logotipo

img_google
Te lo juro por ikea
Abierto 24 horas
Acerca de
Aunque no estoy ultrabuena, molo mil... ¡y además soy buena cocinera! Tengo sentido del humor y no hago faltas de horgotrafia (eso dice mucho de una persona).
Sindicación
 
Cuentas
Tengo 30 años. En septiembre serán 31
Me fui de casa hace casi 9 años, el día después de cumplir 22
He vivido en pareja 6 años: dos en Inglaterra y el resto aquí
He vivido sola casi dos años, aunque ahora me acompaña mi hermana
Tengo un coche que este año he acabado de pagar
Tengo un contrato de alquiler y facturas a mi nombre
He pedido y pagado créditos
He alquilado una plaza de aparcamiento cerca de casa
He hecho varias mudanzas, incluyendo una internacional
Me he enamorado varias veces, casi siempre de imposibles
He pagado mucho dinero a hacienda
He dependido de mi tarjeta VISA
He vuelto a llevarme bien con mi hermana
He tenido ganas de casarme
Me he hecho pruebas de embarazo
He sentido tanto alivio como desilusión al ver el resultado negativo
He sido propietaria de una casa (pequeña, pero mi casa)
He trabajado de traductora, guía de excursiones, profesora de castellano, administrativa, oficial de ayuda al estudiante extranjero, camarera, ayudante de producción, pizzera, canguro…
He comprobado que la buena suerte hay que buscarla porque la mala te encuentra sola
He acumulado un total de ocho años en la universidad y voy a por otro Master más
He estudiado y trabajado al mismo tiempo
Me he divertido mucho, pero a destiempo de mis antiguos amigos
He follado sin amor y también he amado sin follar
He dejado que se me vean las canas sin importarme
...

Y todavía me miro y me siento muy cría.



 
Julia
Julia tiene la costumbre cuando estoy despistada de subirse a la barandilla del balcón. También suele sacar la cabeza entre los barrotes para mirar a los gatos de la plaza o a la gente que pasa por debajo del balcón.

El otro día la ví salir pero no le presté atención. Últimamente no se sube mucho a la barandilla, así qeu no me preocupo mucho (hace tres años se cayó de un cuarto y se partió la mandíbula). Al rato salí yo al balcón, la gata de los vecinos maullaba insistentemente y quería ver qué pasaba. Julia no estaba en el balcón. Me asomé y ví un gato pequeño gris andando por la plaza.

Llamé a mi hermana "que la Julia está en la calle!!". Me fui para la puerta pero me acordé de que no llevaba llaves. Sólo falta que me siga mi hermana y nos quedemos encerradas fuera. Cojí las llaves mientras se asomaba mi hermana. "Corre tonta,baja". Mi hermana se metió para dentro, yo bajé corriendo en zapatillas, salí a la calle y me quedé plantada en medio de la plaza. Me giro. Sale mi hermana al balcón. "Está en tu cuarto...". Y yo como una boba en la calle, pensando que mi gata había saltado a la calle desde un primero con entresuelo.

Después nos reímos un rato explicándolo.
 
Pan y circo
La semana pasada el operador de las proposiciones (in)decentes me traía el actimel del desayuno. De hecho llegué a acumular nueve en tres días, pero esa es otra historia que no interesa ahora. El tema es que venía, charlaba un rato conmigo y después se marchaba a abrir y cerrar válvulas, secar circuitos y cosas de esas.

El primer día que vino yo estaba sentada en mi despacho. Cuando llegó se puso detrás mío y yo giré la silla para no darle la espalda. Me dio los actimeles y charlamos un poco de alguna chorrada. Está obsesionado con los descuentos, así que sería algo así. O de su moto nueva, no recuerdo. Nunca hablamos de nada muy interesante. Lo importante es que yo estaba sentada y él estaba de pie delante de mí y yo le miraba, claro. No soy nada fetichista con los uniformes, pero este chico mejora notablemente en ropa de trabajo: con su ropa normal es empalagosamente pijo y le quita mucho encanto. Por culpa del casco tampoco se pone gomina: otro acierto. Así que yo sentada en mi silla y él de pie delante de mí, charlando sin más.

Y de pronto la parte del cuerpo de este chico que me queda más a la altura de la vista cambia de estado. Pasa de estado discreto a imposible de ignorar. Te lo juro por ikea.

¿Y qué haces en una situación así? ¡Con alguien que te propuso encerrarte en el lavabo de la oficina con él! (aunque luego se rajara). Dios, fue la semana en la que he estado menos concentrada de la historia de mi vida laboral… ¿Qué haces? ¿Le dices a la tercera persona que está en ese momento en la oficina que te vaya a buscar una burbuja para un nivel o un destornillador para zurdos y corres a cerrar la puerta con llave? Pues no. Sigues hablando como si nada, intentando poner en práctica la táctica masculina de mirar sin que se note donde miras, aunque falles estrepitosamente. Después dejas que se vaya y piensas “Total, es un rajado. En el último momento se acuerda de su novia y te vuelve a dejar con el morro caliente”.

Ahora ya no está en mis oficinas, vuelve a estar en las de planta. Me dijo que si quería verle ya sabía por donde tenía que pasar. Le contesté que si quería verle, le llamaría por teléfono. Dice mi amigo Jordi que le invite a tomar café…
 
Gñí
Tengo tantos deseos y ganas de cosas qeu no se cumplen que cualquier día de estos me explotará la cabeza.

No hago una lista porque sería muy larga.
 
Yogures
A mí se me puede hacer feliz con pequeñas cosas.

