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Aunque no estoy ultrabuena, molo mil... ¡y además soy buena cocinera! Tengo sentido del humor y no hago faltas de horgotrafia (eso dice mucho de una persona).
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(He pasado la mañana escribiendo esto)
Mañana me voy unos días a Inglaterra.

Voy a ver a mi amiga Emma, a la que hace casi dos años que no veo y será la primera vez que regrese al sitio donde viví cuatro años desde que rompí con Jason. Aunque tengo muchas ganas, pueden ser unos días extraños. Sólo estaré cinco noches y ya tengo demasiados planes y mucha gente a quien ver.

Siendo la nostálgica sentimental que soy, tengo muchas ganas de pasear por Barnsley. Nunca me ha parecido nada especial, pero me hará gracia ver las cosas que han cambiado y lo que sigue igual. Me asomaré a la ventana de mi antigua casa e iré a ver si encuentro a algún ex-compañero de trabajo. Iré a ver si todavía está abierto el vegetariano donde hacían la mejor tarta de queso y me daré una vuelta por donde vivía a ver si Tango, el gato tuerto de mi vecino todavía está por allí. Su dueño dejó de hablarnos porque nos encontramos al gato atropellado en medio de la carretera y lo llevamos al veterinario. Le tuvieron que extirpar el ojo y supongo que la factura fue importante. Probablemente pensó que lo habíamos atropellado nosotros y le habíamos dejado con el marrón, cuando en realidad lo habíamos rescatado. Me daré una vuelta por el mercado y me fijaré en de qué tortura de la moda son víctimas ahora las chicas de piel transparente y rodillas moradas que se saltan las clases para ir a ver tiendas. Parece que no tengan espejos en las casas, de tanta barriga expuesta que se escapaba a los tops de lycra. Iré a ver si hay dvds baratos de las series de televisión que me gustaban. Una tarde iré a un fish&chips a comer patatas fritas. De las chicas de Barnsley dicen que sabes cuando han tenido un orgasmo porque se les caen las patatas. Otro día iré a cenar al indio al que solía ir. Los curries son de las cosas que hecho de menos. Procuraré pasarme por el italiano donde trabajé de camarera: los mejores canelones de carne y espinacas que he probado, si todavía está Steve en la cocina. También iré al pub a beber Guinness... Se me hace la boca agua. Seguramente me tendré que comprar un paraguas; no tengo ni idea de dónde está el mío y demasiada suerte sería no necesitar uno en los cinco días. Me preguntaré si Kate ha vuelto a abrir una librería y en si hay alguna posibilidad de encontrarme con ella por casualidad. Ya no tengo su número de teléfono y después de tantos años lo más probable es que no tenga ningún interés en ver a la ex de su ex. Iré a hacer algunas compras a Asda: té, queso Cheddar, Marmite, crumpets. De la carnicería del padre de Emma traeré salchichas y ternera en salmuera para mi madre, Ryanair me hará pagar por exceso de equipaje a la vuelta. Seguro que engordo.

Barnsley no es un sitio genial. Más bien es una mierda, pero llegué a sentir que era mi casa. Allí tenía mi vida y a quien era mi amor. Luego todo cambió, por supuesto, pero sigo pensando en el sitio con cariño. Jamás he estado en ningún otro lugar en el que haya tanta gente con aspecto de retrasado mental de tanta consanguinización. Los niveles de paro y criminalidad también son altos, igual que lo son los índices de enfermedades coronarias y embarazos juveniles no deseados. Para los que quieran una imagen mental pueden pensar en The Full Monty, ambientada en Sheffield, a tan solo 30km de distancia. Sucia, gris y con un pasado industrial que ha dejado generaciones de desempleados. En el caso de Barnsley se trata de una ciudad ex-minera. Si alguien recuerda la película Brassed Off (Soplando al Viento) con Ewan McGregor, la película trata del cierre de una de las minas de Barnsley y fue filmada allí. La menos conocida Kes de Ken Loach también fue filmada allí. Curiosamente, pese a ser una mierda de sitio, varias personas conocidas han salido de la ciudad: Darren Gough y Dickie Bird (para los posibles fans del Cricket), el actor Brian Glover (ex profesor/luchador de lucha libre) y Joanne Harris, la autora de Chocolat entre otros. Cuando yo vivía allí sólo salía el sol los domingos y me harté de ver yonquis de 18 años pidiendo una libra “prestada” para el autobús, a críos llorando con los mocos colgando hasta la barbilla y tatuajes carceleros en las manos y el cuello de los tipos que hay por la calle. El primer negro que fue a vivir a Barnsley seguía vivo cuando me mudé de vuelta a Tarragona y a no ser que haya cambiado la cosa, la cantidad de inmigrantes que viven allí es mínima, con la excepción de los estudiantes.

