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Creer es poder?
Comentarios desde el inframundo
Acerca de
No hay nada nuevo bajo el sol, pero cuántas cosas viejas hay que no conocemos
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Sindicación
 
Si yo fuera Dios y tú me pidieras mi vida.
“Si yo fuera Dios y tú me pidieras mi vida, escucha amig@, q sin dudar ni un momento yo te la daría”

De nuevo la rutina ha vuelto al Inframundo, todo ha vuelto a lo que era, pero aun no me atrevía a ir a ver a mi flor. Ella tenía ciertas dotes de premonición y sabía q había bajado, q había vuelto a caer en los cierres de la primera puerta.
Para poder ir hacia ella tenía q conseguir algo del agua de la Laguna del Olvido. Tenía q llevarle algo q le alegrara, pues sabía q mi presencia solamente no lo conseguiría, no esta vez.
Y mis pasos trataron de encaminarse hacia ella, hacia aquella Laguna q tanto necesitaba. Necesitaba sumergirme en sus aguas por unos minutos y olvidar todo, dejar sólo en mi mente momentos no vividos, q no hagan recuerdos sino simples ilusiones. Q sean vividos como a mi más me gustasen. Pero no hallaba el camino. Estaba perdido en los recovecos de mi propio mundo, alguien lo había tapado. ¿O eran mis propios pies q no querían encaminarse hacia allí? ¿Ellos tb querían castigarme por el error q cometí?
Una y otra vez traté de encontrar el camino, y me fue inútil el intento. Mis pasos se hacían pesados, me costaba caminar. Nada servía para encontrarlos y con ello, iba retrasando la visita a mi flor. No me sentía con fuerzas de ir con las manos vacías y el mal relato que tenía q hacerle.
Así q dejé pasar el tiempo, sólo sentándome en la piedra dura, sólo dejando pasar el tiempo, q transcurriera lenta y pausadamente como siempre lo hace aquí. El estar ahí, sin moverme, sólo dejando transcurrir el transcurrido tiempo, hizo q volviera a sentir necesidad de ver a mi flor. La echaba en falta, necesitaba notar sus dulces pétalos y q me acariciaran el rostro.
Nuevamente seguí el camino, q creía tan aprendido, pero no lograba nada. De vuelta por mis pasos, vislumbre un brillo extraño en la ventana q daba al exterior.
Me acerqué a ella, pues quería ver q era lo q provocaba tal resplandor. Y mi sorpresa fue mayúscula. Había alguien, una persona del Supramundo estaba observando a este triste dios. Era un chico, bello e interesante. Una persona q veía el mundo desde su punto de vista, desde otro punto de vista distinto al mío. Una bella persona, por la sonrisa q dejaba q yo viera y q me regalaba alegremente. Sus sonrisas y sus saludos me impulsaron a no perder la búsqueda del camino a mi Laguna. Pero, la luz ¿de dónde provenía ese resplandor? Esa luminiscencia venía de una bella nube q se dejaba ver desde aquí abajo. Allí arriba resplandecía bella, hermosa, con todo su esplendor. Era una visión digna de relatar y parecía q quisiese saludarme, decirme algo. Incluso parecía q quisiera sacarme de aquí abajo. Agradecía sinceramente su impulso de ayudarme y no pude por menos q llorar de alegría por ver q todavía hay cosas q me hacen sonreír, todavía ciertos detalles provocan sentimientos en esta roca dura y congelada q hace de bomba de sangre.
