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Testamento de Miércoles
Escribir es lo más divertido que se puede hacer sin ayuda
Acerca de

Para mi "husband" soy una bruja. Para mi enana "su mamá del mundo mundial". Para mi sobrino mayor "un demonio". Para otros soy "una loca". Para alguno "una tía simpática". Para la mayoría soy "la hermana de...", "la hija de...", "la mujer de...", "la tía de...", "la mamá de...". En fin, que vete a saber quién soy yo. Si te apetece intentar averiguarlo, pasa y lee.


Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons

Apoyo al Proyecto Gran Simio

No olvides a...
Sindicación
 
La voz

Hubo un tiempo en que nuestra estimada Voz Incorpórea no era incorpórea.

Hubo un tiempo en que nuestra estimada Voz Incorpórea estuvo unida a un cuerpo.

Un cuerpo que nuestra estimada Voz Incorpórea detestaba.

Porque nuestra estimada Voz Incorpórea es un poco (bastante) presumida y engreída y no soportaba tener un cuerpo que ella consideraba que no correspondía con su categoría.

La verdad es que tenía su poco de razón. No vamos a negarlo. No es fácil combinar el físico esmirriado de Woody Allen con la voz profunda de Constantino Romero.

Nuestra querida Voz Incorpórea sentía una enorme antipatía hacia el cuerpo que le había tocado en suerte y disfrutaba jugándole malas pasadas tales como: desaparecer en los momentos más inoportunos, decir incoherencias o proferir incorrecciones en plan niña del exorcista. Llegó hasta tal punto la enemistad entre el uno y la otra que, un día, nuestra Voz Incorpórea decidió abandonar el organismo donde había vivido durante tantos años y buscar uno más acorde con lo que ella creía merecer.

Una noche de luna llena (ya se sabe que estas cosas siempre ocurren en noches de luna y, a ser posible, con su algo de tormenta o nubes tormentosas…) nuestra estimada Voz Incorpórea abrió con sigilo la boca (bocaza según la Voz) de su repudiado cuerpo y, sin hacer ruido (cosa harto complicada para un ente que es puro sonido y más para nuestra estimada Voz Incorpórea que no soporta permanecer en silencio durante demasiado tiempo…), lo abandonó para siempre sin el menor asomo de pena*.

Durante un tiempo la Voz Incorpórea vagó por el mundo buscando un cuerpo adecuado. Sin demasiada suerte.

Se unió a un cuerpo de un treintañero bastante atractivo y pensó que ambos podrían dedicarse al mundo de la radio. Pero el treintañero le salió juerguista, fumador y bebedor y, claro, esa mala vida le iba fatal a la Voz que decidió abandonar también a este individuo.

Luego encontró a un señor de cierta edad que siempre había soñado con ser actor de doblaje y esto le pareció una buena idea a Voz que se dedicó al trabajo con entusiasmo, pero fue tanto el éxito que tuvo que ahora fue el nuevo cuerpo el que tomó manía a la Voz por robarle protagonismo. Así que, para fastidiarla, se ponía mal de la garganta cada dos por tres de modo que poco a poco fueron dejando de llamarlos para trabajar.

Probó suerte con un aspirante a cantante pero a este le interesaban más las chicas que la canción y también acabó abandonándolo. Luego con un sacerdote pero le aburría la religión. Y su último experimento fue con un profesor de instituto pero acabó harto de gritar a adolescentes furiosos.

Cansada y harta de buscar cuerpo decidió que lo mejor era dedicarse a Voz Incorpórea en relatos o cosa parecida como narrador o como personaje sobrenatural o algo así.

Descubrió que disfrutaba sin un cuerpo que la condicionara y que le encantaba ser libre y vagar de aquí para allá, sin ataduras de ningún tipo.

Y así, en libertad y en soledad, la encontró un día la Bruja Impertinente habitante de mi cerebro y, tras una larga conversación en que nuestra estimada Voz Incorpórea confesó que aunque, ciertamente, disfrutaba de su libertad lo de la vida solitaria no le entusiasmaba, fue invitada a pasar unos días en mi mente. En plan de prueba. Por ver si le gustaba el ambiente y tal… y le gustó.

Y se quedó.

Y, desde entonces, nuestra estimada Voz Incorpórea vive en mi cerebro y parece que es feliz.

Y hasta yo he acabado por cogerle aprecio… un poco… el suficiente… y eso que lo pone difícil.

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*Si alguien teme que el cuerpo rechazado quedara mudo para siempre que se tranquilice porque no ocurrió nada parecido. Al poco tiempo de desaparecer nuestra estimada Voz Incorpórea su ex cuerpo encontró una voz agradable y mucho más acorde con su aspecto. Esta voz había sido expulsada del cuerpo de un culturista exhibicionista con aspiraciones líricas que pretendía dedicarse al Bel Canto y, por tanto, iba en busca de una voz a lo Alfredo Kraus o Enrico Caruso. Pero eso, como diría Michael Ende, es otra historia…



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Juventud divino tesoro

Y mira que tenía una vocecita aquí que me decía: No lo hagas. Pero yo, ni caso.

Y la vocecita insistía: Ni se te ocurra hacerlo. Pero yo, ni caso.

Y ella, la pobre, erre que erre: Préstame atención y deja eso ahora mismo. Pero yo, ni caso.

Y la vocecita, una pequeñita (no, la Voz Incorpórea no. Esa dice que es demasiado importante para estos trabajillos) que oímos de vez en cuando intentando aconsejarnos y a la que todo el mundo ignora, rogaba: Por favor, déjalo, es mejor para ti, en serio, no lo hagas… Pero yo, ni caso.

La pobre y pequeña vocecita hizo un último intento mientras mis dedos tecleaban en Google… No te va a gustar, va a ser un shock, créeme, no vale la pena. Pero yo, ni caso.

Así que continué con lo que estaba haciendo mientras la vocecita pequeñita gimoteaba de impotencia.