Este ambiente deprimente que curan con pintas de cerveza es la leche que mamaron la gente de Pulp, Arctic Monkeys, the Long Blondes, etc. Todo bandas de Sheffield, sí, a 30 km de distancia, pero más de lo mismo. La gente se preguntará de dónde viene el cinismo, acidez y oscuridad del humor inglés. Yo sé de dónde viene.

Sigo con ganas de ir.

No sé del todo bien como está mi amiga; es una chica tremendamente fuerte, pero en el último par de años ha pasado por una serie de cosas horribles, así que espero poder compensar por todo el tiempo que no he estado con ella. Iremos al cine, a dar una vuelta en coche por el campo, a comer fuera, a beber cerveza y le daré muchos besos y abrazos. Le voy a llevar aceite de oliva, que le hará mucha ilusión. Hemos quedado que veremos a Sinead, que parece que se ha salido un poco de madre y queremos saber cómo está. Sinead es la hija de Mel, la mujer de Andy, el hermano de mi ex, Jason. Para acortar, me refiero a ella como mi sobrina porque yo era su tía Maia. Cuando me marché ella tenía 12 años y teníamos muy buena relación, principalmente porque yo era de las pocas personas que le trataba como a una persona normal y no como a una imbécil y le llevaba a museos y a hacer cosas. Ahora que tiene 17 parece que se han puesto las cosas difíciles y no aparece nunca por casa. Le han echado del instituto (a pesar de que era de las mejores de clase) por mal comportamiento y trabaja en un call center. Mel le explicó a Emma que llega a casa del trabajo y se marcha al momento, llega de madrugada, duerme en la ropa del trabajo y por la mañana se pone más lápiz de ojos y se vuelve a marchar. Hace un tiempo le encontró en la cama con lo que pensaba que era un chico; cuando bajaron al salón vio que era una chica. Le preguntó por el nombre: Bollera 1; según le dijo la cuenta de se extiende a bollera 2 y bollera 3. En la chaqueta lleva la leyenda “I eat pussy”. Me tengo que enterar mejor de todo esto. Mel, que tuvo a Sinead con 18 años, por fin tiene la hija que quería: una niña que no le haga sentir inferior, que no le haga pensar que es mejor que ella. Sólo que ahora no sabe qué hacer con ella. Espero que tenga ganas de ver a su tía.

Con un poco de suerte, podré pasar un buen rato a solas con Scott, el único amigo que hice en la universidad. Digo “con un poco de suerte” porque al principio de su relación cometió el error de contarle a su novia que estuvo enamorado de mí (de lo que yo me enteré años tarde) y ahora cada vez que me menciona le dan terribles ataques de cuernos ficticios. Scott, que no sabe bien cómo manejar la situación, me dijo “nos sentaremos en casa a tomar una taza de té y lo arregláis entre vosotras”. Es curioso cómo en Inglaterra se arregla todo con una taza de té. Con ayuda de infusiones o no, yo no tengo nada que arreglar. La chica tiene celos de alguien a quien ni siquiera conoce, ¿cómo puedo explicarle que hace tres años que no veo a mi queridísimo amigo y que tengo ganas de irme a tomar unas cervezas con él pero que no tiene nada de qué preocuparse? Que se lo cuente él. Yo procuraré desplegar mi encanto. Desafortunadamente tengo algo de práctica en ser encantadora con las novias y mujeres de mis amigos: siempre han tenido celos aunque no sé por qué.

Seguramente no podré ver a Tracey porque no tengo su teléfono. La primera vez que le vi pensé que era un hombre y le recuerdo con mucho cariño. Supongo que ella a mí también. También querría ver a David, que de no haber sido la novia de su amigo, bien me hubiese tirado los trastos, y a la abuela de Jason que siempre se reía con mi manera de hablar y llamar a las cosas por su nombre. Pensé incluso en visitar a sus padres, pero el inconveniente es que viven a una hora y media de Barnsley y mi ex y su novia trabajan con ellos en el mismo restaurante. Sin contar con que no tengo ni idea de si tendrán ganas de verme o no. Deseché la idea hace unas semanas. Tampoco podré ver a mi querido amigo Rob: la hermana de Jason (esposa trofeo de mi amigo) consiguió que le concediera la vida de princesa para la que nació y se marcharon a vivir al Caribe. Y creo que no me dejo a nadie.

Esta tarde tengo que prepararlo todo. Siempre me pongo nerviosa antes de viajar. Será “divertido” intentar que la ropa necesaria para no pasar frío en el norte de Inglaterra durante cinco días pese menos de los 15kg que me permite Ryanair, contando con el peso de la maleta. El otro día me prometí que, de ahora en adelante, debería procurar ir como mínimo una vez al año. Así, la próxima vez que vaya, la agenda estará algo menos apretada.

Saludad a los Reyes Magos de mi parte.