Y esto me impulsó, más firmemente, a encontrar mis pasos para así poder olvidar e ir a ver a mi bella flor. Ya no podía posponerlo más, necesitaba verla.
Y gracias a los impulsos del hombre q veía mi mundo desde otro punto de vista y de la bella nube, por fin logré encontrar mis pasos perdidos.
Allí estaba, en quietud, dulce, tranquila, mi Laguna. Con sus cristalinas aguas q invitaban al olvido, al remojo en sus aguas de paz. No pude evitarlo y tp quería hacerlo, y sin pensarlo dos veces me zambullí en esas dulces aguas. Fue como un sueño reparador, de repente todo se olvidó. Todo quedó flotando en sus aguas, q se embravecieron un poco debido a todos los malos recuerdos q le estaba traspasando, pero q no dijeron nada. Nada ni nadie protestó por esa contaminación psíquica q estaba dejando en sus aguas, pero ellas no sabían cuan feliz me hacía soltar mis malos momentos. Sabía a ciencia cierta q ese consuelo era temporal, en cuanto mis pasos volvieran al camino volvería a sentir la pesadez, pero al menos ese momento de olvido era estupendo. Nada me impedía disfrutar de mis minutos de olvido, de mis momentos de No pensamiento, de mis momentos de vacio psíquico.
Pero debía de salir, mi flor me esperaba y no podía demorar más mi visita. Pues necesitaba verla, quería verla, ansiaba su contacto, sus alegres colores y sus suaves raíces.
Y cogí agua para ella, cogí suficiente para q calmase todos los días q no había ido a visitarla, q no le había dado mis lágrimas ni sus aguas. Al verme, sus pétalos giraron lentamente, como lo hacen las plantas, para saludarme, sus colores parecieron intensificarse y sus hojas parecían más vitales q nunca.
Me acerqué despacio, para q no notase mi desconsuelo. Y conseguí q no lo viese durante un tiempo, durante el tiempo q vertía agua sobre su corola y su tallo. Durante este tiempo nada le pareció anormal. Pero después, tras un rato sobre la roca q había a su lado, ella notó q algo pasaba. Sólo bajó los pétalos, y entonces esperó las lágrimas q sabía brotarían de mis ojos, mis tristes ojos. Y las dejó resbalar, caer hasta la tierra q la sostenía y perforar sus raíces. Las absorbió y trató q el dolor inherente en ellas desapareciera por sus conductos aferentes, pero no sé si lo consiguió pues el esfuerzo hizo q se quedase algo más pálida. Pero al menos me comprendió, nada hizo q denotase enojo o enfado. Simplemente extendió sus hojas para recibir más lágrimas si debían caer.
No me sentí con fuerzas para derramar más dolor sobre ella y decidí contener el torrente de lágrimas q querían salir de mis ojos.Solamente me quedé un rato más en su presencia, observándola, viendo como se fortalecía con el agua q le traje y con las lágrimas de mi dolor.
Y al cabo de un corto tiempo, me marché.
Pasé de nuevo por la ventana, pero el caballero había desaparecido y la nube se veía más pequeña aun. Pero ambos, sentía, volverían por allí y no me impacienté, pues sabía q cuando volvieran, bien recibidos serían.


