Otra vez desde la oficina
Mi compañero de trabajo que amablemente me cedió su password para que accediera a internet, la ha vuelto a cambiar y esta vez ya me da vergüenza pedírsela. Así que vuelvo a estar incomunicada. Además, no sé cómo, de pronto me he quitado de encima gran parte del trabajo que tenía acumulado y ahora mismo estoy sin mucho que hacer, fingiendo, por la cuenta que me trae, estar tan ocupada como siempre.
Tengo cierta tendencia a aceptar a la gente tal y como es. Pero hay cosas que me dan una rabia profunda. Entre ellas varias de las que hace una compañera de la oficina: decir que tiene muchísimo trabajo cuando todos sabemos que no es así; tirarme indirectas/puñaladas traperas porque no le he invitado personalmente a salir un viernes por la noche (le dije que yo siempre estaba en el mismo sitio, que puede venir cuando quiera); ser celosa a pesar de estar casada (un día anuló una comida con unos excompañeros suyos por no dejarme sola con un compañero de oficina); venir a trabajar a una planta con minifalda y medias de rejilla; flirtear a lo loco con cualquier viajante, proveedor o jefe que aparezca por aquí y que ella considere que es importante (hace un rato le he oído quedar con un comercial que viene a la planta en un Jaguar); pasarse la mañana sin sonreírle a nadie ni moverse de la silla hasta que llega en del Jaguar y entonces tomarse un café con él (aunque ya lleve dos o tres, debe tener el estómago fatal), apoyada en una esquina sonriendo como una boba; etc, etc. No puedo con estas cosas.
Acabo de descubrir que no hace falta que le pida el password a mi compañero. Lo he adivinado. Pero ahora me sabe mal utilizarlo.
Esta semana me han hecho un regalo muy extraño. Uno de mis compañeros canadienses me ha regalado un estropajo para fregar los platos que ha tejido su cuñada. Está hecho de una especie de redecilla y tejido con una aguja de ganchillo. Es redondo y de color verde y parece la copa de uno de los árboles que ponen en las maquetas de las inmobiliarias. Me gusta. No quiero usarlo para fregar platos. Lo voy a guardar aquí con la tuerca que me trajeron de la planta, el haba del roscón de reyes y las pegatinas de las manzanas y las naranjas que me trae Santi del comedor. A veces me las pega sobre el nombre, en la pizarra que hay al entrar en la oficina, pero luego viene el de seguridad y las quita.
Hoy he leído en un flog cosas con las que me siento muy identificada. Es uno que visito amenudo y casi siempre hay algo que conecta con mi manera de sentir. De hecho, son sentimientos que comparto, pero que procuro evitar. O ignorar. Me hacen sentir tonta, indulgente, absurda. Sin embargo cuando esta persona habla de los mismos sentimientos que yo tengo, éstos tienen sentido, razón de ser y validez. Una persona que me quiere me dijo recientemente que aparento dureza pero mis sentimientos me traicionan. Otra me dijo que soy increíblemente racional y práctica con mis sentimientos. Yo no intento ninguna de las dos cosas, sólo procuro que no me vaya demasiado mal: no tropezar demasiadas veces, aprender de las cosas que me pasan, no hacerme ilusiones donde no las hay. Pero lo cierto es que vuelvo a estar en el mismo sitio donde he estado tantas veces, como si estuviera sentada en la puerta de algún sitio, viendo entrar y salir a la gente, saludando y sin poder entrar. Sólo que esta vez además estoy enfadada conmigo misma, porque, como de costumbre, no he podido evitar llegar aquí. Hasta me aburre hablar de ello aunque lo tenga siempre en la cabeza.
La compañera de trabajo de la que hablaba antes se ha ido a comer con el del jaguar. Las miradas de mis otros dos compañeros han sido divertidísimas. No doy crédito. No-doy-cré-di-to.
