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Creer es poder?
Comentarios desde el inframundo
Acerca de
No hay nada nuevo bajo el sol, pero cuántas cosas viejas hay que no conocemos
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Sindicación
 
El Hombre del Espacio.
Un día apareció, sin más, de repente.
Un día vino un Hombre del Espacio. No, no he perdido el Norte. Mi razón sigue aquí a mi lado, aunque en ese momento yo también pensé que la había perdido (ojalá, por otra parte, hubiese sido así, pues las cosas serían de otra manera).
Y apareció, con la estela que le precedía. Apareció como aparecen en las películas. De repente, una luz hizo que se viera su rostro, y tras él, el resto del cuerpo y su mirada, que tenía miles de estrellas en las pupilas; miles de astros luminosos que había visto allá arriba. Su mirada era penetrante, misteriosa, pero sonreía al tiempo.
Y su sonrisa era de las más bellas que yo había visto aquí abajo (claro que eso no era muy difícil).
Ahora recuerdo de donde vino la 3ª Puerta.
Al bajar, piso suavemente la roca dura que conforma el Inframundo. Como temiendo que sus botas rompieran algún fragmento o fuesen a hacer alguna grieta. O quizá era miedo a que si apoyaba con demasiada firmeza los pies temiese tener que quedarse para siempre, pues estoy en lo cierto si digo que no es una bella visión llegar de primeras al Inframundo.
Una vez que hubo tomado contacto con la fría roca, trató de ver lo que le rodeaba: roca y más roca, allá donde mirara. Pero, de pronto, su mirada se posó en una parte de la roca que tenía algo parecido a unas Puertas; en concreto había dos: Una más antigua y Otra más moderna, pero más usada (aun no había aparecido la Tercera Puerta).
Y trató de penetrarlas con la mirada, pero eso no le fue posible. Entonces, como si esa mirada hubiese alertado a los Fantasmas, decidieron comenzar su coro de risas estridentes, de gritos ahogados, de llantos lastimeros. E incluso, alguno decidió pasar por el lugar de la visita.
Sobra decir que nadie quiere como anfitrión semejantes seres y él, venido de algún lugar del espacio, no había visto nunca uno de estos malditos. Así que echó a correr; fui tras él, para advertirle que no le harían daño, que sólo eran unos perversos Fantasmas, que trataban de evitar por todos los medios que yo pudiera tener algo de entretenimiento.
Pero él no paraba, corría alocado, corría sin sentido, hacia ningún lugar y hacia todos. Incluso llegó a encontrar a mi bella Flor, lo que hizo que parara y seguro, que en su mente, surgió la pregunta “¿Cómo es posible que algo tan bello crezca entre tanta negrura y tristeza?”
Gracias a su curiosidad o debido a ella, pude alcanzarle. Pude parar sus pasos y decirle que no le haría daño, que sólo era un Cuidador. Que aquello que había visto era un alma errante, que nunca le haría daño. Pero en ningún momento yo les dejaría acercarse.
Entonces me preguntó por las 2 Puertas (en ese momento había dos) y nos encaminamos hacia ellas. Le conté que habían surgido de la Nada, supongo que por algún impulso o alguna gracia creadora.
