Ahora hablaré con mi Hermano, mi Par.
“Hace tiempo, mucho tiempo, q mi corazón te echa de menos. En tu ausencia, viejo amigo, desterré todos mis sentimientos, por miedo, simple miedo de abrir otra herida en mis recuerdos.
Me escondí detrás de una verdad, para no darme cuenta de mi falsedad. Esclavo del temor, un simple cobarde...
Y ahora no, no puedo, despertar mi corazón, se ha dormido con el tiempo por falta de un amor. Muere despacio, agoniza sin dolor. Sólo existe una solución; le escribiré una carta al Amor.”
Hace demasiado tiempo q perdí contacto con él, nunca creí q fuese necesario hablar con él, pues siempre era tan... no sé como expresarlo, tan alegre, tan feliz, tan optimista...
Era insoportable verlo saltar alegremente entre el verde campo q rodeó nuestro pequeño Olimpo cuando fuimos jóvenes, siempre esperando ver el vuelo de una mariposa u oír el canto de un grillo a la salida o puesta del sol.
Él siempre fue feliz, así q necesito parte de su energía, de su alegría, necesito q me ayude a respirar.
Por ello he decidido escribirle una carta a Eros, mi Hermano, mi Par, el antónimo y gemelo mío. El Amor, como otros desean llamarlo, vive escondido de mí hace tanto tiempo q supongo q no querrá siquiera responderme, pero probaré. No lo traté bien, al llegar a la juventud me burlé de él, le acusé de ser cursi y pedante y él dejó de darme su sonrisa, me dio su espalda día tras día y llegó el día en q se alejó de mí.
Hace tiempo, mucho tiempo, q dejé de tener noticias de él. Se había escondido en un alto monte, rodeado de todos aquellos animales y plantas q tanto le alegraban y no me dejó nada donde localizarlo.
He gritado al viento, he preguntado a las olas del mar, he bajado al fondo del mar e incluso me subí a un cometa para buscarlo entre las estrellas, pero nunca lo hallé.
Echo de menos su risa, sus abrazos y sus ojos mirándome, condescendientemente, cuando yo cometía alguna locura, cuando mis improperios sobre su felicidad eran enormes.
Quiero encontrarlo, quiero saber de él, quiero volver a sentir aquello q sentía estando al lado de Eros, mi querido, mi viejo, mi amigo, mi Par...
Le escribí una carta diciéndole todo esto. Puse todo mi empeño, todo lo q sentía, todo lo q no le dije pq me dio siempre vergüenza demostrar q yo lo amaba, pues era mi otro yo, era mi mitad. Pero está en mi poder, empero; esa carta, cargada de tantas y tantas emociones, permanece entre los pliegues de mi negra túnica, entre los pliegues de mi cerebro y entre mis ajadas manos. Ahora es casi un pliego inservible de todas las veces q ojeo cada palabra escrita con el fuego y el dolor de aquí abajo.
Se me acabó la luz en casa, se me fueron los colores, perdí el olor de las flores y el alba por las mañanas. Era luz en la montaña, era todos los sabores, los jardines son sus caras y sus brazos q me abrazaban.
Sólo quiero pedirle q no se vaya de mis manos, aunque se muera de frío, porque cuando llegue el alba no soportaré otro vacío. No soy más q un mar de dudas, me convertiré en espuma.
Le quería decir q a veces le quería tanto q al rato ya no lo aguantaba.
Quería volver a verlo, realmente.
Pero nunca supe donde enviar esa carta, nunca me dejó una dirección y no lo culpo. Fui de lo peor con él, dejé dolorido su corazón, q obviamente, era doble q el mío y más firme, feliz y vivo.
Sólo sé q la dejaré volar desde la Ventana, cuando pueda, cuando no me dé pavor q él vea q lo necesito, pues aunque sé que no guarda rencor y nunca se ríe de los demás, lo q yo opino de mis sentimientos sí me suponen sentir vergüenza y miedo a su eterno adiós, a su No Perdón, a su Hasta Nunca.
Saludos desde el Inframundo.
Me escondí detrás de una verdad, para no darme cuenta de mi falsedad. Esclavo del temor, un simple cobarde...
Y ahora no, no puedo, despertar mi corazón, se ha dormido con el tiempo por falta de un amor. Muere despacio, agoniza sin dolor. Sólo existe una solución; le escribiré una carta al Amor.”
Hace demasiado tiempo q perdí contacto con él, nunca creí q fuese necesario hablar con él, pues siempre era tan... no sé como expresarlo, tan alegre, tan feliz, tan optimista...
Era insoportable verlo saltar alegremente entre el verde campo q rodeó nuestro pequeño Olimpo cuando fuimos jóvenes, siempre esperando ver el vuelo de una mariposa u oír el canto de un grillo a la salida o puesta del sol.
Él siempre fue feliz, así q necesito parte de su energía, de su alegría, necesito q me ayude a respirar.
Por ello he decidido escribirle una carta a Eros, mi Hermano, mi Par, el antónimo y gemelo mío. El Amor, como otros desean llamarlo, vive escondido de mí hace tanto tiempo q supongo q no querrá siquiera responderme, pero probaré. No lo traté bien, al llegar a la juventud me burlé de él, le acusé de ser cursi y pedante y él dejó de darme su sonrisa, me dio su espalda día tras día y llegó el día en q se alejó de mí.
