Camarera, camarerita...
A veces me siento un poco como Antonio Machín, tengo debilidad por las camareras de la cafetería que hay detrás de casa.
Hace años que voy esporádicamente. Por norma solía ir sólo a sitios en los que sirvieran tónica schweppes y allí tienen la otra, la que es demasiado dulce y casi no tiene gas. Pero desde que bebo café (que no hace ni dos años) voy casi cada día. A veces incluso dos veces. Indudablemente soy asídua porque sirven el mejor café que yo he probado en la zona, pero las camareras tienen también mucho que ver. Desde el verano pasado han habido varias que me han hecho ser fiel al sitio.
Creo que la primera fue Rosa. Una cordobesa de sonrisa blanquísima y ojos rasgados con la que iba a charlar y a pasar el rato. Como le entretenía los ratos muertos, me invitaba a los cafés. También me gustaba ir cuando trabajaba Eva porque me hacía capuccinos maravillosos, tiene los ojos preciosos y me encantaba lo tímida que parecía. Después llegó Gracia, una estudiante italiana que no hacía los cafés demasiado bien, pero me encantaba. Nunca hablé con ella en la cafetería, pero me crucé con ella en la calle el día siguiente de que acabase de trabajar y empezamos a hablar, fuimos a tomar cañas y acabamos yendo a una feria de artesanía juntas. Eran sus últimos días en Tarragona y no volví a verla más que un momento en una verbena, eran fiestas, y entre toda la gente me
permití el lujo de darle un beso en los labios como despedida. Este invierno trabajó allí Rosario, mi ex-compañera de piso, a quien echo de menos. Ella se acordaba siempre de que me gusta el café con leche con espuma y que sólo necesito un azucarillo; cuando no estaba el jefe me invitaba, "aprovéchate tonta, luego me haces la cena". Rosario volvía a casa con todas las sobras: bocadillos de los desayunos (que luego congelaba), donuts, croissants, madalenas... y luego pretendía que me lo comiera todo yo. Cuando ella se marchó le sustituyó Meritxell, que no es muy guapa, pero sonríe muy bien y se le
iluminan los ojos cuando lo hace. Ella también sabe cómo me gustan los cafés y cuando dejó la cafetería para irse a otro sitio la eché de menos. A Meritxell le sustituyó Cristina, una amiga suya con la que también me gusta charlar y que muy a pesar de parecer tímida siempre me sonríe y me pregunta si todo va bien. Pero ahora Meritxell ha vuelto y sigue acordándose de que mi café con leche es con mucha espuma. Siempre me pregunta qué tal estoy y nos sonreímos. El otro día me preguntó que si me gustaba el cacao. Le dije que sí y me cubrió la espuma del café... Le pregunté que si me quería, que ya nadie me los hacía así. Me contestó que era para que viniese cada día. "Ya vengo cada día", y le guiñé el ojo. Mi amigo, a quien también le gusta mirar a Meritxell, me regañó por flirtear delante de él. Ayer, cuando me marchaba, le dije que hasta luego. Ella me contestó "Hasta mañana. Porque vendrás mañana, no?"
¿Cómo no voy a ir hoy?

Hace años que voy esporádicamente. Por norma solía ir sólo a sitios en los que sirvieran tónica schweppes y allí tienen la otra, la que es demasiado dulce y casi no tiene gas. Pero desde que bebo café (que no hace ni dos años) voy casi cada día. A veces incluso dos veces. Indudablemente soy asídua porque sirven el mejor café que yo he probado en la zona, pero las camareras tienen también mucho que ver. Desde el verano pasado han habido varias que me han hecho ser fiel al sitio.