Los operadores que van a turnos de doce horas tienen un desayuno a las nueve de la mañana: bocadillo, pieza de fruta, yogur bebible y agua. Los que más cariño me tienen me traen los yogures bebibles a la oficina y me los dan.

Esta mañana me he encontrado un actimel en la mesa de parte del técnico de seguridad. Ayer acumulé tres. Me siento como el Profesor Jones cuando una alumna enamorada le deja una manzana en la mesa al principio de "En busca del Arca Perdida".

Y el operador que me hizo aquellas proposiciones hace meses me acaba de traer dos más…
 
Hoy, el post de ayer
Está siendo una semana muy ajetreada. Pensaba escribir el lunes, viendo la tendencia de las últimas semanas de publicar al principio de semana, pero no tuve tiempo.

En la oficina he tenido mucho trabajo o mucho dolor de cabeza. Ambas cosas me impiden escribir posts para el blog. Después las tardes las he tenido ocupadas. El lunes tuve mudanza. Mis padres han dejado el piso de Salou hoy mismo y el lunes mi hermana y yo acabamos de traer nuestras cosas a mi casa: un sillón, una tele, el equipo de música de mi padre, su colección de vinilos, unos muebles, etc. Sorprendentemente y a diferencia de lo que suele ocurrir, conseguí la ayuda de hasta cuatro personas, así que lo hicimos todo en un rato y después nos fuimos a la plaza a por cerveza y bravas, qué menos. El martes me ayudó un amigo a colocarlo todo y a conectar la maraña de cables del equipo de música, que funciona perfectamente aunque teníamos reservas. Bueno, el sonido es aceptable, y mi oído no es apto para la programación de ecualizadores. Ahora sólo me falta desempolvar y limpiar unos 250 vinilos…

Ayer quedé con un amigo al que veo poco y hoy he quedado con una antigua compañera de trabajo. Teniendo en cuenta que no tengo un exceso de ánimos y que duermo bastante mal, voy un poco a rastras. Pero se me pasará pronto… ¿verdad? El sábado voy al Primavera Sound y más me vale estar fresca y descansada. Además el siguiente sábado vamos a Lérida y al otro al Sónar. Necesito cura de sueño. O vacaciones. O un milagro. No descarto que ocurra cualquiera de las tres posibilidades.

La novedad interesante (wow!) es que hoy he hecho la preinscripción para un Master de traducción en la URV, que hablé con el director del curso y me dijo que no veía problemas para superar el proceso de selección y que mi amigo subdirector de oficina de La Caixa me presta el dinero de la matrícula. Tiene gracia volver a la universidad de la que tanto he renegado y encima a un departamento que siempre me ha parecido desastroso. El primer año que estuve allí (1994-1995) estudiando Filología Inglesa, el director del departamento hablaba inglés considerablemente peor que yo, no digo más. Y el currículum era tremendo. No esperaba repetir COU al llegar a la facultad: Castellano, un nivel bajísimo de Inglés, Historia Contemporánea, Filosofía, Historia del Arte ¡todas obligatorias! Ni qué decir tiene que me pasé gran parte del primer ciclo en el bar, de paseo, en el cine, practicando sexo… Después, en tercero, me enamoré de un inglés y me fui a Inglaterra. Se suponía que iba a hacer un intercambio erasmus de seis meses, pero cuando llegué allí en Septiembre me preguntaron en la facultad “anfitriona” que qué hacía allí, si no me esperaban hasta Febrero. Que me tomara unas semanas de vacaciones, volviera a Tarragona y acudiese de nuevo en el segundo semestre. A lo que respondí consiguiéndome una plaza en otra universidad, esta vez en la carrera que realmente quería hacer. A mi padre casi le da un pasmo cuando le conté, a las dos semanas de marcharme, que en lugar de seis meses iban a ser un mínimo de dos años. Al final fueron tres años, nueve meses y ocho días. Creo que después de ese dato nadie debería dudar de si fue una experiencia difícil o no. Lo fue bastante. Pero nunca me he arrepentido. Al menos descubrí la comida india, algunas series británicas de humor y el cine sin doblar. Todavía conservo los dos amigos que hice. Después de eso, al regresar, mi pareja no me volvió a dar ninguna alegría pero sí muchos disgustos. Pensando con perspectiva, debería haber vuelto sola, pero no creo que hubiese podido. Antes me hubiese quedado allí con él, a ser infeliz el resto de mi vida, mientras la piel se me volvía transparente de tanto día nublado y comprando tallas cada vez más grandes. Así que no me puedo quejar: volvimos juntos, dejamos de ser felices, nos hicimos daño, él se marchó y un año después de que se fuera conseguí empezar a ser feliz de nuevo. Ahora ya hace dos años que me lo paso mejor que nunca, aunque mis sentimientos me traicionen –como dice Amaia- y las personas que me han hecho mayor ilusión no me hayan correspondido.

¿Cómo he acabado hablando de la preinscripción y de esto en un solo párrafo?

Son casi las cinco, me voy para casa. Publicaré desde allí.

---------------------------- (Viernes por la tarde, por fin. Esta noche salgo un rato y mañana de festival. El domingo... ya veremos el domingo)

 
Correo
Esta tarde he escrito un post en la oficina. Me lo he enviado a casa con la intención de publicarlo esta noche. Pero he debido hacer algo mal porque no me ha llegado, así que lo volveré a intentar mañana.

Estoy cenando, tengo sueño. Vuelve a funcionar lo de los comentarios. Creo que hoy no me he puesto triste, aunque el dolor de cabeza tampoco me dejaba pensar mucho.

Mañana el post de hoy.