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Testamento de Miércoles
Escribir es lo más divertido que se puede hacer sin ayuda
Acerca de

Para mi "husband" soy una bruja. Para mi enana "su mamá del mundo mundial". Para mi sobrino mayor "un demonio". Para otros soy "una loca". Para alguno "una tía simpática". Para la mayoría soy "la hermana de...", "la hija de...", "la mujer de...", "la tía de...", "la mamá de...". En fin, que vete a saber quién soy yo. Si te apetece intentar averiguarlo, pasa y lee.


Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons

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Sindicación
 
Pequeña crónica de un pequeño viaje
Pues sí, aquí estoy otra vez nuevamente de nuevo, que decía no sé quién. He llegado hace un par de días pero hasta hoy no he podido tener un ratito para hacer mi pequeña crónica de mi viaje navideño a la tierra que me vio nacer hace… pues unos cuantos años (no insistas, hay cosas que no se le preguntan a una dama… ¡hey, tú! Sí, tú, el que se ríe por ahí al fondo, ¿es por lo de la edad o por lo de dama?...jummmm…).

Bien… comencemos con la croniquita de marras…

Llegada


Pues como íbamos a llegar: cansados. Pero, encima de cansados, el husband malo del estómago y la enana con otitis. Amos, que al día siguiente nos tuvimos que ir directamente al médico porque la pobrecita no pudo dormir por culpa del dolor de oídos y, encima, tuvo bastante fiebre. O sea que, como inicio, fantástico. Menos mal que se puso bien rápidamente. Debe ser porque, al no tener costumbre de usar antibióticos, éstos le hicieron efecto bastante rápidamente… o eso supongo que yo, de medicina, sólo sé lo que sale en House y, claro, ahí no sale nada tan simple como una otitis que si no, a ver cómo iba a lucirse el Sherlock Holmes de la medicina.

Nos invaden

Y no me refiero a los extraterrestres ni a una nueva moda yanqui (aunque casi, casi…). No, hablo de los muñecos de Papá Noel que invaden cientos, miles, de ventanas en todo el país. Que nadie se ría pero, en serio, creo que es un plan para invadir el mundo. Lo siento, chico surrealista, ya sé que tú opinas que quienes van a apoderarse del mundo son los chiquiprecios pero te equivocas, después de estas Navidades está claro: los muñecos de Papá Noel se preparan para apoderarse de nuestra civilización y en Las Palmas, por lo que he podido comprobar, deben encontrarse la mar de a gusto porque he visto el doble o el triple que aquí, en Valladolid. Hay que tener mucho cuidado porque ya se están reproduciendo; en más de un caso he visto, junto al muñeco que ya conocemos una ristra de tres más pequeñitos. Evidentemente, son su prole.

Y, por cierto, reclamo a los señores del Jueves la autoría sobre la idea de una asociación contra tales muñecos que se dedicaría a disparar contra todo Papá Noel colgante que se pusiera a tiro.

Fashions victims

Mis paisanos se han vuelto locos o hay cosas en las que yo antes no me fijaba o no sé…

Yo ya sé que, por allí, hemos tenido un cierto gustillo por la ropa de invierno, supongo que porque no hay oportunidad de usarla pero lo que he visto por allí me parece exagerado. O sea, no entiendo que, con 18 grados se le ponga a un niño guantes y gorrito de lana, o un abrigo de invierno supergrueso o ver a chicas con guantes y plumas. O sea, esto… que estábamos a 18 – 19 grados… Esto… Toc…. Toc… ¿hay algo en ese cerebro? ¿Tantas ganas tienen algunos de usar, y que sus hijos usen, ropa de invierno? ¿Está de moda achicharrarse bajo ropa de abrigo? ¿Si vinieran aquí, qué se pondrían? Yo no recuerdo que es pasara hace unos años… ¿Se ha puesto de moda la bufanda? Mi no comprenda…

Navidad sin frío

Dice mi husband que la Navidad en mi tierra ni es Navidad ni es na porque no hace frío. La temperatura más baja que hemos tenido estos días es, como ya he dicho, unos 18 grados. A mí me parece Navidad igual pero, claro, cada uno a lo que está acostumbrado.