“Que cierren para siempre la Calle del Olvido, q metan en ella para nunca verte. Y q por fin el tiempo cure las heridas, y tus fantasmas nunca más vuelvan a verme. Q no te vaya bonito, q te vaya de Muerte”.

Saludos desde el Inframundo.
 
Huiste y quedó tu fantasma, pero ahora ya no somos nada ni tu fantasma ni yo.
Y así amaneció un nuevo día, un día singular.
Me sentía débil, había fallado en mi promesa de no volver al Desconcierto en el tiempo q permaneciese en el exterior, en la superficie. No sabía como iba a reaccionar ahora mi cuerpo adoptado, no sabía q hacer. El vacío de un corazón en un cuerpo mortal duele, y eso me hacía sentir un peso en él q no podía soportar. Un peso acumulado en el Inframundo, y q en la superficie era mayor.
Pero tenía q seguir con la visita. No tenía forma de manifestar mi ánimo y no quería hacerlo, pues no debía mostrarlo a seres q no lo merecen. Así q, para no manifestarlo pero para recordarlo, el atuendo volvió a ser negro. Negro como la ennegrecida roca q ahora ocupaba el lugar del corazón.
Y volví a ver al mismísimo Diablo. Ahora era él el q quería enseñarme sus dominios. Pero no son tan malos como pensaba, el Averno posee lugares bellos por los q pasear. Grandes aguas q contemplar, aunq yo no pude dejar de pensar en mi Laguna.
Y era digno de ver como puede solventar el hecho de haber sido expulsado con palabras. Ningún dolor se mostraba en su rostro, sólo fue expulsado del Reino de los Cielos y ahora vaga por aquí, pero sólo recuerda sus fallos como algo q ha vivido.
La conversación fue larga. Pero tb había q recordar q el cielo no dejaba de llorar mi presencia y el cuerpo había de alimentarse, la lluvia caía en soledad. Así q decidimos resguardarnos y comer algo mortal, delicioso, por cierto.
Después de estos quehaceres, el Vampiro, por fin, pudo salir. Ya el sol se había ocultado y podía salir a ver la luz de la luna. Y tb, con él, la dulce compañía de su diosa.
Ahora éramos de nuevo cuatro seres extranaturales. Pero no todos teníamos libertades. El Diablo partió, miles de gentes lo esperaban.
Y así fue entrando más la noche.
Ahora era curioso ver a un gran chamán, el hombre q cambió su nombre por amistad. El chico alegre q decidió estar junto a dos seres raros, una diosa y el dios de la Muerte, pues decidió ver como estos cuerpos mortales q elegimos hacían las labores de cenar.
Dicen q la noche atrae a los seres más extraños y nosotros decidimos hacer honor a ello y nos fuimos, cual trasnochados murciélagos, a ver q hacen los más alegres por las noches.
Y es curioso, pero aun recuerdo q en el supramundo tenía gente conocida y no dudó en venir a reconocer el poco de mí q quedaba en este nuevo yo. La visita fue agradable, sí lo fue, me agradó volver a verte mi motorista loco.
Pero de nuevo el agotamiento (y esta vez no era físico) pudo con este dichoso y maldito cuerpo. Y de nuevo volví a mi morada.
Amaneció de nuevo el día, siempre vuelve el sol al mismo sitio, es curioso q sólo el sol es lo q no parece variar cuando la noche desaparece. Pues los sentimientos ya no eran del supramundo. Yo sentíame de nuevo en el Inframundo y tenía q decirme q no. Así salí a ver los terrenos de la zona q elegí para alojarme.
El viaje de regreso al Inframundo aun no estaba cerca, pero casi vuelvo a bajar, casi vuelvo a visitar a esa maldita puerta. Pero el Diablo, q todo lo ve (eso parece) no lo permitió.
Pobre Diablo, conoció al verdadero Thanatos, al dios de la muerte más lúgubre, triste e ingrato. Nada calmaba el vacío, el dolor de la ausencia de corazón, el rechazo, el cierre final de esa maldita puerta.
Sólo la desagradecida Muerte podía comportarse así. Nada de comprensión, nada de buenos consejos, nada de tocar una mano, nada de secar lágrimas. Tú lo has querido Thanatos, pues para ti todo el dolor, no dejes q nadie lo comparta. Y todo se quedó en eso, en dolor y en las nuevas gotas de lluvia q deben recordar eternamente q el dolor cae gota a gota sobre nuestro corazón.
El final de mi visita estaba cerca. Tenía q despedirme de mi diosa, de mi vampiro y del gran chamán, así q esa fue la última visita. Un adiós con recorrido turístico. Una despedida con tintes de “Hasta Cuándo????” Una despedida con cosas por hacer, con conversaciones por tener. Una despedida con dolor, pues no debiste bajar a esa maldita puerta.
Una despedida para siempre en otros casos. Un adiós definitivo.
Y el retorno al Inframundo fue doloroso, según mi cuerpo adoptado iba desapareciendo las lágrimas dejaban de rodar por el rostro, pues aquí abajo las lágrimas no son líquidas. Son como piedras q pesen en tu cuello, son como lastres q arrastras, son pesadas losas q arrastras para siempre. Y eso es lo q empezaba a formarse sobre el pecho, q volvía a ser el de siempre, el de Thanatos.
Llegué de nuevo aquí abajo. Y no tenía fuerzas para ir a ningún sitio. Sólo fui a mirar la puerta (no aprendes nunca???) y ahora sí, la vi clausurada. Cerrada para siempre. Sólo quedaba el hueco donde un día estuvo. Ahora todo era pared, todo era vacío, todo era el anhelo de volverla a ver.
No quise ni siquiera ver las otras dos. Ni fui a ver a mi bella flor. Ella sabía lo q había pasado, seguro q lo intuía y estaría mustia de dolor. Seguro q ella no querría esas lágrimas q brotaban, pues esas no le servirían de alimento.
Solo pude tumbarme en algún lugar indeterminado y esperar q el agotamiento hiciese q perdiese la noción del dolor, esperar q el olvido hiciese su trabajo.
Esperar q todo siga igual en el inmutable silencio, en el vacío. Sólo a la puerta, o mirando en mi ventana. Sólo esperando q algún día llegue a tiempo, sólo esperando q vuelvas a mi recuerdo. Sólo aquí abajo con lágrimas en el alma...
Le doy pena a tu fantasma y consuela mi dolor.