Tecleé el nombre, hice click en los enlaces que salían y… ¡Oh, Diosss! ¡Qué cosa más horrenda!

Te lo advertí. Ya, ya sé que me lo advertiste. Y no me hiciste caso. No, no te hice caso pero es que no pensé… no… ¡es horroroso! ¡Es… es…! ¿Horrible, escalofríante, patético, espanto…? Vale, vale, con un adjetivo me valía para definir… esto… ¡qué pena! Uffff… la verdad es que es incluso peor de lo que pensaba… ¡qué cosa más espantosa!

Y es que ahí estaba la cosa más horrible que pueda imaginarse. El ídolo de mis alteradas y adolescentes hormonas. El rubito que llenaba mis carpetas y las paredes de mi dormitorio. Leif Garrett (sí, sí, ya sé que muchos no sabrán ni quién es… pero… así de mayor que es una…) transformado en un personaje de Prison Break. Al parecer ahora se dedica al rock alternativo… y a las drogas.

¡Qué lástima de hombre!

¡Ha sido traumático!

Horrible, espantoso.

En serio.

Mejor habría sido quedarme con la imagen que tenía. Eso ya te lo dije yo. Ya… otra vez te haré más caso. Eso espero. Aunque… ¿recuerdas aquel chico de octavo que nos traía loqui…? ¡Ni se te ocurra! Pero… ¡NO! Es que… Como lo hagas me dedicaré a cantar todas las canciones de Leonardo Dantés, me las sepa o no… Vale, vale, he captado el mensaje…. Bien, eso espero.

(No soy responsable de los gustos de mis hormonas adolescentes. Ya me gustaría a mí saber las pegatinas de quién llenaban tus carpetas o qué posters adornaban las paredes de tu habitación…)

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La gente caparazón
Soy A., oficial científico de la nave nodriza Nébula y llevo varias semanas conviviendo con la gente caparazón del planeta M.

Mis superiores me enviaron aquí para contactar con los indígenas e investigar su cultura. Si es que a esto se le puede llamar cultura. A pesar del tiempo que llevo aquí aún no he logrado comprender a esta “gente”. Ellos tampoco me comprenden a mí pero no les importa. Más bien, no les interesa lo más mínimo.

Les he puesto el nombre de gente caparazón no por su aspecto externo (casi idéntico al nuestro) sino por su escaso interés hacia todo aquello que vaya más allá de su pequeño mundo individual. Estos seres se muestran totalmente impermeables a la curiosidad
intelectual.

Aún no consigo entender cémo han llegado a un nivel de civilización tecnológica medianamente avanzado.

Transmito unas conversaciones mantenidas con algunos indígenas a modo de ejemplo de lo que intento explicar:

Conversación 1

Indígena: ¿Qué hace oficial?

- Leo

Indígena: ¿Leer? ¿Qué es leer?

- Sí… como le diría… interpretar estos símbolos… (Estos de aquí… lo negro sobre blanco… ¿ve? Sí, eso) que alguien ha escrito para divertimento de otros o para transmitir alguna clase de saber.

Indígena: Pfffff…. Eso parece muy aburrido.

- En absoluto. Es muy divertido y se aprende mucho ¿Quieres probar?

Indígena: ¿Aprender? ¿Qué?

- No sé. El por qué de algunas cosas. El quién ha hecho otras. El cómo funcionan otras. Aprender a razonar… Conocer personas y mundos lejanos...

Indígena: Aprender… qué cosas más raras dices… ¿y a eso lo llamas divertido? Pues yo prefiero irme a bailar…

Conversación 2

Nativo: ¿Qué es ese aparato?

- Mmmm… algo parecido a eso que vosotros llamáis televisión.

Nativo: ¡Qué bien! Esta noche ponen ese programa de gente abandonada en un asteroide que se llama Sobrevivir. Me encanta ver lo mal que lo pasan… una vez hasta intentaron comerse a un habitante de Io y eso que todo el mundo sabe que tienen una carne de lo más correosa y que no paran de hablar mientras te los comes... ¿Lo vemos juntos?

- Bueno… yo es que quería ver una cosa que en mi planeta llamamos documental.

Nativo: ¿Y en ese programa también hay que nominar y expulsar y la gente se pelea y todo lo demás?

- No, no, nada de eso. Es una especie de película didáctica o informativa.

Nativo: Pfff… eso suena muy aburrido. Mejor me voy a casa a ver un programa sobre la vida de los famosos de Ganímedes.

Conversación 3

Indígena: ¿Escuchas música extranjero?

- ¿Eh? No, no.

Indígena: Entonces ¿para qué llevas esos auriculares?

- Para escuchar las noticias de mi planeta.

Indígena: ¿Y por qué quieres escuchar algo tan soporífero?

- Para saber qué pasa por allá ¿A ti no te interesa saber lo que ocurre en tu región, qué hacen tus gobernantes, qué ocurre en otros lugares de tu planeta?

Indígena: Quita, quita, que pesadez. ¿Para qué? ¿De qué me serviría saber todo eso? Lo que hagan nuestros gobernantes no es de mi incumbencia. Y lo que ocurra en lugares lejanos tampoco veo que pueda afectar para nada a mi vida. Informarse… ¡qué tontería!

Como podrán comprobar nuestros científicos estos nativos muestran un completo rechazo hacia todo lo que no sea divertimento fácil y superficial. No es que compaginen una cosa con otra, es decir, no es que tengan ratos de divertimento frívolo (bailes, cotilleos, televisión de ocio, etc…) con momentos de divertimento, llamésmole, cerebral. Es que demuestran una total falta de interés a cualquier cosa que pueda abrir sus horizontes más allá de de sus narices.

No quieren información de ningún tipo.

No desean aprender nada de nada.

Consideran ambas cosas como inútiles, aburridas y portadoras de infelicidad.