Yo creo, sin embargo, que el que no haga frío permite disfrutar un poco más la Navidad. Porque a la gente le da menos pereza salir a ver los diferentes Belenes, a disfrutar de la iluminación navideña (un aplauso, por cierto, porque me encantó la iluminación de árboles y palmeras), a pasear por las calles comerciales…

Nochebuena


Ni villancicos, ni gaitas. En Nochebuena no había quien cantara na de na porque estábamos todos con catarros galopantes. Servidora se quedó afónica total. Tan afónica que aún no he recuperado la voz del todo. La enana se puso morada a comer chorizo y lo único que le interesaba era cuándo iba a llegar Papá Noel (su primera pregunta al levantarse el 25¬: ¿ya puedo abrir los regalos?)

Regreso

Y, de vuelta a casa. Otras ocho horitas de regreso. Eso sí, con maletas nuevas. Fuimos con dos normalitas y una pequeñita (ésta con cosillas que mandaba mi suegra para mi familia), y regresamos con dos grandes y una normalita (había que traer los regalos de Papá Noel y otras cosas que mi family, a pesar de que yo casi suplique que no nos den nada, que luego no tenemos sitio, ni fuerzas, para llevárnoslas se empeñan en darnos…). En fin, a pesar del coñazo para manejarse con tanto equipaje y una niña, conseguimos llegar, otra vez cansados, pero sanos y salvos a casita.


Feliz Año Nuevo a todos. En cuanto pueda empiezo la ronda por todos y cada uno de vuestros blogs.

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¡Bon voyage!
Mañana (concretamente a las seis y media de esta madrugada) mi husband, mi enana y yo emprendemos viaje rumbo a Las Palmas para pasar unos días. Y a mí, hace ya tres o cuatro días, que me ha entrado el agobio, el estrés, los siete males, todos los yuyus imaginables y un cansancio a priori que no te puedes ni imaginar.

Y tú te preguntarás que a qué viene tanta queja si me voy de vacaciones y, encima, a mi tierra y, encima, a dejar de pasar frío (que habrá tardado en llegar pero que, precisamente por eso, se ve que viene con muchas ganas…) pero es que, claro, tú no sabes que ir a Las Palmas me lleva la misma cantidad de horas que ir a Nueva York, o sea, unas ocho horitas minuto arriba, minuto abajo. Y dirás tú (que no te callas ni debajo del agua) que por qué tantas horas; que New York (que dicen los esnobs, por cierto que no sé cómo no he hecho todavía un post sobre los snobs…) está al otro lado del Atlántico pero Canarias, en comparación y aunque haya que cruzar el charco, está ahí al lado (Para los que aún tengan dudas al respecto: No, Canarias no está rodeada por ninguna valla ni está debajo de las Baleares ni tampoco a escasos milímetros de la provincia de Huelva).

¿Y por qué tardamos tantísimas horas? Pues porque a nadie se le ha ocurrido poner un vuelo Valladolid - Gran Canaria. Me puedo largar a Londres directamente desde Villanubla y dentro de nada también podré ir a Milán (me parece que era Milán) pero a Gran Canaria… tururú… con lo cual una servidora and family, tienen que vivir toda una odisea cuando vamos a de viaje a mi tierra.

Dicha odisea viene a ser así (more or less):

A eso de las seis de la mañana o un poco antes, tras comprobar ventanas, electricidad, calefacción y demás… después de abrigarnos bien abrigados que ya he dicho que está haciendo un frío que pela y sin poder evitar la terrible sensación (casi la plena seguridad) de que te dejas algo atrás a pesar de tener las maletas hechas desde un día antes y haberlas comprobado unas cincuenta veces, llamar a radio taxi.

Primer trayecto: taxi hasta la estación de autobuses. Aquí seguro que toca coñazo del taxista a cuenta de la niña. Que me tienen frita los del gremio del taxi con la joia sillita y con que si le pongo o no le pongo el cinturón de seguridad a la enana. Ya me he llevado broncas por todo: “señora, no le ponga eso a la niña, ¿no ve que si yo ahora pego un frenaso igual la decapito?”
(Éste es el tipo película de terror que me tiene to el trayecto acojoná y vigilando el pie no sea que pegue el frenaso de su vida); “señora, póngale usté el cinturón de seguridá a su niña que mire que le ponen una multa…” (pero, coñe, ¿no me habían dicho que si se lo pongo me la decapitan?); “señora ¿usté no sabe que si va en carretera tiene que llevar una sillita pa la niña? Que mire que luego, si hay un accidente, el seguro no me responde…” (Éste anda más preocupado por la seguridad de su bolsillo que por la de la niña que digo yo que más que preocuparse por si hay sillita o no hay sillita se fije más en la carretera, digo yo…).