Hace tiempo, mucho tiempo, q dejé de tener noticias de él. Se había escondido en un alto monte, rodeado de todos aquellos animales y plantas q tanto le alegraban y no me dejó nada donde localizarlo.
He gritado al viento, he preguntado a las olas del mar, he bajado al fondo del mar e incluso me subí a un cometa para buscarlo entre las estrellas, pero nunca lo hallé.
Echo de menos su risa, sus abrazos y sus ojos mirándome, condescendientemente, cuando yo cometía alguna locura, cuando mis improperios sobre su felicidad eran enormes.
Quiero encontrarlo, quiero saber de él, quiero volver a sentir aquello q sentía estando al lado de Eros, mi querido, mi viejo, mi amigo, mi Par...
Le escribí una carta diciéndole todo esto. Puse todo mi empeño, todo lo q sentía, todo lo q no le dije pq me dio siempre vergüenza demostrar q yo lo amaba, pues era mi otro yo, era mi mitad. Pero está en mi poder, empero; esa carta, cargada de tantas y tantas emociones, permanece entre los pliegues de mi negra túnica, entre los pliegues de mi cerebro y entre mis ajadas manos. Ahora es casi un pliego inservible de todas las veces q ojeo cada palabra escrita con el fuego y el dolor de aquí abajo.
Se me acabó la luz en casa, se me fueron los colores, perdí el olor de las flores y el alba por las mañanas. Era luz en la montaña, era todos los sabores, los jardines son sus caras y sus brazos q me abrazaban.
Sólo quiero pedirle q no se vaya de mis manos, aunque se muera de frío, porque cuando llegue el alba no soportaré otro vacío. No soy más q un mar de dudas, me convertiré en espuma.
Le quería decir q a veces le quería tanto q al rato ya no lo aguantaba.
Quería volver a verlo, realmente.
Pero nunca supe donde enviar esa carta, nunca me dejó una dirección y no lo culpo. Fui de lo peor con él, dejé dolorido su corazón, q obviamente, era doble q el mío y más firme, feliz y vivo.
Sólo sé q la dejaré volar desde la Ventana, cuando pueda, cuando no me dé pavor q él vea q lo necesito, pues aunque sé que no guarda rencor y nunca se ríe de los demás, lo q yo opino de mis sentimientos sí me suponen sentir vergüenza y miedo a su eterno adiós, a su No Perdón, a su Hasta Nunca.
Saludos desde el Inframundo.
Sin nada para ti.
“Si quieres saber de dónde vengo, si quieres saber por qué me fui, si quieres saber qué es lo que siento, mejor olvídate de mí.
Si puedes perder sólo un momento para preguntar si fui feliz, si necesité de tus recuerdos o si yo me he olvidado ya de ti.
Ya ves sigo estando aquí sin nada para ti, no puedo oírte más, no hay nada que decir. No siempre he estado así, sin nada para ti, no queda nada ya, nada para ti.”
Hace tiempo q su historia me quema en las entrañas. Sabía q me dolería oírla, sabía q sería como atravesar con los pies descalzos ardientes rescoldos; pero no podía hacer nada por evitarlo. Había de oír su historia.
Empezó por cerciorarse de q Yo era real. Palpó cada uno de los pliegues de la túnica y después soltó una extraña carcajada. Era como si se diera cuenta entonces de donde estaba.
“¿De veras estoy aquí? ¿De veras merezco esto por su miedo y cobardía?; pues parece q sí, parece q siempre ganan los q menos dan.”
Así empezó su relato...
“Siempre buscando el último reflejo de la luna para q no nos viera nadie, siempre escondiéndome o siempre mensualmente. Así es como se definía mi Rutina. El Hábito comenzaba a hacerse pasmoso, aburrido, tedioso; y yo había obtenido todo lo q podía sacar de esa Rutina, triste, pues nunca fue muy alegre. Además no era la Rutina q quería seguir, era una Rutina acomodada hasta q encontrase la más placentera.
A veces traté de cambiarla un poco. Soltaba pequeñas frases q quería q fuesen a más; frases q ansiaban sacarme de este tedio; pero eran frases q caían al vacío, pues si el escudo del miedo tapa los oídos, difícilmente van a atravesar tan fuerte protección mis débiles palabras, escondidas en sonrisas.
Nada decía mi Rutina, nada hacía para variar, nada le empujaba a cambiar los hechos. Y me cansé de este día a día.
Un día, aprovechando q el Hábito había sucumbido al cansancio y había dormido en dulces tierras, con suaves cánticos en voces dantescas; aproveché para salir de este lugar. Me fugué a tierra de Reyes y allí encontré el día a día q quería, encontré el despertar q deseaba al amanecer de cada noche estrellada.
Abandoné a mi Rutina, sin decir nada, no le avisé. Simplemente desaparecí; pero la Rutina es fuerte, es concienzuda, y me encontró. Sólo me dijo q debía volver a su lado, a ver los días y los segundos desde su balcón. Pero no le hice caso.
Ella rió y dijo q no sería tan fácil huir de tan arraigada costumbre; no obstante eran seis años los q llevaba haciendo lo mismo. Q habíamos abierto muchas puertas sin saber q algunas no se cierran sin doler.
