Estoy de humor para frases largas.
Mi casa se distribuye de extremo a extremo de un largo pasillo, de modo que el salón se abre en un pequeño balcón a la parte frontal del edificio y mi habitación a la parte trasera del mismo a través de un balconcillo que prácticamente se da de narices con el reverso de otra hilera de casas antiguas. La distancia entre ambos es de unos tres metros. Cuatro a lo sumo. Justo delante de mi habitación quedan, hacia abajo y hacia arriba las habitaciones 101 y 201 del hotel que hay en la plaza del ayuntamiento. A unos les veo los pies y a otros la cabeza. Justo debajo, el almacén de uno de los bares. Los camareros argentinos charlan allí cada noche mientras van a buscar las bebidas para cargar las cámaras. Unos metros más allá, hacia la izquierda, instalaron hace unos meses el motor de el aire acondicionado y/o neveras de la frutería de la esquina. Y desde entonces no duermo bien.
Me he acostumbrado a dormir con tapones. Al principio me molestaba el pitido que me producían en el oído, pero al menos dormía. Ahora, los días que se me caen acabo entrando y saliendo de un sueño muy poco profundo sin descansar, hasta que me doy cuenta de que no llevo los tapones y me está molestando el ruido. Hace unos días que me hacen daño: me despierto en mitad de la noche y o bien me quito los tapones y no descanso, o sigo con la molestia y tampoco descanso. Un indicador de la calidad de mi descanso es lo bizarro de mis sueños.
Hoy me he despertado a las cuatro y media. Me molestaban los tapones. Me los he quitado momentáneamente pero el ruido del motor era tan fuerte que era insoportable. Además el inquilino de la 201 estaba viendo la tele a todo volumen. Me he levantado. Me he asomado al balcón de mi habitación. Debía de ser una película con banda sonora de violoncelo; la cortina estaba cerrada y no he podido comprobarlo. He considerado tirar pinzas a su ventana para llamarle la atención. Por la tos que se oía parecía un hombre gordo. También he considerado la opción más civilizada de llamar al hotel, o incluso bajar a la calle e ir a la recepción. Al final, de acuerdo con el espíritu un tanto derrotista con el que me encuentro estos días, me he vuelto a poner los tapones. He ido al salón a oscuras. He mirado por el balcón. Una vecina de la plaza estaba rellenando los bebederos que ella misma colocó para la veintena de gatos que viven en las ruinas del circo y que ella misma alimenta. He vuelto a la cama, pero me he sentado en el borde en lugar de tumbarme. Todo me ha parecido una mierda.
Al final me he dormido fantaseando con un abrazo, con no dormir sola aunque sea sólo de vez en cuando.
He soñado. Que dormía con esa persona. Que nos abrazábamos. Y que andaba por el pueblo donde crecí, aunque eran calles ficticias. Iba con mi padre y mirábamos unas casas; yo le llevaba a ver mi casa favorita. Resulta que no existía, aunque yo estaba segura de haber ido a verla varias veces. Lo habré soñado, le decía. Pero era muy bonita y estaba aquí. Ha sido un sueño dentro de un sueño. También accedía a la propuesta de unas amigas de recrear un fragmento de una película pornográfica en vídeo, por diversión. Habíamos quedado en casa de una de ellas. Eramos nueve, creo. Y habían organizado un autobús que de pronto se llena de gente, la mayoría vestidos con bañador, toalla, gorro y gafas de nadador… Por delante de mí pasa un compañero de trabajo sin camiseta y me doy cuenta de que algo falla. Demasiada gente para ser como me habían explicado que sería. Todo el tiempo me pregunto por qué he accedido a recrear una escena pornográfica. Y mientras tanto pienso que yo he avisado en el trabajo de que llegaré un par de horas tarde y es evidente que eso se va a convertir en toda una mañana. O todo un día. Por el camino pasamos por un pueblo que me recuerda a Inglaterra. Pasamos por delante de una casa de campo donde cultivan lavanda. En realidad no es lavanda sino hierba de color lila, pero en mi sueño es lavanda, mi olor favorito. Intento memorizar el lugar donde estamos, la ruta por donde hemos pasado para poder volver, pero no tengo ni idea. Me doy cuenta de que no quiero formar parte de ese proyecto: voy a ver a mis amigas que están más atrás en el autobús y les digo que de haber sabido que aquello iba a ser como la superbowl no hubiese accedido. Les llamo mentirosas. Y me marcho a una casa donde se supone que vivo a charlar por internet con alguien anónimo. De pronto se abre la puerta. Es el portero que me quiere dejar una nota en la puerta. Lleva una escoba y un recogedor rojo y le pregunto cómo ha abierto. Es un sistema centralizado, me dice. La nota dice que alguien se ha quejado de que mi aire acondicionado gotea. Pero yo no tengo aire. El despertador ha sido casi un alivio. Pero me he despertado sintiéndome mal.