“Comeré y beberé, mientras viva,
el dolor de amarte,
y no entregaré a nadie este dolor
cuando me muera.”

Te odio con el odio de la ilusión marchita
Saludos desde el Inframundo.

P.D.: Mi querido Voland, aun espero tu comentario. Tus visitas han menguado, por no decir q han desaparecido, y me faltan tus palabras, tus párrafos y tus risas. Me alegra leerte, y me alegra haberte conocido. Espero q leas esto y por fin, me regales un trozo de tu tiempo para darme unas pocas de tus bellas y tan preciadas palabras. Por cierto, aun te debo un castigo por mi pésimo orgullo y mis pocas habilidades para escucharte.
 
Y tuve q volver a caer
Decidida ya mi marcha, no había nada q me lo impidiera.
Mi flor estaba fortaleciéndose, mis puertas se mantenían por si solas y los fantasmas no necesitan nada de mí, sólo recordarme q debo estar allí.
Comencé el ascenso por aquella escalera q alguien empezó a crear, pero cuando ya divisaba vuestra luz, la luz solar q tanto tiempo añoraba, decidí cambiar de dirección. Sabía q no iba a ser la mejor salida aquella y intuía q no estaría allí su arquitecto para darme la enhorabuena por utilizar su obra de ingeniería, así q me desvié justo a tiempo.
Al llegar a la superficie el cielo se tornó negro. Él sí descubrió q Thanatos subía a su superficie y lloró, las lágrimas de ese cielo cayeron incesantemente durante el tiempo q permanecí allí.
Tenía q ocultarme a su vista y tenía q hacerlo rápido, vosotros no merecéis q llore el cielo por mi culpa.
Así q decidí encontrarme con alguien q tb pudiera soportar la oscuridad. Entonces me encontré con un bello vampiro. No sé si Anne Rice lo describió a él o él es el q se parece a la descripción de Anne Rice, pero encontré a mi bello vampiro Lestat, allí, esperando a la Muerte. Y junto a él, aunq suene raro, una diosa. Lo acompañaba y le miraba como si de veras no pudiera creer q la Muerte llegaría hasta allí. Ambos esperaban.
Pero no sabían q aspecto habría tomado la Muerte en su decisión de subir a la superficie; así q yo, como conozco sus caras, como sé como deben ser e intuyo su bondad en sus caras, supe en el acto quienes eran mi bello vampiro y la más dulce y cariñosa de las diosas.
Me acerqué despacio, pues no quería asustarlos. Y saludé. No me presenté fríamente, no dije q era Thanatos ni la Muerte, para ellos inventé un nombre q no resultase chocante y parece ser q no les desagradó (pero a veces la primera impresión no es la real).
Todo iba bien. Pero no sólo mis dos seres extranaturales sabían q subiría a la superficie. Tb el rey del averno, el ángel caído lo sabía; Él sabe todo lo q ocurre por sus reinos y el Inframundo está colindante a su reinado. Así q allí se presentó. Tp su aspecto físico era el real, había adoptado un cuerpo humano pues no quería lastimar la sensibilidad de nadie.