Solicito a mis superiores que me saquen de este lugar antes de que mi cerebro se anquilose y se atrofie.

No soporto vivir más entre estas gentes.

Noto como mi juicio merma de día en día y temo por mi salud mental.

A menos que pueda encontrar el alimento intelectual necesario para que mi cerebro siga con vida acabaré convirtiéndome en uno de ellos: descerebrado, aborregado y completamente idiota.

Sánqueme de aquí…. Pronto… Por favor… Mi mente está sufriendo… mucho...


 
Cronos' s Life

Cronos es un señor bajito y con bigote… No, perdón, es un adolescente delgado y con cara de granu… perdón, perdón… Cronos es un tipo joven, de hombros anchos y sonrisa seduc… o no, tampoco, es más bien un hombre maduro, con canas en las sienes… No, tampoco, es un viejo barb… un niño de dos añ… Me rindo. Cronos puede tener cualquiera de esos aspectos. Todo depende de cómo tenga el ánimo; a fin de cuentas es la personificación del Tiempo y tiene todas las edades a la vez. Es decir, que es joven y viejo, adolescente y niño, todo simultáneamente.

No preguntes cómo es posible: es cosa de dioses y personificaciones de esas.

Cronos vive en su propia realidad (todas las personificaciones tienen una y viven en una gran urbanización de realidades) en la que el tiempo… como diría… el tiempo parece ir acelerado, a la vez que parece ir ralentizado, a la vez que parece estar parado. Quiero decir que, donde vive Cronos puedes ver una semilla transformarse en flor y marchitarse en cuestión de segundos, a un pájaro que tarda toda una eternidad en dar un simple aleteo o a un renacuajo detenido indefinidamente en su crecimiento. En la realidad de Cronos puede ser verano e invierno a la vez. Y puede que la hora del desayuno venga justo antes de la de la cena.

No preguntes cómo es posible: es cosa de dioses y personificiaciones de esas.

En la casa de Cronos no hay ni un solo reloj. Ni uno. Cronos no quiere ni ver los relojes. No los soporta. Ni los de arena ni los de cuerda ni los de péndulo ni los digitales. No, los Rolex y los Lotus tampoco. No soporta “esos aparatejos ruidosos y estresantes que parecen querer dividirme en trocitos; ese invento humano hecho para torturarse y para torturarme...” Tampoco hay calendarios, por el mismo motivo.

De vez en cuando a Cronos le llega alguna queja desde el mundo de los humanos. Del tipo: “ando siempre escaso de tiempo, quiero más” o “¿por qué ahora el tiempo pasa tan rápido si cuando era niño todo parecía tardar una eternidad en llegar y en pasar?” Y también “no quiero que el tiempo avance, por favor que se detenga…” y otras cosas por el estilo.

Y Cronos, obviamente, se enfada.

Y se enfada con razón.

Y es que dice Cronos que eso de dividir y medir y contar y planificar el tiempo es cosa de los humanos; que él se limita a hacerlo fluir sin más; que él no le pone límites de ningún tipo. Que fueron los humanos quienes se empeñaron en inventar las horas y los minutos; las semanas y los días; las estaciones y los meses. Que a él no le vengan con tonterías.

Afirma Cronos que él no interviene para nada en si el tiempo humano va más rápido o más lento. Que en el nuestro mundo el tiempo fluye siempre de igual manera. Que no tiene él la culpa de que tengamos un cerebro que nos juega esas malas pasadas.

Y cuenta que él no es más que una personificación. Que es lo mismo que decir que es un mandao. Que no puede ir por ahí deteniendo, acelerando o lentificando el tiempo a voluntad nuestra porque eso traería graves consecuencias.

No preguntes qué consecuencias: eso es cosa de dioses y personificaciones de esas.

Pide Cronos que lo dejemos en paz. Que intentemos aprovechar el tiempo que él nos concede de la mejor manera. Que dejemos de pensar en el que se nos va y en el que está por venir y usemos el que tenemos en las manos. Que somos unos manirrotos con los segundos presentes y los desperdiciamos en recrearnos en cosas que ya han pasado, o en preocuparnos por posibles futuros.

Que andamos siempre en otras cosas y nunca nos percatamos de los momentos que se nos escurren entre los dedos.

En resumidas cuentas: pide nuestra atención total y plena a los momentos presentes.

A lo que ocurre ahora.

Al granito del tiempo de que disponemos.

Y es que él no puede darnos más. Tampoco puede quitarnos.

Cronos sólo puede hacerlo fluir.

No preguntes por qué: eso es cosa de dioses y personificaciones de esas.


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Let's Talk About Sex...
Andaba yo luchando a brazo partido por sumergirme en la novela En el nombre del cerdo (de Pablo Tusset) cuando comenzó a sonar aquí, en mi oído interno, según se entra a la izquierda, una cancioncilla cantada a media voz (Let's talk about sex, baby/ Let's talk about you and me/ Let's talk about all the good things/ And the bad things that may be….), seguido de un taconeo decidido y el susurro de unas medias. Lo siguiente que noté fue un golpecito en mi “hombro mental” y una voz que me decía:

- Pssst… tú, no finjas que no estoy aquí. Recuerda que soy tú y que sé lo mismo que tú sabes y tú sabes lo mismo que yo sé y… pufff… ¡qué follón más tonto me he hecho! Follón… mmmm… me gusta como suena… Follón… sí…

Me giré y vi lo que sabía que iba a ver y lo que me temía que iba a ver, a saber: a mi yo sexual y salvaje, vestida para matar y dispuesta a plantarme cara. Le pregunté qué quería:

- Nada, un ratito de charla. Hablar un poco de sexo. Que me aburro mucho ahí encerrada.