A pesar de que fuese un alivio despertarme, por primera vez en muchos meses no me gusta mi trabajo y quiero cambiar. Quiero estar en casa y escuchar música. Quiero dormir siesta. El proyecto se ha acabado y, aunque sigo aquí, ya no tengo oficina ni soy la traductora. Ahora soy la chica que tiene que organizar la biblioteca de la planta. Y los ocho armarios con la documentación han desaparecido del almacén donde estaban. Ahora tengo que encontrarlos.
Me he acostumbrado a dormir con tapones. Al principio me molestaba el pitido que me producían en el oído, pero al menos dormía. Ahora, los días que se me caen acabo entrando y saliendo de un sueño muy poco profundo sin descansar, hasta que me doy cuenta de que no llevo los tapones y me está molestando el ruido. Hace unos días que me hacen daño: me despierto en mitad de la noche y o bien me quito los tapones y no descanso, o sigo con la molestia y tampoco descanso. Un indicador de la calidad de mi descanso es lo bizarro de mis sueños.
Hoy me he despertado a las cuatro y media. Me molestaban los tapones. Me los he quitado momentáneamente pero el ruido del motor era tan fuerte que era insoportable. Además el inquilino de la 201 estaba viendo la tele a todo volumen. Me he levantado. Me he asomado al balcón de mi habitación. Debía de ser una película con banda sonora de violoncelo; la cortina estaba cerrada y no he podido comprobarlo. He considerado tirar pinzas a su ventana para llamarle la atención. Por la tos que se oía parecía un hombre gordo. También he considerado la opción más civilizada de llamar al hotel, o incluso bajar a la calle e ir a la recepción. Al final, de acuerdo con el espíritu un tanto derrotista con el que me encuentro estos días, me he vuelto a poner los tapones. He ido al salón a oscuras. He mirado por el balcón. Una vecina de la plaza estaba rellenando los bebederos que ella misma colocó para la veintena de gatos que viven en las ruinas del circo y que ella misma alimenta. He vuelto a la cama, pero me he sentado en el borde en lugar de tumbarme. Todo me ha parecido una mierda.
Al final me he dormido fantaseando con un abrazo, con no dormir sola aunque sea sólo de vez en cuando.
He soñado. Que dormía con esa persona. Que nos abrazábamos. Y que andaba por el pueblo donde crecí, aunque eran calles ficticias. Iba con mi padre y mirábamos unas casas; yo le llevaba a ver mi casa favorita. Resulta que no existía, aunque yo estaba segura de haber ido a verla varias veces. Lo habré soñado, le decía. Pero era muy bonita y estaba aquí. Ha sido un sueño dentro de un sueño. También accedía a la propuesta de unas amigas de recrear un fragmento de una película pornográfica en vídeo, por diversión. Habíamos quedado en casa de una de ellas. Eramos nueve, creo. Y habían organizado un autobús que de pronto se llena de gente, la mayoría vestidos con bañador, toalla, gorro y gafas de nadador… Por delante de mí pasa un compañero de trabajo sin camiseta y me doy cuenta de que algo falla. Demasiada gente para ser como me habían explicado que sería. Todo el tiempo me pregunto por qué he accedido a recrear una escena pornográfica. Y mientras tanto pienso que yo he avisado en el trabajo de que llegaré un par de horas tarde y es evidente que eso se va a convertir en toda una mañana. O todo un día. Por el camino pasamos por un pueblo que me recuerda a Inglaterra. Pasamos por delante de una casa de campo donde cultivan lavanda. En realidad no es lavanda sino hierba de color lila, pero en mi sueño es lavanda, mi olor favorito. Intento memorizar el lugar donde estamos, la ruta por donde hemos pasado para poder volver, pero no tengo ni idea. Me doy cuenta de que no quiero formar parte de ese proyecto: voy a ver a mis amigas que están más atrás en el autobús y les digo que de haber sabido que aquello iba a ser como la superbowl no hubiese accedido. Les llamo mentirosas. Y me marcho a una casa donde se supone que vivo a charlar por internet con alguien anónimo. De pronto se abre la puerta. Es el portero que me quiere dejar una nota en la puerta. Lleva una escoba y un recogedor rojo y le pregunto cómo ha abierto. Es un sistema centralizado, me dice. La nota dice que alguien se ha quejado de que mi aire acondicionado gotea. Pero yo no tengo aire. El despertador ha sido casi un alivio. Pero me he despertado sintiéndome mal.
A pesar de que fuese un alivio despertarme, por primera vez en muchos meses no me gusta mi trabajo y quiero cambiar. Quiero estar en casa y escuchar música. Quiero dormir siesta. El proyecto se ha acabado y, aunque sigo aquí, ya no tengo oficina ni soy la traductora. Ahora soy la chica que tiene que organizar la biblioteca de la planta. Y los ocho armarios con la documentación han desaparecido del almacén donde estaban. Ahora tengo que encontrarlos.