Creo que la primera fue Rosa. Una cordobesa de sonrisa blanquísima y ojos rasgados con la que iba a charlar y a pasar el rato. Como le entretenía los ratos muertos, me invitaba a los cafés. También me gustaba ir cuando trabajaba Eva porque me hacía capuccinos maravillosos, tiene los ojos preciosos y me encantaba lo tímida que parecía. Después llegó Gracia, una estudiante italiana que no hacía los cafés demasiado bien, pero me encantaba. Nunca hablé con ella en la cafetería, pero me crucé con ella en la calle el día siguiente de que acabase de trabajar y empezamos a hablar, fuimos a tomar cañas y acabamos yendo a una feria de artesanía juntas. Eran sus últimos días en Tarragona y no volví a verla más que un momento en una verbena, eran fiestas, y entre toda la gente me
permití el lujo de darle un beso en los labios como despedida. Este invierno trabajó allí Rosario, mi ex-compañera de piso, a quien echo de menos. Ella se acordaba siempre de que me gusta el café con leche con espuma y que sólo necesito un azucarillo; cuando no estaba el jefe me invitaba, "aprovéchate tonta, luego me haces la cena". Rosario volvía a casa con todas las sobras: bocadillos de los desayunos (que luego congelaba), donuts, croissants, madalenas... y luego pretendía que me lo comiera todo yo. Cuando ella se marchó le sustituyó Meritxell, que no es muy guapa, pero sonríe muy bien y se le
iluminan los ojos cuando lo hace. Ella también sabe cómo me gustan los cafés y cuando dejó la cafetería para irse a otro sitio la eché de menos. A Meritxell le sustituyó Cristina, una amiga suya con la que también me gusta charlar y que muy a pesar de parecer tímida siempre me sonríe y me pregunta si todo va bien. Pero ahora Meritxell ha vuelto y sigue acordándose de que mi café con leche es con mucha espuma. Siempre me pregunta qué tal estoy y nos sonreímos. El otro día me preguntó que si me gustaba el cacao. Le dije que sí y me cubrió la espuma del café... Le pregunté que si me quería, que ya nadie me los hacía así. Me contestó que era para que viniese cada día. "Ya vengo cada día", y le guiñé el ojo. Mi amigo, a quien también le gusta mirar a Meritxell, me regañó por flirtear delante de él. Ayer, cuando me marchaba, le dije que hasta luego. Ella me contestó "Hasta mañana. Porque vendrás mañana, no?"
¿Cómo no voy a ir hoy?

Comentario:
Osiris: verdad qeu sí?
Moe: Y si son las camareras las que te dan palique?
Gas Natural: Por supuesto!
Arnand37: Mucho mejor que tristes y sin espuma, no?
Fabu: Bienvenida!!
Dignalo: Marchando!
La Miss: A mí el café no me quita el sueño... y las lentillas bien, me estoy acostumbrando a llevarlas, aunque mucha gente opina que debería seguir con las gafas.
Moe: Y si son las camareras las que te dan palique?
Gas Natural: Por supuesto!
Arnand37: Mucho mejor que tristes y sin espuma, no?
Fabu: Bienvenida!!
Dignalo: Marchando!
La Miss: A mí el café no me quita el sueño... y las lentillas bien, me estoy acostumbrando a llevarlas, aunque mucha gente opina que debería seguir con las gafas.
Comentario:
Jolines pues si el cafe no te deja dormir como a mi que por eso no lo tomo y las camareras tanpoco pues terminaras agotada :) y que como te van las lentillas?
Comentario:
Aissssssssss, uno doble que me muero de sueño!!!!!!!!!
Besos de la familia
Besos de la familia
Comentario:
primera de muchas futuras visitas. me ha encantao como escribes. por cierto, me he tomao mas de un café sólo por ver al camarero de turno ;)
yours
yours
Comentario:
Me encanta un buen café con espuma... Disfrútalos
Comentario:
Supongo que yo la mejor, no? Esos cafecitos... Yo también te echo de menos, loca.
Te llamo en breve.
Te llamo en breve.
Comentario:
es muy cruel lo de ligar con camarer@s...no pueden escaparse y tienen que ser amables...De todas formas que rico el café con espuma :)
Comentario:
Vaya, así cualquiera va a tomar café...