- Menudo rollo hablar de sexo. Si ya está todo dicho sobre ese tema (Let's talk about sex, baby…). Que sí, que es muy divertido pero, oye, que ahora hay sexo en todas partes y hasta cansa. (Let's talk about you and me…). Yo estoy tan saturada que en las novelas me salto los párrafos eróticos. Pero, en fin, si es lo que te apetece, hablemos de sexo (Let's talk about all the good things/ And the bad things that may be….). Y si no te importa, deja de cantarme en el oído interno y en el externo.

- ¡Bien! Pero mejor vamos a mi dormitorio ¿vale? Para estar tranquilas…

En cuanto traspasé la puerta (mental) de su habitación, la muy guarra me dio un golpe de cadera que me envió al otro extremo, cerró de un portazo, giró la llave y, taconeando y cantando la dichosa cancioncita (Let's talk about sex, baby/ Let's talk about you and me…) se largó sin decirme ni media palabra.

Tras la impresión, vino el enfado, con el enfado vinieron un chorro de insultos que prefiero no reproducir y cuando me cansé de ponerla a caldo vinieron la resignación y la decisión de pasar el rato como mejor pudiera. Es decir, que me dediqué a fisgonear el habitáculo de mi yo sexual.

Bueno, no está mal el sitio. No muy grande pero tampoco excesivamente pequeño. Temperatura agradable. Luz suave. Muchas velas aromáticas. Un cuarto de baño con amplia bañera, sales perfumadas, aceites esenciales… Música soul sonando de fondo. Una cama espaciosa, cubierta con sábanas de satén…

Sobre una mesa hay un ordenador encendido. Parece que estaba escribiendo algo. Veamos: “…sus pezones enhiestos empujaban la tela de su blusa de seda roja y se clavaban, provocadores, en el pecho del hombre. Las manos de él, ansiosas, se metieron bajo su falda, buscando los rincones más recónditos de su anatomía. Ella gimió al sentir sus dedos hurgar bajo su ropa interior…”. Un relato erótico. Nada original, por cierto. Normal, no puede pensar en otra cosa.

Libros en una estantería. De sexo, por supuesto: “Diccionario sexual”, a ver…, afrodisíaco, bestialismo, cunnilingus, dominación, frottage… “El goce de amar”… “Masaje sensual”… Un libro de consejos: … para ser sexy lo mejor es creértelo... actúa con seguridad… a la hora de vestir olvida las palabras elegante y chic y céntrate en provocativo y sexy… a los hombres no les gustan los remilgos en la cama… Hmmm… un diario con fantasías secretas… Mmm…. Brad Pitt… bla, bla, bla…. Johnny Depp… bla, bla, bla… cuerdas… bla, bla, bla… (No creerías que te iba a contar mis perversiones privadas ¿verdad?).

Cajones con juguetes sexuales. Mucha lencería erótica. Ropa sexy. Desde luego mi yo sexual está un poco obsesionada con el tema. Claro que es natural, es su especialidad. Imagino que el cuarto de mi yo infantil estará lleno de muñecas, juguetes, lápices de colores, cuentos de hada... Y el de mi yo adolescente estará lleno de posters de cantantes, de vinilos y cassettes, cartas de amor cursiles… Y en el de mi yo reflexivo habrá libros de filosofía, y mucho silencio y un sillón cómodo para pensar… Un día de estos voy a tener que hacer una visita a todos mis yoes, tiene que ser de lo más intersante ver como viven.

En estas disquisiciones me hallaba cuando me di cuenta de que mi yo sexual venía de regreso (Let's talk about sex, baby). Y no es que yo sea adivina (Let's talk about you and me…). Es que ella venía cantando la dichosa cancioncita (Let's talk about all the good things). A ver qué día se aprende otra (And the bad things that may be….).

La puerta se abrió y ahí estaba ella, sonriente, satisfecha, con la ropa y el pelo revueltos. Estaba claro que había tenido un encuentro con el yo sexual del husband (le costaría poco encontrarlo: porque ese pasa poco tiempo encerrado… mmm… corrijo, ese no está nunca encerrado).

Yo no dije nada. No me dejó hablar. Fue ella quien me dijo:

- No me mires con esa cara. No creerías en serio que quería malgastar el tiempo hablando de sexo. Anda ya. Eso que lo hagan otros, yo prefiero practicarlo. Es mucho más divertido.

Y con las mismas, me echó de su habitación y me cerró la puerta en las narices.

Desde luego, mi yo sexual no se anda con chiquitas…



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Tablón de Anuncios
Vendo sentido del ridículo usado (muy usado). Total garantía. Lleva años funcionando sin el menor fallo. Se precisa buena memoria para recordar todos los momentos de vergüenza y ridículo de la existencia. Le aseguro que con este sentido del ridículo usted sentirá el mismo bochorno que si el hecho acabara de ocurrir. Precio: el que me ofrezca (si quiere, se lo regalo).

Cambio autoestima un poco delicada por autoestima fuerte y a prueba de bombas. Puede venir bien para compensar egos exacerbados.

Compro un poco de auto confianza (no mucha) para compensar mi ocasional escasez (Quizás algún sobrao esté dispuesto-a a compartir un poco de su exceso).

Ama de casa desastre intercambiaría conocimientos con maniático-a de la limpieza para enriquecimiento mútuo. (Tú me enseñas a mejorar mis labores domésticas y yo igual te enseño a no ponerte de los nervios ante la menor mancha).

Distraída sin remedio, cansada de que se confunda su ensimismamiento con orgullo o mala educación, aceptaría clases de persona siempre alerta a lo que ocurre en el mundo exterior.

Busco persona a quien le sobre el tiempo para comprarle cierta cantidad del mismo. Preciso de diversos tipos, a saber: tiempo para estar a solas, tiempo para estar con mi marido, tiempo para jugar con la enana, tiempo para pasear, tiempo para leer, tiempo para escribir, tiempo para no hacer nada, tiempo para aprender, tiempo para retomar el gusto por el dibujo, tiempo para escuchar música, tiempo para ver cine, tiempo para compartir, tiempo para guardar, tiempo para dormir, tiempo para perderlo… Tiempo frío, tiempo cálido, tiempo lluvioso. Tiempo para amar, tiempos modernos, tiempo solar, tiempo sidéreo, tiempo atómico, máquina del tiempo. Un poco de tiempo, algo de tiempo, bastante tiempo.