Comentario:
A veces te sientes genial pegandole un chillido a alguien... Kizá por cambiar, deberías probar esta noche a llamar a recepción, a la policia para q vayan con un aparatito a medir el ruido del frutero y todo lo demás...
Tantos dias de frustación no pueden ser buenos para nadie, y te lo dice la q siempre se calla cuando el perro del vecino me despierta :S Algún día será el que me levante y llame a la puerta de mi querido vecino...
Mientras tanto, a ver si hay suerte esta noche. Besitos!
Tantos dias de frustación no pueden ser buenos para nadie, y te lo dice la q siempre se calla cuando el perro del vecino me despierta :S Algún día será el que me levante y llame a la puerta de mi querido vecino...
Mientras tanto, a ver si hay suerte esta noche. Besitos!
Comentario:
ayer soñe que mi hermana pequeña se liaba con un ex mio(unos 20años mayor que ella).me pase la noche buscando su telefono,para gritarle algun improperio y amenazarlo de muerte, en la agenda del movil sin conseguirlo,casi me se el telefono de memoria (no quiere olvidarseme el muy cabron) pero tampoco podia recordarlo entero.
hay noches en lo que lo mejor que puedes hacer es ponerte una pelicula de amor que sepas como acaba.
hay noches en lo que lo mejor que puedes hacer es ponerte una pelicula de amor que sepas como acaba.
Comentario:
Un sueño pesado, de esos de los que te alegra despertar... Para animarte, tan sólo se me ocurre decir que de aqui dos dias ya no hará calor y que se dejará de usar el aire acondicionado. Por otro lado, busca el rincón más olvidado de la empresa, la documentación seguro que está allí, fijo fijisimo (soy documentalista y sé lo que me digo).
Por lo demás, si no te gusta el trabajo, más vale que busques otra cosa. Es una frase manida, pero estar 40 horas de la semana haciendo algo que no te gusta es una nueva versión de la tortura psicológica occidental...
Por lo demás, si no te gusta el trabajo, más vale que busques otra cosa. Es una frase manida, pero estar 40 horas de la semana haciendo algo que no te gusta es una nueva versión de la tortura psicológica occidental...
Comentario:
Creo que necesitas un estímulo para que actúe como punto de inflexión y lo tienes a huevo: yo le montaba un pollo de cojones a:
a) La frutería, por inclumpir (con toda seguridad) alguna normativa, comenzado por los ruidos nocturnos de los putos motores de la cámara.
b) Al hotel, aunque sólo sea por despertar al gordo de la 201, y así no seas tú la única que no duerme por las noches.
c) A tu jefe por llevar a cabo una clara estrategia de mobbing con intención de que te deprimas, pierdas tu autoestima y te pires (y a punto de conseguirlo está...)
Viva el espíritu combativo!!!
PD: Desgraciadamente, en realidad yo haría lo mismo que tú: cagarme en todo, enervarme y tumbarme en la cama con ojos como platos, mientras mi jefe me putea y el gordo se duerme. En fin, es fácil decirlo y dificil hacerlo.
a) La frutería, por inclumpir (con toda seguridad) alguna normativa, comenzado por los ruidos nocturnos de los putos motores de la cámara.
b) Al hotel, aunque sólo sea por despertar al gordo de la 201, y así no seas tú la única que no duerme por las noches.
c) A tu jefe por llevar a cabo una clara estrategia de mobbing con intención de que te deprimas, pierdas tu autoestima y te pires (y a punto de conseguirlo está...)
Viva el espíritu combativo!!!
PD: Desgraciadamente, en realidad yo haría lo mismo que tú: cagarme en todo, enervarme y tumbarme en la cama con ojos como platos, mientras mi jefe me putea y el gordo se duerme. En fin, es fácil decirlo y dificil hacerlo.
Comentario:
Lo mejor es comprobar, que despues de todo, aun estas de humor para frases largas.
Comentario:
Si te subes a un autobus y tus amigas se ponen detras y tu delante no te vas a terminar de hacer lesbiana nunca.
Comentario:
Yo pensaría que el calor que está haciendo te está influyendo en tu descanso. Como te obsesiones con los ruidos te puedes pasar la noche en vela sin ser como la de Guaraná.
En fin a ver si vuelve a interesarte el trabajo y con el cansancio del mismo y que empiece a refrescar por la noche consigues conciliar el sueño.
Yo ilusionado con la compra de mi nueva moto (la acabo de encargar y me la dan en una semana) así que a daros un poquito de enviada a ti y a los que lo lean. (no hay problemma e invito a un paseo).
Besos.
En fin a ver si vuelve a interesarte el trabajo y con el cansancio del mismo y que empiece a refrescar por la noche consigues conciliar el sueño.
Yo ilusionado con la compra de mi nueva moto (la acabo de encargar y me la dan en una semana) así que a daros un poquito de enviada a ti y a los que lo lean. (no hay problemma e invito a un paseo).
Besos.