Lo más impactante fue q el dios del averno se presentó con sendas bellas rosas blancas. No era preciso decirle q aquella rosa moriría en mis manos, pero creo q tarde o temprano, él sabía q pasaría. Ahora ya ha pasado, la rosa ha perdido su esplendor pero sigue aquí, en el Inframundo, seca y con todos sus pétalos. Ella es el vago recuerdo q queda de lo q fue una llegada a la superficie, al lugar al q no debía volver pero volví, al comienzo del fin.
Mis aposentos (como bien dijo Isthar) no estaban en el mismo lugar al q llegué y el desplazamiento corrió a cargo del demonio, pues él puede hacer grandes cosas.
Necesitaba, extraño en mí, alimentar este cuerpo humano q tomé y así pude volver a disfrutar de la comida como hacía tiempo q no lo hacía. Y tb de la agradable compañía de tres seres extranaturales (pues son increíbles) y a cuál más distinto. La dulzura de una diosa, el calor de sus abrazos y besos, su sonrisa q iluminaba la noche.
El don de la palabra del demonio, y su agradable compañía y su caballerosidad, q no deja de ser un ángel (aunq expulsado).
Y la timidez del vampiro, sus ojos q todo lo miraban, todo lo escuchaban pero nada decía, sólo atendía sin perder detalle a cada conversación, a cada gesto. Y esa sonrisa suya q a veces dejaba entrever.
Era increíble, insisto, gozar de tan buena compañía.
Pero la noche, la real, la q aquí tenéis, se hizo sobre nosotros. Todos, al llevar cuerpos mortales, estábamos agotados y necesitábamos descanso.
Así q decidimos ir cada cual a la morada q eligió en este lugar.
Pero la noche no acabó ahí para el dios de la muerte. Se ennegreció, se ocultó la luna y todo volvióse como podría ser el Inframundo pero en la Tierra.
Al cerrar los ojos en el lecho, sentí q la primera puerta se abría allí abajo, en el Inframundo. No podía soportar esa traición, ¿ahora q no estoy te abres? ¿ahora q no puedo entrar me permites el acceso?
No pude evitarlo, y salí de allí. Me escapé por un agujero q no sé de donde salió hacia ella, esa maldita puerta q siempre me había hecho retroceder ante el dolor q producía en mí el contacto con su terreno.
Y entré, llegué hasta el final, hasta el Desconcierto y me sentí bien. Por una vez, volví a sentirme bien en mi propio Desconcierto.
De nuevo sentí calor en sus territorios, sentí ternura en sus paredes y amor en sus piedras. Pero esa puerta no es la q más hiere por nada. Pues en un instante decidió q se cerraba; sentía chirriar sus goznes allá a lo lejos y tuve q correr hacia la salida, sin apenas aliento, sólo gritaba, sólo lloraba, sólo quería llegar antes de q se cerrara conmigo dentro.
Y lo conseguí, la propia salida de dicha puerta me condujo al agujero para volver al exterior, pues aun seguía debiendo una visita a mis tres seres sobrenaturales.
Y la puerta se cerró tras de mí y no dejé nada dentro. Tan sólo mi corazón atrapado sin remedio.
Y tuve q dormir, no podía soportar el dolor q causaba ese vacío en el pecho. ¿Pq dicen q el corazón no duele? ¿Pq tuve q coger un cuerpo con corazón, con sentimientos?
No lo sé, quizá añoraba el volver a sentir todo lo q un día sentí, todo lo q antes lograba extrapolar a la gente q me rodeaba, todo lo q un día fui.