A pesar de estar de un humor lastimoso, esta semana he conseguido ocuparme de algunas cosas que tenía atrasadas: por fin he arreglado el retrovisor del coche, que hace meses que me lo dejaron colgando del cable y lo llevaba pegado con cinta de secuestrador. Se rompió por un sitio que hacía difícil sujetarlo con cinta, así que periódicamente tenía que renovarlo. He gastado casi un rollo entero de cinta y llegó un momento que las capas nuevas ya no pegaban de tanto adhesivo seco que se había quedado pegado en la puerta del coche. Descubrí que una manera de hacer que aguantara más era abrir la puerta y hacer llegar la cinta hasta el interior de la puerta, que como aún no tenía una capa de pegamento seco, aún ofrecía adherencia. Así conseguí tener que cambiar la cinta cada cuatro días en lugar de cada dos, pero al final sólo se aguantaba por la parte de dentro y cada vez colgaba más. Parecía la oreja de un perro de esos de orejas grandes y caídas. Como si estuviera triste. Pero ayer ya lo solucioné, me ha costado un pastón por un espejo genérico que ni siquiera va a conjunto con el otro, pero ya no tendré que parar por la calle a ponerle más cinta antes de que se me caiga a mitad de camino.
También he pedido que me arreglen el enchufe e interruptor que se estropeó hace todavía más meses. El motivo principal fue tuvo que venir el lampista a arreglar el calentador para que dejasen de saltarme los plomos y así aproveché. Me cambiaron la resistencia del calentador y de momento no me han cobrado nada porque está pendiente lo del enchufe, pero menos mal, porque anoche hacía un ruido burbujeante bastante raro que me hizo desenchufarlo, así que tendré que volver a avisarles. Además he pedido hora para pasar la ITV y he preguntado el precio del cambio de aceite. Y para colmo también he pedido el borrador de la declaración de la renta, aunque no sé si lo he hecho bien porque el año pasado lo pedí y nunca llegó nada (a parte de que no recuerdo si lo que me pidió mi banquero particular el año pasado era el borrador o los datos fiscales…). Y aún con todo, eso sólo es parte de las cosas que tengo/tenía pendientes. Vaya desastre. Los hay que hasta creen que es parte de mi encanto. Yo creo que ya está bien.
He interrogado a mi compañera. Se había traído comida y le he preguntado que por qué, si se iba a comer fuera. Dice que no era seguro y que ha ido con los excompañeros con los que iba antes. Aha. Pero que ha ido a comer algo rápido, porque entre que cojes el coche y bla, bla, bla. No puedo resistir dar la oportunidad de que me mientan y ver cómo se van inventando las cosas. Le he oído quedar con el comercial!! Sigo sin dar crédito.
Me han mandado trabajo. Enviaré esto más tarde desde casa.
Tengo cierta tendencia a aceptar a la gente tal y como es. Pero hay cosas que me dan una rabia profunda. Entre ellas varias de las que hace una compañera de la oficina: decir que tiene muchísimo trabajo cuando todos sabemos que no es así; tirarme indirectas/puñaladas traperas porque no le he invitado personalmente a salir un viernes por la noche (le dije que yo siempre estaba en el mismo sitio, que puede venir cuando quiera); ser celosa a pesar de estar casada (un día anuló una comida con unos excompañeros suyos por no dejarme sola con un compañero de oficina); venir a trabajar a una planta con minifalda y medias de rejilla; flirtear a lo loco con cualquier viajante, proveedor o jefe que aparezca por aquí y que ella considere que es importante (hace un rato le he oído quedar con un comercial que viene a la planta en un Jaguar); pasarse la mañana sin sonreírle a nadie ni moverse de la silla hasta que llega en del Jaguar y entonces tomarse un café con él (aunque ya lleve dos o tres, debe tener el estómago fatal), apoyada en una esquina sonriendo como una boba; etc, etc. No puedo con estas cosas.