Regalo sobrante de empatía a persona egoísta.

Regalo, por exceso, locura (transitoria o permanente, a elegir). Válida para personas pródigas en sensatez. Aviso: esta locura irá indefectiblemente acompañada de su poco de imaginación desbordada.

Cambio exceso de ingenuidad por algo de malicia. Quizás así yo deje de confiar en quien no debo y tú aprendas a confiar en alguien aparte de ti.

Tonta del bote desearía aprender a decir que no sin sentirse mal por ello. Igualmente desearía aprender a no preocuparse tanto por los demás.

Comparto sentido del humor con personas demasiado serias, con las incapaces de reírse de sí mismas y con aquellas que prefieran los Morancos a Les Luthiers o Bigote Arrocet a los Monty Python.

Cambio un poco de pereza por algo de diligencia. Indicada para personas adictas al trabajo. En buen uso.

Regalo sencillez. En buenas condiciones de uso. Perfecta para contrarrestar el exceso de orgullo.

Comparto optimismo con persona pesimista, alegría con triste profesional, tolerancia con fanático impenitente y deseos de saber con ignorante.

Seguro que hay más cosas que puedo vender, cambiar, compartir o regalar pero como, de momento, no se me ocurre nada más, comparto este Tablón de Anuncios con todo el/la que quiera comprar, vender, compartir, regalar o buscar.
 
Haute cuisine
Bueno, pues aquí va el segundo encarguito de H. y M., ya me dirás qué te parece.

Silencio. En la cocina, todo parece dormir. La enorme olla a presión, durmiendo en su anaquel, semeja un imponente ídolo tribal. Cacerolas grandes y pequeñas. Sartenes de diversos tamaños. Batidora último modelo. Una licuadora. La cocina está equipada con todo lo que un cocinero (profesional o aficionado) puede desear. Desde la humilde espumadera hasta una esfera de vapor para cocinar arroz, pasando por una cafetera eléctrica, el exprimidor, la tostadora. Más completa, chic y moderna no se puede ser. Es el glamour hecho cocina.

Todo parece completamente nuevo. O casi todo. Hay un par de sartenes que parecen tener algo de uso. La freidora también presenta huellas de haber sido utilizada en alguna ocasión. Algún plato, algún tenedor y algún cuchillo… La batidora igual ha saboreado algún que otro coctel. La cafetera eléctrica tiene aspecto de preparar algún café mañanero y puede que la tostadora haya tostado algún pan recientemente. El resto, nada, impolutos, como el primer día. Como recién salidos de la tienda.

Esta es la cocina de un soltero, hábil en muchas cosas pero inútil en el arte culinario. De modo que los útiles necesarios para crear exquisiteces alimenticias, viven en esta habitación unas eternas vacaciones y si no enmohecen es porque alguien se encarga de mantenerlos en perfecto estado de revista. Sólo una o dos sartenes son usadas (rara vez) para freír algún filete, puede que un huevo o, en el colmo de la dificultad, una tortilla francesa.

Se oye ruido de metal en las alacenas. Los habitantes de la cocina despiertan y se remueven en sus anaqueles. La gran Olla a Presión, abre su tapa en un enorme bostezo.

Gran Olla a Presión: Uuuooooaaahhh… (Ya, ya sé que no lo parece pero es un bostezo, palabra). ¡Qué bien he dormido esta noche! Buenos días a todos. Y ¿qué? ¿Ha pasado por aquí “el que no sabe cocinar”?

Cafetera: Pues no. Hoy ni tan siquiera ha pasado a hacerse un café.

Tostadora: Ni una tostada.

Sartén: Ni anoche tampoco estuvo por aquí. Hasta el frigorífico está medio vacío.

Gran Olla a Presión: Bien, bien, eso es buena cosa. ¡Qué suerte hemos tenido, queridos amigos, de vivir en semejante edén!

Vitrocerámica: ¿Suerte dices? ¿Pero no es nuestro destino cocinar?

Cacerola mayor: Estoy con la vitro. ¿No hemos sido creados para trabajar y alimentar al humano que convive con nosotros?

Batidora: Es cierto ¿no es nuestro fin trabajar? ¿No dicen que el trabajo es dignidad y da sentido a la vida?

Gran Olla a Presión: ¡Que de tonterías decís! ¿Nacidos para trabajar? ¿Dignidad a través del trabajo? Pero ¿de donde sacáis tantas memeces?

Cacerola mayor: Bueno, si somos útiles de cocina, se entiende que nuestra misión es ser usados para cocinar. Nuestro destino es trabajar y producir alimentos; no pasarnos la vida escondidos en los anaqueles sin hacer nada.


Gran Olla a Presión (a partir de ahora G.O.P. que cansa poner tanta palabra): ¡Qué de insensateces decís! No tenéis ni idea de la gran suerte que hemos tenido cayendo en manos de este inútil.

Batidora: ¿Qué dices insensato? ¡No puedes llamar así “al que no sabe cocinar”!

G.O.P.: Ah ¿no? ¿Y por qué no?

Batidora: Pues… pues porque es nuestro amo… ¿Nnno? Sí, nuestro dueño, eso es. Sí. Y… y… esto… porque nos da cobijo y… sí… esto… nos mantiene limpios y… jummm… esto… nos… ah, sí, porque me lo ha dicho Vitro.

G.O.P.: Ah, te lo ha dicho Vitro. Ya veo. Bueno, pues insisto. No tenéis ni idea de la suerte que hemos tenido al caer aquí, en esta cocina, en este paraíso, en este maravilloso edén. No damos golpe. Estamos siempre relucientes…

Sartén: Bueno, eso de que no damos golpe.