Esperar lo que haya que esperar para que salga el autobús. Subir al susodicho. Quitarse los abrigos en el mínimo espacio que permite el asiento pa no estorbar en el pasillo y luego a sudar porque la gente se ve que tiene nostalgia del verano y la calefacción está a todo meter y pobre del chófer que se le ocurra bajarla porque siempre hay un miembro o miembra de la tercera edad que le va a echar el broncazo padre (o madre) porque según él, o ella, está muertito/a de frío/a (ah, no, que frío no tiene femenino ¿verdad?). Luego vienen dos horas y media (más bien tres) hasta Madrid, dando cabezadas (y hasta cabezazos, que ya he perdido la cuenta de las ventanillas que he estado a punto de romper con mi cabeza), con la niña dormida (si es que hay suerte) y yo sin saber cómo ponerme para no molestarla porque, normalmente, acaba con la cabeza sobre mis piernas.

Llegada a la Estación Sur de Madrid. Aquí, si nos quedan ánimos para aguantar el coñazo de otro taxista a cuenta de la sillita y el cinturón, cogeremos un taxi y, si no, igual nos subimos al metro que nos sale muchísimo más barato y nadie nos da la lata.

Llegamos a Barajas. Como siempre llegamos de los primeros nos solemos librar de las colas a la hora de facturar (menos mal).

Pasamos a la zona de embarque. Aquí, ya sabes lo que toca: venga el husband a sacarse las llaves, la cartera, el cinto, el móvil… Todo eso más el bolso y, ahora, al parecer también los abrigos, a pasar por el escáner. Pasamos cruzando los dedos para que no nos pite nada y para que no cacheen a mi husband pero… como se ve que mi husband debe tener cara de terrorista, lo cachearán. Vamos, casi seguro que lo cachean porque ya van unas tres veces que le pasa y eso que se supone que es al azar. Hay que joerse con el azar, si tuviera la misma suerte jugando a la lotería ahora seríamos millonarios…

Buscamos un sitio para comer algo que, claro, a las horas que salimos empezamos a tener hambre y en el avión a ver quién es el guapo que pide nada de comer que por un bocadillito te cobran cinco o seis euros. Aunque en el aeropuerto no es mucho mejor, la verdad, que te comes tres tonterías y te sale por un ojo de la cara.

Luego, a comprar el Jueves que siempre compramos cuando vamos de viaje (esa es una de las manías de mi husband cuando viaja, la otra es llevar siempre la misma camiseta con la frase de Buñuel: Gracias a Dios, soy Ateo, camiseta que, cualquier día de estos, se le deshará encima) y el Muy Interesante, el Quo o el Qué Leer, para que viajen un poco porque lo que es yo, al final, nunca leo porque tengo que pasarme las, prácticamente tres horas de vuelo, entreteniendo a la niña como pueda.

Y no, no hay ninguna historieta en plan la-lata-que-me-da-la-enana porque, la verdad, la pobre soporta bastante estoicamente todo el largo trayecto (igual es que está acostumbrada desde bebé) y porque mamá y papá ya hacen lo posible para que esté entretenida aunque esto suponga cargar con lápices, folios, cuentos o lo que sea… Así que a mi enana no la oirás gritar o llorar ni la verás correr por los pasillos molestando a los otros pasajeros, que es más buena ella… cuando quiere, claro…

Llegada a Gran Canaria. En el aterrizaje la enana se lo pasa en grande, para ella es como un tobogán. Bajar del avión con el bolso, la niña de la mano, los abrigos colgando del brazo (con lo que abultan). Es más que probable que a los pocos segundos estemos sudando bajo los jerséis. Esperar una eternidad a que salgan las maletas. Coger las maletas, una mano pa la niña, otra pa la maleta, los abrigos no sé qué haré con ellos… igual los llevo con los dientes… aunque tampoco… ayss… no sé, ya veré.

Autobús (bueno, guagua, que ya estamos en Canarias) hasta Las Palmas pa luego coger otra guagua (a mi husband coger un taxi le cuesta un sudor) hasta casa de mi hermana la pequeña que ya podría vivir la joia en la ciudad y no en las afueras… Todo esto, ya sabes: con niña, maletas, abrigos, etc…

Y, finalmente, cuando llegamos. Mi husband y yo, soltamos las maletas, la niña y los abrigos, nos tiramos en la cama y nos quedamos dormidos como unos benditos.