Acabo de descubrir que no hace falta que le pida el password a mi compañero. Lo he adivinado. Pero ahora me sabe mal utilizarlo.
Esta semana me han hecho un regalo muy extraño. Uno de mis compañeros canadienses me ha regalado un estropajo para fregar los platos que ha tejido su cuñada. Está hecho de una especie de redecilla y tejido con una aguja de ganchillo. Es redondo y de color verde y parece la copa de uno de los árboles que ponen en las maquetas de las inmobiliarias. Me gusta. No quiero usarlo para fregar platos. Lo voy a guardar aquí con la tuerca que me trajeron de la planta, el haba del roscón de reyes y las pegatinas de las manzanas y las naranjas que me trae Santi del comedor. A veces me las pega sobre el nombre, en la pizarra que hay al entrar en la oficina, pero luego viene el de seguridad y las quita.
Hoy he leído en un flog cosas con las que me siento muy identificada. Es uno que visito amenudo y casi siempre hay algo que conecta con mi manera de sentir. De hecho, son sentimientos que comparto, pero que procuro evitar. O ignorar. Me hacen sentir tonta, indulgente, absurda. Sin embargo cuando esta persona habla de los mismos sentimientos que yo tengo, éstos tienen sentido, razón de ser y validez. Una persona que me quiere me dijo recientemente que aparento dureza pero mis sentimientos me traicionan. Otra me dijo que soy increíblemente racional y práctica con mis sentimientos. Yo no intento ninguna de las dos cosas, sólo procuro que no me vaya demasiado mal: no tropezar demasiadas veces, aprender de las cosas que me pasan, no hacerme ilusiones donde no las hay. Pero lo cierto es que vuelvo a estar en el mismo sitio donde he estado tantas veces, como si estuviera sentada en la puerta de algún sitio, viendo entrar y salir a la gente, saludando y sin poder entrar. Sólo que esta vez además estoy enfadada conmigo misma, porque, como de costumbre, no he podido evitar llegar aquí. Hasta me aburre hablar de ello aunque lo tenga siempre en la cabeza.
La compañera de trabajo de la que hablaba antes se ha ido a comer con el del jaguar. Las miradas de mis otros dos compañeros han sido divertidísimas. No doy crédito. No-doy-cré-di-to.
A pesar de estar de un humor lastimoso, esta semana he conseguido ocuparme de algunas cosas que tenía atrasadas: por fin he arreglado el retrovisor del coche, que hace meses que me lo dejaron colgando del cable y lo llevaba pegado con cinta de secuestrador. Se rompió por un sitio que hacía difícil sujetarlo con cinta, así que periódicamente tenía que renovarlo. He gastado casi un rollo entero de cinta y llegó un momento que las capas nuevas ya no pegaban de tanto adhesivo seco que se había quedado pegado en la puerta del coche. Descubrí que una manera de hacer que aguantara más era abrir la puerta y hacer llegar la cinta hasta el interior de la puerta, que como aún no tenía una capa de pegamento seco, aún ofrecía adherencia. Así conseguí tener que cambiar la cinta cada cuatro días en lugar de cada dos, pero al final sólo se aguantaba por la parte de dentro y cada vez colgaba más. Parecía la oreja de un perro de esos de orejas grandes y caídas. Como si estuviera triste. Pero ayer ya lo solucioné, me ha costado un pastón por un espejo genérico que ni siquiera va a conjunto con el otro, pero ya no tendré que parar por la calle a ponerle más cinta antes de que se me caiga a mitad de camino.
