logotipo

img_google
Creer es poder?
Comentarios desde el inframundo
Acerca de
No hay nada nuevo bajo el sol, pero cuántas cosas viejas hay que no conocemos
Free counter and web stats
Sindicación
 
¿Y cómo decírselo?
Y... ¿ahora cómo se lo explico?
Han llegado recientemente, apenas sí los oí llegar, con sus cuerpos volátiles, con sus ojos vacíos de alegrías, de tristezas o de vida.
Acaban de llegar dos nuevos Fantasmas al Inframundo y me miran extrañados, pues no recuerdan haberse quedados dormidos aquí, no saben como han despertado aquí.
Creen q aún tienen esas almas q les pertenecieron un día, q ahora habitan en su correspondiente cubículo de La Posada de las Almas, con sus pequeñas camas acordes con el pequeño espacio q ocupan nuestras almas y q no creemos q tengan tanto valor, por ser tan diminutas.
Pero tengo q decírselo, me da pena por Él. Realmente me mira con extrañeza, no cree haber hecho nada malo para venir a parar aquí, al Inframundo, donde nunca quiso estar. Antes él era libre, viajaba, vivía y tenía una vida plácida. Pero de repente, sin saber como, todo se le complicó y quedó en el Olvido. De repente, apareció aquí y su Fantasma me mira con pena, con dolor, no quiere q le haga daño, no quiere hacerme daño. Pero ambos sabemos cual es nuestra función aquí. No quiero decirle q él llegará a atormentarme como el resto, pues no quiero q sea esa su primera visión. Pero sé q ellos, malditos viejos Fantasmas, se lo contarán, le dirán q sólo ha de reír con esa risa que les queda en el hueco q antes fueron sonidos bellos, en el eco q producen sus cuerdas vocales viejas y ajadas al chocar unas con otras.
También le dirán q yo soy su guardián, cancerbero de los Fantasmas, su carcelero. Thanatos, sin más. Pero él no querrá creerlo, no al principio. Sé q esta cara q ve no es la q conoció, sé q él recuerda la cara del cuerpo humano q tuve y no piensa q pueda retenerlo aquí contra su voluntad. Pero cuan equivocado está, yo no lo retengo, es él q tratará de irse y eso lo atará más aquí abajo. Llegará un momento en q no desee irse, q sólo desee odiarme, como el resto. O bien olvidarme, saber q estoy pero q no quiere verme, no cruzarse conmigo por los caminos oscuros.
Ella es más indiferente. Creo q aun no sabe donde está y no le importa, mira alrededor suyo sopesando los pros y los contras de estar aquí. Es buen sitio, como cualquier otro. Siempre fue muy conformista, sólo recuerda a quien dejó allá arriba. Ahora q no podrá verlo, tocarlo, acariciarlo y besarlo; ahora es cuando lo echa en falta. Cuando lo tuvo nunca supo acariciarlo como ahora desea, nunca supo mirarlo como ahora miran sus ojos al recuerdo de su cara. Sólo siente pena por él, no por el lugar, no por lo q un día me hará sufrir, no pq yo cuide de ella. Sólo Él.
Ambos eran felices arriba, no sabían q su felicidad no era completa. No sabían q se habían equivocado, sin quererlo, pero se habían equivocado.
Él creyó q siempre sería así su vida, q todo ya estaba asentado, q lo q había oído era lo q necesitaba oír, no quería nada más, no necesitaba nada más. Pero cuando llegó ese “algo más” hizo q todo se desmoronara. Las palabras q una vez oyó se volvieron raras, no era lo q había deseado, sino q lo q ahora oía, veía, sentía, tocaba, era lo q quería realmente. El resto fue una equivocación; pero ese fue el principio del fin. Poco a poco fue cayendo más y más en la novedad, sin darse cuenta de q iba a quedarse así siempre, y fue así como ha llegado hasta aquí. Se equivocó.
Sin embargo Ella sí sabía q se equivocaba, le dijo q estaba bien así; sin querer, se volvió a equivocar. Creía q todo iba bien, pero no era verdad; parecía como si no se acabase de enterar q para mentir era mejor callar ( y calló); le dijo q estaba bien así y allí, no le hacía falta q pensara en ella, era muy fuerte y todo le daba igual, a ella su cariño no le había de importar. Pero hoy ha intentado no comprender, hoy ha intentado dejar de pensar, pero al ir a dormir ha vuelto a entender q, ese día sin querer, se volvió a equivocar, pues se encontró aquí. Y hoy, sin querer, se ha vuelto a asustar cuando al despertar a oído mi voz gritándole “hacia donde crees q vas, cargada de miedo hacia los demás”. No corras, no hay salida, ya no hay lugar. No luches pues no te servirá de nada, ahora no has de hacerte la fuerte, pues has demostrado tu debilidad, tu amor hacia Él. Pero ahora ya es tarde.
Ahora habéis de acostumbraros a vuestra nueva situación. Es el final de todo, es la hora del adiós, no hay lucha q logre lo q queréis vosotros. Se acabó.