Pero no volví. De repente un día me encontré aquí. Ella me había mandado a este lugar. Triste, lúgubre y sin luz, para atormentarme. Pero la Rutina no ganó (ahora iba a decirlo, ahora me iban a doler sus palabras); ella no ganó porque yo sé bien como fugarme.
¿Tú, estúpido carcelero, no ves q no se le puede poner barreras a un corazón desenfrenado? ¿No ves q es imposible parar el ímpetu de la belleza y el amor por la luz? Sí, yo, cuando tus pesares no te dejan caminar, cuando tu espalda se encorva por el peso de los demás, yo me escapo por tu Ventana. Esa q tú no puedes abrir, a mí se me abre de par en par, para q salga, para q escape y vea la luz. Para volver a ver el amanecer de ese día a día q sí es el q yo quiero.
Esto no es lo q me espera. Llegará el día en q la Rutina se canse de tenerme aquí, q se olvide de mí para siempre y entonces la Ventana se abrirá del todo y huiré sin más.”
De nuevo una carcajada... Ésta hizo q me estremeciera.
Sabía perfectamente q Él había ganado la batalla. Había conseguido todo lo q yo había deseado una vez; salir y poder tener un día a día placentero. La suerte nos encuentra sin un plan, por eso yo aun estoy en este Desierto.
Él sabía q su Rutina le había querido tanto q llegó a tratarle mal. Ahora su Rutina se esconde tras unas rocas para ver si Él se fuga. Cuando ve q así lo hace carga contra mí. Se mete en mis entrañas y las inunda de cosas habituales, de días q parecen reales y q se repiten asiduamente, de tristezas q ella no puede expresar, de dolores ajenos q siento como propios.
Su Rutina me mata pq ella no supo retenerlo. Porque Él es libre y ama su nueva vida, mientras q la Rutina antigua va pasando al Olvido.
“Nos quisimos sin querer, cuando crees tenerlo ya se fue. Nos quisimos al revés, cuando más se esconde más se ve.”
Saludos desde el Inframundo.
P.D.: Voland, gracias por pasar a felicitarme; recibí tantas felicitaciones tuyas q a veces me encantaría abrazarte tanto... pero temo hacerte daño, temo tener tanto frío dentro q te lo pueda traspasar... Siento q esto ya no sea tan feliz como el anterior. Pero aun así, miles de gracias y un millón de congelados besos.
Si puedes perder sólo un momento para preguntar si fui feliz, si necesité de tus recuerdos o si yo me he olvidado ya de ti.
Ya ves sigo estando aquí sin nada para ti, no puedo oírte más, no hay nada que decir. No siempre he estado así, sin nada para ti, no queda nada ya, nada para ti.”
Hace tiempo q su historia me quema en las entrañas. Sabía q me dolería oírla, sabía q sería como atravesar con los pies descalzos ardientes rescoldos; pero no podía hacer nada por evitarlo. Había de oír su historia.
Empezó por cerciorarse de q Yo era real. Palpó cada uno de los pliegues de la túnica y después soltó una extraña carcajada. Era como si se diera cuenta entonces de donde estaba.
“¿De veras estoy aquí? ¿De veras merezco esto por su miedo y cobardía?; pues parece q sí, parece q siempre ganan los q menos dan.”
Así empezó su relato...
“Siempre buscando el último reflejo de la luna para q no nos viera nadie, siempre escondiéndome o siempre mensualmente. Así es como se definía mi Rutina. El Hábito comenzaba a hacerse pasmoso, aburrido, tedioso; y yo había obtenido todo lo q podía sacar de esa Rutina, triste, pues nunca fue muy alegre. Además no era la Rutina q quería seguir, era una Rutina acomodada hasta q encontrase la más placentera.
A veces traté de cambiarla un poco. Soltaba pequeñas frases q quería q fuesen a más; frases q ansiaban sacarme de este tedio; pero eran frases q caían al vacío, pues si el escudo del miedo tapa los oídos, difícilmente van a atravesar tan fuerte protección mis débiles palabras, escondidas en sonrisas.
Nada decía mi Rutina, nada hacía para variar, nada le empujaba a cambiar los hechos. Y me cansé de este día a día.
Un día, aprovechando q el Hábito había sucumbido al cansancio y había dormido en dulces tierras, con suaves cánticos en voces dantescas; aproveché para salir de este lugar. Me fugué a tierra de Reyes y allí encontré el día a día q quería, encontré el despertar q deseaba al amanecer de cada noche estrellada.
Abandoné a mi Rutina, sin decir nada, no le avisé. Simplemente desaparecí; pero la Rutina es fuerte, es concienzuda, y me encontró. Sólo me dijo q debía volver a su lado, a ver los días y los segundos desde su balcón. Pero no le hice caso.
Ella rió y dijo q no sería tan fácil huir de tan arraigada costumbre; no obstante eran seis años los q llevaba haciendo lo mismo. Q habíamos abierto muchas puertas sin saber q algunas no se cierran sin doler.
Pero no volví. De repente un día me encontré aquí. Ella me había mandado a este lugar. Triste, lúgubre y sin luz, para atormentarme. Pero la Rutina no ganó (ahora iba a decirlo, ahora me iban a doler sus palabras); ella no ganó porque yo sé bien como fugarme.