En fin, que si esto no es para agobiarse y sufrir de agotamiento previo ya me dirás…

Feliz Navidad y cuidadito con la cena de Nochebuena, la comida de Navidad, el exceso de alcohol y las calorías que te vas a meter entre pecho y espalda.

Traeré un poco de arena de la playa y un poco de sol para quien lo quiera.

Aviso: Estaré unos días sin dar la lata por aquí pero amenazo con volver, no se crea nadie que se ha librado de mí :P



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La casa de las palabras
En uno de mis primeros paseos por Valladolid descubrí un lugar llamado La casa de las palabras y me sentí fascinada. No por el local (perteneciente a la CGT, creo) si no por el nombre. Me parece un nombre maravilloso y, cada vez que lo veo no puedo evitar imaginarme cómo sería ver a las palabras en su casa.

De entrada, imagino que su auténtica casa, la casa donde nacen sería un enorme diccionario. Luego, al hacerse mayores e independizarse se irán yendo a vivir en libros o cuadernos o informes o actas o incluso anuncios luminosos, cualquier sitio donde se necesite una palabra.


¿Y cómo vivirán las palabras? ¿Qué harán en su casa? Imagino que charlarán, porque si las palabras no charlan ¿quién lo va a hacer? Algunas se unirán para formar poemas, relatos, historias, cuentos, novelas… Otras, más solitarias, seguirán a su aire como, por ejemplo, las exclamaciones (Yo creo que a ¡Ah! o a ¡Oh! les gusta más estar solas que en una frase y no hablemos de los tacos… yo creo que esos suelen tener tan mal genio que ni quieren tener a nadie al lado)

Se contarán aventuras. Se instruirán las unas a las otras sobre ciencia. Debatirán acaloradamente. Es posible que las palabras rimbombantes y muy cultas se sientan superiores con respecto a las humildes palabras de barrio y argot.

Quizás las palabras que provienen de otros idiomas tengan problemas de integración, puede que necesiten papeles, tal vez sean rechazadas y marginadas por las palabras españolas-de-toda-la-vida.

Y las preposiciones y conjunciones, por ejemplo, serán como los críos de la casa (son tan pequeñitas… y… o… pero… mas… de… a… si… so… tras… ni…). Tienen pinta de niños revoltosos ¿no? ¿Y los adjetivos? ¿Andarán todo el día tras algún sustantivo al que especificar, explicar, calificar, determinar…? ¿Qué tal los verbos? Los verbos deben ser como esa gente que siempre anda diciendo que no pueden estar sin hacer nada y que, encima, pretenden que los demás sean iguales…

Se deben formar extrañas combinaciones en la casa de las palabras. Al estar todas revueltas y unirse para charlar o comer o pasear… saldrán frases muy curiosas, frases sin sentido, el sueño de un surrealista o un dadaísta… Saldrán frases hermosas. Frases cómicas. Frases insultantes. Frases melancólicas. Grandes frases. Frasecitas de andar por casa. Frases profundas y frases superficiales. Frases simples y compuestas. Frases dubitativas (estas deben ser un coñazo a la hora de decidir algo), enunciativas, exclamativas (estas, a veces, se vuelven un poco locas y acaban sufriendo exceso de signos de exclamación), interrogativas, imperativas (a estas no hay quien las aguante por mandonas)…

Se formarán párrafos y relatos y novelas. Estando todas las palabras juntas se deben haber formado todas las historias que se puedan contar.

¿Tú qué crees? ¿Pasearán juntas amor y odio? ¿Guerra y paz, hablarán? ¿Tolerancia e intolerancia comerán juntas? ¿Ignorancia será capaz de entender a sabiduría? ¿Anarquía se dejará gobernar por tiranía? ¿Y la palabra Dios… pretenderá ser adorada por las demás? ¿La palabra diablo se dedicará a intentar poseer a las otras palabras? ¿Suciedad huirá ante limpieza? ¿Y oscuridad se ocultará de luz? ¿Alegría será capaz de sacar una sonrisa a tristeza? ¿Riqueza despreciará a pobreza? ¿Racismo se negará a compartir página o línea con las palabras negro, amarillo, musulmán o judío? ¿Se desesperará inteligencia ante la tontería? ¿Esperanza animará a desesperación? ¿Cordura podrá con locura o acabará ganando ésta?