Tostadora: Oye, que yo, de vez en cuando…

Cafetera: Hey, que yo muchas mañanas…

G.O.P.: Ya sé que algunos de nosotros sí que trabajan…

Losquetrabajanpoco: Aaah….

G.O.P.: … Poco. Sí, no me miréis así. Trabajáis poco. Deberíais ver lo que es una cocina de una persona que sí sabe cocinar. O aún peor, de una familia. Y no hablemos de un restaurante. Eso es un infierno. Es la esclavitud más abyecta.

Losquetrabajanpoco y losquenotrabajannada: Ooohh… ¡qué horror! ¡Qué espanto!

Vitrocerámica: ¡Cumplen su destino! ¡Cumplen su misión en esta vida! ¡Este mundo es una cocina inmunda y venimos a sufrir, a ser quemados, ensuciados, utilizados! Esta vida que llevamos nos ablanda, nos hace indignos, nos transforma en cosas viciosas y perezosas.

Losquetrabajan y losquenotrabajan: Oooh…. ¡es cierto! ¡Qué razón tiene!

G.O.P.: Ay, Vitro, Vitro… ¿no tendrás algún cable suelto? No hay vida como esta. No hay mundo mejor que este. No nos usan (bueno, casi no nos usan). No tenemos que soportar que nos quemen. No nos ensuciamos. Tenemos tiempo para charlar con los amigos, para meditar, para crecer y aprender. Tenemos tiempo para vivir. Para jugar y cantar y para muchas cosas más que ahora no se me ocurren. ¡Hay que disfrutar y dar gracias por esta cocina maravillosa!

Vitro: El trabajo dignifica.

G.O.P.: La dignidad está en ti no en tu trabajo.

Vitro: El trabajo ayuda a que te sientas realizado como instrumento.

G.O.P.: Yo me siento muy realizada sin matarme a trabajar.

Vitro: El trabajo es salud.

G.O.P.: Sí, sí, no hay más que ver la larga vida de los que habitan en cocinas en que se trabaja a diario.

Vitro: El creador quiso que trabajáramos y sufriéramos para mejorarnos y concedernos la vida eterna en su presencia.

G.O.P.: El creador, el creador. Si existe tal creador, se limitó a crearnos y a dejarnos aquí para que viviéramos y disfrutar de lo creado. Si existe el creador no creo que se preocup…

Losquetrabajanpoco y losquenotrabajannada: Shhhhh… ¡cuidado que viene “el inútil”!

En la cocina, todo calla.

El “inútil”, perdón… ejem… quise decir el soltero dueño de la estancia (y del resto de la casa, por supuesto) hace su aparición.

Coge una cerveza y vuelve a salir.

Los útiles de cocina, en sus anaqueles, meditan sobre la reciente discusión.
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Acontecimientos consuetudinarios que acontecen en la rúa
Que dice el husband que ya que ando de encarguitos que porque no escribo sobre los paraguas. Ah, perdón. Sobre los paraguas no, sobre los putos paraguas (lo escribo tal cual me lo han dicho, que conste…).

Que dice el husband que es el arma más peligrosa que se ha inventado y que se ha dejado en manos de inconscientes. Que dice, aquí el husband, que los días de lluvia sale a la calle con el temor de que, el día menos pensado, le saquen un ojo y que si no lo han degollado ya es gracias a que los dichosos armatostes son de tela que si fueran metálicos yo tendría como husband al hombre sin cabeza.

Que dice el husband que porque no darán cursillos de transporte de paraguas. Que llevar un paraguas es más complicado y peligroso de lo que parece a primera vista y que la gente, sin embargo, se muestra de lo más irresponsable con dicho instrumento. Me pregunta, por último, que por qué hay mucha gente que, a pesar de que la lluvia haya parado sigue con el paraguas abierto, que si es queda fashion o algo de eso.

Que dice el husband que, ya que estamos, que también quiere protestar contra todos esos y esas que, en las cajas de los hipermercados esperan hasta el último momento para recoger la compra, contra los que no tienen el dinero (o la tarjeta) preparados para pagar y que, en fin, te hacen perder el tiempo de la manera más tonta no se sabe bien si por exceso de pachorra o por falta de consideración.

Que dice aquí, el husband , que también le gustaría protestar contra todos aquellos que se empeñan en hacer tertulia en mitad de la acera (o en mitad de un pasillo del super). Que dice que si no habrá sitios mejores para preguntarse por las familias respectivas y demás conversaciones sociales. Que pregunta por qué tiene él que andar pidiendo paso o, peor aún, bajarse de la acera y dar un rodeo porque, en mitad de la calle, se han parado una mamá, el cochecito, el niño mayor, la abuela, otra mamá, dos niños, un adolescente y el perro para contarse sus batallitas; que si no sería mejor que se fueran un bar o a un parque o que quedaran otro día o que se llamen por teléfono pero que no molesten cojones (lo escribo tal cual me lo han dicho, que conste…).

Que me dice el husband que, ya puestos, también quiere protestar contra los que se empeñan en darte conversación cuando estás leyendo y se enfadan porque no les haces caso.

Y contra los que no saben ver una película calladitos.

Y contra los que, al llamar al ascensor, dan al botón de subir y al de bajar, que dice aquí el husband, que con dar a uno ya vale porque… espera… cojones (lo escribo tal cual me lo han dicho, que conste)... ay… no puedo seguirte. Y contra los que…. Secagaentoloquesemenea (lo escribo tal cual me lo han dicho, que conste)… Espera, espera, que vas muy rápido… y también contra… que vayas más despacio que no puedo escribir todo lo que dices… y además contra…. Mira ¿sabes qué te digo? Que si quieres seguir protestando escribes tú un post que para eso tienes un blog…

¡Mira que se pone pesadito el husband cuando le da la vena protestona! Pues nada, gente, que ahí quedan las diversas protestas del husband sobre esas cosas que nos pasan a todos a diario.