¿Tú, estúpido carcelero, no ves q no se le puede poner barreras a un corazón desenfrenado? ¿No ves q es imposible parar el ímpetu de la belleza y el amor por la luz? Sí, yo, cuando tus pesares no te dejan caminar, cuando tu espalda se encorva por el peso de los demás, yo me escapo por tu Ventana. Esa q tú no puedes abrir, a mí se me abre de par en par, para q salga, para q escape y vea la luz. Para volver a ver el amanecer de ese día a día q sí es el q yo quiero.
Esto no es lo q me espera. Llegará el día en q la Rutina se canse de tenerme aquí, q se olvide de mí para siempre y entonces la Ventana se abrirá del todo y huiré sin más.”
De nuevo una carcajada... Ésta hizo q me estremeciera.
Sabía perfectamente q Él había ganado la batalla. Había conseguido todo lo q yo había deseado una vez; salir y poder tener un día a día placentero. La suerte nos encuentra sin un plan, por eso yo aun estoy en este Desierto.
Él sabía q su Rutina le había querido tanto q llegó a tratarle mal. Ahora su Rutina se esconde tras unas rocas para ver si Él se fuga. Cuando ve q así lo hace carga contra mí. Se mete en mis entrañas y las inunda de cosas habituales, de días q parecen reales y q se repiten asiduamente, de tristezas q ella no puede expresar, de dolores ajenos q siento como propios.
Su Rutina me mata pq ella no supo retenerlo. Porque Él es libre y ama su nueva vida, mientras q la Rutina antigua va pasando al Olvido.
“Nos quisimos sin querer, cuando crees tenerlo ya se fue. Nos quisimos al revés, cuando más se esconde más se ve.”
Saludos desde el Inframundo.
P.D.: Voland, gracias por pasar a felicitarme; recibí tantas felicitaciones tuyas q a veces me encantaría abrazarte tanto... pero temo hacerte daño, temo tener tanto frío dentro q te lo pueda traspasar... Siento q esto ya no sea tan feliz como el anterior. Pero aun así, miles de gracias y un millón de congelados besos.
Sólo unas palabras
Hoy no sé q escribir, la cabeza se me ha vuelto loca con tantas cosas. Pero sé de lo q no voy a escribir; no es el día de contar la historia de Él.
Sólo es mi día, por una vez, y salvando el egocentrismo, diré q es mi día.
Puesto q mañana, dia 19, será por fin, el día q sonría porque sí, porque es mi cumpleaños. Y porque, con perdón, que coño! yo también debo respirar aire alguna vez.
Saludos desde el Inframundo (en fiesta).
Sólo es mi día, por una vez, y salvando el egocentrismo, diré q es mi día.
Puesto q mañana, dia 19, será por fin, el día q sonría porque sí, porque es mi cumpleaños. Y porque, con perdón, que coño! yo también debo respirar aire alguna vez.
Saludos desde el Inframundo (en fiesta).
Traté de fugarme.
Lo intenté, traté de fugarme, de hacer cosas q no debía, de olvidar todo lo q Ella me había contado.
Traté de dejar a un lado su súplica, pero no me fue posible. No dejaban de resonar en mi cabeza sus súplicas, sus lágrimas brillaban en mis retinas como oro líquido.
No pude negarme, y traté de gritar. Sí, por una vez, traté de q alguien saliera de este horrible lugar. Pero no creo q mi grito fuese tal; sólo fue una voz alzada por encima de las de los Fantasmas, pues sólo se oyó un segundo, un eterno segundo q hizo q sintiera dicha. Hacía tanto tiempo q mi voz no se alzaba, q mi voz no se oía por encima de los gritos de los demás, q me sentí bien.
Y entonces ocurrió algo extraño. La Ventana pareció querer abrirse, pude ver algo de luz a través de los cristales. Alguien se acercó, y entonces pensé q lo había logrado; por fin, iba a conseguir q alguien saliera de aquí. Por una vez no iba a ser el Carcelero de nadie, Thanatos iba a reconciliarse con su par, Eros, para q el Amor triunfara.
Pero no todo es alegría aquí abajo, de hecho nada lo es. Mi grito consiguió q su él se acercase a la Ventana, pero no la vio. No vio sus lágrimas, ni sospecho todos los suspiros q por él flotaban en este aire denso. Él no vio q Ella estaba consumida por su amor; él ni siquiera intuyó q Ella había bajado aquí abajo por él y por la cobardía de ambos.
Y volvió a marcharse de la Ventana. Ella sólo llegó a ver su reflejo en el último cristal, pero eso sirvió para q el llanto brotase de sus ojos como si alguien hubiese licuado su alma y después hubiese abierto las compuertas, para q lo perdiera de golpe por esos ojos oscuros como el abismo.
Lloró amargamente largo rato. Después, como si el dolor hubiese sido expulsado en cada una de esas saladas gotas, paró de llorar. Me miró y dijo, “ahora ya es el fin ...; yo no luché por lo q podía haber sido mío, y no puedo obligar a nadie a q lo haga por mí; no dejaré q mi lucha se convierta en la tuya. Yo le perdí, yo sufriré eternamente el dolor. Pero yo no seré uno más de estos Fantasmas; yo no te gritaré. Sé q has tratado de volver a conocer el amor por mí, y eso te hace menos duro, menos malo, menos Thanatos. Ahora es el momento de dejarme desaparecer. Iré a la Caverna del Olvido y me sentaré a esperar; quizá el tiempo me convierta también en roca dura.
Ahora ve a hablar con Él. Sigues sin conocer su historia y seguro q también es interesante.”
