serlo, cogió su alma casi en el momento q se le estaba escapando).
Comenzó a hablar de cosas intranscendentes, como era la vida allá arriba, que había hecho en su ausencia y de bellos pasajes de su nueva y recién estrenada mejor vida.
Pero no quería, no podía, esperar más su cháchara irreverente.
Así asalté el tema.
Trataste de decirme, en algún momento, que habías elegido una opción para mi destino. Me dirás, en algún momento de tu incansable charla, cual es?
Él me miró y de nuevo sonrió. Como pensaría decírmelo no lo sabía, pues ahora quería que hablase de mí. Como había llegado allí y demás historias q supuse no le interesaban y que ahora, cuando la impaciencia apremiaba, quería oír.
Resumí, al máximo, mis decenios, eones y demás eras pasadas aquí y volví a su eterna disquisición.
Ahora decidió que era el momento.
Se levantó cuan largo era y pasó ante mí, rozando con sus manos mis frágiles dedos. Era como una señal, ahora era cuando tenía que seguirlo y a su paso Él decidiría cual era mi destino.
Primero fuimos a la puerta, esa antigua puerta q ya no se sostenía en sus goznes.
Me abrió el camino, la empujó suavemente y me dejó el paso libre. Caminé por ese lugar antes tan conocido, pero ahora estaba oscuro, lúgubre e inhóspito. Al tercer paso, como si de nuevo algo sacudiera el Inframundo, el suelo comenzó a caer sobre mis pies. Era como si el abismo quisiera comerme y no dejar de mí ni la sombra. Era, como pude comprender, el camino que Él No había decidido para mí.
Corrí hasta el resquicio de luz que me dejaba ver la entrada y salí, a casi un segundo de perecer en el vacío absoluto.
Él me miró y me dijo: “Ese no era tu destino, no era tu Mundo, no era tu Desconcierto. No puedes volver a él”.
Y tras esto la puerta desapareció.
Pero, porqué esa sonrisa? Porqué esa mirada ausente? Porqué no respondía a mis miradas cuándo le interrogaba suplicante con mis ojos?
Qué me quedaba por ver?
Saludos desde el Inframundo.
o a mí, esta noche, así me lo parece.
toda mi vida, toda se estremece
buscando el modo de encontrarte en ellas.”
Tenía el alma cansada de esperar, la esperanza cansada de oler el aire para ver si llegaba. Tornó su verde esmeralda a gris, pues incluso ella, la Esperanza, comenzó a agotarse. Enfurecida conmigo, me gritó y me dijo: “es q ni siquiera puedes hacer algo por conocer ya la respuesta? Es que ni siquiera la curiosidad por saber tu destino hace q se mueva tu incertidumbre?”
Así q accedí. Grité, pataleé y lloré cuanto pude; pues sabía q ese espectáculo era el q más llamaría su atención.
Él tenía q volver, tarde o temprano, aunque ya se estaba haciendo tarde; y decirme que era lo que había decidido de mi futuro. Es curioso, no seguir deseando los deseos, es curioso que el carcelero tenga que depender del recluso que huyó. Es curioso que alguien q nunca fue tenga q decidir tu destino; pero, es así. Aquí abajo nada tiene coherencia.
Y apareció; venía como si no hubiese pasado el tiempo. Siempre aparecía con ese ligero aire de no entender el porqué de la espera, si llegaba justo a tiempo. Su sonrisa no había cambiado, era como si guardara el secreto tras ella y nunca fuese a salir. Su aspecto era impecable, impoluto, en toda su magnitud. Parecía como si nunca hubiese sido un Fantasma (realmente nunca llegó a serlo, cogió su alma casi en el momento q se le estaba escapando).
Comenzó a hablar de cosas intranscendentes, como era la vida allá arriba, que había hecho en su ausencia y de bellos pasajes de su nueva y recién estrenada mejor vida.
Pero no quería, no podía, esperar más su cháchara irreverente.
Así asalté el tema.
Trataste de decirme, en algún momento, que habías elegido una opción para mi destino. Me dirás, en algún momento de tu incansable charla, cual es?
Él me miró y de nuevo sonrió. Como pensaría decírmelo no lo sabía, pues ahora quería que hablase de mí. Como había llegado allí y demás historias q supuse no le interesaban y que ahora, cuando la impaciencia apremiaba, quería oír.
Resumí, al máximo, mis decenios, eones y demás eras pasadas aquí y volví a su eterna disquisición.
Ahora decidió que era el momento.
Se levantó cuan largo era y pasó ante mí, rozando con sus manos mis frágiles dedos. Era como una señal, ahora era cuando tenía que seguirlo y a su paso Él decidiría cual era mi destino.
Primero fuimos a la puerta, esa antigua puerta q ya no se sostenía en sus goznes.
Me abrió el camino, la empujó suavemente y me dejó el paso libre. Caminé por ese lugar antes tan conocido, pero ahora estaba oscuro, lúgubre e inhóspito. Al tercer paso, como si de nuevo algo sacudiera el Inframundo, el suelo comenzó a caer sobre mis pies. Era como si el abismo quisiera comerme y no dejar de mí ni la sombra. Era, como pude comprender, el camino que Él No había decidido para mí.
Corrí hasta el resquicio de luz que me dejaba ver la entrada y salí, a casi un segundo de perecer en el vacío absoluto.
Él me miró y me dijo: “Ese no era tu destino, no era tu Mundo, no era tu Desconcierto. No puedes volver a él”.
Y tras esto la puerta desapareció.
Pero, porqué esa sonrisa? Porqué esa mirada ausente? Porqué no respondía a mis miradas cuándo le interrogaba suplicante con mis ojos?
Qué me quedaba por ver?
Saludos desde el Inframundo.