Y yo he de partir de nuevo, Europa de nuevo me espera, las almas de allá, al Norte, también necesitan de mis cuidados. Volveré, no temáis, ellos también me necesitan.

Saludos desde el Inframundo.
 
Elegirme.
“Gracias por elegirme, por cuidarme tanto y por no irte.
Gracias por no decirme todo aquello que me pone siempre triste.
Por estar siempre a mi lado sin pedirme explicación; por hacer q un día malo sea el mejor.
No paro de decirte, gracias por elegirme.
Gracias por no fallarme, aunque a mí la suerte nunca me acompañe.
Por juntar todas los trozos de las cosas que rompí y olvidar lo que nunca quise decir.
Quiero repetirte, gracias por elegirme.
Si me pierdo en el camino, me iluminas con color y ese frío que me hiela ahora es calor.
Sólo decirte, gracias por elegirme.
Gracias por escucharme y fingir que lo que digo es importante.
Por seguir aquí a mi lado sin guardar ningún rencor y cambiar por alegría mi dolor.
No quiero irme... gracias por elegirme”.

Y así es como debo agradecerlo. Siempre, mi ángel caído, mi Bello Voland, está ahí para recoger los pedazos desgajados de este ajado manto que recubre mi corazón.
Siempre su sonrisa, colgando de sus labios constantemente, espera que yo la busque.
Gracias Voland por estar, por ser, por elegirme. Entre miles de personas, cientos de nombres, posaste tus ojos en “Su Esplendor”, como gustabas llamarme, y eso hizo algo menos oscuro este pequeño Inframundo.
De vez en cuando bajas, abres de par en par la Ventana al exterior y haces que el aire límpido de fuera renueve la sobrecargada atmósfera de aquí dentro, de aquí abajo, de mis entrañas.
Quizá sea la única forma que tenga de agradecerte tus incalculables minutos, tus valiosos segundos que me regalas cuando deberías estar haciendo miles de cosas más importantes. Pero en el fondo sabes que aunq de palabra todo esto no salga, te agradezco eternamente (de la única forma que se puede hacer aquí, donde el tiempo no pasa) tu compañía, tus palabras, tus sonrisas y tus desvelos por mí.
Esos lugares que me presentas, donde moran las almas, donde lo indio se une a lo hindú, donde todo es extranjero, donde nada es lo que parece. Siempre descubriéndome sitios nuevos en éste, mi Inframundo particular.
Por todo ello, durante los años que me queden en este lugar, espero que tu presencia me acompañe; que, aunq escasas, tus visitas sean tan agradables como siempre vienen siendo.
¿Cómo no decir esto? Quizá no lo leas nunca, pero es fácil q alguna vez lo sepas. Sabes q no lo diré, nunca digo estas palabras en voz alta, pero las tienes aquí escritas, pues es cierto q te agradezco tus horas junto a mí.
El agradecimiento no está reñido con el dolor, con el cuidar de Fantasmas, y con regar mi bella Flor; por ello, por todo ello, hoy esto te lo dedico a ti.
Sólo estas líneas, espero sean suficientes.
Saludos desde el Inframundo.
 
Está prohibido llorar.
“Aún recuerdo cuando verte era como un día festivo, cuando el resto de la gente no existía para mí; cuando el sol nos calentaba aunq fuera el mes más frío y tu ausencia me bastaba para sentirme perdido, y me encontrabas como un niño q no sabe a donde ir.
Pero el tiempo q maldigo fue cambiando tantas cosas, lo q antes eran rosas ahora son olvidos.
No quiero inventar excusas, tampoco buscar testigos, sólo sé lo q he perdido y quiero recuperar.
Por favor, no digas nada, q está prohibido llorar.
Era un martes de diciembre, ese día prometido, q quise volver a verte y recordarte lo q fui. Al cruzarme en tu mirada sentí el filo de un cuchillo, q mi alma atravesaba y dejaba malherido; y recordé q tu camino ya no pasa por aquí.
Esperando la mañana de otra noche q se ha ido; sólo espero q el Olvido no me vuelva nunca a mirar.
Y nada más q decirte, q sólo soy lo q he sido, un alegre triste herido de otra guerra sin final. Por favor, no digas nada, q está prohibido llorar.
Las canciones y sonidos q antes tú me regalabas ahora son ruidos prohibidos q ya nunca escucharé. Como nadie me acompaña he vendido mi cariño, he tirado mi palabra y alquilado mi destino. Lo demás lo regalaba y nadie lo vino a buscar.
Esperando despertarme de otro sueño mal dormido; ahora quiero levantarme y q todo esté en su lugar. Y algo más q pedirte q antes no te he pedido y es q aun estés conmigo cuando vuelva a despertar.
Por favor, no digas nada, q está prohibido llorar.”