Él, Él, Él. Si Ella me daba miedo, Él me aterraba. Pues no era tristeza, ni miedo, ni desolación lo q mostraban sus ojos. Sólo mostraban desconcierto, extrañeza; pues no sabía bien el motivo por el q estaba allí. Y eso era lo q quería preguntarme. ¿Lo sabría yo una vez oída su historia?
Pero no tenía valor y las fuerzas me habían abandonado después de ver los ojos de su él buscándola por la Ventana; después de ver llorar todo un amor, de ver como se expulsa el amor del corazón a través de incansables lágrimas.
Así q, de nuevo, decidí fugarme. Esta vez lo hice bien. Fui a la Caverna del Olvido y allí, por fin, encontré paz. Oía, por fin, los ecos de antiguos momentos felices de alguien q los dejó para mí. Oí por fin las risas de viejos amigos q todos tuvieron en sus vidas. Oí la paz, oí la Balada del Despertador.
Y eso me hizo encaminarme a mi Laguna. Esta vez sí q iba a zambullirme pues debía olvidar todas aquellas malos momentos, para poder seguir acumulando otros, no obstante.
Sus aguas estaban cálidas y me abrazaron como si hubiesen deseado el tacto de mi ajado cuerpo todo este tiempo. Mojaban cada harapiento extremo de la túnica y era placentero. Olvidé donde estaba, cerré los ojos y volví, por un momento, a lo q fui. Volví a sonreír y, esta vez, los músculos de la cara no se contuvieron. Allí quedó, para siempre, flotando en las aguas, mi sonrisa.
Al salir de la Laguna, la vi flotar. Y también debió de percibirla mi Flor, puesto q alzó la corola para verla mejor, para sonreír como ella podía, para hacerme ver q le gustaba mi sonrisa y q la había echado tanto de menos.
Pero siempre se echan de menos las cosas q no se podrán ver muy a menudo o q se han perdido para siempre. Por eso, yo también me acordé de q te echo de menos, mi ayudante de Arqueólogo.
Y se acabó la paz.
Me acerqué a Él para escuchar su historia...
Saludos desde el Inframundo.
Traté de dejar a un lado su súplica, pero no me fue posible. No dejaban de resonar en mi cabeza sus súplicas, sus lágrimas brillaban en mis retinas como oro líquido.
No pude negarme, y traté de gritar. Sí, por una vez, traté de q alguien saliera de este horrible lugar. Pero no creo q mi grito fuese tal; sólo fue una voz alzada por encima de las de los Fantasmas, pues sólo se oyó un segundo, un eterno segundo q hizo q sintiera dicha. Hacía tanto tiempo q mi voz no se alzaba, q mi voz no se oía por encima de los gritos de los demás, q me sentí bien.
Y entonces ocurrió algo extraño. La Ventana pareció querer abrirse, pude ver algo de luz a través de los cristales. Alguien se acercó, y entonces pensé q lo había logrado; por fin, iba a conseguir q alguien saliera de aquí. Por una vez no iba a ser el Carcelero de nadie, Thanatos iba a reconciliarse con su par, Eros, para q el Amor triunfara.
Pero no todo es alegría aquí abajo, de hecho nada lo es. Mi grito consiguió q su él se acercase a la Ventana, pero no la vio. No vio sus lágrimas, ni sospecho todos los suspiros q por él flotaban en este aire denso. Él no vio q Ella estaba consumida por su amor; él ni siquiera intuyó q Ella había bajado aquí abajo por él y por la cobardía de ambos.
Y volvió a marcharse de la Ventana. Ella sólo llegó a ver su reflejo en el último cristal, pero eso sirvió para q el llanto brotase de sus ojos como si alguien hubiese licuado su alma y después hubiese abierto las compuertas, para q lo perdiera de golpe por esos ojos oscuros como el abismo.
Lloró amargamente largo rato. Después, como si el dolor hubiese sido expulsado en cada una de esas saladas gotas, paró de llorar. Me miró y dijo, “ahora ya es el fin ...; yo no luché por lo q podía haber sido mío, y no puedo obligar a nadie a q lo haga por mí; no dejaré q mi lucha se convierta en la tuya. Yo le perdí, yo sufriré eternamente el dolor. Pero yo no seré uno más de estos Fantasmas; yo no te gritaré. Sé q has tratado de volver a conocer el amor por mí, y eso te hace menos duro, menos malo, menos Thanatos. Ahora es el momento de dejarme desaparecer. Iré a la Caverna del Olvido y me sentaré a esperar; quizá el tiempo me convierta también en roca dura.
Ahora ve a hablar con Él. Sigues sin conocer su historia y seguro q también es interesante.”
Él, Él, Él. Si Ella me daba miedo, Él me aterraba. Pues no era tristeza, ni miedo, ni desolación lo q mostraban sus ojos. Sólo mostraban desconcierto, extrañeza; pues no sabía bien el motivo por el q estaba allí. Y eso era lo q quería preguntarme. ¿Lo sabría yo una vez oída su historia?
Pero no tenía valor y las fuerzas me habían abandonado después de ver los ojos de su él buscándola por la Ventana; después de ver llorar todo un amor, de ver como se expulsa el amor del corazón a través de incansables lágrimas.