(Bufff… menos mal que escribo con Tecla que si tengo que escribir todo esto a mano…)

P.S. Que dice, el husband, que menuda imagen de ogro le estoy dejando. Que dice que si no puedo decir que tampoco es para tanto. Que sí que a veces le altera mucho el personal pero... bueno... ya se ha embalado otra vez. En fin, pues eso, resumiendo, que el husband quiere que diga que no es tan fiero el león como lo pintan.


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La Sra. Nines (El que no se conforma es porque no quiere)

La señora Nines era de la opinión de que siempre es conveniente poner “una vela a Dios y otra al Diablo” para, de esta manera, estar a bien con ambos “porque es que nunca se sabe lo que puede ocurrir”. Así que, sin dejar de acudir a misa todos los domingos y fiestas de guardar, la señora Nines (la viva imagen de la abuelita Paz… si la abuelita Paz le hubiera dado al anís un poquito más de la cuenta) también practicaba su poco de satanismo. Nada serio, ni sacrificios humanos, ni misas negras, ni orgías, ni nada parecido, que la señora Nines era, eso, una señora y no se rebajaba a según qué cosas, faltaría más. Lo suyo era, como mucho, algo de magia negra, su poquito de vudú, alguna invocación sin importancia… Era, según ella, un entretenimiento “completamente inocente y sin ninguna maldad”.

Por eso, cuando la señora Nines (ochenta orondos años) se enamoró de un jovenzuelo (30 gimnásticos años) no le fue difícil llegar a la conclusión de que, la mejor solución a su situación era invocar al diablo y venderle su vieja alma a cambio de que le devolviera la juventud y la belleza (la señora Nines, de joven, había sido Reina de las Fiestas de su barrio: nada menos que tres años imbatida).

Con lo que no podía contar la señora Nines era con que, justo el mismo día en que decidió hacer la invocación, se celebrara un gran aquelarre. Mejor dicho El Gran Aquelarre, la gran juerga, la reunión anual (e internacional) de brujas, demonios, súcubos, íncubos y demás seres del inframundo. Por supuesto, nadie quería perderse semejante fiestón ¿Quién querría? Incluso se rumoreba que iría el hijo del Jefe: Anticristo; las brujas y súcubos (y algún íncubo) andaban como locas porque de todas eran conocidos los "poderes sobrenaturales" que poseía y que le habían hecho famoso en el mundo de la pornografía. De modo que, en el infierno, sólo quedaban unos cuantos diablillos de guardia que, por supuesto, estaban de muy mal humor y, a la señora Nines, le fue a tocar el más torpe, el más despistado y el más mal humorado por quedarse sin fiesta.

El diablillo, con la mente en la juerga que se estaba perdiendo, prestó poca atención a la señora Nines. Prestó poca atención a lo que pedía. Prestó poca atención al conjuro de concesión del deseo. Tan poca atención estaba prestando que hasta olvidó decirle a la señora Nines que firmara el contrato de cesión del alma. Cuando, más tarde, se dio cuenta de semejante desaguisado decidió que lo mejor era no decir nada a nadie; ya le habían advertido que, de tener un fallo más, acabaría haciendo guardia a las puertas del infierno por toda la eternidad y, la verdad, él tenía aspiraciones más altas que esa...

¿Y qué fue de la señora Nines?

Pues que el deseo le fue concedido… en cierta manera. Había recuperado la juventud y la belleza, desde luego, pero dado el pequeño despiste (bueno, vale, el garrafal fallo) del diablillo en cuestión, la Señora Nines recuperaba ambas cosas sólo los fines de semana. Así como el Hombre Lobo se transforma en este cánido las noches de luna llena, la señora Nines, en cuanto llegaba el viernes se transformaba en un pibón de 25 años… hasta el domingo en que recuperaba su forma y achaques habituales. No era lo que ella quería pero, oye, encima que le había salido “gratis” no iba a ir quejándose ¿verdad? Quien no se conforma es porque no quiere y la señora Nines decidió que, aunque sólo fuera los fines de semana, iba a disfrutar como una loca de su segunda juventud

Intentó ligarse al treintañero buenorro pero no funcionó porque el tal resultó ser gay y, además, casado. Cuando la señora Nines se dio cuenta de su falta de ojo clínico amoroso, en lugar de hundirse en la deseperación, pensó que ya no tenía edad para andar deprimiéndose por amores contrariados, se encogió de hombros y se fue de compras. Se compró toda la ropa sexy que encontró y, dispuesta a sacarse un sobresueldo (o una sobrepensión) se fue a un club de streap-tease y se presentó como stripper. Y, desde entonces, cada fin de semana la señora Nines se transforma en Vicky la stripper más sexy del Club Alucine. De viernes a domingo baila, bebe, se divierte y liga con quien quiere. Y, si el lunes por la mañana, se despierta con alguna de sus conquistas en su cama, la señora Nines se levanta sin hacer ruído, se viste y se va a la cocina. Cuando el ligue en cuestión se despierta, esperando ver a la chica con la que se divirtió la noche anterior, lo que se encuentra es una dulce ancianita que dice ser la abuela de Vicky y que le prepara el desayuno mientras le cuenta que su nieta ha tenido que salir corriendo por cualquier asunto.

Así que, si un día conoces a una stripper llamada Vicky y pasas la noche con ella y, al despertar, te encuentras con que estás solo con su abuela… Y si la abuela en cuestión dice llamarse Nines… Tal vez sea sólo casualidad… y tal vez no. Sea como sea, disfruta del desayuno y piensa que podría haber sido peor, podrías haber ligado con una mujer lobo...



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Nuevas Tecnologías
Pues nada que recibí otro mail con otra petición y aquí está lo que ha salido del “encarguito”. Esto cada día me recuerda más a aquellos viejos programas radiofónicos de discos dedicados. Ejem… esto sería algo así como: Para H. y M. con los mejores deseos, espero que le guste… Sí, creo que era más o menos así como lo decían… En fin, pues eso, espero que te guste.