Ahora no puedo continuar, el recuerdo es nítido y doloroso. He de parar aquí.
Seguiré, lo prometo, contando mi aventura con seres extraordinarios sólo por como son cada uno de ellos.
Sólo darles las gracias por dejarme sentir bien a su lado, por recibir el cariño q necesitaba y los abrazos dulces de Isthar. GRACIAS MIL.

Saludos desde el Inframundo.

P.D.: Y hoy celebraba años la puerta número 1. Hoy hacía tiempo q fue construida por el maestro orfebre, hace años q alguien la puso como entrada al Desconcierto. Hoy es tu día, mi querida puerta, pero hoy yo no estaré a tu lado. Hoy no sabrás de mí. Hoy te clausuraré.
 
Largo camino al infierno
Pues sí, yo, Thanatos, no sé como ni porqué decidí subir a eso q vosotros llamáis mundo o supramundo (pues lo mío no deja de serlo aunq sea el Inframundo).
No tenía ya nada q perder, mi flor ahora estaba bien, no parecía necesitarme (como casi nadie necesita a la Muerte) y tenía q prepararme, hacía tiempo q no visitaba la superficie, q no salía hacía la luz (suena a película eh?).
Y para prepararme antes tenía q ir al Desconcierto, no me digáis pq pero lo necesitaba. Tenía q ver ese lugar q me hace darme cuenta de lo q siempre será mi vida, de lo q no debo olvidar q me espera detrás de las puertas.
Y así lo hice, sin saber como, me fijé una fecha para subir arriba. Y para ello tuve q armar de valor a esta piedra q antes fue corazón (en algún tiempo tuviste corazón, dios de la muerte????) y para ello decidí ir a ver a mi flor. Ella estaba preciosa, brillante y lustrosa, nada ni nadie podía amargarle allá donde ella se encontraba, aunq el Inframundo no sea el mejor lugar para tan bellos seres vivos. Ni siquiera mis fantasmas la tocan, sólo la observan y la dejan, simplemente eso.
Fui a la Laguna y cogí agua suficiente para q sobrellevara el día a día de mi fuga con retorno.
Y luego decidí arrimarme hacia mis puertas. Allí seguían las tres. No trate de entrar por ninguna, sólo las miraba y pensaba el porque tenía q tener siempre ese lugar allí, pq el Desconcierto era su fin y no su principio? Cavilaba, cosa q no debería hacer, pues para q pensar si es lo q queda para siempre jamás? No se puede cambiar el Inframundo, la Muerte es inmutable, nada queda después de ella, después de llegar aquí.
Sin yo tocar nada vi q las tres pujaban por abrirse. No sé si era q notaban q tardaría en pasear mi túnica por allí o bien era q el aire era más violento en ese momento. Y las tres dieron señales de abrirse un poco.
Pero por la tercera no quiero volver a entrar, la dejé por no cerrarla, pero no será visitada aun, o quizá ya nunca lo sea, ese aun quizá son falsas promesas q me hago (y aun me las creo???).
La primera no dejaba de ser la primogénita pero no llegó a abrirse. Sin embargo, la segunda (como parece tener costumbre últimamente) se abrió de par en par y de nuevo la luz dejó verse a través de su quicio. No tenía otra opción; tenía q ir al Desconcierto antes de marchar para no perder la noción de lo q siempre será mi futuro, de lo q siempre estará aquí y no me abandonará; así q entré.
De nuevo me sorprendió su calidez, parecía como si un soplo de aire caliente entrase por algún lado y eso me hacía dudar, pues no es lo normal en estos lares.
Pero no pude evitarlo, paseé más q caminé, anduve con calma, quería estar en ese camino todo el tiempo q me fuese permitido. Y así llegué, con la tranquilidad q pude, al Desconcierto. Ya nada podía hacer, había de volver al otro extremo y preparar mi subida.
No sabía si vosotros notaríais mi presencia, de verás q no quería alterar la rutina de ninguno de los q deambulan por este otro lado del mundo y así, dejé todo lo q denotara signo de oscuridad, pena o tristeza en mi rostro o actitud y me decidí a subir...