Así q, de nuevo, decidí fugarme. Esta vez lo hice bien. Fui a la Caverna del Olvido y allí, por fin, encontré paz. Oía, por fin, los ecos de antiguos momentos felices de alguien q los dejó para mí. Oí por fin las risas de viejos amigos q todos tuvieron en sus vidas. Oí la paz, oí la Balada del Despertador.
Y eso me hizo encaminarme a mi Laguna. Esta vez sí q iba a zambullirme pues debía olvidar todas aquellas malos momentos, para poder seguir acumulando otros, no obstante.
Sus aguas estaban cálidas y me abrazaron como si hubiesen deseado el tacto de mi ajado cuerpo todo este tiempo. Mojaban cada harapiento extremo de la túnica y era placentero. Olvidé donde estaba, cerré los ojos y volví, por un momento, a lo q fui. Volví a sonreír y, esta vez, los músculos de la cara no se contuvieron. Allí quedó, para siempre, flotando en las aguas, mi sonrisa.
Al salir de la Laguna, la vi flotar. Y también debió de percibirla mi Flor, puesto q alzó la corola para verla mejor, para sonreír como ella podía, para hacerme ver q le gustaba mi sonrisa y q la había echado tanto de menos.
Pero siempre se echan de menos las cosas q no se podrán ver muy a menudo o q se han perdido para siempre. Por eso, yo también me acordé de q te echo de menos, mi ayudante de Arqueólogo.
Y se acabó la paz.
Me acerqué a Él para escuchar su historia...
Saludos desde el Inframundo.
Ella
Todo acaba y, como todo, también acabó mi visita a los Fantasmas Nórdicos; allí son de otra forma, no suelen protestar tanto; o quizá se deba a su idioma, que no es muy inteligible para mí.
Pero lo q más temía era el retorno. Sabía q Ella iba a estar esperándome allí, en el lugar donde la dejé; sentada en la fría roca que a mí me hace de cama.
Y, efectivamente, allí estaba. Con sus ojos perdidos, mirando por doquier tratando de encontrar una salida, una explicación, un algo q la devolviese a su lugar original, a su calma ya asumida durante tantos años.
Como todos hacen, tratan de contar su historia, de dejar ver q ellos pueden irse de aquí, q no deberían ser castigados tan duramente. Pues Ella no iba a ser menos, aunq de veras, en este caso no quería oírla.
Sus ojos me enseñaban tantas cosas bellas que había dejado arriba, tanto por vivir q quedaba en Ella, q me daba miedo escuchar lo q ya había vivido.
Pero es mi trabajo, no puedo dejar de hacerlo, es mi castigo. Y me senté junto a Ella. Al principio todo era silencio, todo eran gritos de otros Fantasmas; e incluso, a lo lejos, estaba Él (mi otro caso por conocer).
No sabía como dirigirme a Ella y miré sus ojos; eran tristes como un abismo y me vino a la mente la frase de Nitzsche: “ Cuando miras mucho tiempo el interior de un abismo, el abismo también tu interior”. Y, realmente, parece ser q eso ocurrió.
Ella, sin más, abrió su boca. Esperaba un grito estridente, uno sonido agudo y estremecedor como el de todos, pero en su lugar surgió una dulce voz, una voz tan apenada y triste q casi la primera palabra consiguió enternecerme. Casi, digo casi, consiguió hacerme llorar. Pero entonces recordé q Thanatos no llora, no tiene lágrimas, no tiene corazón ni siente; así q volví a mi compostura y esperé.
Su primera pregunta fue sencilla: “¿Cómo llegó una bella Flor a este lugar? ¿Q mal cometió ella?”
Ya dije q la primera era sencilla, simplemente apareció, creció entre esta piedra y podredumbre sin pedir casi nada a cambio. La segunda me resultaba más difícil, pues yo tb me preguntaba q mal había hecho tan linda Flor, por lo q le dije q no había hecho ningún mal, simplemente decidió acompañarme.
Al oír mi voz parece ser q descubrió q estaba realmente a su lado y giró su rostro para mirarme. Esta vez el abismo era infinito, no estaba aquí, estaba a mil kilómetros de esta piedra, entre sus brazos (como supe después).
Y comenzó a hablar: “ ¿Entonces yo tb estoy por hacerte compañía? ¿O yo sí cometí algún mal?. Creo conocer cual es mi mal; el Miedo. Tb puede ser un mal y en mi caso lo ha sido.
Me he dejado morir en la rutina, en la continuidad de algo hecho tantas veces q pensaba q siempre sería así. Y ahora q sé q esa rutina no puede continuar es cuando he muerto, cuando he bajado aquí para hundirme para siempre en el Olvido, en esa Caverna q visité durante tu ausencia y q sé q será mi lugar final algún día. Cuando nadie me observe, cuando ya sea un Fantasma más q pase desapercibido, me meteré en ella y me quedaré allí, sin gemir, sin gritar, pues este castigo es digno para mí. Yo me busqué este lugar, yo debo asumir mi culpa.
Callé durante tanto tiempo q sus brazos se cerraron, dejaron que cayera al suelo y se rompiera mi corazón. Sus sonrisas se helaron en las comisuras de sus labios sin lograr salir ya nunca más. Y, tratando de volver a conseguirlas, de conseguir ese rayo de sol q deshelara su sonrisa, perdí tanto tiempo q, por su cuenta, vio salir el sol en otro horizonte.