No sé, igual es que a mí me fascinan las palabras y la imaginación se me dispara mucho pero… ¿no sería agradable visitar la casa de las palabras?
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Regalos de Navidad (Cosas de niños VI)
Menudas sorpresas que me está dando mi enana con esto de los regalos navideños.

La primera ha llegado con las cartas a Papá Noel y los Reyes Magos. Porque, después de machacarme pidiéndome cada juguete que ve por la tele - el villancico estrella de esta Navidad es: Mami, quiero eso… Mami, quiero eso… Mami, también quiero eso… Mami, mami, quiero eso… - cuando toca escribir las susodichas cartas, el resultado es el siguiente:

Carta a Papá Noel:

Querido Papá Noel:

Quiero unos regalos bonitos. Una Barbie y maquillaje para chicas de 4 años.

Te quiero mucho porque eres mi querido amigo.

Besos

Ayla


Carta a los Reyes Magos:

Queridos Reyes Magos:

Quiero maquillaje para chicas de 4 años y también quiero una Barbie Sirenita.

Ya está.

Os quiero mucho.

Besos

Ayla


Como se puede comprobar, a pesar de la tortura repetitiva a la que me somete día a día, en el momento de tratar con quien interesa, la niña sólo ha pedido dos regalos. Al preguntarle que por qué sólo dos, su respuesta ha sido lo que sus papás le dicen cada vez que empieza con la retahíla publicitaria: es que Papá Noel y los Reyes no pueden traer todo porque hay muchos niños para repartir… Y a la pregunta de por qué, entonces, pide todo lo que sale por la tele su respuesta es: es que eso es para que me lo compres tú no para que me lo traigan los Reyes. Mi niña que es así de tonta…

Otra sorpresa nos la ha dado cuando mi padre le ha dicho que le podía pedir un regalo a él. Todos esperábamos que pidiera una muñeca o algún otro juguete pero mi enana (que es muy suya) se ha descolgado pidiendo, nada más y nada menos que “La Marcha Turca de Wolfgang Amadeus Mozart y Para Elisa, que es la canción que Beethoven regaló a su hermana”. Quién me iba a decir que mi hija de cuatro años tendría aficiones musicales tan cultas (bueno, la verdad es que también le encanta Amo a Laura, no se cansa de escucharla y de ver el vídeo de YouTube; se sabe hasta la coreografía).

Ya lo dice la canción: la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida… Y los enanos, no te quiero ni contar…
 
Planes de reencarnación
Yo, cuando me llegue la hora de reencarnarme (bueno, vale, si me reencarno; bueno, vale, si existe la reencarnación; bueno, vale, que no es más que una ficción, leñes que gente más estricta…) quiero ser un hombre. En serio. Quiero ser un tío con pelo en pecho y enorme capacidad de concentración ¿o es enorme incapacidad de hacer dos cosas a la vez?

El caso es que, sinceramente, admiro esa capacidad de concentrarse tanto pero tanto, tanto en una cosa que da igual lo que pase a su alrededor: los tíos no se enteran. Al menos, el que comparte la vida con una servidora, si está concentrado en algo ya puede pasearse Nicole Kidman en ropa interior por delante de sus narices que no se entera. En serio, no exagero. Si yo fuera mala (bueno, vale, un poco más mala; bueno, vale, un poquito peor; bueno, vale, quedamos en que soy mala pero ya ¿no?) podría conseguir casi lo que quisiera porque, total, a todo responde “sí, cariño” o “ajá” o algo así…

Que le dices: “Cariño ¿qué te parece si me compro un abrigo de piel?” (Esto, en estado normal supondría una mirada de tústásloca por la cosa de la pasta y porque ambos somos anti abrigos de piel)

Responderá: “Muy bien, cari… lo que tú digas”.


Que le dices: “Cari que he pensado en tirar el equipo de música que tienes ahí estorbando en espera a que, algún día, te dé por escuchar los vinilos.” (Esto, en estado normal supondría que mi husband se transformara en un monstruo de ojos inyectados y rugiente voz dispuesto a defender su aparato – de música – a costa de lo que sea).