Y, una vez que llegamos a ellas, las tocó con la delicadeza con que se toca una mejilla rosada, con el tacto con el que se acarician unos labios. Y pareció como si la madera se estremeciera ante este nuevo tacto suave, amable. Y se apoyó en el trozo de roca que quedaba al lado de la 2ª Puerta.
Y, como ocurre todo aquí, de repente la Roca comenzó a temblar. Asustados, yo también, pues esto era nuevo para mí; asustados, digo, nos retiramos, al ver que una amplia grieta se abría en el suelo y surgía un tablón, fuerte, nuevo, recién barnizado. Ese tablón dio lugar a la 3ª Puerta, que estaba completamente cerrada.
Nunca supe como se abrió, pero de repente, al poner su mano sobre el picaporte, éste giró suavemente, como si es lo que hubiera estado esperando toda la vida, el roce de su mano, de su guante espacial.
Entró y lo que vio le gustó, pues, como ya dije, era el camino más recto y mejor pavimentado de los tres.
Pero cuando llegó al Desconcierto, aquello no le gustó nada. Era el lugar más vacío del reino, nada había que ocupara los lugares, sólo la Nada.
Volvimos, pues, al Inframundo, donde allí, al menos, había roca, agua y una Flor.
Y fue entonces cuando me comentó que yo era triste, que vivía en un lugar triste, vivía por y para mis Fantasmas, y no trataba por ningún medio de olvidarlos.
Pero yo no podía contestarle en ese momento; ahora, pasado el tiempo, pienso en lo que dijo y tengo respuesta:
Dices que es un lugar triste, que busco la soledad; pregúntale a mis poemas y encontrarás mi verdad.
Dices que pasó las horas oyendo el viento soplar, pregúntales a los pájaros que alegran tu caminar, que aquí ya no están.
Y escúchame, mira las nubes que pasan, y tú jardín cuajado de margaritas, yo sólo tengo una pequeña Flor. Y tienes gorriones que cantan.
Acércate, mira la tierra mojada, y mi Flor, cargada de gotas frescas; y el tiempo pasa lento.
Dices que soy algo triste, que llora mi corazón y es que yo encuentro mi mundo en mi pequeño rincón, aquí, en mi pequeño rincón. Dónde escuchar el vuelo de los Fantasmas, donde llorar pq de llorar hay motivos, donde quedarme sólo.
En mi jardín sólo pueden llover lágrimas, en tu jardín está lloviendo, así que márchate.
Esto pensaba, meditaba en como habría de decírselo, pues no había vuelto nunca.
Pero como si él también pudiera leer mi pensamiento, de repente volvió a aparecer; tras su resplandor y sus halos de misterio.
Esta vez no miró nada con extrañeza, ya lo conocía. Pero sólo me dijo: “he descubierto un planeta que necesita más que tú esa Puerta que se abrió a mi paso; si me permites, me la llevaré”.
No tenía voluntad para decirle que no, así que le dejé que siguiera adelante.
Y, hoy, tras varios miles de minutos después de aquello, lo he recordado. Ha venido a mi mente de repente, así como llegó él. Y, ahora recuerdo como apareció esa 3ª Puerta y como desapareció también.
Todo vino y se fue del espacio y para el espacio.
Todo acabó por fin, cerré el círculo; ya no pensaré más en ellos (Puerta y Hombre, Hombre y Puerta).