Pero ahora el requerimiento de mis fantasmas y mi agotamiento no me dejan seguir.
He de descansar mis párpados, pues ya q nunca descansan al menos han de dejar de humedecerse.
¿Pq, oh bella flor, has vuelto a recordarme q podía llorar? ¿Pq te gusta alimentarte de mis lágrimas? ¿De verás crees q me harás expulsar todas mis lágrimas de dolor?
Ojala y así sea, pues sé q lo haces por mi bien.

Supongo q ya os contaré mi subida al exterior o quizá no, total ¿de veras importa?

“Cuando dormimos, el sufrimiento, que no olvida, cae gota a gota sobre el corazón, hasta que, en nuestra propia desesperación, contra nuestra voluntad, llega la sabiduría por medio de la portentosa gracia sobrenatural.”

Saludos desde el Inframundo.
 
La Muerte se equivocó
Esto me parece el título de una película (de hecho no hay una q se titula así?), pero es así, Thanatos, dios de la Muerte, también comete errores.


El paseo nocturno (y cuándo no lo es, si desde aquí abajo no se ve la luz del sol?) de Thanatos lo llevó a parajes no habitados, a parajes sin fantasmas, sin ruidos, sin fondos, sin nada. Ahí también había anidado la Nada, esa amiga y compañera. Pero era una Nada oscura, nada dejaba ver a su paso. Sólo el vacío.
Y no sabiendo que hacer, continué caminando, nada podía haber q lastimara más a este pobre dios, pues la Muerte es lo q él lleva, y los fantasmas son sus amigos; q más puede dañarle?
Pero encontré un resplandor al fondo. Todo lo q hice fue dirigirme hacia él. Sólo quería observar. Pero aquí también el terreno tiene su propia maldad. El terreno no era lo q parecía, y se hundió bajo mis pies. Todo lo q pude sentir es que mis huesudos, desgastados, doloridos y pobres pies no pisaban tierra firme (si esto q hay aquí abajo es tierra, como tal se conoce allí); sólo algo viscoso se movía bajo ellos.
Comencé a hundirme; al principio no surgió el pánico, pues vanidoso de ti Thanatos, creíste q podrías salir. Pero no fue tan sencillo cuando viste q la túnica q portas llegaba a ensuciarse hasta más allá de la rodilla. Nada podías hacer por ti sólo para salir, terco diablo.
Y ya era tarde, estaba muy dentro. Traté de asirme a cualquier cosa q creciese en esa oscuridad, en esa Nada obscura. Y lo logré, mis (ajadas) manos toparon con una rama. La así con fuerza y traté de tirar de ella. Al principio mostró resistencia y pude sacar algo de mi triste cuerpo, pero no lo suficiente como para no sentirme aun no libre del todo.
Al final todo terminó mal, no tan mal como debería pero mal finalmente. Pues caí, a través de esas arenas o lo q realmente fueran, y caí a un piso inferior q no conocía. Eso era... no sé. El Vacío Absoluto, sabía q existía en mis terrenos, pero nunca lo encontré.
La Muerte equivocó sus pasos y dio con su final último, El Vacío Absoluto. Sabía q allí terminaban mis pensamientos, allí iban a parar todas mis ilusiones, pero no quería encontrarlo.
Tenía q salir de allí, no podía terminar ya allí, aun no. Y escuché el rugir de la savia por las raíces de mi flor. Mi bella flor se movía en su terreno, ella sabía hacía donde debía dirigirme y ella movió sus raíces hacía allí para q lo encontrara. Encontré un pequeño agujero abierto en la pared? (aquello era una pared?, un algo viscoso?) Y comencé a abrirlo, ha hacer un hueco tal que cupiera el triste cuerpo de Thanatos.
Lo conseguí, salí, y fui inmediatamente a ver a mi flor. Algunos de sus pétalos estaban caídos a sus pies por el esfuerzo de sus movimientos (eso se puede llamar Thanatotropismo positivo?????) y no supe o no pude agradecerle del todo sus esfuerzos. Sé q volví a llorar, lágrimas de agradecimiento esta vez y esto la fortaleció y volvieron a brillar sus colores, su corola era de nuevo malva, alegre, mía.