Responderá: “Claro, cariño…”

Que le dices: “Cari... esto… que la niña te ha cogido los dvd’s y se ha dedicado a pasar un tenedor por toda su superficie…” (Esto, en estado normal supondría una reacción del mismo estilo de la anterior y provocaría que tanto la enana como yo acabáramos escondidas bajo la cama…)

Responderá: “Muy bien, cari… lo que tú digas”.

Que le dices: “Cariño, que me parece que me voy a buscar un amante…”

Bueno, vale, este ejemplo no sirve porque la palabra amante es para la única que parece tener el radar puesto.

Pero te ha quedado claro ¿verdad? Cuando está concentrado no hay manera de traspasar ese muro. Y lo envidio porque, por ejemplo, cuando la niña está especialmente pesadita, él siempre me dice: desconecta. Y yo, la verdad, no sé cómo desconectar. Él parece tener un interruptor en el cerebro que puede poner en on o en off según le convenga pero yo es que no me lo encuentro… el interruptor… (bueno, vale, chiste malo; bueno, vale, chiste más que malo; bueno, vale, chiste pésimo ¿conforme?).

Yo, desde que nació la enana, parece que duerma con un ojo abierto. A la mínima que la niña hace algún ruidito fuera de lo común los ojos se me abren como platos. Lo oigo todo, en serio, hasta el más mínimo cambio de respiración (yo creo que esto nos pasa a todas las mamás, eso y lo de reconocer el llanto de tu niño entre otros muchos), el más pequeño quejido… todo. Pero mi husband… nada… no se entera de nada. Así esté la niña llorando a gritos, tengo que darle con el codo unas cuantas veces para que se entere (codazos, patadas, empujones… no lo he tirado de la cama de puro milagro, vamos).

No sé cómo lo hace. No sé si es capacidad de concentración o, como ya he dicho, incapacidad de hacer dos cosas a la vez o qué es pero yo, cuando me reencarne (si la reencarnación existe y si me reencarno, qué pesadilla) quiero ser hombre y probar esa sensación de desconexión completa y absoluta del mundo.

Bueno, vale, igual exagero un poco; bueno, vale, que las mujeres también sabemos concentrarnos; bueno, vale, que esto se llama generalizar… Pero, oye, en serio, a mi me parece que lo de ellos es pasarse… ¿no?
 
Víboras, lobas y demás fauna…
Según la Real Academia loba (en su tercera acepción y coloquialmente) es: mujer sensualmente atractiva. Y ya… pero en el mundo real (que dirían los concursantes de Gran Hermano) cuando una mujer tacha a otra de loba lo que realmente quiere decir es:
peaso-guarra-que-me-quiere-levantar-al-novio-marido-pareja-o-chico-que-me-quiero-ligar o, también, peaso-guarra-que-se-cree-que-todos-los-hombres-están-por-ella o, quizá, peaso-guarra-que-mira-que-pintas-pilingui-lleva-pa-que-todos-los-tíos-la-miren. En fin, y resumiendo, en el mundo de todos los días una loba es cualquier mujer medianamente atractiva (o que vista medianamente sexy) que otra mujer considere como una amenaza para su propia seguridad emocional, sentimental o psicológica.

Este espécimen al ser presentado a un grupo de personas suele causar un rechazo instantáneo entre las miembros femeninas del grupo en cuestión quienes, rápidamente, y con consenso general y tácito, pasarán a añadir al apelativo de loba, el de mala víbora (Real Academia: 2. f. Persona con malas intenciones) y mala pécora (Real Academia: 1. f. coloq. Persona astuta, taimada y viciosa, y más comúnmente siendo mujer).



El sector masculino no suele tener este tipo de prejuicio hacia la loba recibiéndola con simpatía (a veces excesiva, eso sí) y amabilidad.

La loba, por su parte, suele reaccionar a las claras demostraciones de rechazo por parte de sus congéneres con aparente indiferencia mientras que se integra fácilmente en el sub conjunto masculino. Con ellos charla, con ellos se ríe, con ellos acabará trabando amistad y sólo con ellos terminará sintiéndose realmente a gusto.

La loba, en realidad, no suele sentirse loba, ni mucho menos mala víbora o mala pécora. La loba en la mayoría de los casos no es más que una mujer con un físico o apariencia atractivos al sexo opuesto (no tiene que ser excepcionalmente guapa, la sensualidad y el sex appeal poco tienen que ver con el aspecto externo), que suele relacionarse bien con los hombres, quizás porque no los ve (aunque muchas opinen lo contrario) como futuras presas sino como iguales con los que charlar y divertirse.