Saludos desde el Inframundo.

 
Il Picolo Diavolo.
... Y entonces, cuando hayas llegado, te darás cuenta...
Sólo entonces sabes q ese sí es el reino del Diavolo rosso, del más imperante rey del Inframundo.
Todos los grandes museos y las obras de arte están dedicadas a su antagonista, por tanto, a Él también le dan un lugar en el q estar. Para ellos, Él tb existe; es la cara negativa de su bello Creador. Es el reverso de la Historia.

Pero traté de encontrarle y sólo encontré a pequeños súbditos. A pequeños demonios q raptaban Sabinas. A antiguos dioses arrancando cabezas. Pero, ¿dónde estaba Él?, ¿dónde se encontraba el gran Diavolo; ¿ese q siempre era representado con imágenes indescriptibles, absurdas, rocambolescas y totalmente abstractas?
Todos los lugares q pude visité para encontrarlo. Y en el trayecto vi cosas interesantes; comprendí q lo torcido no se puede enderezar, q la piedra dura puede llegar a dar calor y vida. Vi al dios de las aguas, rodeado de sus ninfas. Y pude ver curvas asesinas, lugares q generaron fantasmas, castillos en los q todos los llantos se hacían eco. Y por último, las aguas q retienen los suspiros, los lugares q se hunden y se llevan con ellos las obras de arte.
Es increíble todo lo q el Diablo se había adueñado para rodear sus territorios, pues así nadie era capaz de encontrarlo. Todo parecía tan bello, todo tenía imágenes de su rival, y por tanto, ratificaban q tb Él existía, pues no hay el blanco sin el negro, no hay el Bien sin el Mal. El mundo se compone de opuestos y el q el antagonista estuviera presente certificaba la presencia de, en mi búsqueda, el protagonista.
La búsqueda estaba llegando a su fin y empezaba a agotarme, el cansancio tb pesa en aquellas latitudes. El último recorrido me llevaba a la ciudad más pequeña q me quedaba por ver, me quedaba ver la amistad entre humanos, los abrazos, risas y alegrías de antaño. Pude sonreír. No hace mucho, alguien me preguntó: “¿y, dime, sonreíste mucho?”. Sí, querido Memnoch, sonreí. Era algo q no había hecho en mucho tiempo y los músculos de la cara no querían responder a la primer, pero finalmente lo conseguí.
La sonrisa, por una vez, se situó en mi cara e iluminó el día. Y, quizá esa luz extraña, no común en esos lugares, hizo q apareciese Él.
Paseando por el viacolo del’ Inferno, apareció. Me saludó como si fuese uno más de los hombres q paseaban por esa pequeña travesía. Pero sabía, se intuía en su forma de estar, q no era uno de ellos. Y fue entonces cuando me habló.
“Thanatos, tú me has buscado, aquí me hallo. Siempre, durante eones, te has considera el dios de la Muerte. Ciertamente lo eres, así se decidió en el mismo día en q el hombre tuvo q morir. En el mismo día q su Creador quisiera q sufrieran y tras un largo período de vida, murieran. El día q una fruta cambió su destino, apareció la Muerte. Y tú, por tanto, debías q tener una existencia.
Cada uno, en su época y su lugar, te denominó de una forma. Pero, Yo, quien decidió q aparecieras en este juego de Vida/Muerte, nunca te otorgué un nombre. Eres tú, el cuidador de almas errantes, el q siempre llevará el peso de los Fantasmas. Sé q esta pregunta rondaba en tu mente.
Pero no hay forma de cambiarlo, por mucho q tu existencia sea antigua, recuerda q Yo, estoy aquí desde siempre. No recuerdo nada en este planeta y de repente surgió todo. Es cierto, q ellos lo han ido cambiando poco a poco; pero la base está ahí desde antaño.
Así q no creas Thanatos q eres el más antiguo. Sí en el Inframundo, pues ningún Fantasma llegará a tu edad (si es q se puede medir con ese término los siglos q tienes encima); pero tb es cierto q siempre estaré a tu lado, para q no decaigas, para q no tengas las tentaciones a las q su Creador te quiera llevar, como tratar de salir por esa Ventana o tratar de pensar q puedes quedarte tras la Puerta, en le Desconcierto, eternamente.
Yo vigilaré tus pasos, pues eres un Hijo mío y, como padre egoísta, siempre te llevaré a mi lado.”
Ahora no sabía q hacer, pareció q todas y cada una de las preguntas q quería hacerle las había leído en mi mente. Así q no pude hacer más, saludé de nuevo la esbelta figura q había adquirido y en parte, me sonreí, pues ahora sabía cual era mi destino por siempre jamás.

Pero al menos su búsqueda me dejó bellos paisajes en la retina q siempre quedarán allí y podré evocar siempre q mi memoria me permita.

Ahora, de nuevo aquí abajo, veo los Fantasmas y no pienso en ellos, serán siempre así. Sólo pienso en cuando mi Flor me abandone, pues ella no es eterna, ¿quién vendrá aquí a aliviarme el dolor? ¿qué ser vivo se dignará a ser la mascota del Dios de la Muerte?

Ante mí el vacío y alrededor el silencio. Y es más fácil morirse de Nada que de dolor; pues puedes rebelarte ante el dolor; ante la Nada, no.

Saludos desde el Inframundo.