Entonces esas sonrisas ya no eran mías, el sol me había robado sus sonrisas. Y él dejó de regalármelas. Dejó de abrazar mis abrazos, dejo de respirar mis suspiros y dejo de dormir en mis sueños. Se marchó tan de golpe, q la bajada aquí fue demasiado suave para mí.
Pero sé q puedo arreglarlo, sólo quiero q se lo grites tú al viento. Grita a través de esa Ventana q da al exterior, con tu potente voz q llega allá donde quieran oírla. Grítale q le quiero, q fue sólo un hábito q no debí tomar, q me muero por beber de sus labios, de reír sus sonrisas, me muero pq acaricie cada uno de mis suspiros, q vele cada uno de mis sueños. Dile q no puedo dejarle, q ese sol es traicionero, q ese sol q ve tan bello, q ese sol es un traidor.
Grita a los cuatro vientos q nunca podré levantar la fría manta sin q él la caliente junto a mí. Dile q hay algo más q parecido a un corazón malherido intentando averiguar donde estará.
Bésale de mi parte y dile q sigo esperando, q recuerdo la brisa del cielo en el mar de su boca y percibo el aullido del mar en mi pecho callado, q no noto el latir acompasado de mi corazón cuando se ajustaba al suyo. Dile q me perdí en la costumbre y olvidé decir miles de cosas q ahora me queman dentro.
Sólo dile q le Quiero tanto q duele, casi.
Estoy segura q si gritas esto él lo oirá y vendrá a salvarme. Él recordará el hábito q antes no fue hábito, él recordará los días de 70 horas, las noches de 12 y los minutos de 80 segundos q nos regalamos el uno al otro.
Sólo grítalo por mí.”
Esa era su historia. Se había dejado caer en el abismo de sus ojos y ahora lo reflejaba aquí.
No quise seguir escuchando; hacía tanto tiempo q había olvidado lo q era el amor, q no podía volver a recordarlo. No sentía eso tan fuerte q Ella trataba de transmitirme. No podía, no me estaba permitido, arreglar una fuga, un escape del Inframundo. No podía gritarle a “su él” q Ella lo esperaba, q Ella lo quería.
NO PODÍA. Era miedo. Realmente era miedo, pues sabía q si gritaba eso podría ocurrir lo q Ella me había dicho, q él volviera a buscarla y me robase mi Fantasma, una de mis custodias. Pero también podía ser q él no lo oyera y Ella creyese q fui yo quien lo hizo y entonces odiarme, más aun, y hacer un poco más insostenible mi vida aquí.
Era un pavor. Miedo, era lo q sentía flotar por el aire. Era lo q respiraba. MIEDO.
Traté de buscar un consuelo, traté de ir a la Caverna del Olvido, pero allí había estado Ella y el eco aun seguía teniendo en su voz sus suspiros, sus sollozos y la roca recogía, cual diamantes, las lágrimas q había dejado correr por su cara hasta llegar al suelo. Traté de ir a la Laguna, pero no me dejó entrar en sus aguas. La Laguna quería q se lo dijese, sus aguas parecían reflejar la cara de Ella como un espejo. Parecía decir: “No seas cobarde y dile q Ella le quiere”.
Traté de seguir y buscar a mi Flor, pero estaba apagada. Sus pétalos habían perdido brillo al escuchar la historia. Mi Flor tb parecía querer q gritase.
Quería gritar.
Pero tenía MIEDO. El miedo me atenazaba...
Maldito MIEDO, Maldito AMOR...
Saludos desde el Inframundo.
Pero lo q más temía era el retorno. Sabía q Ella iba a estar esperándome allí, en el lugar donde la dejé; sentada en la fría roca que a mí me hace de cama.
Y, efectivamente, allí estaba. Con sus ojos perdidos, mirando por doquier tratando de encontrar una salida, una explicación, un algo q la devolviese a su lugar original, a su calma ya asumida durante tantos años.
Como todos hacen, tratan de contar su historia, de dejar ver q ellos pueden irse de aquí, q no deberían ser castigados tan duramente. Pues Ella no iba a ser menos, aunq de veras, en este caso no quería oírla.
Sus ojos me enseñaban tantas cosas bellas que había dejado arriba, tanto por vivir q quedaba en Ella, q me daba miedo escuchar lo q ya había vivido.
Pero es mi trabajo, no puedo dejar de hacerlo, es mi castigo. Y me senté junto a Ella. Al principio todo era silencio, todo eran gritos de otros Fantasmas; e incluso, a lo lejos, estaba Él (mi otro caso por conocer).
No sabía como dirigirme a Ella y miré sus ojos; eran tristes como un abismo y me vino a la mente la frase de Nitzsche: “ Cuando miras mucho tiempo el interior de un abismo, el abismo también tu interior”. Y, realmente, parece ser q eso ocurrió.
Ella, sin más, abrió su boca. Esperaba un grito estridente, uno sonido agudo y estremecedor como el de todos, pero en su lugar surgió una dulce voz, una voz tan apenada y triste q casi la primera palabra consiguió enternecerme. Casi, digo casi, consiguió hacerme llorar. Pero entonces recordé q Thanatos no llora, no tiene lágrimas, no tiene corazón ni siente; así q volví a mi compostura y esperé.
Su primera pregunta fue sencilla: “¿Cómo llegó una bella Flor a este lugar? ¿Q mal cometió ella?”
