Algeciras o la sombra de Frank Miller

Estaba viendo Casablanca en el portátil para hacer menos pesada la travesía en autobús. La elección de Casablanca no había sido ningún intento de alarde cinéfilo sino que al salir de casa precipitadamente lo único que encontré a mano fue el DVD que regaló El País al inicio de la promoción de cine clásico. Al llegar a Algeciras una mujer con acento francés, que rondaba la cuarentena y de aspecto algo extraño se sentó detrás y me preguntó qué demonios era eso que llevaba sobre las rodillas. Yo le respondí con algo de estúpida suficiencia que obviamente era un ordenador portátil.
-Es que acabo de salir de la cárcel, dijo con total naturalidad mientras mantenía sus ojos estupefactos sobre el LCD.
Miré a mi alrededor y después de un examen me pareció que todos los pasajeros tenían caras de presidiarios norteamericanos camino de la cantera. Cualquiera que haya cogido un autobús en estrecho de Gibraltar sabrá de qué hablo, pero nunca pensé que esto se podía tomar tan a rajatabla. Pensé que si hubiera tenido una grabadora a mano le hubiera hecho una entrevista a la mujer para que me contara su experiencia y que probablemente la mayor parte de los que viajaban conmigo tendrían algo parecido que contar.
Y es que aunque neguemos su existencia, a veces el infierno está mucho más cerca de lo que pensamos, pero nuestra arrogancia unida a ese Soma en forma de ordenadores portátiles, no nos dejan verlo.
Comentario:
No vayas tildando de flojos a los demás que a ti tampoco te luce el pelo, guapito...a ver si escribimos una pokita. Besako!
Comentario:
¿Hay alguien ahí?
Comentario:
Mirando se ven muchas cosas.....pero hay que saber mirar desde dentro y hasta afuera.
Comentario:
Y es que a veces nuestro propio ombligo nos impide ver las estrellas, y nos cuesta mucho ponernos en la piel del otro porque estamos acostumbrados a quejarnos de la propia...y hay gente que se desnuda así sin más y nos deja con la boca abierta.