Hay días en que la inspiración parece brillar por su ausencia y cuando eso sucede me da por pensar que no estaría mal probar eso de la escritura automática. Ya sabes, te sientas, coges un bolígrafo y un papel y, hala, a esperar a ver qué hace la mano, sin pensar ni preocuparte por lo que vas a escribir. Sin necesidad de andar llamando a las musas a grito pelado, como una loca. Que, además ¿a quién he de llamar yo? ¿A Calíope y su estilete, a Erato y su lira, a Euterpe y su flauta, a Melpómene y Talía con sus respectivas máscaras o a la seria Polimnia? O a ninguna de ellas, porque, claro, cuando nacieron ellas esto de los blogs ni se imaginaba.

Monitor: Hay que ver qué nivel cultural... ¿Te ha ayudado el Gran Jefe H.D.*? ¿Google?

Wikipedia. Bueno, a lo que iba. Que eso de la escritura automática, para momentos de escasa inspiración tiene que ser fantástico. Bolígrafo, papel y a esperar lo que salga.

Teclado: Para, para un momento. Que tú ya no usas bolígrafo para escribir…

Ya, eso es cierto pero… ¿No funcionaría también contigo? Igual si me limito a poner las manos sobre ti y esperar… lo mismo los dedos se ponen en marcha solos y escriben un post estupendo.

Monitor: Hummmm…. ¿tú crees que eso es posible?

Pues no sé. Pero estaría bien ¿no crees

Teclado: Se te ha olvidado el signo de interrogación final…

Huy, perdón, no me he dado cuenta… ¿no crees? Ahá, ahora está mejor

Teclado: Sí, mucho mejor.


De todas maneras, y espero que no os enfadéis por decirlo, a veces extraño la escritura manual. Sobre papel. Como hacía antes.

Monitor: Mira que llegas a ser romanticona…. Si, en realidad, sabes que es mucho más cómodo escribir con Tecla y conmigo.

Ya, ya, si más cómodo sí que lo es pero… no sé… A veces echo de menos sentir el roce de mi mano sobre el papel mientras escribo. Notar como se desliza el bolígrafo formando las letras, las letras formando palabras, las palabras formando frases, las fras….

Teclado: Vale, vale, ya quedó claro, no sigas que acabas escribiendo una novela.

Pues eso. Antes, para mí, escribir era un poco como dibujar. Tenía algo de las dos cosas: dibujabas las letras y dibujabas los sentimientos. Creabas un cuadro con palabras. En fin, que me pongo cursi, es sólo que hay momentos en que extraño sentarme ante un papel en blanco y dejar que la inspiración llegue y se transmita hasta los dedos.

Monitor: ¿Realmente crees que es mejor un papel en blanco que yo? ¿O un bolígrafo que usar el teclado? Venga, vamos, están muy bien esos pensamientos románticos pero seamos realistas…

Teclado:
Eso, eso, seamos realistas. Recuerda que, cuando usabas el, digamos, “método tradicional de escritura”, era más que probable que acabaras con las manos doloridas.


Sí, eso es cierto. Pero….

Monitor: Ni pero ni peras. Es cierto lo que dice aquí Tecla…

Teclado: Gracias, Moni…

Monitor: De nada. Es que lo que es cierto, es cierto. Además, piensa que ver el resultado en mi pantalla es mucho más cómodo que en el papel. Que tu letra es más bien tirando a pequeñaja ¿eh?


Ya, pequeña sí que es. Y no es que me guste mucho. Aunque también es cierto que no conozco a nadie a quien guste su letra…

Monitor:Además, sabes perfectamente que los manuscritos no es que sean precisamente sencillos de entender por otros, mientras que aquí, ya ves, la letra clara y fácilmente legible.


Es verdad pero… no sé… era tan “personal” escribir las cosas a manos…

Teclado: ¿Personal? ¿Y por qué escribir con nosotros no es personal? ¿No es tuyo lo que escribes? ¿No sale de tu mente y de tu corazón y de tus chips?

Los humanos no tenemos chips. Ni silisio…

Teclado: Silicio… con c, no con s.

Perdón, ha sido un lapsus.

Monitor: ¿Y la corrección de faltas de ortografía qué? ¿Eh? Con el método antiguo tenías que andar con diccionarios y cosas así para asegurarte de que no metías mucho la pata en el tema.

Bueno, tampoco cometo tantas faltas… En realidad sabes que son muy pocas y que apenas uso el corrector ortográfico así que…

Teclado: Ya, pero así y todo… Además, si no fuera por nosotros no podrías escribir un blog.

Mira, en eso sí que tienes razón. Sin vosotros no habría tenido la menor posibilidad no ya de escribir un blog sino que ni tan siquiera sabría qué era ni conocería internet ni al “husband” si a eso vamos... Bueno, vale, está bien: es mejor usaros a vosotros que volver al viejo método… a menos de manera habitual que, de vez en cuando, tampoco pasa nada porque lo use ¿no?

Monitor: Bueno, si sólo es de vez en cuando…

Teclado: Mientras nos sigas usando a nosotros para lo importante…


Que sí, que no pienso volver a lo de antes. En fin, entonces ¿qué? ¿Creéis que funcionaría lo de la escritura automática con vosotros?

Monitor: Bueno… yo lo dudo mucho ¿Tú qué piensas Tecla?

Teclado: Pues que por probar no se pierde nada.


Pues, venga, probemos a ver qué ocurre….

Y puse las manos sobre Tecla y miré a Moni y esperé y esperé y esperé y esperé y… no pasó nada. Así que:

O la escritura automática no funciona con las nuevas tecnologías.

O yo no tengo idea de cómo se hace.

O los “espíritus” estaban de puente.

O es un cuento chino.

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* Por si hay algún despistado-a: H.D. = Hard Disk