También he pedido que me arreglen el enchufe e interruptor que se estropeó hace todavía más meses. El motivo principal fue tuvo que venir el lampista a arreglar el calentador para que dejasen de saltarme los plomos y así aproveché. Me cambiaron la resistencia del calentador y de momento no me han cobrado nada porque está pendiente lo del enchufe, pero menos mal, porque anoche hacía un ruido burbujeante bastante raro que me hizo desenchufarlo, así que tendré que volver a avisarles. Además he pedido hora para pasar la ITV y he preguntado el precio del cambio de aceite. Y para colmo también he pedido el borrador de la declaración de la renta, aunque no sé si lo he hecho bien porque el año pasado lo pedí y nunca llegó nada (a parte de que no recuerdo si lo que me pidió mi banquero particular el año pasado era el borrador o los datos fiscales…). Y aún con todo, eso sólo es parte de las cosas que tengo/tenía pendientes. Vaya desastre. Los hay que hasta creen que es parte de mi encanto. Yo creo que ya está bien.
He interrogado a mi compañera. Se había traído comida y le he preguntado que por qué, si se iba a comer fuera. Dice que no era seguro y que ha ido con los excompañeros con los que iba antes. Aha. Pero que ha ido a comer algo rápido, porque entre que cojes el coche y bla, bla, bla. No puedo resistir dar la oportunidad de que me mientan y ver cómo se van inventando las cosas. Le he oído quedar con el comercial!! Sigo sin dar crédito.
Me han mandado trabajo. Enviaré esto más tarde desde casa.
Comentario:
Hola Maia, estuve un tiempo desconectado de internet y no he podido leerte con la frecuencia de antes.
Aunque he observado que tampoco escribes con la misma frecuencia que hace meses.
Bueno, te quería comentar, para otra ocasión, que si tienes el espejo u otra pieza del coche rota que es cara y dificil de cambiar (por el dinero). Te plantees visitar un desguace.
Mi retrovisor se rompió (tengo un clio), y en el desguace encontré hasta retrovisores para elegir ¡¡y muy baratos!!.
Un beso y suerte Maia. :)
Aunque he observado que tampoco escribes con la misma frecuencia que hace meses.
Bueno, te quería comentar, para otra ocasión, que si tienes el espejo u otra pieza del coche rota que es cara y dificil de cambiar (por el dinero). Te plantees visitar un desguace.
Mi retrovisor se rompió (tengo un clio), y en el desguace encontré hasta retrovisores para elegir ¡¡y muy baratos!!.
Un beso y suerte Maia. :)
Comentario:
Hola Maia, estuve un tiempo desconectado de internet y no he podido leerte con la frecuencia de antes.
Aunque he observado que tampoco escribes con la misma frecuencia que hace meses.
Bueno, te quería comentar, para otra ocasión, que si tienes el espejo u otra pieza del coche rota que es cara y dificil de cambiar (por el dinero). Te plantees visitar un desguace.
Mi retrovisor se rompió (tengo un clio), y en el desguace encontré hasta retrovisores para elegir ¡¡y muy baratos!!.
Un beso y suerte Maia. :)
Aunque he observado que tampoco escribes con la misma frecuencia que hace meses.
Bueno, te quería comentar, para otra ocasión, que si tienes el espejo u otra pieza del coche rota que es cara y dificil de cambiar (por el dinero). Te plantees visitar un desguace.
Mi retrovisor se rompió (tengo un clio), y en el desguace encontré hasta retrovisores para elegir ¡¡y muy baratos!!.
Un beso y suerte Maia. :)
Comentario:
Mi padre ha estado un año con el espejo retrovisor izquierdo roto, el día q se lo rompieron fue al taller y le puso encima un trozo de espejo para salir del paso, y ha durado un año. El nuevo le ha costado 35 euros, poca cosa contando q los toyota para los recambios son una ruina, nunca tanto como bmw
Comentario:
Yo también recopilo las cosas pendientes, hago listas que se reproducen ellas mismas con sus mecanismos, y es que una tarea pendiente me genera 5 más y así, es como nos tienen entretenidos en España, y luego hay seres a las que se lo soluciona su conyuge, madre, padre, y que dedican sus esfuerzos en almorzar con uno con un jaguar.