La verdad es que casi me atrevería a decir que cualquier mujer en algún momento puede ser tachada como loba por otras mujeres. Todo depende del lado de la realidad en la que te encuentres. Si estás sola, eres medianamente atractiva y medianamente simpática (que se lleva bien con los hombres, este es el quid), no cabe duda, tú eres la loba.

En el momento en que vuelvas a encontrarte entre un grupo de amigas y aparezca una mujer sola, medianamente atractiva y medianamente simpática(que se lleva bien con los hombres…), volverás a formar parte de la manada de leonas feroces dispuestas a despellejar y devorar a la loba intrusa.
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Cualquier tiempo pasado fue… ¿mejor?
A mí que no me vengan con el cuento de que cualquier tiempo pasado fue mejor porque eso es una mentira gorda, pero gorda, gordísima.

Es una ficción, una falsa creencia no sé si provocada por la nostalgia de la juventud… o por que tendemos a idealizar aquello que no conocemos… no soy psicóloga ni socióloga así que no sé las pautas que sigue la mente humana para llegar a tan absurda conclusión pero, venga, en serio, piénsalo bien… ¿cualquier tiempo pasado fue mejor?

Mejor ¿qué cuándo?

¿Mejor que en la (a mi entender, mal llamada) prehistoria por aquello de que el ser humano estaba en contacto con la naturaleza y su esencia animal? ¡Ja! ¡Y un cuerno de mamut! Muy bonita la visión del buen salvaje y qué bien vivíamos en la naturaleza… ¡qué bonito sentir la hierba bajo los pies y la lluvia en el rostro! ¡Ja, ja y ja! Muy bonito… pa un rato… Anda que… vete a vivir con los indígenas del Amazonas y a ver qué tiene de bonito y agradable vivir en chozas, entre los insectos y el barro. A pasar hambre cuando escasea la caza o cuando se ha dao mal la recolección… Vete a la naturaleza y pasa a formar parte de la cadena alimenticia de algún felino salvaje de esos tan monos… Verás qué bonito enfermar y no tener un mal termalgín que llevarte a la boca… Anda ya, hombre… muy bonita la vida en contacto con la naturaleza ¡Desde tu casita, no te digo!

¿Mejor que en la época de los egipcios, de los romanos, que en la Edad Media, el Renacimiento, etc..? ¡Ja otra vez! Pero vamos a ver, alma de cántaro, si vivimos mejor que los reyes de la antigüedad… Que en aquellos pedazo de palacios hacía un frío de mil pares… y apestaban… y la única luz era la de las velas (bueno, en la época de Nerón se inventó la antorcha humana pero la idea no prosperó porque hacían mucho ruido y olían bastante mal).

Pero ¿tú sabes por qué los nobles del siglo XVIII llevaban esa horterada de pelucas?Por los piojos… ¿y la cara llena de polvos? Para ocultar las secuelas de la viruela… ¿y ese gesto tan cursi de llevarse el pañuelito a la nariz? Pues por los malos olores. ¿Y el invento del perfume? Pues ídem, eadem, ídem…

¿Mejor que a principios del veinte? Sí, claro, entre guerra y guerra: hambre.

Que no… que como hoy no se ha vivido nunca. Que jamás hemos estado mejor. Que todos tenemos nuestra tele y nuestra calefacción.

Y nuestro médico que antes sólo tenían médico los ricos. Los pobres pos a tirar de curanderos, hechiceros y demás “eros” y puede que ni eso…

Tenemos la electricidad, ese gran invento… ¿Te imaginas la vida sin luz eléctrica, sin nuestras bombillitas, si nuestras lámparas? Que sí, que la luz de las velas es muy romántica pero ¿pasar todas las noches a la luz de las velas? ¿Sin poder leer o escribir? ¿Teniendo que ir con ella a todas partes porque si no, te rompes los cuernos?

La nevera (a ver cómo habrías conservado la comida hace un siglo, listo/a).

La lavadora (a ver, guapito/a, a ti te querría yo ver yendo al río a lavar…).

El microondas… bueno, vale, ese sólo lo usamos pa calentar la leche pero oye…

El automóvil que antes tener medio de transporte propio era cosa de ricachones y el transporte público ni se había inventado.