 
Nunca es la hora apropiada
“Nunca llego a la hora apropiada, o pronto o tarde; cuando ya no queda nada;
Oigo campanas y nunca me entero donde, oí tus palabras en un río q se esconde, y ya ves, otra vez, he llegado tarde a mi deber; y ya ves, y demasiado tarde...
Sólo a la Puerta, o mirando en la Ventana. Sólo en la Fiesta con lágrimas en el Alma, sólo esperando q algún día llegue a tiempo, sólo esperando q vuelvas a mi recuerdo.
Voy a buscarte al otro lado del Infierno, voy a buscarte enredado entre mi pelo, voy a buscarte aunq sea dando hachazos, para amarte entre las ramas de mis brazos”.

Ahora ya no es momento, pues he llegado tarde.
Después de regalarte todo mi tiempo, todo ese tiempo bien empleado de todas formas, parece que volver al lugar común hace que haya perdido muchas cosas.
No llego en el momento adecuado y eso hace q no encuentre lo q busco.
Todo es desorden aquí, todo es dolor allá, todo es agotamiento más adelante. Todo está tal como estaba pero no está como estaba... ¿q incongruencia no?
Parece q todo siga igual, pero hay algo q dice q ya es tarde, q las cosas han cambiado sin moverse, pero han cambiado.
Al parecer los Fantasmas siguen gritando tal cual lo hacían, pero parece como si en sus gritos hubiese una mueca de alegría (¿?); no sé q es lo q quieren hacerme saber, no sé q es lo q quieren decir, pero sus risas siempre implican algo malo para su cuidador.
La Laguna está demasiado fría, sus aguas, casi gélidas, no me incitan a sumergirme pues no harían ningún beneficio en mis penas.
Y la Caverna del Olvido está cerrada!!!! No entiendo quien colocó esa piedra enorme en su entrada, quién dejó caer allí el silencio, el vacío. Pero es como si esa piedra no fuera a estar allí siempre, no sé pq lo sé; pero lo sé.
Y mi Flor... ella sigue tal cual, ahora está más erguida y bella y Ella sí responde a mis palabras, Ella sí gira su corola al verme.
Pero ya he encontrado mi tardanza. Durante el período q estuve regalándote mi tiempo, alguien hizo q se tejiera una tela de araña en la entrada de mi Puerta nº 2, la q queda, después de todo. Y esa tela no es tan franqueable como pareciera, no es tan liviana como la de una araña de allí. Parece hecha por un telón de hierro, por hilos diminutos de nylon q no son fácilmente rotos. Son fuertes, impiden el paso y eso es lo q les hacia gracia a ellos. Sabían q el hecho de q viera el Desconcierto al final de la puerta, pero q no pueda entrar sería desquiciante para mí y por ello sabían q vendrían después sus risas.
Pero, por una vez, sus risas me traen sin cuidado; por una vez no voy a desquiciarme ni a dejar q esto sea algo q me haga caer más. Ahora ya no me importa nada, me da igual ir q no ir al Desconcierto (aunq tengo q admitir, q un poco de tristeza sí me genera).
Pero he decidido q si esa Puerta quiere q vuelva a ella, q se abra por sí sola. Ya no lucharé más por atravesar ningún recodo, no trataré de abrir la Caverna, ni la Puerta, ni nada. Sólo si ellos se muestran accesibles, iré.
Si no seguiré llegando tarde, para seguir en Soledad.

Para no ver esa indeferencia iré a ver los siete pisos del Purgatorio de Dante; iré a ver como es el infierno cuando se ve desde la perspectiva italiana. Iré a ver a su Diablo, para ver si es realmente Él q dirige este Inframundo.

Saludos desde el Inframundo.
 
Te regalé el tiempo.
“Por la mañana, no sale el sol si tú no estás y por la noche hay luna nueva si te vas.
Te regalé el tiempo, por no sé q fue, y por más q lo intento sin ti no sé ser.
Ven, manéjame, toma mis riendas, soy todo barro en tu piel; ven y muéveme; tu marioneta te hace este guiño de ciega fe.
En estos días no sale el sol si tú no estás y cada noche raptas mi luna si te vas.”

