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Acerca de
Aunque no estoy ultrabuena, molo mil... ¡y además soy buena cocinera! Tengo sentido del humor y no hago faltas de horgotrafia (eso dice mucho de una persona).
Sindicación
 
Me gusta el café.
Es más, me encanta el café. Me gusta a cualquier hora del día: para desayunar, a media mañana, antes de comer, después de comer, después del trabajo, antes de salir un viernes por la noche… Cortado, con leche, con espuma, capuccino, turco, con hielo y en ocasiones incluso solo. Pero que me maten, que no sería capaz de hacer una buena taza de café para salvarme la vida. No puedo. Lo he intentado con la cafetera de fogón que tengo en casa y también con una de esas exprés que tenemos en el trabajo. A veces no soy capaz ni de acertar con el nescafé. Y eso sí que es ser cutre.

Por eso no me gusta ir a cualquier cafetería. De hecho suelo ir sólo a la que está debajo de casa. Es el café que más me gusta. Pero no sólo elijo cafetería, sino camarera. Las tres tardes que mi hermana tiene libres entre semana me espera en casa a que llegue del trabajo y bajamos al café. A esa hora suele estar Fran, que siempre está hinchada del laburo y nos cuenta las cosas que le han pasado desde la mañana con los pelotudos del barrio. A pesar de eso siempre está contenta y nos cambia el nombre sin darse cuenta. Nos dibuja corazones con la espuma de la leche y a veces nos invita a magdalenas: le da vergüenza cobrarnos 1.30 por el café con leche y no le faltan motivos.

Pero a veces hay camareras nuevas y aunque intento ser paciente, después de tres semanas ya no hay excusa para servir un café que jurarías que alguien ya ha removido y dado un enorme sorbo. No puedo con las que no le ponen cariño al café. Me caen mal. Hay veces que paso por delante y según quien esté trabajando no me paro. Prefiero quedarme sin tomar café. Una mala taza de café es comparable a ir a tu restaurante favorito y comer mal o ir al cine y que te cuelen un bodrio. Es como que te den mal el cambio y no tener valor para protestar.

Por eso echo de menos a algunas de las camareras que han pasado por allí. Debe ser cierto eso que dicen que a los hombres se les gana por el estómago: a mí me pasa con un buen café y con más de una camarera guapa acabé flirteando, aunque en vano…
 
Comentario:
Odio el café :)
 
Comentario:
Que alegria me das: montamos una asociación para proteger el buen café?
BAci
 
Comentario:
jajaja, otra caféadicta, salu2!! xDDD
 
Comentario:
Bueno a mi el café no me va mucho, pero reconozco que a una tarde de lluvia, metida en el brasero y con buena compañía o viendo una peli le pega de muerte un café. La verdad que cuando te haces un capuccino con su espumita y te lo tomas calentito en invierno es lo mejor
 
Comentario:
Apasionante mundo el del café. Aquí hay otra adicta, con la diferencia que hago un café delicioso!
Me gusta tu blog, lo seguiré consultando.
Besos!
 
Comentario:
Invitado: sigue leyendo...

(y firma con tu nombre...)
 
Comentario:
pero tu eres lesbiana o no??
 
Comentario:
Me has recordado a mi suegro que le pasa casi como a ti. Le he visto en muchas ocasiones hacer una mueca de asco al probar un café, llamar al camarero, pagar y marcharse despues de decir que eso no es un café si no la verguenza de un lugar al que tienen la desfachatez de llamarle cafetería.

Un beso.
 
Comentario:
Que bueno el café. Ya no solo lo que representa en sí, sino como tu dices el tiempo de respiro mientras te lo tomas.

Para mi es uno de los momentos más relajados del día. Yo también soy de los que se toman varios cafés al día, aunque yo lo prefiero normalmente solo (el café).

Aunque yo no soy tan exigente con los cafés y los que me hago de cafetera siempre bien cargaditos.

Saludos espumosos.
 
Comentario:
Con el café me pasa como con las drogas, que no tengo ni idea de si es bueno o no.

Por cierto, también hacen "mamadetes" en esa cafetería, aunque el licor lo pongan con garrafas de ocho litros de agua y parezca que lo acaban de destilar en la trastienda.

Beso.
No