El ordenador que a ver que ibas a hacer tú, que estás enganchao a los blogs sin un ordenador pa escribirlos y leerlos.

El móvil que, vamos, a más de uno y de una le daba un yuyu si se queda sin móvil para cotillear y para tener al novio/marido controlado y, bueno, ya lo dice el anuncio, para decir hola (joer, no sale caro el hola ese ni na….)
¿cómo te lo montarías sin móvil o sin fijo? ¿Con tam-tam? ¿Con señales de humo?

Que no, que a mí no me convences. Que ningún tiempo pasado fue mejor. Que no se vivía mejor. Que la gente no era mejor ni más solidaria. Que había tantas (o más guerras) que ahora. Que la esclavitud y el racismo y el fanatismo era lo más normal del mundo y estaba bien visto… Que la tortura y la pena de muerte y el infanticidio, etc., etc., ya estaban inventados y, algunos, hasta aceptados…

Que no, que yo me quedo con mi siglo XXI. Con mis adelantos tecnológicos. Con mi sociedad informatizada y globalizada y la única rabia que me da es no saber cómo será el mundo dentro de un siglo o de dos o de tres… pero el pasado… anda ya… te lo regalo todo, todito.


 
A quien corresponda...
Estimado señor miembro (con perdón) del sexo opuesto:

Escribo la presente para hacerle un pequeño ruego que espero no le resulte demasiado molesto.

Verá usted, señor miembro (con perdón) del otro sexo. A esta que escribe le encantaría decirle, pedirle, sugerirle que, la próxima vez que alguien de mi género intente hablar con usted, contarle sus problemas, hablar sobre cómo se siente o no se siente, por favor, por favor, no intente arreglarle la vida.


Ya sé, señor miembro (con perdón) de la parte masculina de la humanidad, que eso a usted le resulta complicado por que usted piensa que cuando alguien le cuenta un problema es porque busca su enorme inteligencia, su gran fuerza y su estupenda capacidad de análisis para que se lo solucione pero no, para nada, no se ofenda usted pero está muy equivocado.

Nosotras, las pertenecientes al otro sexo de su especie, resulta que somos un poco especiales (o un poco raras si así lo prefiere) y resulta, señor miembro (con perdón) del otro sexo, que nosotras, a veces, muchas veces, hablamos por hablar, por comunicarnos, por buscar apoyo, por desahogarnos y no pidiendo solución, ayuda o rescate.

O sea, señor, que cuando nosotras hablamos con alguna amiga y le contamos, por ejemplo, el día tan ajetreado que hemos tenido o que nos llevamos fatal con fulanita o que el jefe nos ha dado la mañana o que el niño está muy desobediente, o que estamos muy estresadas, etc., etc., no pretendemos que nuestra amiga coja nuestros problemas y nos dé una milagrosa solución a cada uno de ellos. No, es mucho más simple: lo contamos para sentirnos apoyadas, para sentir que alguien nos comprende y nada más.

Verá, señor miembro (con perdón) del sexo opuesto, lo que quiero decir es que las mujeres, nosotras, servidoras, las hembras de su especie, lo único que pedimos es que nos escuche y ya está, nada más. Usted escucha, nos ofrece unas frases de apoyo, nos abraza, nos hace sentir que contamos con usted y listo…. No le pedimos nada más.

Lo que sí le pedimos, por favor, es que no vuelva a ofrecernos frases como:

“Es que siempre te estás quejando” (porque, muy probablemente, no nos estemos quejando sino que igual sólo hacemos una repaso de lo que tenemos que hacer o, simplemente, relatamos lo que nos ha ocurrido, sin más)

“Deja de hacerte la víctima” (Porque, muy probablemente, como ya he dicho, sólo intentemos contar como nos sentimos y no buscar su compasión)

“Lo que tienes que hacer es…”, “No podemos hacer nada al respecto así que cálmate…”, “No hay para tanto”, “Olvídalo ya”, “No seas ridícula”…, etc., etc.

La próxima vez que alguna de mis compañeras de sexo le quiera contar algo haga un favor, señor miembro (con perdón) del sexo opuesto, usted, tan sólo escuche, comprenda y ofrezca su apoyo (bueno, un abrazo tampoco estaría mal) y deje el uniforme de superhéroe en el armario.

No pedimos otra cosa.

En serio.

Sin más que decirle se despide de usted:

Una integrante del otro sexo