Bello regalo; unos segundos veloces, unos minutos arrastrados, unas largas horas y miles de días; al final sumaron tiempo, sí. Al final sí te regalé bastante tiempo, después de todo.
Pero no me duele ese tiempo, no he perdido ese tiempo. Siempre me quedará el verte sonreír, pues esa sonrisa aparece en mi cabeza cuando lo necesito. Esa sonrisa q sé q no perderás, pase lo q pase.
No sufras, pues desde aquí abajo sabemos todos, mis fantasmas, mi Flor, mi Laguna y demás objetos inanimados q yo he dado vida, q no vendrás aquí. Q tu sitio sigue arriba.
Por ello, has de seguir sonriendo, por ello has de pensar q nada es malo, sólo es un contratiempo.
Y así, desde aquí abajo, te seguiré regalando el tiempo, mi tiempo, pues no es tan valioso como el tuyo, y puedo darte cuanto quieras. Pero no pienses q, por el hecho de q yo te regale mi tiempo, el tuyo ha acabado, pues no es así.
Nadie ha tocado la Ventana, sigue cerrada, tal como la dejé en su día. Nadie ha abierto la única Puerta q aun se abre. Luego tu sitio no está aquí.
No eres un alma, pues tu cuerpo es sólido aun (por mucho tiempo, no obstante). Y has de sonreír, has de seguir siendo alegre, has de tener confianza y ciega fe en ellos.
Ellos manejaran tus hilos durante un tiempo, pero no será largo. Serás una marioneta, pero serás una bella marioneta, serás la luz de ese día, pero no has dejar de sonreír.
Volverás a ser tú después de esos segundos de ciega fe, pero después has de ser Tú.
Has de seguir luchando y hacer reptiles, como siempre haces, como otras cosas q haces.
Ahora, has encontrado la Paz, pero no debes querer estar así mucho tiempo, pues la comodidad no es lo q buscas; si no la libertad, la vuelta al día a día.
Q tienes q luchar lo sabes, pero q los demás lucharemos contigo es algo q quiero gritar, desde aquí abajo, donde es probable q no me oigas, para q sepas q no estás ahí en soledad. Tienes nuestro tiempo, mis fantasmas tienen más q yo, y en este caso, creo q te brindaran todo el q necesites.
Pero no has de estar triste, pues tu sonrisa es el sol q ellos ven allá arriba. Tu sonrisa es el remanso en mi Laguna del Olvido. Tu sonrisa es el color púrpura de mi bella Flor. Tu sonrisa eres TÚ. Y tienes q seguir sonriendo.
Los miles de resquicios q invaden tu cuerpo se irán, siempre lo hacen. Sólo son pequeños puntos q ahora afean tus extremidades, pero no sufras, ellos tb se irán.
Tus dolores y penas tb se irán. Todo lo malo pasará, ya lo verás.
Ahora bien, tienes q recordar todo ese tiempo q te han regalado (no el mío, por supuesto) y recompensarlo con tu tiempo, no así como nosotros. Sino q tu tiempo, perdón, Tiempo, con mayúscula; tiene q ser luego feliz, alegre y risueño. Tiene q ser de nuevo el tiempo q nos dejaste ver.
Y el entorno tuyo será el q reciba esas sonrisas q curarán cualquier herida q ahora pueda dejar este mal tiempo q nos deja el mes más corto del año.

Ahora has de luchar, yo lucho contigo (y no seré yo solamente, lo sabes); pero no te dejes vencer tú. Pon toda tu CIEGA FE.
Y recuerda q los valientes son aquellos que saben a lo q se enfrentan, ya sea bueno o peligroso, y pese a ello salen a enfrentarlo. Y tú lo vas a enfrentar como valiente q eres, y es más, lo vas a superar, dejándolo atrás como si fuese un mal sueño. Tiempo perdido q no merece la pena rememorar.
Todo pasará. Y yo te regalaré más de mi tiempo.

Un beso enorme desde aquí abajo.
Saludos desde el Inframundo.