Pero no todos los días la Muerte se equivoca, a veces descubre cosas nuevas en sus propios terrenos tan visitados y tan manidos por ella.
Pero eso será en otra ocasión, mis fantasmas me reclaman.
Saludos desde el Inframundo.
 
La nostalgia y la tristeza suelen coincidir
La vida es como el mar, tiene olas q van y vienen.
Y, tú pq te has ido?
Es igual, ya no me lo planteo.

El Inframundo cambia a pasos agigantados y no sé como evitarlo (o quizá no debería?).
Las tres puertas han variado. Ahora la primera se ha cerrado, no del todo, si quiero puedo abrirla, pero no me permite el paso. El Desconcierto por allí está prohibido, pero a veces creo q es lo mejor.
De la tercera puerta ya no hablo, pues no he tratado de abrirla en un tiempo prudencial, creo q sus goznes están muy débiles todavía y me da miedo que se rompan o se salgan de sus sitios.
Pero la segunda es la q me ha dado la sorpresa. Mientras caminaba hacia la Laguna en busca de un poco de agua q alegrara a mi flor, pues la tenía algo olvidada, vi q la segunda puerta estaba abierta. Casi todos sus recovecos oscuros estaban ahora iluminados, pero me negué a entrar. No quería ver el Desconcierto, quería sólo ir a la Laguna (mis pasos encontrados tras largos sufrimientos); y decidí posponer la visita.
Pero el resplandor se hacía cada vez más fuerte y no pude evitarlo. Tb la curiosidad está presente en el carácter del Dios de la Muerte.
Entré y el camino fue precioso, me encontré con cosas q antes no me había dejado ver la oscuridad, me encontré con caricias por parte de su suelo, reconfortante fue el camino, agradable, q ilusionaba.
Pero se me olvidaba q el camino lleva al Desconcierto, al lugar donde nada es posible, donde nada es lo q parece, donde todo es locura. Y allí estuve un tiempo, sin saber como volver.
Traté de volver por la primera puerta, pues es la q posee el camino más corto, pero se cerró de golpe, no quiso mi presencia en sus atajos.
Y decidí seguir por la segunda puerta, pero el camino de regreso, no sé pq motivo se me hizo más arduo. Pensaba (y realmente, sabía) q tardaría tiempo en volver a ver esa puerta tan iluminada y por ello no quería q terminase nunca el trayecto. Pero todo tiene su fin y al cabo, llegué al final. Volví al Inframundo.
Y olvidé q tenía q regar una planta, cuidar un ser vivo y empezaba a marchitarse. Seguiré regándola, pero no me siento con fuerzas.
Pq te has ido?
No sé q quiero ahora, pero sé lo q voy a hacer. He decidido salir del Inframundo por unos días. No diré a nadie donde voy, no diré a nadie quien soy, no diré el pq de mi pálida tez y mi triste andar. Sólo saldré, respiraré un poco de vuestro aire y volveré a bajar. Seguro q ese aire me da fuerzas para un tiempo; aunq temo por mi bella flor.
¿Tú tb me abandonarás y te convertirás en un fantasma más de mi Inframundo? ¿Tú tb morirás si no paso 24 horas contigo?
Espero volver a verte a mi regreso al Inframundo (cuando salga claro).
Saludos desde el Inframundo.