Y, así, prohibiendo el sentimiento, prohibiendo la lágrima, es como ahora te recuerdo.
Ahora q todo se ha ido, q los ruidos ya no son tus canciones, sino el quejido de los fantasmas. Q tus sonrisas ya no son lo q eran, sino sólo las carcajadas agónicas de viejas almas q flotan por el Inframundo.

El Recuerdo, el último recodo q existe en el Inframundo, se ha acercado a mis pasos. Mi caminar, y el paso del tiempo, me han llevado a este lugar recóndito, donde cuelgan expuestos cada uno de los momentos q viví en el Supramundo, en aquella tierra vuestra, mientras mi Diavolo me permitió ser un ser vivo más, un ser q sufría y anhelaba algunas cosas.
En bellos marcos plateados, dorados, cuajados de piedras preciosas; se hallan los momentos vividos. Son como instantáneas de momentos q no puedo dejar pasar. De momentos q siempre tendrán q estar ahí colgados, pues mi memoria ya sólo recuerda los siglos vividos en el Inframundo.
Y hoy, parece ser q este gran museo del Recuerdo inauguraba un nuevo cuadro. Se llamaba “Prohibido llorar” y era el título más apropiado. Pues ante esa imagen, hasta los fantasmas enmudecieron.
Ante sus ojos se mostraba otra cara del dios de la Muerte. La cara q ellos, nunca jamás ya conocerán. La sonrisa q iluminó un día su cara era algo inexplicable y fuera de lugar en la cara q ahora mostraba. No era Thanatos quien figuraba en ese gran retrato del ayer.
Sólo era el momento de la Felicidad. El cuadro más difícil de pintar y el más caro de conseguir. Pero ahora ya lo habían conseguido.
Una vez colgado en el museo del Recuerdo, ya no saldría de allí. Luego, el momento de la Felicidad, iba a quedar colgado en un marco de Plata rodeado de brillantes zafiros. Preciosa cárcel después de todo.
Han quedado mudos, por un momento, los Fantasmas. Pasan junto a mí y observan como si quisieran ver en mi interior, en mi rostro, en mis ojos, si alguna vez pude tener esa sonrisa. Es como si yo tratase de ver, en algún lugar de sus almas flotantes, el cuerpo q una vez los contuvo.
No es posible, lo q no existe no se puede contar. Y, en mi caso y en el suyo, hay cosas q ya no existen, cosas q ya no veremos.
Ahora q el museo ha inaugurado ese nuevo cuadro iré a verlo. Aunq espero q no haya nadie q lo vigile, nadie q haga cumplir el nombre del cuadro. Pues si está Prohibido llorar, creo q no podré verlo más de una vez cada 100 años, tiempo suficiente, para q las lágrimas se hayan secado y no llore frente a él como un bebé.
Es difícil no llorar ante el museo del Recuerdo. Sus guardianes, tras siglos de vigilia en la puerta, han decidido no volver a entrar en él salvo en caso de emergencia, sin mirar sus largos corredores, donde a diestra y siniestra tb hay cuadros con sus Recuerdos. Con marcos q contienen sus cuerpos, sus sonrisas, sus vidas.
Ahora es el momento de sacar la entrada, de nuevo he vuelto a ver ese cuadro. Será la última vez q lo vea por este año, aun lo creo en mi interior, aunq nunca sé si será la verdad. Y, aun sabiendo q lloraré, pago el alto precio de la entrada.
No es mucho para los Fantasmas, pero para mí el precio es elevado. Me mira seriamente el vendedor de entradas; lo sé.
Ahí tiene el precio: mis dos últimas lágrimas y mi último suspiro. No es caro después de todo no?

Saludos desde el Inframundo.