Ya dije q la primera era sencilla, simplemente apareció, creció entre esta piedra y podredumbre sin pedir casi nada a cambio. La segunda me resultaba más difícil, pues yo tb me preguntaba q mal había hecho tan linda Flor, por lo q le dije q no había hecho ningún mal, simplemente decidió acompañarme.
Al oír mi voz parece ser q descubrió q estaba realmente a su lado y giró su rostro para mirarme. Esta vez el abismo era infinito, no estaba aquí, estaba a mil kilómetros de esta piedra, entre sus brazos (como supe después).
Y comenzó a hablar: “ ¿Entonces yo tb estoy por hacerte compañía? ¿O yo sí cometí algún mal?. Creo conocer cual es mi mal; el Miedo. Tb puede ser un mal y en mi caso lo ha sido.
Me he dejado morir en la rutina, en la continuidad de algo hecho tantas veces q pensaba q siempre sería así. Y ahora q sé q esa rutina no puede continuar es cuando he muerto, cuando he bajado aquí para hundirme para siempre en el Olvido, en esa Caverna q visité durante tu ausencia y q sé q será mi lugar final algún día. Cuando nadie me observe, cuando ya sea un Fantasma más q pase desapercibido, me meteré en ella y me quedaré allí, sin gemir, sin gritar, pues este castigo es digno para mí. Yo me busqué este lugar, yo debo asumir mi culpa.
Callé durante tanto tiempo q sus brazos se cerraron, dejaron que cayera al suelo y se rompiera mi corazón. Sus sonrisas se helaron en las comisuras de sus labios sin lograr salir ya nunca más. Y, tratando de volver a conseguirlas, de conseguir ese rayo de sol q deshelara su sonrisa, perdí tanto tiempo q, por su cuenta, vio salir el sol en otro horizonte.
Entonces esas sonrisas ya no eran mías, el sol me había robado sus sonrisas. Y él dejó de regalármelas. Dejó de abrazar mis abrazos, dejo de respirar mis suspiros y dejo de dormir en mis sueños. Se marchó tan de golpe, q la bajada aquí fue demasiado suave para mí.
Pero sé q puedo arreglarlo, sólo quiero q se lo grites tú al viento. Grita a través de esa Ventana q da al exterior, con tu potente voz q llega allá donde quieran oírla. Grítale q le quiero, q fue sólo un hábito q no debí tomar, q me muero por beber de sus labios, de reír sus sonrisas, me muero pq acaricie cada uno de mis suspiros, q vele cada uno de mis sueños. Dile q no puedo dejarle, q ese sol es traicionero, q ese sol q ve tan bello, q ese sol es un traidor.
Grita a los cuatro vientos q nunca podré levantar la fría manta sin q él la caliente junto a mí. Dile q hay algo más q parecido a un corazón malherido intentando averiguar donde estará.
Bésale de mi parte y dile q sigo esperando, q recuerdo la brisa del cielo en el mar de su boca y percibo el aullido del mar en mi pecho callado, q no noto el latir acompasado de mi corazón cuando se ajustaba al suyo. Dile q me perdí en la costumbre y olvidé decir miles de cosas q ahora me queman dentro.
Sólo dile q le Quiero tanto q duele, casi.
Estoy segura q si gritas esto él lo oirá y vendrá a salvarme. Él recordará el hábito q antes no fue hábito, él recordará los días de 70 horas, las noches de 12 y los minutos de 80 segundos q nos regalamos el uno al otro.
Sólo grítalo por mí.”
Esa era su historia. Se había dejado caer en el abismo de sus ojos y ahora lo reflejaba aquí.
No quise seguir escuchando; hacía tanto tiempo q había olvidado lo q era el amor, q no podía volver a recordarlo. No sentía eso tan fuerte q Ella trataba de transmitirme. No podía, no me estaba permitido, arreglar una fuga, un escape del Inframundo. No podía gritarle a “su él” q Ella lo esperaba, q Ella lo quería.
NO PODÍA. Era miedo. Realmente era miedo, pues sabía q si gritaba eso podría ocurrir lo q Ella me había dicho, q él volviera a buscarla y me robase mi Fantasma, una de mis custodias. Pero también podía ser q él no lo oyera y Ella creyese q fui yo quien lo hizo y entonces odiarme, más aun, y hacer un poco más insostenible mi vida aquí.
Era un pavor. Miedo, era lo q sentía flotar por el aire. Era lo q respiraba. MIEDO.
Traté de buscar un consuelo, traté de ir a la Caverna del Olvido, pero allí había estado Ella y el eco aun seguía teniendo en su voz sus suspiros, sus sollozos y la roca recogía, cual diamantes, las lágrimas q había dejado correr por su cara hasta llegar al suelo. Traté de ir a la Laguna, pero no me dejó entrar en sus aguas. La Laguna quería q se lo dijese, sus aguas parecían reflejar la cara de Ella como un espejo. Parecía decir: “No seas cobarde y dile q Ella le quiere”.
Traté de seguir y buscar a mi Flor, pero estaba apagada. Sus pétalos habían perdido brillo al escuchar la historia. Mi Flor tb parecía querer q gritase.
Quería gritar.
Pero tenía MIEDO. El miedo me atenazaba...
Maldito MIEDO, Maldito AMOR...
Saludos desde el Inframundo.





